Fuente: Lingua Passerum

La Historia es una ciencia no exacta que posee hechos que han sido interpretados incorrectamente o bien que fueron tergiversados con fines políticos. Por ello la revisión de la Historia es esencial para una sincera búsqueda de la verdad.

Albert Einstein (1879-1955) es considerado como uno de los más grandes científicos de la historia por haber postulado, entre otras cosas, la teoría de la relatividad, la cual es un modelo científico que explica parte del funcionamiento del Universo.

Pero esta consideración ha sido severamente cuestionada por diversos autores, físicos e historiadores, y los hechos detrás de la historia oficial, demuestran que este supuesto genio ocupa un lugar en la historia de la ciencia que realmente no merece. Lo más sorprendente de toda la famosa figura del científico judío (y pro-comunista), es que su genialidad reside en que él no descubría las teorías, sólo se las apropiaba. Einstein fue un plagiario sin escrúpulos que robaba las ideas de los demás científicos presentándolas como suyas, sin adjuntar bibliografía, fuentes, ni referencias. Todo esto ocurrió con el conocimiento y aprobación de personas de su entorno y de su tiempo, aquellos como sus editores de la Annalen der Physik.

Las disciplinas científicas tienen por lo general un carácter dividido. Los químicos leen y escriben en general sobre Química, los biólogos sobre Biología y los físicos acerca de Física. Y todos ellos compiten, unos contra otros, por el mismo dólar para sus investigaciones. Esto significa, que para ganar más fondos para sus investigaciones, pueden actuar con deshonestidad con el fin de convencer a los financistas de que su tarea científica es más importante que todas las demás. Uno de los métodos de esta estrategia para lograr todo esto, es crear un súper ídolo, tal como Einstein.

La reputación y figura de Einstein es un producto secundario de las acciones competitivas de la comunidad de físicos, de sus partidarios y de los medios de comunicación. Cada uno de estos grupos obtuvo grandes beneficios por elevar a Einstein a los altares. Los físicos recibieron buenos fondos para sus investigaciones, los partidarios de Einstein conservaron sus sueldos dignos y los medios corporativos como Time, vendieron millones de sus ejemplares simplemente por colocar en su página la imagen de Einstein como el “Hombre del Siglo”.

El joven “genio”

En las cartas familiares se revela que Einstein tardó mucho en comenzar a hablar, en comparación con la mayoría de los niños. Su familia hasta llegó a pensar que era retrasado mental, pues no habló sino hasta los tres años y no lo hizo fluidamente hasta cumplidos los nueve años, por lo que en un principio, incluso los médicos le hicieron pruebas para saber si era retrasado mental. Según los biógrafos, tanto en la escuela primaria como en la secundaria siempre fue un alumno mediocre. Nunca consiguió aprender a atarse los cordones de los zapatos, ni aprender a conducir un automóvil, ni andar siquiera unos metros en una bicicleta. La Enciclopedia Británica dice acerca de la educación temprana de Einstein que él mostraba “poca habilidad escolar” También dice que a la edad de quince años “con pobres notas en historia, geografía, y lenguajes, dejó la escuela sin diploma”. Einstein mismo escribió en un papel de escuela que tenía “falta de imaginación y habilidad práctica”.

Jurgen Neffe relata en su biografía sobre Einstein, que quienes lo conocieron comentan que a Einstein no le gustaba bañarse, no le gustaba afeitarse, ni cortarse “su circense pelambrera”, ni peinarse. “Olía mal, a perro” y los pies le apestaban.

En 1895, Einstein falló en un simple examen de entrada a una escuela de ingeniería, la Eidgenossische Technische Hochschule en Zúrich. Este examen consistía principalmente en problemas de matemáticas, y Einstein mostró ser matemáticamente inepto. Él entonces entró a una escuela secundaria en Aarau. En 1900 consiguió aprobar como maestro de matemáticas y física. Los que fueron sus alumnos recuerdan que su conocimiento en física elemental era inferior al de los propios alumnos de ese nivel.

Con la ayuda de un amigo llamado Marcel Grossmann, intentó aprobar el examen de ingreso en la Universidad de Zúrich, pero no aprobó. En 1901 Einstein tenía un trabajo temporal como maestro de Matemáticas en la escuela técnica en Winterthur. A la edad de 22 años, después de cinco años en la Escuela Politécnica, Federal Suiza, Einstein se gradúa con el promedio más bajo de la clase, 4,91 y obtiene la ciudadanía suiza..

