Fuente: Harun Yahya, El Enga–ño Del Evolucionismo (2001)

La misión de Darwin

La publicación del libro de Charles Darwin, “El Origen de las Especies”, representaba un punto culminante muy crítico en la Guerra Contra la Religión. Realmente, en el libro no hay ninguna información acerca del “origen de las especies”, pero esto no evitó que se hiciera popular en un tiempo muy breve, dado que el verdadero propósito no era “científico” sino salir victorioso ideológicamente. El barco “H.M.S. Beagle” viajaba a toda prisa por las profundas aguas del Océano Atlántico y se asemejaba a un buque normal de carga o de pasajeros, pero en realidad había partido en un viaje de investigación con capacidad para navegar durante varios años. Viajó a través del Océano y llegó a las costas de Sudamérica en 1832. Sin mucho sentido para casi cualquier otro en esos momentos, se iniciaba el largo viaje de cinco años del buque “Beagle”.

Uno de los pasajeros a bordo que iba a hacer ese viaje que se convertiría en famoso, era un joven de 22 años, naturista, llamado Charles Robert Darwin. Estaba preparado para la religión antes que para la biología, pues había estudiado teología en la universidad de Cambridge. Es por eso que no sorprende que uno de los libros que llevaba en ese viaje sea la Santa Biblia, la cual siempre estuvo a su lado.

El otro libro que llevaba Darwin era relativo a un tema en debate. Se trataba de “Principles of Geology” (Principios de Geología) de Charles Lyell. Además de abogado escocés, Lyell era también geólogo aficionado. Al escribir ese libro hizo uso de los estudios de otro escocés aficionado a la geología, James Hutton. El argumento común de ambos era que el mundo no resultaba tan joven como decía la Santa Biblia. Por el contrario, sostenían que era billones de años más antiguo.

Esto era totalmente inaceptable para el mundo cristiano que pensaba que el mundo había sido creado, a lo sumo, hacía seis mil años, como se manifestaba en el Génesis en el Antiguo Testamento. Hutton y Lyell fueron criticados por los legos debido a que se ponían en contra del Libro Santo. Pero no les importó mucho. La pareja aprovechaba todas las oportunidades del caso para señalar que no eran religiosos y que veían a la religión con antipatía. El punto de partida de la posición de ambos era que, esencialmente, deseaban demostrar su desaprobación a la cosmología narrada en el Génesis bíblico.

El argumento básico del libro de Charles Lyell era que la tierra tenía varios “estratos” y que investigándolos se podía calcular la “edad real” de la misma. Es Lyell quien presenta por primera vez el término “estrato geológico”, que pasó a ser una cuestión fundamental en la biología y en la geología modernas. Los descubrimientos hechos un siglo más tarde rechazan la tesis de Lyell y de sus seguidores, los “geólogos evolucionistas”, pues se revelaría que los estratos planetarios no eran jerárquicos y regulares y por lo tanto no podrían ser usados como un “método para calcular edades”. Como lo aceptan hoy día incluso los evolucionistas, Lyell impuso su imaginación por sobre la evidencia. Pero en aquella época no había nadie que hiciera una contra-investigación para salirle al paso a esa llamada “tesis científica”.

De cualquier manera, como dijimos antes, el joven Charles Darwin llevó consigo el libro de Lyell y la Santa Biblia, cosa que exhibía el dilema que tenía frente a esas dos fuentes contradictorias. Si bien Darwin recibió una larga educación religiosa, estaba totalmente influenciado por las tendencias positivistas del siglo que vivía. Es por eso que no hay que extrañarse que haya renunciado a algunas de las regulaciones básicas de las creencias cristianas antes de embarcarse en el “Beagle”. Era una persona apasionada por la biología y la tesis con la que se enfrentaba estaba en total desacuerdo con las creencias religiosas.

Ahora bien, ¿cuál fue el “factor” que condujo a un joven lego a interesarse por las ideas no religiosas e incluso antirreligiosas y ser seducido por la biología?

El padre Erasmus

El abuelo de Charles Darwin, Erasmus Darwin, fue quien representó el principal papel para que el nieto pierda el interés por la religión e incluso para que se convierta en irreligioso. Erasmus Darwin había muerto mucho antes de que su nieto viajara en el “Beagle”. Pero el joven Charles Darwin tenía por costumbre escuchar al abuelo desde la infancia y quedó muy influido por sus ideas.

