Judíos, Masones, Jesuitas e Iluminados

El joven Léon de Poncins, en su libro Les Forces secrètes de la Révolution, publicado en 1929, demuestra el innegable rol desempeñado por masones y judíos en la concepción y ejecución de las revoluciones modernas. Pero ¿quién controla los ánimos revolucionarios, haciéndolos bailar al ritmo de sus propios intereses? ¿Responden todos acaso a un solo amo?

Para comprenderlo debemos investigar sobre los origines de quienes podrían ser aquel poder oculto tras el telón. Masones, Jesuitas e Illuminati existen recién a partir del renacimiento, en tanto que judíos han habido hasta en el antiguo Egipto. Identificados ellos por sus engaños y argucias, que justifican como dones de Dios para su pueblo escogido.

Francis Francia un judío nacido francés, del cual pocos datos se tienen, habría sido el primer masón según documentos de 1877. Se sabe que Francia apoyó la causa cristiana jacobita en Inglaterra, probablemente como agente infiltrando. Pero más impactante es que sea identificado como masón hacia 1716, un año antes de que se fundara la primera logia. Lo que hace pensar en Francia como gestor de la masonería.

Otro dato curioso es que en 1751, cuando Laurence Dermott forma la Antients Grand Lodge, basa su escudo en los grabados del judío Judah Leon Templo, quien hacia 1675 llevó a Londres una maqueta con la reconstrucción del Templo de Salomón. Dicho emblema hebreo se mantuvo cuando la Antients Grand Lodge se unió a la Grand Lodge of England en 1813.

El concepto mismo de los masones como arquitectos está relacionado con la idea judía de reconstruir el Templo de Salomón. Según su mitología el constructor de las columnas Jaquin y Boaz, que adornaban la puerta del templo, fue un tal Hiram Abif, nombre que hasta entonces aparecía así únicamente en la versión hebrea del Tanaj, y no en la biblia cristiana.

Es evidente que los rituales, la simbología y las creencias doctrinales de la masonería se basan en libros judíos como el Zohar, escrito en el siglo XIII por el judío Moisés de León, y el Sefer Yetzirah, escrito por un judío anónimo del siglo X. Ambos libros son considerados fundamentales para el judaísmo esotérico conocido como Kabbalah.

Además, el sistema de secretismo masón basado en grados, donde el miembro de un grado inferior no puede saber nada de lo que hacen sus grados superiores, y sin embargo debe obedecerles ciegamente. Y donde solo los superiores eligen quien será ascendido. Todo está basado en el sistema judío de gobierno conocido como Qahal.

De Poncins nos da a entender que son los judíos quienes manipulan la masonería hoy, pero postula la hipótesis de la inexistencia de judíos masones antes de Revolución Francesa. Sin embargo, el historiador judío Jacob Katz nos enumera algunos de los nombres judíos que participaron en la creación de la primera logia masónica oficial.

La Gran Logia de Londres es reconocida por ser la primera asociación de masones históricamente real. Cuando fue fundada en 1717 ya contaba con judíos de apellidos como Mendez, De Medina, De Costa, Alvares, y Baruh. Solo seis años después podemos encontrar judíos en casi todas las nuevas logias que surgieron en Europa.

Hacia 1723 el judío Abraham Ximenez era parte del Daniel’s Coffee House No. 84, y los judíos Isaac Chitty, Benjamin Deluze, James Diose, y Joshua Lewis eran miembros de la logia Dolphin en Tower Street. Hacia 1759 nombres como Jacub Moses, Lazars Levy, o Jacub Arons mantienen la tradición masónica de aceptar gran cantidad de hebreos.

Existe, por ejemplo, la solicitud presentada en 1756 por el judío Emanuel Harris, el cual deseaba unirse a la masonería inglesa luego de haberse llamado Menachem Mendel Herz Wolff en Alemania. Incluso el historiador del siglo XVIII, Oluf Gerhard Tychsen, indica que por aquel entonces una logia inglesa ya era conocida como La Judía.

El profesor judío Aubrey Newman incluye más nombres en la lista de judíos miembros de la primigenia masonería. Según sus investigaciones en 1723 aparece el judío Simon Ansell; hacia 1725 tenemos a los judíos Israel Segalas y Nicholas Abrahams; y ya por 1732 vemos a judíos como Solomon Mountford, Abraham Ximenes, o Abraham Cortissos.

Entre los primeros administradores del Gran Festival anual (un evento público que celebra la creación de la masonería) podemos encontrar a judíos como Solomon Mendez en 1732, Meyer Shamberg en 1735, Benjamin Da Costa en 1737, e Isaac Barrett, Joseph Harris, Samuel Lowman y Moses Mendez entre 1737 y 1738.

Cuando la logia Lebeck’s Head fue constituida en 1759 trece de sus miembros eran judíos. La Lodge of the Nine Muses fundada en 1777 poseía entre sus miembros a notables judíos como Francis Franco, Raphael Franco, Isaac Sequira, y Abraham Teixera. La logia Prince of Wales, que se hallaba restringida a gente cercana al príncipe, contaba también con varios judíos.

Uno de los primeros reportes en la prensa sobre la iniciación de un judío en la masonería lo podemos encontrar en la publicación del 22 de septiembre 1732 del Daily Post, donde se indica que el judío Edward Rose habría sido iniciado en presencia de judíos y gentiles, siendo el Maestro oficiante el rico mercader judío llamado Daniel Delvalle.

En la Lodge of Friendship existe una minuta del 2 de noviembre de 1752, donde se propone a un judío para que sea aceptado como masón. Luego de una votación el judío es rechazado y se resuelve no aceptar en el futuro a ningún judío en dicha logia. Ese mismo mes otro judío es iniciado en esa misma logia y tres años después es elegido como su Maestro.

Durante los primeros años de la masonería, en países como Francia y Holanda, los judíos fueron siempre miembros destacados. Tal aprecio por los semitas ha sido frecuentemente justificado con excusas como la igualdad y la inclusión social. Excepto en la nacionalista Alemania, donde los judíos se vieron obligados a presentarse como cristianos.

Caso destacado es el del masón alemán Adam Weishaupt, de quien muchos sospechan un origen judío, y que, luego de haber sido un joven profesor universitario y alumno jesuita, funda la secta terrorista de los Illuminati de Baviera en 1776, con el fin de eliminar las monarquías europeas para colocar en su lugar a la burguesía mercantil judía.

La temprana vida de Johann Adam Weishaupt es extraña y azarosa. Weishaupt nació el 6 de febrero de 1748. Hijo de un abogado y profesor de leyes en la Universidad de Ingolstadt, que murió cuando Adam tenía tan solo cinco años. A partir de entonces fue criado por su padrino Johann Adam von Ickstatt que, al igual que su padre, enseñaba leyes en Ingolstadt.

Von Ickstatt llevó a Weishaupt a estudiar al Colegio Jesuita de Ingolstadt. Luego de su etapa escolar Adam ingresa a la Universidad de Ingolstadt donde se gradúa en 1768 a la edad de veinte años, convirtiéndose poco después en profesor de la misma universidad. Cabe destacar que la Universidad de Ingolstadt se hallaba entonces totalmente controlada por jesuitas.

Igual que Weishaupt, masones revolucionarios como Voltaire o Diderot fueron también educados por jesuitas. Que es como se conoce a los miembros de la Societas Iesu o Compañía de Jesús. Fundada en 1534 por Íñigo López, un soldado herido en batalla que, al no poder continuar su carrera militar, decide convertirse en sacerdote y fundar su propia congregación.

Luego de crear la orden jesuita, dado que su familia practicaba el talmudismo y para no ser señalado como judaizante, López comienza a hacerse llamar Ignacio de Loyola. Sin embargo, cofundadores de la Compañía de Jesús fueron los judíos Alfonso Salmerón, Diego Laínez de Vivar, Alfonso Nicolás Pérez (conocido como Nicolás de Bobadilla) y Simão Rodrigues de Azevedo.

Juan Alfonso de Polanco, jesuita y marrano, fue confesor privado y secretario del primer general jesuita, Ignacio de Loyola; y luego de sus sucesores. Primero del judío Diego Laínez, y luego de Francisco de Borja (Borgia en Italiano) cuya familia de linaje judío, mediante actos inmorales, se apoderó del Vaticano cristiano hacia fines del siglo XV e inicios de siglo XVI.

En marzo de 1766 se produce en España el Motín de Esquilache que, presentándose aparentemente como una espontánea revuelta popular, puso en riesgo la vida del monarca Carlos III. Pasada la efervescencia y calmados los ánimos las investigaciones descubren que todo fue producto de una conspiración jesuita contra la nobleza española.

Los jesuitas, dominados por judíos, habían logrado infiltrarse en la Iglesia Católica para destruirla desde dentro, y favorecer así sus propios intereses. Dos siglos después de su creación el control de la orden de Loyola era tan grande que los reyes católicos de toda Europa exigieron al Vaticano la supresión de la peligrosa Societas Iesu.

A pesar de su inicial rechazo, el Papa Clemente XIV (educado por jesuitas) disuelve la Compañía de Jesús por subversiva y contraria a Roma el 21 de julio de 1773. Es recién entonces que Weishaupt intenta desligarse de sus mentores jesuitas, simulando criticarlos mientras que, como buen judío, atacaba la moral cristiana.

Con esta sediciosa ideología Weishaupt organiza el 1 de mayo de 1776, con veintiocho años de edad, la Bund der Perfektibilisten o Asociación de Perfectibilistas. Adoptando como símbolo la lechuza tipo mochuelo que en la mitología griega acompañaba a la diosa Atenea, y que para el tiempo en que vivió Weishaupt representaba la filosofía.