Finalmente, el padre de su amigo Grossmann, le consiguió en 1902 un empleo en la Oficina de Patentes en Berna, Suiza. Su trabajo era un técnico experto de tercera clase, lo que significa que él era demasiado incompetente para una posición de mayor calificación. Después de trabajar seis años en la oficina de patentes, fue elevado a una posición de segunda clase.

En 1902, Einstein engendra su primer vástago, una hija ilegítima de nombre Lieserl, que nace con el síndrome de Down. En 1903, Einstein contrae matrimonio con Mileva Maric, compañera de estudios, de carácter difícil, reservada y taciturna. Se ha dicho que ella fue la que lo ayudó a graduarse haciéndole todos los trabajos prácticos.

Con Mileva Maric (cuatro años mayor que Einstein) tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard, nacidos respectivamente en 1904 y en 1910. Años después, Eduard terminó en un hospital psiquiátrico con diagnóstico de esquizofrenia. Para cuidar a sus hijos, ella tuvo que abandonar sus estudios.

Einstein obtuvo el grado de doctor en Filosofía por la Universidad de Zúrich con el trabajo: “Una nueva determinación de las dimensiones moleculares”, trabajo que según cuentan sus compañeros, fue elaborado por su esposa Mileva.

La teoría especial de la relatividad

Einstein publicó en el año 1905 un tratado titulado: “Zur Elektrodynamik bewegter Körper” (“Sobre la electrodinámica de cuerpos en movimiento”). En este artículo Einstein introducía la teoría de la relatividad especial tratando el movimiento de los cuerpos y el electromagnetismo en ausencia de la fuerza de interacción gravitatoria. Sin embargo, Einstein omitió citar toda referencia a las ideas o conceptos desarrollados anteriormente por varios científicos. Hecho por el cual esta obra merece ser calificada como uno de los plagios más grandes del siglo XX.

La relatividad especial resolvía los problemas abiertos por el experimento de Michelson y Morley (jamás citado por Einstein) en el que se había demostrado que las ondas electromagnéticas que forman la luz se movían en ausencia de un medio. La velocidad de la luz es, por lo tanto, constante y no relativa al movimiento. Ya en 1894, George Fitzgerald había estudiado esta cuestión demostrando que el experimento de Michelson y Morley podía ser explicado si los cuerpos se contraen en la dirección de su movimiento. De hecho, algunas de las ecuaciones fundamentales de la obra de Einstein habían sido introducidas anteriormente (1903) por el físico holandés Hendrik Lorentz, dando forma matemática a la conjetura de Fitzgerald. Las ecuaciones de la relatividad especial se denominaron como transformaciones de Lorentz, porque fue Hendrik Lorentz quien las obtuvo antes, y en lugar de Einstein. Los dos resultados principales de Lorentz: la dilatación del tiempo y la contracción del espacio, fueron introducidos subrepticiamente por Einstein en su “demostración” de 1905. Y esto lo reconoce hasta Arthur Miller, gran admirador de Einstein.

También James Clerk Maxwell, había asentado en el siglo XIX las bases de la teoría especial de la relatividad, pero Einstein tampoco lo citó.

Otro de los científicos más notables de la teoría, y a quien la historia le debe casi todo el mérito de la misma, fue Jules Henri Poincaré (1854-1912). Pues vemos que los estudios de Poincaré incluyen:
– Una versión previa de la teoría particular de la relatividad.
– La confirmación de que la velocidad de la luz es constante.
– Sugirió que la masa depende de la velocidad.
– La formulación del principio de la relatividad, de acuerdo al cual ningún experimento mecánico o electromecánico será capaz de diferenciar el estado de reposo o el estado del movimiento continuo.
– La demostración de las transformaciones de Lorentz.

G. H. Keswani (1965) declaró: “Ya en 1895, el innovador Poincaré suponía, que es imposible determinar el movimiento absoluto” y que “en 1900 presentó el principio de la relatividad del movimiento que luego en el libro ‘Science and Hypothesis’ llamó la ley de la relatividad y el principio de la relatividad”. Einstein no mencionó la existencia de ninguna de las obras teóricas cuando en 1905 publicaba su tratado sin bibliografía.

Aparte de determinar una forma previa de la teoría de la relatividad, Poincaré entregó la parte más importante del concepto: el modo de tratar el tiempo local. De él proviene la idea de sincronización de los relojes, que es algo clave en la teoría de la relatividad particular.