Erasmus Darwin fue virtualmente la primera persona que planteó la noción de “evolución” en Inglaterra. Se lo conocía como médico, psicólogo y poeta y era una persona muy “respetada”. De acuerdo con su biógrafo, Desmon King-Hele, “fue incluso el inglés más excelente del siglo XVIII”. No obstante, tenía una vida privada absolutamente sórdida y tuvo por lo menos dos hijos ilegítimos.

La característica más importante de Erasmus Darwin fue el ser uno de los pocos precursores del “naturalismo” en Inglaterra, tendencia de pensamiento que asumía que la esencia de la existencia del universo estaba en la naturaleza, en tanto que negaba un creador metafísico y consideraba como el Creador a la propia naturaleza. En otras palabras, era una variación del pensamiento materialista que dominaba el siglo XIX.

Los estudios naturalistas de Erasmus Darwin eran lo suficientemente idóneos para prepararle el camino a Charles Darwin. El “Padre Erasmus” había dejado a su nieto una herencia tanto ideológica como orgánica. Por una parte, había desarrollado argumentos que establecerían los elementos principales para el Darwinismo por medio de las investigaciones que condujo en sus dos acres (810 m2) del jardín botánico y las compiló en sus libros “The Temple of Nature” (El Templo de la Naturaleza) y “Zoonomía”. Por otra parte, había establecido una sociedad en 1784 que señalaría el camino para esparcir estas ideas: la Sociedad Filosófica. No es de extrañar que diez años después la misma se haya convertido en una de las más grandes y fervientes sostenedoras de la teoría presentada por Charles Darwin.

Resumiendo, Erasmus Darwin, fue el factor más importante que llevó a Charles Darwin a abandonar rápidamente sus creencias religiosas a pesar de sus estudios teológicos, para pasarse a la “vereda” materialista-naturalista y publicar luego “The Origin of Species” con el objeto de cumplimentar una gran misión a favor de la causa a la que ahora adhería. Erasmus Darwin fue, antes que cualquier otra, la principal persona que determinó la misión de Charles Darwin.

Erasmus Darwin tenía otro rasgo muy característico: era el representante de la masonería. Ésta fue la soberana y principal fuerza fundadora del Nuevo Orden Secular, el cual alcanzó su punto más elevado en el siglo XIX. El decano Darwin fue uno de los maestros de la conocida Logia Canongate Kilwining de Edimburgo (Escocia). Estaba conectado también con los masones jacobinos de Francia y con la sociedad Illuminati, la cual había hecho del trabajo antirreligioso su tarea principal. Erasmus había criado a su hijo Robert (el padre de Charles) en sus mismos pensamientos y lo había enrolado en las logias masónicas. Debido a esto Charles Darwin iba a recibir una herencia masónica tanto del padre como del abuelo. Indudablemente, esto acarrea un sentido importante porque, como ya dijimos en los capítulos anteriores, la masonería era uno de los poderes centrales que condujo el largo combate para abatir el orden socio-económico que se apoyaba en la religión y reemplazarlo por un orden secular. Además, la masonería era el poder principal en la conducción de los cambios intelectuales necesarios para cambiar ese orden, valiéndose para ello de diversos mecanismos. La masonería había obtenido una victoria considerable sobre la Iglesia gracias a la alianza establecida por las fuerzas anticristianas. El siglo XIX fue la gala del Nuevo Orden Secular instituido mediante esa victoria.

Pero como hemos definido antes, había un solo aspecto ausente en la gala del Nuevo Orden Secular, es decir, la presentación de una explicación no religiosa para la existencia de todo lo viviente. El maestro Erasmus Darwin había trabajado y avanzado mucho para producir dicha explicación. El camino estaba ahora despejado para la presentación de su nieto. El resultado que se alcanzaría gracias a ello sería el regalo más espléndido para la gala del Nuevo Orden Secular, pues cerraría la mayor brecha del mismo.

En realidad, lo que encontró Darwin no pasaba de ser un argumento sin valor, despreciable. Y resultaba carente de valor porque era infundado. Se trataba de una afirmación quimérica imposible de ser verificada por medio de evidencias sólidas y verdaderas. A la inversa, era una afirmación propensa a una refutación permanente. En otras palabras, era una mentira. Pero esta situación no llevaría a que perdiera valor a los ojos del Nuevo Orden Secular, porque este mismo orden no era más que una mentira. No obstante, una mentira puede ser certificada como algo cierto por medio de otra mentira.