El objetivo de esta asociación fue llevar a la práctica del modo más brutal y sangriento lo que, instigados por intereses judíos ocultos, habrían promocionado teóricos masones del siglo XVIII como Diderot, Montesquieu, Rousseau, d’Alembert, Voltaire o Condorcet.

Su consigna fue primero hacerles creer a los pobres que luchaban por ellos. Luego hacerlos destronar a las monarquías europeas. Y por último poner en control a comerciantes judíos adinerados. Algo similar a lo que posteriormente propuso el judío Karl Marx.

En 1778, con el objetivo de atraer nuevos adeptos, se cambio el difícil nombre de Bund der Perfektibilisten, por el más comercial Illuminatenorden u Orden de los Illuminati. Y con tal apelativo cientos si no miles de masones gentiles fueron convencidos de involucrase en actividades terroristas que ingenuamente consideraban justas.

El príncipe elector Carlos Teodoro de Baviera luego de indagar sobre la sociedad revolucionaria de los Illuminati, y sintiendo amenazado su poder monárquico, prohíbe la existencia de dicha organización secreta dentro de dominios bávaros el 22 de junio de 1784. Los subversivos perseguidos buscaron entonces refugio junto a masones de países vecinos.

El propio Weishaupt se vio obligado a huir de Ingolstadt tras haber sido expulsado de su cátedra universitaria, y luego de un segundo edicto contra su secta terrorista emitido el 2 de marzo de 1785. El 20 de junio de 1785 cabalgaba Weishaupt bajo la tormenta, cerca de Regensburg, junto a Jakob Lanz, cuando este último fue alcanzado por un rayo.

El sacerdote Johann Jakob Lanz, como muchos otros religiosos, era también miembro de los Iluminados. Según el ensayista René Le Forestier, el destacado iluminado bávaro Thomas Maria Baron De Bassus, confesó que hacia 1778 en una reunión de iluminados en Múnich, vio cómo un abad francés atacó visceralmente a Cristo, su doctrina y su iglesia.

El cuerpo del cura Lanz fue abandonado por Weishaupt, que se hallaba más preocupado por huir. Y cuando las pertenencias del difunto fueron analizadas, las autoridades pudieron encontrar gran cantidad de nombres y direcciones que utilizaron para ingresar a las moradas de destacados Iluminados y confiscar importantes documentos.

Entre los textos incautados se hallaba una carta de inicios de 1777, escrita por Weishaupt y dirigida a Ajax (pseudónimo de un alumno de Ingolstadt llamado Max Edler Merz), donde Weishaupt decía: “Iré a Múnich y seré recibido en la famosa orden de francmasones, crearemos nuevos contactos y nos haremos más fuertes que otros”.

Basándose en esta carta, la historia oficial (la misma que dice que los Illuminati desaparecieron definitivamente en 1784) dice muy frecuentemente que Weishaupt se hizo masón para reclutar secretamente nuevos miembros y adoctrinarlos en su secta terrorista y subversiva. Sin embargo, esto solo es una forma de limpiar de toda culpa a la francmasonería.

En realidad es común que los masones pertenezcan a varias logias simultáneamente. Incluso existen registros de masones que, perteneciendo ya a reconocidas logias, habrían fundado otras nuevas, siendo miembros de todas al mismo tiempo. Que Weishaupt se haya unido a una logia masónica en 1777 no significa que no haya sido masón con anterioridad.

Podemos decir entonces que los verdaderos líderes francmasones, en su mayoría judíos, al ser su secta el principal instrumento de los Illuminati para reclutar nuevos adeptos, habrían concertado con Adam Weishaupt para que utilice en actividades subversivas a los miembros de la masonería, que harían cualquier cosa para ser reconocidos dentro de sus respectivas logias.

El masón Karl Wilhelm Ferdinand, duque de Brunswick, indica que hacia 1794, época de gran efervescencia revolucionaría, la francmasonería se hallaba completamente controlada por Weishaupt y sus Illuminati. Pero, si los Illuminati son sin duda la militancia violenta de la francmasonería, ¿a que intereses servía la secta de Weishaupt?

Bernard Lazare, un autor judío del siglo XIX escribió, en su obra El Antisemitismo de 1894, que solo judíos cabalistas rodeaban a Weishaupt. Además, de acuerdo a la historiadora Nesta Helen Webster, miembro del partido fascista británico, a partir de 1777 el mason judío Mayer Amschel Rothschild comenzó a apoyar económicamente a los Illuminati.

Es sabido que casi todos los miembros de la adinerada familia judía Rothschild han sido o son francmasones. Y es cierto también que han aportado, a lo largo de la historia, gran cantidad de ingresos a las logias masónicas. La familia Rothschild domina hoy la masonería, y domina también a los Illuminati. Así como domina la economía mundial y el entretenimiento.

El códice Illuminati, presentado por Weishaupt en términos masónicos, indica la necesidad talmúdica y judía de mentir, traicionar, e incluso asesinar, si el objetivo final es establecer un orden mundial controlado por judíos. En ese sentido es revelador que, tras la prohibición de los Illuminati en Baviera, su cuartel general en Ingolstad se haya convertido en una sinagoga judía.

Según el investigador Jüri Lina en su libro Bajo el Signo del Escorpión, publicado en 1996, se sabe que de 39 Iluminados en las más bajas posiciones 17 eran semitas. En los rangos superiores había incluso mayor cantidad de judíos, entre los que destacan el profesor judío Naphtali Hirz Wessely, el mercader Daniel Itzig y el banquero David Friedlander.

Todos estos hebreos, antes mencionados como muy cercanos a Weishaupt, fueron discípulos del ideólogo judío Moses Mendelssohn, de quien se sabe que era también miembro de los Illuminati y mentor de Weishaupt. El judío Mendelssohn es pues el instigador de las más inhumanas y crueles matanzas presentadas como justificada lucha del pueblo contra la opresión.

Siguiendo al judío Moses Mendelssohn, Weishaupt camufló sus ideas como una supuesta lucha popular contra el imaginario yugo de la iglesia y la monarquía, atrayendo así gran cantidad de idealistas. De este modo la masonería iluminada logró en la práctica consumar la brutal toma de la Bastilla y el sangriento legado de la Revolución Francesa.

De acuerdo al rabino judío Marvin Antelman, el judío sabateo Jacob Frank realizó un pacto con Adam Weishaupt hacia la década de 1770, donde Frank firmaba el apoyo de sus judíos Sabateos a Weishaupt solo si al final eran favorecidos los intereses del pueblo judío. Tras la Revolución Francesa, instigada por Weishaupt, los judíos fueron aceptados como ciudadanos legales.

Simultáneamente la masonería en Norteamérica se hallaba enfrascada en una guerra de independencia destinada a fundar un estado bajo el total control de esta secta. Masones extranjeros cercanos al masón George Washington como el francés Marqués de La Fayette y el venezolano Francisco de Miranda apoyaron la causa independentista americana.

Masones fueron también Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y Paul Revere, los cuales participaron junto a Washington en la guerra de independencia americana. Se sabe pues que los Estados Unidos de Norteamérica fueron creados para servir al poder judío. En realidad la masonería norteamericana ha sido siempre muy cercana y obediente ante la comunidad judía.

Judíos líderes de la masonería en América, que habrían participado en la guerra de independencia, fueron Isaac da Costa, que formó parte de la King Solomon’s Lodge en Charleston hacia 1753. Abraham Forst, de Philadelphia, Diputado Inspector General para Virginia en 1781. Y Joseph Myers, Inspector de Maryland y Carolina del Sur.

Lo curioso es que, demostrando su amor por la judiada, la tradición francmasona estadounidense habría inventado al imaginario judío Mordecai Campanall como el personaje que introdujo la masonería en Newport, Rhode Island, hacia 1658. Aunque en realidad nada se sepa de él en los datos históricos reales.

El judío Moses Michael Hays que introdujo el rito escoses en la masonería americana, fue nombrado Inspector General de la Masonería en 1768, y organizó la King David’s Lodge en Nueva York en 1769, expandiéndola hacia Newport en 1780. Se sabe también que el mismo judío Hays fue Gran Maestre de la logia de Massachusetts desde 1788 hasta 1792.

Contemporáneo a Hays fue el judío Solomon Bush, Diputado Inspector General de la masonería para Pennsylvania. Mientras que el judío Moses Seixas estableció la Gran Logia de Rhode Island y fue su Gran Maestro desde 1802 hasta 1809. Hacia 1781 la Sublime Lodge of Perfection de Philadelphia estaba totalmente guiada y controlada por judíos.

En 1793 la ceremonia de colocación de la primera piedra de la sinagoga judía de Charleston fue conducida de acuerdo a los ritos de la masonería. Y ejemplos sobran para calificar a la francmasonería americana como plagada de judíos. Parece que demasiados judíos dirigen abiertamente la masonería y sus tentáculos ideológicos, económicos y mediáticos en los Estados Unidos de América.

Incluso hay quien afirma que la asociación judía aparentemente filantrópica, y denominada B’nai B’rith (o Hijos del Pacto), fue fundada por masones judíos el 13 de octubre de 1843, en Nueva York, para supuestamente apoyar causas humanitarias, pero cuyo verdadero objetivo sería promover causas anti-blancas y el dominio mundial semita.

En ese sentido, la alianza entre masones y judíos parece evidente. La masonería fue creada por judíos en el siglo XVIII para manipular a los blancos más influyentes en su comunidad. El secretismo y mitología masónica es copia de la cábala hebrea. Y los intereses que promueven son siempre favorables a su dominación universal.