Charles Nordman se sentía obligado a escribir: “Ocurre que, la mayoría de las cosas atribuidas a Einstein, fueron elaboradas por Poincaré”; “Todo ya lo conocían Poincaré y otros más mucho antes de Einstein, y atribuir sus descubrimientos a este último es injusto”.

Otros científicos no fueron sorprendidos por la teoría de la relatividad particular “einsteiniana” como la mayoría de la gente. Max Born en “Physics in my Generation” escribía: “Lo más raro de la famosa obra de Einstein del año 1905, es la carencia de la bibliografía de las publicaciones de Poincaré y otros autores anteriores. Da la impresión de que se trata de un trabajo nuevo, pero como ya intenté aclarar, esto no es verdad”.

G. Burniston Brown (1967) escribe: “Resulta que, en contra de la opinión universal, Einstein tocó un papel de segunda importancia en la demostración de las fórmulas de la teoría de la relatividad particular o limitada y Whitaker llamó a esta teoría como la teoría de Poincaré y de Lorentz”. De este modo, la teoría de la relatividad particular de Einstein se conoce como la teoría particular de Poincaré y de Lorentz.

En octubre de 1904 Poincaré expresó un par de las observaciones durante su discurso público acerca de la teoría particular de la relatividad: “Todos estos resultados si fuesen confirmados, significarán el surgimiento total de una nueva mecánica cuya característica principal es que no hay velocidad superior a la velocidad de la luz porque los cuerpos se oponen a la creciente inercia como consecuencia del aumento de la velocidad, y esta inercia llegaría al infinito durante el alcance de la velocidad de la luz. Tanto más para un observador en movimiento progresivo, éste no esperaría que exista ninguna velocidad irreal superior a la velocidad de la luz”.

Einstein consiguió publicar su “trabajo” gracias a su premeditada amistad con el Nobel y redactor jefe, Wilhelm Wien. A cualquier otro que deseara publicar, los redactores del Annalen der Physik le exigían referencias, algo que no hicieron con un desconocido que no dio ningún reconocimiento del trabajo teórico previo hecho por otros autores. Lo menos que se habría esperado era más rigor y exigencia de parte del editor a quien fue presentada semejante elaboración cuyo autor todavía no tenía una posición bien establecida en la comunidad científica, puesto que Einstein todavía era sólo un empleado de la Oficina de Patentes de Berna, Suiza (qué irónico), y sobre todo, siendo su primer trabajo. El control de calidad falló cuando la Annalen der Physik dirigía la publicación de esta obra. Los editores más exigentes rechazarían esta clase de obras sin leerlas aún. Como mínimo se debería esperar, que el editor revise la literatura para controlar que los reclamos a la autoría de Einstein son reales.

Max Born destacó: “Chocante es esto, que esta obra no contiene ni un informe relacionado a la literatura anterior”. Él presenta claramente que la falta de notas aclaratorias es un asunto anormal en relación a los estándares científicos de comienzos del siglo XX; eso fue muy extraño, y no fue profesional. Einstein tergiversaba todo y le daba otro sentido para evitar acusaciones por plagio, pero sus mentiras fueron evidentes.

Bjerknes (2002) presenta una expresión de MasKaye: “La aclaración de Einstein es una multidimensional personificación de las ideas de Lorentz… Así, la teoría de Einstein no es una negación o una alternativa presentada por Lorentz. Es un duplicado, o un disfraz. Einstein mantiene que la teoría de Lorentz es correcta, pero no está de acuerdo con ella. Entonces esto no significa que la teoría de Einstein es una simple refacción de la teoría de Lorentz y su aparente discordia es sólo un juego de palabras”.

Poincaré escribió 30 libros y más de 500 obras de filosofía, matemática y física. Einstein escribía sus obras y simultáneamente afirmaba que no conocía las obras de Poincaré. A pesar de esto, muchas ideas de Poincaré –por ejemplo, que la velocidad de la luz es el límite superior y que la masa crece con la velocidad– fueron incrustadas en la obra de Einstein: “Sobre Electrodinámica de los cuerpos en movimiento”, sin presentar datos de su origen.

En su obra del año 1907, Einstein presentó su justificación acerca del plagio, comentando de una manera bastante arrogante: “Me parece que la naturaleza del asunto se entiende de manera que lo que estoy tratando fue antes solucionado parcialmente por otros. Pero, lo que yo trato lo estoy presentando como un punto de vista nuevo, y por esto estoy autorizado a deshacer las investigaciones de la literatura…”

En otras palabra, Einstein reconoció que “deshizo las investigaciones de la literatura”, creyendo tener esta autoridad. Él toma las ideas de otros, pero si las presenta con otra envoltura, entonces, según él, está presentando una herramienta de investigación aceptable, totalmente nueva e independiente.