Un nuevo espíritu para el naturalismo

Como naturalista autorizado a bordo del buque de investigación “Beagle”, Charles Darwin navegó alrededor del mundo desde 1831 hasta 1836, tiempo en el que tuvo la oportunidad de examinar formas de vida que hasta ese momento eran desconocidas para los biólogos del mundo occidental. Consideró especialmente de gran importancia las observaciones que hizo en las Islas Galápagos. Le impresionaron en particular las diferencias observadas en los picos de los pájaros Pinzón. De acuerdo con Darwin desarrollaron sus picos a partir de los nutrientes que requerían, pues encontró dieciocho tipos de picos distintos, variedad que lo condujo a la conclusión de que los pájaros Pinzón “evolucionaron” con arreglo al entorno en que vivían. En lo esencial de su investigación nunca aceptó la idea de que “Dios creó muchos tipos de picos”.

A pesar de eso, la preferencia o alternativa defendida por Darwin tenía una naturaleza psicológica. El rechazo a explicar las variedades en los animales como la perfección en la creación de Dios, no se fundaban para nada en una argumentación lógica.

Fue la teoría del naturalismo la que condujo a Darwin a desarrollar sus peculiares puntos de vista, una de las teorías más sorprendentes que se desarrolló en la atmósfera del siglo XIX, la cual excluía totalmente los valores religiosos. El naturalismo aceptaba solamente lo que se percibía en la naturaleza y por medio de los sentidos. Se consideraba que la naturaleza era la creadora y gobernante de sí misma. Formulaciones como “la naturaleza creó a la mujer para estorbar”, son manifestaciones comunes de la mentalidad inyectada a la sociedad por el movimiento naturalista, el cual generalizó expresiones como “Madre Naturaleza” o “naturaleza”.

El naturalismo fue promovido por una conocida organización: la masonería. Este hecho fue proclamado especialmente en la conocida encíclica del Papa León XIII (1810-1903) Humanum Genus: “En nuestra época, con la ayuda y el apoyo de una sociedad llamada masonería, la cual posee una organización amplia y eficaz, se han unido los esfuerzos de esos que adoran el oscurantismo. Ya no sienten la necesidad de ocultar su mala voluntad y la lucha contra Dios Bendito”. El Papa divulgó la relación entre el naturalismo y la organización masónica: “Todos los objetivos y esfuerzos de los masones conducen a una intención: abolir todas las disciplinas religiosas y sociales de la Cristiandad y establecer un nuevo sistema de normas basadas en los principios del naturalismo y en sus propias ideas”.

La mayor contribución al naturalismo provino de Charles Darwin, quien indiscutiblemente cubrió una gran brecha en esa teoría. Los naturalistas idolatraban la perfección de la naturaleza pero se veían en dificultades para dar una respuesta satisfactoria a la pregunta de quién le dio vida, quién o qué hizo las cosas perfectas. Rechazaban insistentemente que todo fue creado por Dios puesto que adoptaban el método o enfoque positivista que les llevaba a creer solamente en los conceptos que toman cuerpo como resultado de los experimentos y las observaciones, lo cual significaba, simplemente, ¡aceptar a la naturaleza como Creadora!, lo cual es totalmente ilógico dado que una cosa no puede crearse a sí misma.

Obviamente, esto era lo que quería modificar el darwinismo. Sus afirmaciones constituían un “fundamento” para la pretensión de que la naturaleza se autocreó. En 1856, después de 27 años del viaje en el “Beagle”, Darwin escribió su conocido libro “The Origin of Species By Means of Natural Selection or The Preservation of Favored Races In The Struggel For Life” (El Origen de las Especies Por Medio de la Selección Natural o la Preservación de las Subespecies Favorecidas en la Lucha por la Vida), donde se propone que todo lo viviente evolucionó a partir de una única célula mediante un proceso realizado a través de la Selección Natural.

El criterio de selección natural afirma que los individuos débiles de una especie son eliminados en la lucha por la vida y que los fuertes que quedan son los responsables del mejoramiento de esa especie en particular. Quizás esta explicación no es errónea, pero Darwin no se valió debidamente de ese proceso. Lo único que podía conseguir la selección natural era hacer a ciertos individuos más fuertes, por ejemplo, para sobrevivir. En otras palabras, la selección natural podía ser responsable solamente del mejoramiento de las generaciones. Así y todo, “el origen de las especies”, que fue el nombre del libro de Darwin, no se podía explicar nunca por medio de la selección natural. Esto es así porque la selección natural no transforma un caballo en un pájaro o un tiburón en un elefante. Estas especies fueron creadas de manera separada y la selección natural podía ser responsable solamente de la eliminación de los individuos “débiles” y de la supervivencia de los más perfectos.