Los numerosos apellidos judaicos entre Jesuitas, Masones e Illuminati resultan demasiado sospechosos. Todo apunta pues a una exagerada representación de semitas en estas congregaciones subversivas, muy probablemente porque son ellos, los judíos, el poder oculto que dirige toda secta terrorista en nuestro mundo bajo el telón de la justicia social.

Fuentes: Redefining God / Fitzpatrick Informer / Bessel’s Homepage / Euro-med / Luis T. / Jewish Virtua Llibrary / Pietre Stones / Jewish Communities and Records / Academia / New World Order University / Pietre Stones

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Aborto y el nuevo orden mundial

En anteriores artículos hemos hablado ya sobre cómo los judíos pretenden obtener control absoluto sobre todos y cada uno de nosotros. Según lo estipulado en los Protocolos de Sión existen dos maneras de conquistar el mundo para los judíos. La primera es la opresión violenta contra quien se oponga, y la segunda es la opresión mental.

La opresión violenta fue aplicada en los regímenes comunistas pero aparte de ser muy costosa terminó siempre en fracaso porque la gente en lugar de doblegarse se rebeló. La opresión mental ha sido más exitosa al convencer a las multitudes de poseer todo tipo de libertades cuando en realidad hacen lo que dictan sus amos.

Pero, ¿qué es lo que desean esos amos ocultos? Para entenderlo mejor debemos retomar los Protocolos, según los cuales el objetivo final de la judiada es lograr un único gobierno universal donde sean ellos los supremos líderes. El resto de la humanidad deberá ser necesariamente esclavizada por medio de la ya mencionada opresión mental.

La primera forma de opresión mental, sobre la cual ya ahondamos en otra oportunidad, es la ilusión de igualdad. Según esta falacia no hay nada de malo en ser un mestizo medio negro y medio blanco, porque todos somos iguales. Tampoco es malo entonces ser un homosexual medio hombre y medio mujer, porque somos iguales.

Por lo que siguiendo estos preceptos tampoco es malo ser mitad humano y mitad animal, o medio humano y medio máquina, o medio planta o lo que sea. El caballo de Troya de estas ideologías es el placer sexual. Se nos trata de convencer que solo seremos libres si tenemos sexo con quien sea, como sea, y cuanto más mejor.

Así si un hombre no puede fornicar con una mujer lo hará con otro hombre, con un niño, con un animal, con un robot o hasta con un vegetal. En última instancia se induce al afectado a cambiar de sexo, lo que significa convertirse real y físicamente en el híbrido que mejor le venga. Pero entre tanta libertad hay una trampa.

El amante de la tecnología podrá implantarse extensiones cibernéticas, el homosexual podrá tener senos, la mujer vampiro podrá sufrir las modificaciones corporales que desee. Pero todo bajo el control de quien controla la sociedad, quien desde el poder puede implementar medidas restrictivas apelando razones de higiene y salubridad.

La segunda forma de opresión mental, y sobre la que trata esta entrada es no solo el control de nuestros cuerpos, como en el caso de la primera forma de opresión, si no que afecta nuestra propia vida y muerte. En este caso se trataría de una ilusión de libertad. Porque según nos dijeron, cada uno tiene derecho a hacer lo que quiera.

¿Pero si en realidad son ellos lo que nos dicen que querer? Porque utilizando sus medios de comunicación masiva pueden manipular nuestras opiniones haciendo uso de propagandas camufladas de entretenimiento o información. Como siempre, en un inicio presentarán su causa como moralmente legítima, para luego distorsionarla.

El caballo de Troya para la ilusión de libertad ha sido siempre el aborto, con su lema que nos quiere hacer creer que la mujer tiene derecho sobre el cuerpo y la vida de su hijo porque según sus absurdas excusas este nuevo ser sería parte del cuerpo de la madre, y por lo mismo ella tiene derecho a ‘extirparlo’ y matarlo.

Sin tener en cuenta que el ADN de la madre es completamente diferente al de su hijo, por lo que el hijo ya no sería parte del cuerpo de la madre que puede hacer con su cuerpo lo que quiera; debemos entender que aquí la causa del aborto se justifica si el hijo no deseado es capaz de ocasionar problemas psicológicos en su madre.

En realidad hasta una rata en la cocina puede ocasionar problemas psicológicos. Y más problemas psicológicos provoca el sistema materialista y consumista impuesto por los hebreos, donde gracias a una forzada escasez lo único que importa es el dinero, por lo que la madre se ve forzada a trabajar lejos abandonando a sus hijos.

Hoy nos dicen que es legítimo matar a un ser humano bajo la excusa de que nos hace algún tipo de daño del cual ¡NO ES CULPABLE! Como cuando a inicios del siglo XX, los que hoy son santos, nos dijeron que era legítimo matar a los inválidos mentales. Hitler por el contrario solo deseaba esterilizar a quienes poseían defectos heredables.

Pero esto no es lo más oscuro de su plan. Así como el estado, dominado por judíos, puede decidir que modificación corporal o cambio de apariencia es legal, apelando cuestiones de salubridad, de igual modo al reclamar la legalización absoluta del aborto, estamos poniendo en manos de la élite la decisión final sobre la vida y la muerte.

Hace algunos años los judíos nos decían que el aborto solo se aplica al humano dentro del vientre materno, a quien podemos matar por hallarse indefenso. Hoy nos dicen que podemos abortar la vida de niños prematuros y otros ya nacidos, porque no han logrado su total desarrollo al que biológicamente solo llegaran tras la adolescencia.

La muerte no es algo malo. Si la persona sufre y desea morir el suicidio no es inmoral ni equivocado. Lo aberrante del aborto es que quien muere nunca pudo dar su opinión, jamás fue libre y jamás fue considerado un ser humano igual a nosotros. Su falsa libertad e igualdad solo se aplica cuando les conviene. Eso se llama hipocresía judía.

La lógica de este macabro juego judío es simple. Si el feto indeseado merece ser eliminado, del mismo modo merece ser eliminado aquel que ya nació pero no es adecuado al sistema (que controla lo que la multitud desea o aborrece), y del mismo TU serás eliminado si eres indeseable para el sistema judaico universal.

Ahora bien, si para gozar de tan ilusorias igualdades y libertades estamos dispuestos a ponernos en manos de estos pérfidos judíos, estamos luego demostrando nuestra incapacidad mental y por lo mismo seremos eliminados. Como el viandante cualquiera que alegre compra su teléfono inteligente para ser controlado por ellos.

Glorificación de la violencia

La violencia inunda el cine, la música y los noticiarios que día a día muestran asesinatos, violaciones, balaceras y masacres. El objetivo en este tipo de propaganda es normalizar la violencia hasta hacerla aceptable. Se insiste además en la incuestionable validez de la violencia siempre que sea infligida por los buenos contra los malos.

Pero son los dueños de esos medios los que deciden quien es bueno y quien es malo. Y según ellos para ser bueno debes defender los intereses judíos. Recordemos pues que para ellos está bien ser violento contra los malos y, según la judiada, los blancos somos abusivos, los negros son amables y los inmigrantes son emprendedores.

Cuando un hombre blanco defiende su raza, su pueblo, a su mujer y a sus hijos, se le tilda de racista y xenófobo violento e indeseable. Pero si un antifascista negro ataca violentamente y viola a la hija blanca de un hombre blanco, a eso lo llaman justicia social. Y el hombre blanco debe permanecer quieto y callado. ¿Por qué?

De acuerdo a los justicieros sociales políticamente correctos que abundan hoy en internet, la sociedad del hombre primitivo, al igual que la del pagano precristiano y el europeo medieval, fue un hervidero de barbarie y brutalidad. Pero las más abyectas matanzas y asesinatos comenzaron a desparecer con la llegada del iluminismo.

Según esta teoría masivamente difundida tras la publicación en 2011 del libro “Los ángeles que llevamos dentro” del judío Steven Pinker, y que se ha hecho sospechosamente viral en las redes sociales, la humanidad estaría dentro de un proceso evolutivo que la llevará a la paz absoluta y a la ausencia total de conflictos.

Según el judío Pinker todo empezó cuando las ideas de igualdad y fraternidad se hicieron populares tras la Revolución Francesa. Según sus elucubraciones la humanidad, influenciada por los eruditos francmasones de aquella época, habría dejado de justificar el esclavismo, el racismo, la tortura y la guerra.

El mismo 2011 Steven Pinker y Joshua Goldstein (también judío) escribieron un artículo para New York Times donde enfatizaban que la humanidad se hallaba en claro proceso de eliminación de la violencia. El libro de Pinker fue calurosamente ovacionado por el judío Peter Singer, quien apoya causas como el animalismo y el aborto.

Pero estos no bien intencionados judíos están desinformando a quienes creen en ellos. Basta ver que ya en el siglo XVII John Locke, padre y precursor del iluminismo, negaba a los indígenas americanos todo derecho a reclamar por sus antiguas tierras ya que cayeron en manos europeas luego de sangrientos pero legales conflictos bélicos.

Lo que esos autores judíos que defienden las ideas masónicas como fuente y origen de la eterna paz mundial no explican es por qué se cortaron tantas cabezas durante la Revolución Francesa. Y en realidad lo que intentan es transmitir un concepto descrito ya en los Protocolos de los Sabios de Sión.

Según los Protocolos el objetivo de la judiada es ayudar a la humanidad a lograr el sistema social perfecto, donde el crimen y los conflictos sean eliminados. Pero para ellos la única especie capaz de controlar el mundo es la judía. Los demás estamos condenados a vivir sin libertad ni decisión.

De igual modo los argumentos pacifistas encajan con los Protocolos: La humanidad es incapaz de sobrevivir debido a su alto grado de violencia. Solo los judíos y su masonería pueden salvarnos con sus ideas humanitarias. Pero para lograrlo la violencia más extrema será aplicada a quienes se opongan a este filantrópico proyecto.