En su obra de 1935: Elementary Derivation of Mass and Energy, leemos: “El problema de la independencia de estos conjuntos tiene carácter natural según la transformación de Lorentz componiendo una verdadera base de la teoría de la relatividad particular”. Así, el mismo Einstein admitió que la transformación de Lorentz componía la verdadera base de su obra de 1905, hecho que Einstein bien pudo haber aclarado en dicha obra, aún si quería presentarlo todo desde “su propio y nuevo punto de vista”, pero sabemos que esa nunca fue su intención.

El robo de los conceptos de las obras de Lorentz y Poincaré cometido por Einstein para presentarlos como suyos, levantó la barra de plagio sobre el nivel más alto. Actualmente con el gran flujo de la información, este tipo de plagio no pasaría tan fácilmente desapercibido, pero aún hoy la sociedad de los físicos no está preparada para corregir este asunto.

E=mc²

La ecuación más famosa de todos los tiempos es la que representa matemáticamente la equivalencia entre materia y energía: E=mc² (Energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado). Tradicionalmente, se le atribuye a Albert Einstein (1905), sin embargo, Einstein nunca pudo demostrar el cálculo de esta ecuación, y no hay nada que la pueda vincular con la autoría de Einstein. De algo podemos estar seguros: Einstein no fue el autor de la ecuación E=mc².

Si bien la idea de la equivalencia puede observarse ya en Isaac Newton (1704) (“Los cuerpos sólidos y la luz son intercambiables mutuamente…” ), esta ecuación se asocia a cuatro principales científicos: S. Tolver Preston (1875), Jules Henri Poincaré (1900), Olinto de Pretto (1903) y Friedrich Hasenöhrl (1904). Todos ellos anteriores a Einstein.

El desarrollo de la famosa ecuación se debe, sobre todo, al italiano Olinto de Pretto, un industrial y matemático de Vicenza, quien publicó por primera vez la fórmula E= mc² en una revista científica llamada “Atte”, el 16 de junio de 1903. De Pretto calculó exactamente E=mc² y determinó la increíble energía contenida en un kilogramo de carbón. Preston (1875) ya entendía todo esto, pues aplicaba esta fórmula en sus obras cuando Einstein todavía no había nacido. Al parecer Einstein conoció la ecuación a través de su amigo italiano Michel Besso, colega de Augusto de Pretto (quien era tío de Olinto) en los ferrocarriles reales de Italia.

Según Hebert Ives (1952), la demostración de la ecuación E=mc² presentada por Einstein fue errónea, porque intentaba demostrar algo que ya se había determinado antes. Ocurre que Einstein mezcló la quinemática con la mecánica.

La célebre ecuación, E=mc², supuestamente habría sido obtenida por Einstein en un apéndice al trabajo de 1905, a modo de conjetura, pero cometiendo un círculo vicioso en la “prueba”. En el libro “Concepts of Mass” de Max Jammer, ex-rector de la Universidad Hebrea de Bar-Illan, literalmente dice que: “La ecuación E=mc², la más famosa ecuación científica jamás proyectada, fue obtenida por Einstein por petición de principio”. Petitio principii, una falacia lógica que ocurre cuando la proposición a ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas.

Así, Einstein, desde el principio, asumió como verdad lo mismo que había que probar. El primero en darse cuenta de esta anomalía fue Herbert Ives, en 1950. Es decir, pasó casi medio siglo antes de que nadie se diera cuenta del fraude lógico-matemático de Einstein. ¿Cómo fue esto posible? Sencillamente, por el “culto a Einstein”, todo un dios cubierto de oro, pero hecho de barro.

¿Por qué ninguno de los científicos que conocieron a Einstein dijeron nada? ¿Por qué Olinto de Pretto nunca reclamó la ecuación, y Lorentz (quien lo conoció) no dijo nada? ¿Porque no salieron a decir la verdad estos científicos?

Umberto Bartocci, historiador de la Universidad de Perugia, afirmó que De Pretto nunca reclamó la ecuación porque el abuso no fue detectado a tiempo sino mucho tiempo después. Seguramente lo mismo sucedió con Lorentz; al parecer se dio por sentado de que Einstein estaba generando ideas completamente nuevas a partir de los estudios precedentes, lo cual hizo que el plagio no se detectara a tiempo.