En resumen, la broma de Darwin comenzó incluso con el nombre que le dio al libro. Aunque se suponía que escribiría sobre “el origen de las especies”, no incluyó allí, aunque más no sea, un solo mecanismo real que explique dicho “origen”.

De todos modos, en la época de Darwin nadie advirtió la insuficiencia de la teoría debido a la falta de conocimientos sobre biología. Andando el tiempo, cuantos más datos se acumulaban más notoria se volvía la naturaleza contradictoria de la teoría de Darwin, pero esto se mantuvo oculto con mucha habilidad. Además, se revisaron las palabras originales de Darwin. Por ejemplo, al ser éste inconsciente de ciertas distinciones genéticas entre las especies, dijo que pensaba que una subespecie de abejas se alimentó cada vez más de animales que vivían en el agua y eventualmente la estructura de sus bocas se hizo más larga. Y manifestó entonces que algunas de esas abejas se convirtieron en ballenas, transformación para la que no veía ningún inconveniente.

A pesar de la naturaleza contradictoria de la teoría de Darwin, se la adoptó ampliamente ya que proporcionaba una suerte de explicación que servía para llenar el gran agujero del materialismo y el orden secular en su sentido más amplio. Un grupo de científicos se hicieron cargo voluntariamente de la tarea de promover dicha teoría. El más conocido entre ellos fue Thomas Huxley, a quien se lo conocía por el sobrenombre de “el bulldog de Darwin”. Thomas Huxley, cuya ardiente defensa del darwinismo fue el único factor responsable de su rápida aceptación, atrajo la atención de todo el mundo hacia la teoría de la evolución por medio de la conocida “discusión de Oxford”, es decir, la discusión que sostuvo en 1860 con el obispo de Oxford, Samuel Wilberforce.

No es difícil comprender por qué Huxley dedicó todos sus esfuerzos a la promoción de la teoría de la evolución si tenemos en cuenta sus “vínculos societarios”. Huxley era Decano de la masonería y, al igual que otros partícipes de ésta, miembro de la Real Sociedad, una de las instituciones científicas más importante de Inglaterra. Todos ellos promovieron explícita y pormenorizadamente la teoría alternativa de la selección natural prefigurada por Erasmus Darwin (teoría que proveyó un apoyo considerable a Charles tanto antes como después de la publicación de su libro). Esta institución masónica dio tanta importancia a Darwin y al darwinismo que algún tiempo más tarde empezó a premiar anualmente a los científicos exitosos con la “medalla Darwin”, al estilo de los premios Nobel actuales.

En otras palabras, no era solamente Darwin quien llevaba a cabo esa misión. La masonería, uno de los más importantes cuarteles generales de la guerra promovida contra la religión, suministró un completo apoyo a esa teoría el día que fue presentada. La teoría de la evolución, a pesar de que no convenció a mucha gente cuando fue defendida por primera vez, ganó una inmensa popularidad en pocas décadas debido al apoyo ideológico que recibió.

Y es a causa de ese apoyo que los seguidores de Darwin no se conmovieron cuando se presentaron los estudios biológicos que desaprobaban el darwinismo. Por otra parte, la ciencia biológica junto con la geología se desarrollaron por un camino que hizo retroceder al darwinismo. Darwin había afirmado enérgicamente que la tierra tenía una edad aproximada de trescientos millones de años, dado que el proceso evolutivo que pergeñó mentalmente abarcaba un tiempo de existencia del mundo mayor al real. El propósito de la geología, en este punto concreto, pasó a convertirse en el de “probar que la tierra es tan antigua como lo previó la teoría de la evolución”, antes que preocuparse por “descubrir la edad real de la tierra”.

La ratificación del naturalismo, incluso por medio de métodos engañosos, fue muy importante debido a sus consecuencias socio-políticas. El Nuevo Orden Secular aceptó los modelos social e individualista generados por el mismo y explicó la naturaleza valiéndose de ellos. Se basó en dichos modelos porque así “demostraba” que el Nuevo Orden Secular era también el orden por el que se regía la naturaleza, reflejando totalmente sus características. Éste fue uno de los triunfos alcanzado por el darwinismo en nombre del Nuevo Orden Secular.

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