¿No es acaso una evidente contradicción intentar lograr la paz mediante la esclavitud forzada?. En el siglo XIX Auguste Comte anhelaba una sociedad perfecta y sin violencia bajo un régimen totalitario, pero su discípulo John Stuart Mill se preocupaba por la pérdida de libertades individuales bajo dicho esquema.

De igual modo, todos sabemos que siempre hay paz cuando las abejas obedecen el esquema de la colmena. Pero para lograr tan anhelada utopía es necesario aplastar violentamente todo antagonismo. En realidad es falso que la barbarie haya menguado. Desde el surgimineto de la masonería la violencia escaló de forma inigualable bajo la excusa de luchar por la paz.

Tras la sanguinaria Revolución Francesa el siglo XIX comenzó con las guerras napoleónicas y las violentas guerras independentistas en América. En el siglo XX fuimos testigos de la masacre perpetrada durante las dos Guerras Mundiales. Y hoy en pleno siglo XXI observamos las interminables matanzas americanas bajo la fachada de ser guerras por la democracia.

Como ya dijimos al empezar, para inocular sus retorcidas ideas en el pueblo blanco los judíos utilizan los medios de entretenimiento. Allí se inculca lentamente a la gente afirmado que para lograr la paz es necesario que el estado aplique violencia sobre sus ciudadanos. Y tú como ciudadano responsable debes aceptarlo.

Los comics, la pornografía, la lucha libre, o las películas de acción, guerra y superhéroes, siempre creadas por judíos, han sido diseñadas para canalizar la natural rebeldía del hombre blanco hacia una violencia inocua, que solo busca la satisfacción hedonista, en lugar de combatir contra el régimen judaico.

Es por eso que a los judíos, a pesar de ser un grupo biológicamente débil, les fascina la violencia. Siempre que han estado en cargos de poder han desatado su brutalidad. El régimen comunista, creado y dirigido por judíos, ha sido el más sanguinario y homicida en la historia de la humanidad.

Por el contrario el estado Nacional Socialista fue naturalista en esencia. Según su ideología la violencia así como la paz forman parte de la naturaleza. Por lo tanto, si el hombre transgrede alguno de los principios naturales, está destinado a la extinción. Solo la sociedad natural puede ser exitosa.

Homosexualismo, feminismo, abortismo, comunismo, progresismo y demás son manifestaciones de un buenismo hipócrita. Porque si en su cara les dices a los justicieros sociales que están equivocados, lo primero que harán será atacarte con toda la violencia de la que son capaces. Incluso matando gente.

Los hombres y mujeres blancos de raza Aria somos pacíficos, no buscamos conflictos si no vivir tranquilamente en nuestras propias comunidades creadas por nosotros para los nuestros. Pero sabemos pelear cuando los parásitos judíos, negros, sudacas, moros y orientales quieren invadirnos hasta eliminarnos genética y culturalmente.

La violencia no terminará porque la gente crea en mentiras masónicas sobre igualdad y fraternidad. La violencia solo terminará cuando nuestra gente blanca deje de ser atacada por la mafia judía que busca una sociedad homogénea y servil. Para que uno viva el otro debe morir. El león debe matar a la gacela para sobrevivir.

Y ahora es momento de luchar. Es momento de alzar las armas y enfrentar al enemigo judío. Debemos estar preparados. Porque en el tiempo preciso tendremos que defendernos y atacar. Si deseas mantener tu estilo de vida Ario, entonces te invito a luchar, incluso si es necesario dar la vida por tu raza y tu tradición.

Fuentes: The Guardian / Renegade Tribune

Esclavitud

Existe un libro judío que forma parte la Torá, la más alta enseñanza hebrea, donde el dios de los israelitas ordena que: “Cuando te acercares a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. Y será que, si te respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te serán tributarios, y te servirán.” (Dt 20,10-11). Es decir que si un pueblo enemigo se rinde debes convertir a todos sus habitantes en esclavos.

Luego continúa diciendo: “Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere contigo guerra, y la cercares, y el señor tu dios la entregare en tu mano, entonces herirás a todo varón suyo a filo de espada. Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que hubiere en la ciudad, todos sus despojos, tomarás para ti; y comerás del despojo de tus enemigos, los cuales el señor tu dios te entregó. (Dt. 20,10-14)

No existe ni una sola prueba histórica de judíos esclavizados en Egipto, lo que sí existe son infinidad de evidencias que demuestran que fueron los judíos los que intentaron esclavizar pueblos vecinos, así como los musulmanes se dedicaron a invadir ciudades europeas para esclavizar a sus habitantes, y los mismos negros persiguieron a sus iguales africanos para venderlos como animales al mejor postor.

Los satanizados blancos arios paradójicamente son los que más han luchado contra el esclavismo. Ya en 1315 Luis X de Francia abolió la esclavitud en su reino. En 1542 el emperador Carlos V eliminó la esclavitud de los amerindios colonizados. Durante el siglo XVIII tanto en Norteamérica como en Inglaterra los protestantes lucharon contra la esclavitud. Y en 1839 el papa Gregorio XVI la condenó abiertamente.

La imagen del cristiano blanco esclavista es una mentira inventada por el cine hebreo. El primer dueño de esclavos en Norteamérica fue Anthony Johnson, un negro libre que adquirió tierras en el nuevo continente para plantar tabaco. Y el esclavo negro liberado William Ellison se hizo dueño de esclavos en la plantación de algodón más grande de Carolina del Norte. Además fueron judíos los principales traficantes.

Los judíos desde remotas épocas vendían esclavos cristianos a los musulmanes y esclavos musulmanes a los cristianos. Sin embargo, la mayor cantidad de ganancias las obtuvieron en América, vendiendo y comprando negros en Brasil y transportando hacinados esclavos africanos a Norteamérica. Casi la totalidad de barcos traficantes de esclavos eran propiedad de judíos. Y aun así quieren culparnos a los blancos.

El abolicionismo durante casi dos mil años fue promovido por la creencia cristiana en la igualdad ante dios. Pero con el advenimiento de la masonería judía y su participación en la revolución francesa, los francmasones (que hipócritamente se dicen ateos mientras adoran al que llaman gran arquitecto del universo) se unieron al coro abolicionista. El objetivo era debilitar a Francia ejerciendo presión desde las colonias.

Los judíos detrás de la masonería, a pesar de seguir lucrando con esclavos en el resto de América, deciden soliviantar a la población no-blanca de la isla de Santo Domingo, que entonces era colonia francesa. En 1793, mientras miles de negros destruyen todo a su paso, los ineptos líderes franceses insulares declaran la libertad de los esclavos negros. Un año después, la esclavitud es abolida también en Francia continental.

El legado de asesinatos, hurtos violentos, invasión de la propiedad, violaciones sexuales, destrucción de campos y ganado, incendio de construcciones, y demás barbaridades perpetradas por negratas resulta indescriptible. La isla que antes fuese un ejemplo de orden y desarrollo quedó reducida a escombros. El territorio oriental fue el más afectado, por lo que fue abandonado por los negros que se atrincheraron al oeste.

Lo curioso es que justamente ese espacio oriental devastado, hoy conocido como República Dominicana, fue tomado por la corona española que logro devolver el orden legal, cultural y social a esas tierras. Luego de dos siglos de independencia y libertad la región occidental de la isla llamada hoy Haití, y poblada mayoritariamente por negros, sigue siendo un completo caos que solo emula la barbarie de los países negros africanos.

Poco después, en los Estados Unidos de Norteamérica, una visceral campaña abolicionista se inicia con la fundación del Partido Republicano en 1854. Miembro destacado de dicho partido fue Abraham Lincoln, quien poco después de hacerse presidente en 1861, da inicio a la guerra civil americana. La aparente causa de esta guerra, muy bien publicitada por la prensa judía, fue el noble deseo de Lincoln de eliminar la esclavitud.

En realidad la mafia judía, que controlaba ya desde aquellas épocas los designios del país americano mediante sus esbirros masones, se sintió amenazada por la creciente independencia que mostraban los estados del sur los cuales cobraban incluso sus propios tributos. Para sumirlos nuevamente bajo el dominio hebreo debieron forzarlos mediante las armas, ya que de lo contrario ingentes impuestos se habrían escapado de sus garras.

La excusa fue la lucha contra la esclavitud. Sin embargo a varios estados que se decían leales a Lincoln se le permitió mantener en la esclavitud a los negros solo por ser sus fieles vasallos. El propio Abraham declaró en repetidas ocasiones que negros y blancos son diferentes y no deben vivir juntos. En 1863 Lincoln declara la libertad de los negros. El resultado: robos, violaciones, masacres, caos y destrucción.

A lo largo de la historia la esclavitud fue abolida inmensidad de veces, e igualmente fue restablecida y aceptada por la sociedad. Es mentira que el racismo haya sido inventado para justificar la esclavitud en la época colonial. Romanos, negros y chinos tuvieron esclavos. Los judíos fueron racistas y esclavistas desde su aparición en medio oriente y lo siguen siendo hoy que parasitan la totalidad de naciones del mundo.

Pero la esclavitud nunca ha estado limitada al terreno puramente legal que permite la posesión de un ser humano por otro de su propia especie (aunque a veces sea de otra raza). También existe la esclavitud económica y la esclavitud mental, muchos más arraigadas y populares en nuestros días. Para mantener este tipo de esclavitud, que actualmente solo beneficia a los judíos, se ha creado la disidencia controlada.