Premio Nobel

A Einstein le dieron el Premio Nobel de Física en 1921, pero no por la teoría de la relatividad, como todavía creen algunos, sino por sus estudios sobre el efecto fotoeléctrico. Y aún aquí Einstein lo único que hizo fue nada más y nada menos que aplicar el descubrimiento de Max Planck, de 1900, de que la energía luminosa está “cuantificada”, en unidades equivalentes a E=hf, donde “h” es la famosa “constante de Planck” y “f” la frecuencia de la luz (el color).

Incluso todavía hay quienes piensan que Einstein fue “fundador” o “padre” de la Mecánica cuántica, debido a este efecto fotoeléctrico, pero lo cierto es que Einstein jamás aceptó los postulados de la Mecánica cuántica, iniciados por Max Planck, Niels Böhr, Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger. La funcionalidad probabilística y azarosa que se observaba en dicha mecánica disgustó a Einstein enormemente, y manifestando esto, aseveró que “Dios no juega a los dados con el Universo”, de manera que Einstein quedó luego relegado al olvido en Princeton. Mientras, su fama se extendía públicamente por todas partes por razones pueriles o políticas y culturales, el mundo científico, sobre todo los nuevos “jóvenes cuánticos” ya no le hacían caso.

La teoría general de la relatividad y el eclipse de 1919

Como hemos visto, todo el famoso tratado de Einstein de 1905 fue una manera de llegar a resultados que ya se sabían de antemano. Einstein jamás hubiera sido famoso por este trabajo, puesto que nunca fue suyo. Lo fue por el eclipse de 1919.

No hay mejor ejemplo de un fraude científico como lo que pasó el día de 29 de mayo de 1919. Es ampliamente reconocido que Arthur Eddington falsificó los datos del eclipse solar de 1919 con el fin de confirmar la segunda teoría de la relatividad “de Einstein”, es decir, la general, publicada en 1915.

Anteriormente, en 1911, Einstein había publicado un valor de desplazamiento de la luz, que sería de 0.875 segundos de arco (donde 3.600 segundos de arco es igual a 1 grado). De hecho, la curvatura de la luz por efecto de la gravedad no era exclusiva de la relatividad general. Podía ser deducida también de los axiomas newtonianos de 1704. Más de un siglo antes (en 1804), el astrónomo alemán Johann Georg von Soldner había hecho precisamente eso: La cifra a la que llegó Soldner, al calcular la desviación de la luz al pasar cerca de la superficie solar, era de 0.875” de arco, exactamente la misma cifra que Einstein publicó en 1911.

Ante este hecho, el Premio Nobel de Física (1905), Philipp Eduard Anton von Lenard acusó a Einstein de haber plagiado los resultados de Soldner. Esta acusación oficialmente se intenta explicar mediante un ataque ad hominem político contra Lenard, ya que Lenard era un ferviente partidario del nacionalsocialismo y entusiasta del movimiento de la “Física Alemana” en contraposición a la “Física Judía” a inicios de los años 30’s. Los defensores de Einstein aducen que Einstein bien pudo haber llegado a ese mismo valor de forma independiente y sin tener conocimiento sobre los cálculos de Soldner, con lo que no hubiera necesitado referencias. No obstante, cuatro años después de haber usado el valor de Soldner, y utilizando una argumentación en la que combina las predicciones newtonianas y de la teoría general, Einstein dobló la predicción a 1.75” de arco, lo que indica claramente que sí se trató de un plagio de los cálculos de Soldner.

La curvatura de la luz fue el efecto más dramático pronosticado por la relatividad general y un eclipse solar era la única ocasión de observarlo, ya que durante un eclipse las estrellas en torno al sol se vuelven visibles y si la gravedad del sol desvía su haz de luz, sus posiciones aparentes se desplazarán ligeramente (Este desplazamiento puede ser medido comparando una fotografía de las estrellas durante el eclipse con otra tomada cuando el sol está en otra parte del cielo).

Por ello, para demostrar la teoría general de 1915, de que la luz se desviaba por la gravedad del Sol, se aprovechó el eclipse solar del 29 de mayo de 1919, al cual se le tomaron varias fotografías. De veinticuatro placas fotográficas, Eddington sólo tomó seis a favor de Einstein, y abandonó diez que favorecían a Newton. Y la diferencia entre Einstein y Newton al respecto era sólo un factor de dos, pues como se ha visto, Newton también predice que la luz se desvía por la gravedad.

El mismo Eddington estuvo más interesado en nombrar a Einstein como el rey de todas las ciencias que en confirmar su teoría. La sociedad de los físicos, aparentemente sin darse cuenta, participó en un acto de engaño y en un complot silencioso, tomando la postura de los mirones inactivos, observando una hiperinflación de los datos y el crecimiento de la reputación de Einstein. Este silencio tenía beneficios esperando a sus partidarios.

Eddington, determinado a toda costa a demostrar que Einstein tenía razón, lo que hizo fue seleccionar los datos convenientes y no así verificar la teoría de Einstein.

He aquí un par de citas del resumen de Poor: “La fórmula matemática con la cual Einstein calculó la flexión de los rayos solares pasantes sobre el borde del sol es una fórmula bien conocida de la óptica”. “Ninguno de los conceptos principales -de variedad del tiempo, enrollado o curvado del espacio, simultaneidad o relatividad del movimiento- están de ninguna manera relacionados con las sugestiones de Einstein de la flexión de la luz”. “Sus resultados no pueden ni derribar ni tampoco confirmar la teoría de la relatividad”.

Sabemos, que Eddington esperaba ansioso la aceptación de la teoría de Einstein por la comunidad científica. Su fundamento fue un análisis prematuro de los negativos de las fotos: al comienzo, la luz de las estrellas parecía doblarse como lo predecía la teoría de Einstein, pero luego, como afirma Brown, vino lo inesperado: la luz de un par de las estrellas se doblaba en dirección diagonal en relación de la dirección esperada, y las otras en la dirección opuesta, lo que no preveía la teoría.

Poor (1930) demostró que todos los datos acumulados durante el eclipse en 1919 fueron absurdos, subrayando que el 85% de los datos fueron rechazados por sus “errores casuales”, es decir, aquellos que estaban en desacuerdo con la escala de la constante de Einstein. El 15% restante de datos “correctos” fueron en concordancia con la escala de la constante de Einstein. Últimamente los datos de las estrellas que no confirmaban los resultados de la teoría del Einstein terminaron en el cajón y con el tiempo, el mito se arraigó fuertemente.

Y así, en la base de un puño de datos de doble sentido, los 200 años de los análisis teóricos, de experimentos, y las observaciones, fueron hechos a un lado, para dar lugar a Einstein.

Es difícil entender cómo es que el mismo Stephen Hawking pudo declarar que “la nueva teoría del espacio-tiempo curvado, llamada como la teoría de la relatividad general… Fue confirmada con espectacular estilo en el año 1919, cuando una expedición británica al África Occidental observó un suave desplazamiento de las estrellas en las cercanías del sol durante el eclipse. Su luz, como lo había previsto Einstein, fue doblada durante su paso cerca del Sol. Así se encontró una prueba directa para confirmar que el espacio y el tiempo se curvan”.

McCausland (2001) cita a un ex-redactor del periódico Natura, John Maddox: “Crommelin y Eddington estaban decididos a realizar las mediciones de desvío de los rayos de la luz”. “Lo que no está bien documentado, es que las mediciones realizadas en 1919 no fueron demasiado precisas”. “Las pruebas de los experimentos de la teoría de la relatividad de año 1919 parecen de poca confianza, pero la fama de Einstein quedó intacta y su teoría es vista como uno de los más grandes logros de la mente humana”.

Eddington desde el comienzo no estaba interesado en examinar la teoría de Einstein, estaba interesado en confirmarla. Uno de los elementos de las motivaciones de Eddington para apoyar a Einstein fueron sus ideas políticas, pues ambos eran “pacifistas”.

Eddington apoyaba a Einstein para llevarlo junto a los científicos británicos luego de la Primera Guerra Mundial. Es decir, unir a los científicos alemanes y británicos, y dentro de esta unión crear un enemigo como un ídolo. En el fragor de esta idea Eddington perdió el principio de objetividad, que compone el fundamento de un científico verdadero. Dejó de ser un científico y se convirtió en un abogado de Einstein.

En un reporte de la Sociedad Real en el asunto del eclipse de 1919 se describe que los efectos de esta mistificación del siglo son la causa del atraso de las investigaciones en por lo menos 80 años. McCausland declaró que “la afirmación sobre veracidad de la teoría de la relatividad de noviembre de 1919 no era ningún triunfo de la ciencia, como se lo presenta, sino un hecho lamentable en la historia de la ciencia del siglo XX”.