Para países proletarios productores de bienes como Inglaterra lo fue en el siglo XIX, Alemania en el siglo XX, o China en el XXI, la solución judía ha sido siempre promover la disidencia controlada. Los trabajadores del pueblo deben rebelarse, pero solo si son guiados por las doctrinas del judío Karl Marx. El pueblo entonces debe ser esclavo del estado comunista judío, que decide la vida o muerte de sus siervos.

Tanto el comunismo como el capitalismo derivan en el creación de una esclavitud económica donde el único beneficiado es el judío. Si el proletario decide rebelarse debe adscribirse a las normas dictadas por el judío Marx. Si por el contrario se siente libre debe entonces trabajar día y noche en fábricas y empresas judías, para obtener unos pocos billetes, que le servirán para comprar bienes producidos por esos mismos judíos.

Pero ¿por qué consumir lo que nos dicen los judíos? Pues porque así lo obligan en sus medios de entrenamiento que promueven el marxismo cultural. El melómano debe comprar todos los discos de su banda favorita, el adolescente debe vestirse de acuerdo a la subcultura suburbana a la que pertenezca, y todo buen padre debe comprarle ese juguete de moda a su hijo. Todo gracias a la propaganda de la televisión y el cine.

La esclavitud mental es la peor de todas, nadie la puede abolir porque solo es una falsa idea introducida en tu cerebro para hacerte creer que eres libre por comprar lo que te dijeron que compren, y por trabajar como debías hacerlo. Según ellos debes ser marica, abortista y multicultuiral para ser libre. Hoy solo se promueve la estupidez y la falta de honor, todo es egoísmo y egocentrismo en esta sociedad judaizada.

Pero seamos sinceros. Nosotros los arios no somos esclavos de nadie, somos la raza superior gracias a nuestros propios logros y esfuerzos. No necesitamos que nos indiquen que es lo que debemos o no debemos hacer. Sabemos organizarnos y crear cultura, arte, ciencia y filosofía. ¡Aceptadlo, sois blancos, sois arios, sois creadores y emancipadores! ¡La raza blanca no desaparecerá jamás!

Reconocimiento facial y raza

Las modernas aplicaciones sociales en internet han puesto de moda el reconocimiento facial. Donde las imágenes digitales que muestran rostros pueden ser procesadas para reconocer las características específicas de cada individuo. Para ello se deben reconocer primero los puntos clave de cada cara como cejas, nariz y boca principalmente, para luego realizar las mediciones de tamaño y distancia entre estos puntos.

El principal objetivo de estos algoritmos es concentrar una gran cantidad de datos sobre cada persona en particular, haciéndola detectable mediante cámaras de seguimiento. Toda una herramienta de presión ejercida por las élites sobre la población. Sin embargo, ahora nos concentraremos en como esos mismos que nos dicen que las razas no existen se basan en mediciones y etiquetas raciales para identificarnos.

Casi la totalidad de programas destinados a la identificación de rostros se basan en unas pocas características específicas para identificar la raza. Por ejemplo, y sin tener en cuenta el color debido a la posible baja calidad de las fotos o videos en los que aparecen los rostros, estos serán orientales si la posición de las cejas es alta, será baja si son nórdicos, intermedia en otros blancos, intermedia en los semitas y alta en los negros.

El grosor de las cejas es delgado para los orientales, también delgado para los nórdicos, promedio para otros blancos, grueso para los semitas y nuevamente delgado para los negros. También se podría definir la raza de acuerdo al grosor de los párpados, pero esto no aparece en las fotos bidimensionales. Además, este tipo de clasificación evita una gran variedad de grupos mestizos frecuentemente denominados como “otros”.

El grosor de la nariz es ancho para los orientales, delgado para los nórdicos, promedio para otros blancos, intermedio para los semitas, y grueso para los negros. Y los labios son intermedios para los orientales, delgados para los nórdicos, promedio para otros blancos, gruesos los semitas y grueso para los negros. Todo basándose en fotos de frente que no muestran claramente curvaturas nasales ni orejas.

Como vemos, aun sin que sus creadores lo acepten, estos programas para ordenador tienen un claro fundamento en la sana discriminación racial. Definiendo grandes grupos como blancos (a los que dividen entre nórdicos y demás), negros, orientales y mestizos (donde algunos algoritmos reconocen, aparte de los semitas, a hispanos e incluso amerindios). Lo que inevitablemente demuestra que las razas existen.

Estas aplicaciones políticamente correctas (aparentemente) nada tienen que ver con defender la cultura o tradiciones de nadie. Pero simultáneamente los procesos de reconocimiento racial son usados por los judíos que controlan Facebook y otras redes sociales digitales para vigilar a todos y cada uno de los individuos que inocentemente entregan todos sus datos, fotos e información al enemigo.

Descubriendo el Tolkien oculto

Racista, xenófobo y eurocéntrico es como califican a John Ronald Reuel Tolkien los más fervorosos antifascistas. Y es cierto que en su épico texto sobre el Señor de los Anillos los perversos orcos, enemigos del orden y la virtud, son descritos como negros, en tanto que los elevados elfos y los hombres nobles son blancos.

Sin embargo, en la vida real Tolkien fue un fervoroso amante de la fama y el dinero, por lo que siempre se mantuvo cerca de autores y editores judíos. Esto sin mencionar que copió del Anillo de los Nibelungos, de Richard Wagner, casi la totalidad de su mitología literaria. O que durante la segunda guerra mundial criticó duramente a Hitler.

Simon Tolkien, el nieto de John Ronald Reuel y actualmente principal representante de la obra de su abuelo, se casó con la judía Tracey Steinberg y sus hijos son judíos practicantes. El propio J. R. R. demostró en repetidas oportunidades su enfermizo aprecio hacia los pérfidos judíos e incluso se intuye el sionismo en su obra.

Cuando Tolkien pretendió publicar sus textos en Alemania hacia 1938, se le solicitó que demostrase no tener ancestros judíos, a lo que el autor estúpidamente respondió: “lamento poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo”. Lo que demuestra una torpe adulación del judaísmo.

No sorprende pues que Tolkien indique en una entrevista, emitida por la BBC en enero de 1971, que: “los enanos, por supuesto son de un modo bastante obvio… Judíos”. Lo que evidencia una narrativa filosemita sobre el inocente pueblo que luego de ser esclavizado y maltratado, merece regresar a su tierra natal.

Tolkien habla como un vulgar sionista. Y en sus libros demuestra serlo al pervertir el mensaje del Anillo de los Nibelungos. John Tolkien copió demasiados elementos de la saga de Wagner, incluyendo nombres y lugares, pero cambió la representación que Wagner hizo de los enanos para convertirlos en admirables y dignos.

Según la saga Wagneriana los enanos, como los judíos, son seres despreciables a quienes solo les interesa acaparar riquezas. Para Tolkien los enanos fueron honrados mineros injustamente expulsados de sus tierras. Inicitando incluso la multiculturalidad simbolizada en la amistad del elfo blanco Legolas con el enano judío Gimli.

Cuando en 1961 se publicó el texto del Señor de los Anillos en sueco, el traductor Åke Ohlmark resaltó la similitud de la obra de Tolkien con la trama escrita por Wilhelm Richard Wagner para su drama sobre El anillo de los Nibelungos. Sólo por eso John Tolkien desacreditó a Ohlmark comenzando una visceral enemistad entre ellos.

Incluso el término Hobbit fue copiado de una antigua palabra para el Hobgoblin escocés. Y a pesar de todas las pruebas que demuestran un flagrante plagio de la historia wagneriana, John Tolkien dijo alguna vez sin vergüenza y en tono completamente pedante que: “lo único en común entre ambos anillos es su redondez”.

Nada original y bastante desagradable resulta la actitud soberbia de Tolkien. No le gustó que la Tierra Media de sus obras sea descrita como nórdica, porque influenciado por su entorno judío odiaba a los blancos nórdicos. Aún así muchos despistados racialitas siguen admirando a Tolkien como admiran a Nietzsche y a otros filosemitas.

Producto de su amor hacia los judíos que le dieron fama y fortuna Tolkien odió a Hitler, a quien catalogó de “idiota militar” y “pillo vulgar e ignorante”. E hipócritamente, luego de tan pomposos calificativos sobre el líder germano, resaltó que rechazaba la propaganda británica contra Alemania por ser demasiado demagógica y maniquea.

Igual que Tolkien en su momento, hoy los judíos en Hollywood y en la industria musical copian la habilidad de Wagner para provocar estados emocionales específicos mediante el uso del sonido. En sus costosas producciones repiten sin cesar los inmortales motivos wagnerianos, y luego cobran como si fuesen ellos los autores originales.

Como en las películas basadas en libros de Tolkien, el torpe remedo se repite una y otra vez. Mientras tanto la industria judía del entretenimiento se ha convertido ya en la principal estrategia de la judiada para alcanzar sus objetivos de dominio mundial mediante la destrucción de nuestros valores. ¡Debemos estar atentos!

Fuentes: Mosaic / Europa na mochila / Romanian Tolkien Society

Diábolus in música

En la edad media se le dio el nombre de Diablo en la música al intervalo exacto de tres tonos que se encuentra entre fa y si y que suena bastante oscuro y evoca sentimientos de tensión. La iglesia cristiana que pretendía sublimar las emociones de sus feligreses hacia Dios prohibió el uso del tritono en la música sacra. Sin embargo dicho intervalo fue ampliamente utilizado en la música popular que solo buscaba contar historias.

Autores como Bach, Vivaldi, Beethoven, el compositor judío Mendelssohn, Chopin, Franz Liszt, el judeófilo Camille Saint-Saëns, Modest Músorgski al presentar a los judíos en su suite Cuadros de una exposición o Richard Wagner, todos han utilizado el tritono para ambientar algún pasaje sombrío. Pero fue un teórico de la música de origen judío quien realmente introdujo al Diablo judío en la música disfrazándolo de innovador.

Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno, judío nacido en Alemania hacia 1903, se unió al grupo de ideólogos judíos conocidos como Escuela de Frankfurt en la década de 1930. Su rol fue desacreditar con excusas plausibles el rol de la música clásica europea. Afirmaba Adorno que el nuevo compositor debería rechazar los modelos musicales tradiciones impositivos para dar paso a su propia libertad y tocar lo que le venga en gana.

Esto se tradujo en su defensa de la atonalidad como contrapuesta al sistema tonal imperante en la música clásica europea. El Diábolus in música, al ser una expresión atonal, debía ser también aceptado y popularizado. Sin embargo, todo el marco teórico sobre los beneficios de la atonalidad fue inventado por Adorno como justificación para promover ritmos primitivos que solo exaltan el salvajismo degenerado.

Pero sus propuestas se hacen más sombrías aun cuando habla de manipulación. Adorno sabía que ciertos temas pegajosos, con su ritmo natural, atraen a las multitudes. Y conocía también los acordes precisos para generar comportamientos específicos. Es por ello que fue contactado por el Instituto Tavistock de Relaciones Humanas, donde se diseñaron eficientes métodos de control social para esclavizar a las masas.

John Coleman, un agente de inteligencia retirado, en su libro El Comité de 300, afirma que de acuerdo a lo estipulado por el Instituto Tavistock, el cuarteto conocido como los Beatles recibió la totalidad de sus temas directamente de manos del compositor Theodor Adorno, quien habría insertado pasajes musicales propios de antiguos cultos paganos para evocar sentimientos de euforia y frenesí en sus oyentes.

Los Beatles se reunieron por última vez el 20 de agosto de 1969 para terminar de grabar su disco Abbey Road, y nunca más volvieron a tocar juntos. Dos semanas antes, el 6 de agosto del mismo año, Adorno moría víctima de un ataque cardiaco con 65 años de edad. Como nadie pudo escribir nuevos temas con el mismo estilo de Adorno, los Beatles se vieron obligados a separarse y terminar su contrato con Tavistock.

La música de los Beatles y sus actitudes inocularon el veneno de la drogadicción y el hedonismo en la sociedad occidental. La toxicomanía y degeneración de sus integrantes fueron alabadas por la prensa judía como actitudes innovadoras y creativas. Las supuestas fanáticas histéricas fueron pagadas para vociferar incoherencias al paso del cuarteto. Creando un mito donde no había nada rescatable.

Es evidente que la pareja formada por John Lennon y Yoko Ono fue diseñada para promover la multiculturalidad. Cuando el baterista Ringo Starr tenía 12 años su madre, la judía Elsie Gleave Starkey, se casó con el judío Harry Graves. Ringo se casa en 1981 con la judía Barbara Goldbach. Y el judío David Fishoff, promotor de sus conciertos entre 1989 y 2003, dijo que Ringo lo llamaba todos los viernes para desearle un feliz Sabbat.

Brian Epstein, representante de los Beatles, era judío. El publicista y abogado de Epstein, el judío David Jacobs, impulsó la venta de polos, muñecos y demás chucherías con la imagen de los Beatles. Además, la tendenciosa promoción de los Beatles como rebeldes y originales estuvo a cargo de los locutores judíos Murray Kaufman y Morrow Meyerowitz, quienes los difundieron hasta el cansancio en la radio americana.

El judío Sid Bernstein fue el encargado de organizar los conciertos del cuarteto en los Estados Unidos. En particular el muy publicitado concierto de 1965 en el Shea Stadium. El judío Dezo Hoffman fue durante muchos años el fotógrafo oficial de los Beatles. Y el judío Richard Lester fue director de por lo menos dos películas suyas. Judíos como Walter Shenson y Bud Orenstein fueron también sus productores cinematográficos.

McCartney se casó con la judía Linda Eastman en 1967. Los hijos de Paul son considerados judíos. El judío Allen Klein fue representante legal de John Lennon, George Harrison y Ringo Starr. Nancy Shevell, la última esposa de McCartney, también es judía. Al crear esta agrupación musical operada desde la sombra los judíos lograron impresionar a la juventud blanca para que acepte rebelarse contra su propia identidad cultural.

Todo este espectáculo contracultural formó parte de un detallado plan de inteligencia dirigido por los hebreos que controlan Tavistock, el MI6 y la CIA. Su objetivo: descalificar todo lo que representa una identidad real para el ser humano (como el sexo biológico, la familia, la patria, la religión y la raza), para dar paso a la sumisión de las masas ante las ideologías impuestas por el supremacismo judío camuflado de rebelión.

Los judíos, presentándose como libertarios, justicieros, revolucionarios e innovadores, ocultan un horroroso rostro que busca cortar los lazos que nos unen al pueblo y tradiciones que durante milenios nos han servido para conseguir un pleno y real sosiego espiritual. Ellos intentan reemplazar este vínculo real por falsos fanatismos, subculturas e ídolos, que al estar bajo su control únicamente favorecen intereses judíos.

Desde 1968 hasta su muerte en 2014 el judío Rupert Loewenstein fue administrador financiero de los Rolling Stones, antes que él estuvo en el mismo cargo el ya mencionado judío Allen Klein. Pero el rango de influencia de esta estrategia contracultural y subversiva va más allá de tierras inglesas. Del barrio de Laurel Canyon en Los Ángeles surgieron algunos de los más conocidos intérpretes de la música hippie.

Los íconos musicales de hippismo progre fueron en realidad entrenados por la CIA para desacreditar los valores de la sociedad occidental. Lo más llamativo es que todos ellos tuvieron muy estrechos vínculos con las fuerzas armadas de su país. El movimiento hippie fue diseñado por la CIA, asesorada por Tavistock, para incitar la promiscuidad y la inmoralidad mediante el uso de drogas como la Dietilamida de Ácido Lisérgico.

George Stephen Morrison fue el comandante de las fuerzas navales americanas a cargo del Golfo de Tonkín. También fue padre de Jim Morrison, líder mítico de la banda The Doors. Lamentablemente George Morrison estuvo a cargo de la operación de falsa bandera en Tonkín donde equívocamente se acusó a los vietnamitas de atacar barcos estadounidenses. Lo que llevó al inicio de la mediática guerra de Vietnam.

Ya en octubre de 1964 los judíos Simon y Garfunkel recitaban una velada apología a la toxicomanía en su tema Los Sonidos del Silencio. Pero debemos prestar especial atención a las declaraciones del criptojudío italiano Frank Zappa, que nunca hizo nada importante musicalmente, pero sí defendió ante el senado norteamericano, bajo el manto de la libertad de expresión, su derecho a destruir los valores tradicionales blancos.

En una reveladora entrevista para la revista Relix publicada en noviembre de 1979, hablando sobre política y democracia, Zappa afirmó que: “La ilusión de libertad continuará mientras sea rentable continuar con la ilusión. Cuando la ilusión se vuelva muy costosa de mantener ellos sólo desmontarán el escenario, bajarán el telón y retirarán las mesas. Y vosotros veréis la pared de ladrillo al fondo del teatro.”

Adelaide Sloatman, que se hizo llamar Gail Zappa tras su matrimonio con Frank Zappa, era hija de John Klein Sloatman, un investigador de armas nucleares en el ejército de los Estados Unidos. John Edmund Andrew Phillips, fundador de The Mamas & The Papas era hijo de Claude Andrew Phillips, miembro del cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Cass Elliot, la principal cantante de esa agrupación, era judía.

Y mientras el pedófilo judío Jimmy Savile promocionaba toda esta basura musical en el Reino Unido, en los Estados Unidos la banda americana Grateful Dead era publicitada por Alan Trist, hijo del psicólogo social y fundador de Tavistock: Eric Trist. Además, el presentador Ed Sullivan, casado con la judía Sylvia Weinstein, fue el encargado de divulgar en la televisión americana este tipo de bandas supuestamente contestatarias.

Desde 1953 la CIA experimentó con la Dietilamida de Ácido Lisérgico o LSD en el proyecto denominado MK Ultra. El LSD es una potente droga capaz de provocar vívidas alucinaciones que logran despersonalizar a quien la consume. Las víctimas del proyecto MK Ultra, inoculadas con LSD durante prolongados periodos de tiempo, perdieron sus recuerdos y pudieron ser reeducadas a discreción como si fuesen niños recién nacidos.

El judío Sidney Gottlieb fue el principal responsable de estas atrocidades como director general del proyecto MK Ultra de la CIA. Y en los 60s el psicólogo Timothy Leary promovió el uso extensivo del Ácido Lisérgico entre la juventud americana al presentarlo como una especie de liberación mística. Leary se quejó hasta su muerte en 1996 de que la CIA no llegó a pagarle la totalidad de sus honorarios por la masiva difusíon de la toxicomanía.

Desde la década de 1950 artistas de origen judío como Elvis Presley, Leonard Cohen y Neil Sedaka incursionan tímidamente en la música popular retando los valores blancos. Ya en los 60s judíos como Bob Dylan y Lou Reed se hacen más rebeldes contra la moral occidental. Pero es a partir de los 70s que la degeneración comienza a calar hondo con judíos Marc Bolan de la banda T. Rex o Gene Simmons y Paul Stanley de la banda Kiss.

También en los 70s se hacen populares judíos como Joey Ramone y Tommy Ramone de la banda Ramones, igualmente judío es el guitarrista Chris Stein de la banda Blondie, así como judío también es Lemmy Kilmister de Motörhead. Todos ellos muy bien promocionados por el personaje radial y televisivo llamado Howard Stern, quien es en realidad un enfermo y sexópata judío que hasta hoy sigue irradiando esta basura.

En los 80s el judío David Lee Roth de Van Halen, el también judío Lars Ulrich de Metallica, el judío Dave Mustaine de Megadeth, y el judío Slash de Guns N’ Roses hacen popular la nueva moda del radical Heavy Metal. Y judíos como Mark Knopfler de Dire Straits, Paula Abdul, Madonna, Susanna Hoffs con su tema Walk Like an Egyptian, o Taylor Dayne y su tema Tell It To My Heart logran la fama a pesar de su ineptitud musical.

En los 80s también se hacen famosos judíos como los Beastie Boys y el judío Dave Gahan de Depeche Mode. Y en los noventas judíos como Marty Friedman de Megadeth, la esposa del vocalista de Nirvana, la judía Courtney Love, el ridículo y experimental judío Beck, el roquero judío Lenny Kravitz, el judío Adam Levine de Maroon 5, la cantante judía apodada Pink, y los judíos Rob Bourdon y Brad Delson de Linkin Park, saltan al estrellato.

Todo gracias a la cadena judía de televisión por cable llamada MTV que desde el 1 de agosto de 1981 inocula su veneno inmoral por medio de la música no solo en los Estados Unidos si no alrededor del mundo. Promocionando artistas que ensalzan la perversión como Ozzy Osbourne de Black Sabbath, casado con la judía Sharon Rachel Levy; y la banda del judío Marilyn Manson que solo destaca por su obscenidad e indecencia.

Tanto Osbourne como Manson son seguidores del judío Anton Szandor LaVey, fundador de la llamada Iglesia Satánica. La cual impulsa el egoísmo y el hedonismo (es decir la mezquindad) en contraposición al honor, la lealtad y la nobleza propia del pueblo Ario. Y en el tercer milenio artistas judíos como Bruno Mars, Amy Winehouse, Lady Gaga o la supuestamente conversa Ariana Grande, continúan difundiendo la degeneración.

A mediados de los 70s, cuando el hipismo y la psicodelia se hallaban gastados, la judiada inventa el ultra rebelde movimiento Punk gracias al judío Danny Fields, quien ya era conocido por publicar la primicia sobre John Lennon afirmando en 1966 que el cristianismo estaba en decadencia y que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Poco después, durante el mismo 1966, el judío LaVey fundó la Iglesia de Satán. ¿Casualidad?

Cuando el judío Danny Fields observó los conciertos en Detroit de una banda con ideologías de izquierda llamada MC5, así como a los rebeldes Iggy Pop and the Stooges en la misma zona, decidió promocionarlos. Mientras tanto el judío Les Conn hacía popular al filosemita afeminado David Bowie. Y el judío Sylvain Mizrahi, propietario de una tienda de ropa de moda, fundaba en 1971 la banda de amanerados nombrada los New York Dolls.

Danny Fields, considerado como pionero del movimiento Punk, fue amigo personal del judío Lou Reed y promocionó los trabajos del agente de Tavistock llamado Jim Morrison de la banda The Doors. En 1973, juntando todas estas influencias, el judío Richard Hell y su banda Television crean la imagen estética del punk. Y en 1974, los judíos Joey y Tommy de la banda The Ramones crean el sonido y mensaje conocido como Punk.

Ramones y Television eran asiduos intérpretes en el club CBGB de Nueva York, propiedad del también judío Hilly Kristal. Y es en esta sinagoga de la depravación donde el judío Malcolm McLaren, negociante de ropas y especulador de la moda, observa estas dos bandas y otras similares y viaja a Inglaterra donde contrata a Johnny Rotten y a Sid Vicious (cuya pareja Nancy Spungen era judía) para dar forma a los Sex Pistols.

El judío Bernard Rhodes fue el encargado de juntar a los judíos Mick Jones y Joe Strummer para crear la banda Punk comunista conocida como The Clash. La misma que se presentó junto a bandas como Sham 69 en 1978 en el primer concierto de Rock Contra el Racismo, organizado como respuesta a las declaraciones que el guitarrista Eric Clapton realizó contra la inmigración en apoyo al político conservador Enoch Powell.

Cuando las esvásticas Nacional Socialistas fueron utilizadas por la moda judía del Punk su único objetivo era llamar la atención, más como una broma negra que como una identidad ideológicamente comprometida. Pero los mismos judíos que inventaron el Punk comenzaron a temblar cuando el partido político National Front organizó en 1979 el primer concierto de Rock Contra el Comunismo como respuesta al antirracismo semita.

El National Front creó en 1978 una rama juvenil encargada de difundir sus ideas en conciertos y partidos de fútbol. Y con el mismo motivo organizó las presentaciones musicales de Rock Contra el Comunismo, siendo la más famosa aquella de 1982 cuando Ian Stuart Donaldson se presentó con su banda Skrewdriver. Enfrentando así el dominio hebreo sobre la música y formando parte de un ya notable repertorio de autores antisemitas.

Los judíos utilizan la disidencia controlada para manipularnos. Toda esta patraña conocida como música popular moderna ha sido diseñada por ellos para confundir a la multitud y hacerle creer que está siendo rebelde, cuando en realidad solo sigue lo que dictamina la prensa manipulada por los intereses de sus amos. Así los judíos poco a poco y con engaños están obteniendo el control mundial. ¿Estás dispuesto a permitirlo?

Fuientes: Medium / Taringa / Orthodox Union / The Guardian / T.A.B.U. / The Guardian / Metal Jew / Times of Israel / Independent / Us Weekly

La verdad sobre las castas

Casta es una antigua palabra española que deriva de casto, es decir puro. Y hace referencia a la calidad de pureza que cada individuo ostenta en su herencia racial. Las castas habrían sido implementadas en los virreinatos españoles para otorgar o denegar ciertos derechos a sus habitantes dependiendo de su pureza racial.

Incluso dentro de círculos racialistas, lamentablemente basados en información inadecuada, nos han dicho que los colonos españoles habrían propiciado su propia decadencia al mezclarse con las razas conquistadas. Sin embargo dista la realidad de tales declaraciones. La impureza racial fue severamente castigada en los virreinatos.

El mestizaje se produjo solo tras las guerras de independencia contra España propiciadas en Latinoamérica por masones como San Martín en Argentina, O’Higgins en Chile, De Miranda en Venezuela, o Hidalgo en México. Y como todos sabemos, la masonería se halla en manos de la judería corrupta promotora del multirracialismo.

Durante el apogeo de los virreinatos solo las personas que directamente llegaban desde España y los descendientes de españoles nacidos en América (llamados criollos) poseyeron derechos como ciudadanos. La aplicación de las leyes Jim Crow en los Estados Unidos y las Leyes de Núremberg en Alemania derivan del sistema de castas español.

Tras la abolición de la esclavitud finalizada la guerra civil en Norteamérica, los estados independientes se vieron forzados a implementar una serie de leyes raciales para evitar que los negros se mezclen con los blancos provocando desorden social, problemas fisiológicos y de salud, así como falta de identidad.

Las leyes de Núremberg aplicadas en la Alemania de Adolf Hitler siguieron el mismo esquema. Indicando que los ciudadanos con cierto porcentaje de ancestros judíos deberían ser tratados de modo diferente que los puros alemanes. La intención de las leyes raciales a lo largo de la historia ha sido siempre promover la propia unidad.

Según la historia oficial el racismo fue inventado como excusa para justificar el colonialismo que desde el siglo XV propició la expansión de varios países europeos. En realidad el colonialismo es tan antiguo como Egipto o Roma. Casi todos los pueblos sobre la tierra buscan conquistar nuevos territorios con el fin de acceder a sus recursos.

En realidad fue el libro titulado Racismo, publicado en 1938 por el homosexual judío Magnus Hirschfeld, el que popularizó el término. En su libro Hirschfeld desacredita la natural tendencia de todo pueblo por preservar su propia idiosincrasia, atacando sin fundamentos claros los postulados de Gobineau, Chamberlain y otros.

Las leyes Jim Crow y las leyes De Núremberg se basaron en investigaciones históricas, así como en conocimientos empíricos que, tanto norteamericanos como alemanes, poseían sobre las diferentes castas en que fue separada la población colonial durante la época de dominio español sobre territorios americanos.

Las leyes Jim Crow afirmaban que con un dieciseisavo o menos de sangre negra (dependiendo del estado) el negro dejaba de ser negro. Igualmente en las leyes de Núremberg era judío solo aquel con dos o más abuelos judíos. Si tenía tres abuelos blancos y uno judío era calificado como blanco siempre que tuviese hijos solo con blancos.

En el sistema de castas de las colonias españolas la mezcla de blanco con indio (1/2 blanco) fue llamado mestizo. La mezcla de mestizo con indio era el cholo (1/4 blanco). Y la mezcla del mestizo con el blanco era el castizo (3/4 blanco). Solo el castizo fue tratado como blanco con derechos similares a los de cualquier español o criollo.

Al tratarse de negros las leyes son ligeramente más exigentes. La mezcla de negro y blanco fue el mulato (1/2 blanco), con derechos limitados como cualquier negro. La mezcla entre mulato y blanco fue el morisco (3/4 blanco), igualmente considerado negro. Porque la sangre negra es más fuerte y perjudicial que cualquier otra.

Solo a partir del hijo de morisco con blanco, el llamado albino (con 7/8 de blanco) se comienzan a reconocer ciertos derechos. Por último, aunque no existen muchos datos al respecto, se supone que el saltapatrás (1/16 negro) posee mayores prerrogativas. El multiculturalismo solo fue promovido tras las independencias americanas.