El eclipse del año 1919 fue lo que realmente hizo famoso a Einstein. Le otorgó la fama internacional a pesar de que los resultados fueron fabricados, y de que faltaba todavía respaldo para demostrar la teoría de la relatividad general. Esta deformación es conocida desde los años 80, pero es mantenida incluso por reconocidos e importantes científicos como Stephen Hawking y David Levy. Einstein se había burlado de todo el mundo.

El modelo estacionario y la constante cosmológica

Einstein, influenciado por las concepciones panteístas del filósofo judío Baruch Spinoza, creía que el Universo era estático, y desarrolló una teoría cosmológica que se conoce como “modelo estacionario del Universo”. Pero a Einstein no le era posible por ningún medio encontrar una sola evidencia físico-matemática que apoyara su teoría, por lo que para poder hacerlo, vio conveniente inventarse un valor hipotético conocido como la “constante cosmológica”. En pocas palabras, Einstein tuvo que inventar una fuerza inexistente para que el Universo mismo pudiera encajar con sus propias ideas preconcebidas.

Posteriormente, como gesto de pecador arrepentido, Einstein tuvo que reconocer que la constante cosmológica había sido: “el peor error de mi vida”.

En 1927, el sacerdote católico y astrofísico, Georges Lemaître, (padre de la teoría del Big Bang) publicó un informe en el que analiza las ecuaciones de la Teoría de la Relatividad General y a partir de ellas deduce que el Universo estaba, de hecho, en expansión. No obstante, Einstein no fue capaz de deducir, a partir de las propias ecuaciones que se le atribuyen, que el universo estaba en expansión y que no era estático.

¿Y por qué Einstein no pudo deducir, a partir de “sus propias” ecuaciones, la interpretación correcta?

Sencillamente porque fueron otros científicos los que le dieron forma a la teoría de la relatividad y Einstein lo único que hizo fue plagiarla. Esto implica naturalmente que Einstein no conocía bien la teoría, y por lo tanto, no pudo interpretar correctamente las ecuaciones.

Lemaître quiso presentar personalmente sus conclusiones a Einstein en Bruselas en 1927, durante el quinto congreso de Solvay. Aunque, logró hablar con Einstein, éste, en un tono despectivo le dijo: “He leído su artículo. Sus cálculos son correctos pero su Física es abominable”.

La ley de Hubble, apoyada por la radiación de fondo de microondas, y las observaciones del telescopio espacial Hubble del desplazamiento al rojo (Efecto Doppler), confirmaron que el Universo no es estático sino que está en expansión.

La bomba atómica

Otro mito relacionado con Einstein, es el que afirma que él fue el padre de la bomba atómica, porque “su” ecuación E=mc² fue la base para su construcción. Aquí hay dos errores que merecen ser aclarados. En primer lugar, y como ya vimos, no fue Einstein el descubridor de E=mc². En segundo lugar, E=mc² no es la base de la bomba atómica, tal como sostienen algunas enciclopedias.

La bomba atómica no fue el resultado de ninguna ecuación establecida, sino de innumerables descubrimientos, todos ellos fortuitos e inesperados. Hay que tener en cuenta todos los descubrimientos que accidentalmente tuvieron que ocurrir para que se llegara a la bomba: la radioactividad en 1896 por Becquerel; la transmutación artificial, por Rutherford en los 1910; el neutrón, inesperadamente descubierto por Chadwick en 1932, y sobre todo la inesperada fisión del uranio y su subsiguiente reacción en cadena, descubierta en 1939 en Alemania, por Lise Meitner y dos químicos, Fritz Strassmann y Otto Hahn.

La propia reacción en cadena fue una sorpresa, y cuando Böhr le comunicó a Einstein en 1939 la noticia de que este proceso podría convertirse en una explosión gigantesca, Einstein no lo creyó. O sea, que 34 años después de haber “descubierto su famosa ecuación”, todavía Einstein pensaba que no era posible hacer una bomba atómica.

Heisenberg llega a decir en su libro “Physics and Philosophy” que es una idea común y equivocada pensar que la energía atómica proviene de una transmutación directa de la masa en energía según la ecuación E=mc². No es así. Más bien proviene de la simple repulsión eléctrica entre los protones del núcleo. Lo que sucede es que la ecuación se puede usar para calcular los resultados energéticos, pero de ninguna manera contiene la “causa” o la “explicación” de dicha energía.

No obstante, Einstein no fue completamente ajeno al desarrollo de la primera bomba. Si indagamos en la historia del arma más mortífera del siglo XX, veremos que hubo una participación de Einstein, aunque no fue tan importante como se piensa.

Los científicos nucleares Leó Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner, todos ellos judíos provenientes de Hungría, “creían” que la energía liberada por la fisión nuclear “podría” ser utilizada para la producción de bombas por sus enemigos en la guerra, los alemanes. Szilárd y Teller deseaban comunicar sus temores al presidente Franklin D. Roosevelt, pero al no tener la influencia necesaria para hacerlo, se les ocurrió explotar la fama de Einstein, quien ya era el científico más famoso de EE.UU. Así, en 1939 visitaron al científico en Princeton y lo persuadieron para que advirtiera al presidente de este presunto peligro por medio de una carta escrita por Szilárd y Teller, misma que fue enviada el 2 de agosto de 1939. En respuesta a la advertencia, Roosevelt incrementó las investigaciones acerca de las implicaciones en la seguridad nacional de la fisión nuclear. Así fue como se inició el Proyecto Manhattan, la construcción de la primera bomba atómica.

Enrico Fermi encabezó el proyecto hasta 1942 en Chicago, y luego J. Robert Oppenheimer en Álamo Gordo, Nuevo México, hasta 1945, cuando se logró la primera prueba exitosa. Los científicos quedaron tan estupefactos al verla que, uno por uno, empezando por Szilárd, querían cancelar el proyecto. Pero todo fue en vano. Los militares no daban su brazo a torcer, y así, después de morir Roosevelt, con Harry Truman en el poder, y ya rendida Alemania en la primavera de 1945, Truman aprobó lanzar la bomba, bautizada “Little Boy”, el 6 de agosto sobre Hiroshima, a las 8:17, sobre una población llena de civiles. Tres días después, el 9 de agosto de 1945, se lanzó sobre la ciudad de Nagasaki la segunda bomba atómica, “Fat Man”, de mayor potencia que la de Hiroshima. Un crimen de guerra contra la humanidad por el cual nunca existieron juicios militares que lo sancionaran. Al cabo de unos años Einstein lamentó profundamente haber firmado dicha carta, y la consideró como la “mayor tragedia de su vida”; después de la detonación sobre Hiroshima, al menos Einstein se mostraría arrepentido escribiendo: “debería quemarme los dedos con los que escribí aquella primera carta a Roosevelt”.

Fue, pues, Szilárd el verdadero padre de la bomba atómica, o al menos, del llamado Proyecto Manhattan. Curiosamente tiempo atrás, Szilárd había leído la novela de H. G. Wells de 1913, “The World Set Free”, donde un piloto tomaba una bomba atómica con sus manos y la lanzaba por la ventanilla de un avión sobre Berlín. Szilárd se obsesionó con esta idea, tanto que un día, atravesando una calle en Londres en 1933, se le ocurrió la posibilidad de la reacción en cadena.

La responsabilidad de Einstein por la bomba nuclear es, pues, puramente política: el haber firmado la carta a Roosevelt. De todos modos, de no haberlo hecho, otros físicos al final habrían logrado la influencia necesaria; así como fueron otros físicos los que realmente construyeron la teoría de la relatividad especial y de la mecánica cuántica, sin cometer los errores lógicos y matemáticos de Einstein, explicables únicamente porque Einstein quiso hacerse pasar por genio original e innovador, cuando lo único que hizo fue utilizar los resultados de otros sin mencionar las fuentes. De este modo, pues, esta acción plagiaria de Einstein lo exonera de haber sido el “padre” de la bomba atómica.

Conclusión

Ningún científico jamás ha hecho nada que no sea basado en los predecesores. Todos tienen la honestidad y probidad de dar crédito a quienes lo merecen. Pero Einstein nunca dio crédito a nadie. Sus admiradores lo aplauden por esto, o por creer que Einstein fue el genio capaz de hacerlo todo con su propio e inigualable poder mental. Sus críticos son más realistas, y sencillamente se dan cuenta del plagio detrás de sus “maravillosas intuiciones”, porque como podemos ver, existen hechos bien documentados que lo demuestran.

A mí personalmente me costó aceptar estos hechos cuando los descubrí. Yo consideraba a Einstein una figura esencial en el desarrollo de las teorías modernas sobre el Universo, pero ante la evidencia no puede prevalecer la ciega admiración.

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