Desde su origen los pueblos iberos mantuvieron su pureza racial frente a las invasiones extranjeras. Aun frente a romanos y visigodos. Y mantuvo su pureza España frente al islámico invasor. De igual manera fue fundamental la pureza de sangre durante la colonia. Ellos lucharon por mantener tu sangre pura, no los traiciones.

¿Qué son las razas?

Lo que conocemos como raza es equivalente a lo que en biología se llama subespecie. Por ejemplo el Canis Lupus o lobo corresponde al género Canis y a la especie Lupus, ahora, dicha especie posee gran cantidad de subespecies o razas, atendiendo principalmente a ligeras variaciones físicas y conductuales en regiones geográficas distintas.

El Canis Lupus Lupus en Europa, el Canis Lupus Albus al norte de Rusia, el Canis Lupus Arctos en el Ártico, el Canis Lupus Occidentalis en Alaska y Canadá, el Canis Lupus Baileyi de México y Estados Unidos, el Canis Lupus Italicus en Italia, o el Canis Lupus Signatus de la Península Ibérica, son solo algunas de las diversas subespecies o razas de Lobos.

Todos los miembros de una misma especie, sin importar la raza, pueden reproducirse entre sí y generar descendencia fértil. Sin embargo este proceso de mestizaje, conocido científicamente como hibridación, es visto como algo negativo, ya que producto de la introgresión (o hibridación continua) se produce la extinción de las razas originales.

Hasta hace poco más de un siglo nadie hubiese puesto en duda el innegable hecho de que dentro de la especie humana también existen subespecies. De lo contrario el Homo Sapiens sería una extraña excepción en la naturaleza. Las evidentes diferencias fisiológicas y psicológicas entre distintas razas resultan innegables.

Hacia 1735 Carlos Linneo en su libro Systema Naturae clasificó al Homo Sapiens en cuatro subespecies a las que denominó Homo Sapiens Europaeus-albus (europeo blanco), Homo Sapiens Asiaticus-fuscus (asiático marrón), Homo Sapiens Americanus-rubescens (americano rojo) y Homo Sapiens Africanus-niger (africano negro).

Recién dentro del pensamiento políticamente correcto, implantado por judíos marxistas en la Escuela de Fráncfort a partir de 1923, se comienza a indicar que hablar de razas diferentes, con cualidades y aptitudes diferentes, podría herir los sentimientos de los menos favorecidos. Su solución fue una intensa campaña en descrédito de la raza.

Los judíos marxistas de Fráncfort dijeron que la idea de raza debía ser eliminada para evitar que cualquier blanco se sienta inferior al negro por no correr tan rápido, o que el negro se sienta intelectualmente inferior al chino calculador y poco empático. Pero principalmente para evitar que el blanco se sepa superior a las demás razas.

Este discurso aparentemente conciliador, que sin embargo negaba la realidad empíricamente comprobada sobre la existencia de razas, era la excusa perfecta para conseguir la homogeneidad genética, obligando emocionalmente a personas de distinto origen a mezclarse para superar los abusos provocados por la discriminación.

El chantaje psicológico dentro del discurso políticamente correcto obedecía al deseo judío de crear una masa homogénea de individuos mediocres, como fue detallado por el masón y criptojudío Richard Coudenhove-Kalergi en su serie de libros sobre Pan-Europa, cuya primera publicación coincide con el año de fundación de la Escuela de Fráncfort

En 1943 el gobierno Nacional Socialista retiró el título de Doctor en Filosofía entregado por la Universidad de Viena a Coudenhove-Kalergi, que vivía en los Estados Unidos desde 1940. Terminada la Segunda Guerra mundial el concepto de raza fue denigrado como causa y origen de grandes males, principalmente porque Hitler era racista.

Tras la derrota de Hitler, y debido a que Alemania bajo el Nacional Socialismo fue la nación más dedicada a defender su raza, es que se comienzan a aplicar variadas estrategias de propaganda para imponer la idea políticamente correcta, pero totalmente contraria a la ciencia, sobre la inexistencia de razas humanas.

La falacia lógica conocida como Reductio ad Hitlerum es el intento de invalidar cualquier punto de vista, sin analizarlo, solo porque el canciller germano Adolf Hilter sostuvo en vida el mismo punto de vista. Según este razonamiento, si crees en la existencia de razas terminarás exterminando a quienes no son como tú.

Según ellos solo existen etnias y no razas, donde la principal diferencia sería entonces cultural y no fisiológica. Es decir que la identidad es solo un constructo puramente mental que deriva del modo en que cada grupo afronta los retos de su entorno. En la realidad las etnias así entendidas solo existen como subproducto de la raza.

La piel de un niño no será negra aunque a sus padres blancos les guste quemarse bajo el sol. Y seguirá siendo negro el hijo de negros, aunque viva bajo tierra y nunca vea la luz. Los factores físicos reales dependen de elementos genéticos inmutables que tan solo pueden ser parcialmente modificados por el entorno.

Por selección natural el lobo ártico es de pelaje blanco (aquí no se aplica el concepto de mutación evolutiva). Y por selección natural el hombre blanco esta mejor adaptado al duro clima europeo como el negro está adaptado al clima africano. No porque estas realidades ofendan a quien sea vamos a dejar de reconocerlas.

Así como las diferentes subespecies de lobos no deben extinguirse, del mismo modo las razas humanas deben preservarse y no mezclarse. Lo más extraño es que la corrección política en relación a la raza solo se promueve en los países blancos, dejando que otras culturas se sientan siempre orgullosas de su herencia e identidad.

El mayor obstáculo para los planes de dominio mundial de la élite judía es el hombre blanco, el que lucha por la subsistencia de su familia día a día, y no acepta que nadie le imponga modos de conducta esclavizantes y hábitos consumistas. Aquel que no permite que lo manipulen gracias a los valores morales inscritos en su sangre.

Para el judío un tibetano, bosquimano, o esquimal tiene siempre más derechos que cualquier blanco. Porque en el fondo lo que les importa no es defender a nadie de heridas psicológicas por afrontar la propia inferioridad. Lo que les importa a los judíos es mezclar la genética blanca con otras culturas hasta convertirla en un recuerdo.

El genocidio de la raza blanca es una condición ineludible que la judiada debe alcanzar antes de obtener un paso libre y poder conquistarnos a todos hasta convertirnos en sus esclavos. Pero no lo vamos a permitir, porque defenderemos nuestra raza hasta la muerte si es necesario. Y nuestro legado será el honor y la gloria.

¡Dile NO al mestizaje!

Cuando los ingleses exterminaron judíos.

La Operación Aníbal fue una estrategia naval ideada por Karl Dönitz, comandante de la Marina de Guerra Alemana, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, para evacuar la mayor cantidad de refugiados que escapaban de la barbarie perpetrada por el ejército soviético. Sus objetivos eran exclusivamente humanitarios.

El crucero Wilhelm Gustloff, diseñado originalmente para brindar viajes a bajo costo, fue hundido el 30 de enero de 1945 por el submarino soviético S-13. El barco se hallaba entonces atestado de civiles alemanes huyendo de una inminente masacre tras la guerra. Casi nueve mil personas murieron. Es la mayor tragedia marítima de la historia.

Diez días después, el 10 de febrero de 1945, el buque General von Steuben fue hundido por el mismo submarino ruso S-13, repleto esta vez de soldados alemanes sobrevivientes. Dicho submarino estuvo en ambas ocasiones comandado por Aleksandr Marinesko, un indisciplinado y alcohólico oficial soviético que buscaba limpiar su reputación.

El barco hospital Goya transportaba alrededor de siete mil enfermos y pacientes alemanes cuando fue atacado el 16 de abril de 1945 por Vladimir Konovalov, comandante del submarino L-3. El obediente señor Konovalov solo obedecía órdenes, por lo que fue condecorado como Héroe de la Unión Soviética tres meses después.

Pero el más controvertido hundimiento perpetrado contra la Operación Aníbal fue el realizado por la fuerza aérea británica el 3 de mayo de 1945, cuando el oficial inglés Martin Scott Rumbold inició el ataque contra el crucero Cap Arcona. Plagado esta vez de prisioneros de los campos de concentración que los alemanes quería salvar.

Si, así es, nada más extraño e incoherente para la doctrina judía oficial que afirma que el llamado Holocausto fue algo real. Pero aquí, en esta nada conocida historia, el navío alemán repleto de judíos evacuados de los campos de prisioneros, junto a los vapores Athen, Deutschland y Thielbeck, todos fueron hundidos por los ingleses.

Tanto el Cap Arcona, como también los barcos Athen, Deutschland y Thielbeck habían sido destinados a rescatar a quienes, a pesar de sus maldades, aún merecían vivir dignamente y no víctimas de la desnutrición, deshidratación, y demás enfermedades producto de los bombardeos aliados que provocaron una drástica carencia de recursos.

Si el susodicho Holocausto hubiese sido real, los alemanes jamás habrían intentado salvar a sus prisioneros. Pero los vencedores como siempre escriben la historia. Y falazmente argumentan que para evitar que los judíos fuesen descubiertos como esclavos en los campos de concentración, decidieron matarlos en altamar.

Nuevamente, aportando pruebas fraguadas y falsos testimonios, los hebreos en el poder nos dicen que Hitler embarcó a los judíos prisioneros con el único fin de aniquilarlos en altamar. Pero que por una extraña incoherencia del destino, los ingleses atacaron el barco alemán suponiendo que solo viajaban alemanes dentro de él.

No solo se muestra aquí el anti-germanismo inocultable de la judiada. Sino que la mentira y charlatanería del hebreo se hace más que evidente. Lo que realmente sucedió es que los aliados en sus aviones pensaron que los barcos se hallaban llenos de alemanes. Su insaciable odio contra el teutón los llevó a exterminar judíos por error.