Fuente: AAARGH / Annefrank.org / Wikipedia

Según se dice, el comerciante judío Otto Frank de la ciudad de Frankfurt (Alemania), huyó junto a su familia en 1933 a la ciudad holandesa de Ámsterdam, debido a la llegada de Hitler al poder. Cuando durante la II Guerra Mundial los alemanes ocupan Holanda, los Frank deciden refugiarse en un escondite para salvarse de la “persecución nazi”. En 1944, toda la familia es arrestada y deportada por la Gestapo, siendo el único “sobreviviente” Otto Frank, quien fue enviado a Auschwitz, donde en vez de ser “gaseado”, es hospitalizado a causa de una enfermedad. Terminada la guerra, Frank retorna a Ámsterdam donde le entregan los originales del diario y publica su primera edición holandesa en 1947.

Los diarios de Ana Frank describen a partir de junio de 1942, los avatares de los ocho judíos escondidos en la “casa de atrás” a orillas del canal Prinsengracht, de Ámsterdam. El diario de Ana se inicia como una expresión privada de sus pensamientos íntimos, expresando la intención de nunca permitir que otros lo leyeran. Describe su vida, su familia y compañeros, y su situación; mientras empieza a reconocer su ambición de escribir novelas y publicarlas.

En el verano de 1944, escucha una transmisión que decía que al terminar la guerra se crearía un registro público de la “opresión sufrida” por la población de su país bajo la ocupación alemana. Se mencionó la publicación de cartas y diarios, de manera que Ana decidió que contribuiría con su diario. Comenzó a corregir su escritura, a eliminar secciones y a reescribir sus apuntes con vistas a una posible publicación. A su cuaderno original, anexó varios cuadernos adicionales y hojas sueltas. En ellas seleccionó y reelaboró sus primeros apuntes; cambió párrafos de lugar, juntó a veces apuntes de distintas fechas bajo una misma fecha y resumió considerablemente algunos textos. Así surgió una segunda versión de su propia mano. En resumen, la primera versión del diario no se ha conservado en su totalidad, y la segunda permaneció inconclusa.

A fin de interesar a algún editor para que publicase Het Achterhuis (La casa de atrás, título que Ana había dado a su segunda versión), en el otoño de 1945 Otto Frank hizo mecanografiar algunas partes del diario. Al hacerlo, suprimió determinados fragmentos, trasladó otros e introdujo algunas correcciones. Esto dio lugar a una versión mecanografiada, pero todavía no podía hablarse de un libro. A petición de Otto Frank, su amigo Albert Cauvern confeccionó luego una segunda versión mecanografiada. Con la autorización de Otto Frank, Cauvern modificó, entre otras cosas, nueve de los trece nombres de personas que la propia Ana -pensando en una posible publicación- había inventado. Ambas versiones se conservan.

Por último, se hizo cargo de los textos un redactor de la editoral Contact, quien corrigió los errores de mecanografía y adaptó el texto de conformidad con las reglas de la casa editorial. Todo ello resultó, en junio de 1947, en la primera edición en lengua holandesa de “La casa de atrás”.

En la presente nota, pondremos a consideración del lector los principales argumentos y dudas que existen acerca de la autenticidad y veracidad de lo contenido en dicho diario. Es importante señalar que el mismo siempre ha sido empleado como el más eficaz golpe bajo de la propaganda sionista contra el Nacionalsocialismo alemán.

Pruebas y Fundamentos

Lo primero que sorprende al lector es la precocidad y el virtuosismo literarios de que hace gala la niña Ana Frank, que contaba apenas con 13 años cuando empezó a redactar el diario (Ana nació el 12 de junio de 1929 y la primera entrada es del 14 de junio de 1942). El vocabulario, la sintaxis y la soltura con que maneja conceptos abstractos parecen del todo impropios para una colegiala de su edad. Además, las irregularidades en su confección, las contradicciones, y los absurdos e inverosimilitudes que se desprenden de la vida al interior del “anexo secreto”, junto con la existencia de al menos un anacronismo, hacen que resulte imposible considerarlo como una fuente histórica fidedigna y nos conducen a la conclusión de que nos encontramos ante un fraude histórico y literario.

Ante todo, se debe saber que el estudio que un historiador hace de un documento, como puede ser un diario personal, se realiza con mucho detenimiento, con una pormenorizada descripción de sus características externas tales como tamaño, tipo de papel, cantidad de hojas, cantidad de páginas escritas, espacios en blanco, elemento de escritura, encuadernación y múltiples detalles más. Todo ello permite verificar -entre otras cosas-, si realmente fue redactado en el tiempo y lugar que se le atribuyen, y no caer ingenuamente en un fraude. Este minucioso trabajo, verdaderamente científico, es lo que nadie, hasta la llegada de los revisionistas, había efectuado con los documentos vinculados a los hechos de la Segunda Guerra Mundial.

El estudio más exhaustivo lo realizó, en la primera mitad de los años ochenta, el laboratorio del Instituto forense de los Países Bajos, por encargo del NIOD (Instituto Holandés de Documentación de Guerra). Los resultados de ese estudio constan en un informe de más de 250 páginas. La mayor parte del informe está dedicada a las conclusiones sacadas de un minucioso estudio grafológico comparativo, aunque también se llevó a cabo un estudio técnico documental. El NIOD concluye: “El informe del laboratorio forense ha demostrado de manera fehaciente que ambas versiones del diario de Ana Frank fueron escritas por ella entre 1942 y 1944. Las falsas imputaciones en el sentido de que fueron confeccionadas por otra persona (antes o después de la guerra) quedan suficientemente rebatidas”.

Anteriormente, en 1959, los escritos de Ana Frank ya fueron estudiados por grafólogos alemanes, con antelación a una querella iniciada por Otto Frank. En un informe de 131 páginas, los grafólogos hamburgueses llegaron a la conclusión, en marzo de 1960, de que todos los apuntes en los diarios y las hojas sueltas, incluidas todas las correcciones y partes añadidas, eran “idénticos” a la letra manuscrita de Ana. El informe concluía asimismo que las hojas sueltas no databan de antes de los tres cuadernos. Por último, se llegó a la conclusión de que “el texto publicado en traducción alemana bajo el título de Das Tagebuch der Anne Frank ha de considerarse, por lo que respecta al contenido y al espíritu, idéntico a su fuente”.

En 1980, a consecuencia de un juicio contra Ernst Roemer -un jubilado de setenta y seis años que se atrevió a negar la autenticidad del diario-, la BKA (Oficina federal alemana de asuntos penales) logró que se sometieran a análisis los textos y constató que parte de los mismos habían sido escritos con bolígrafo. Este invento, el bolígrafo, fue comercializado solo en Argentina, por su inventor Ladislao Biro, desde 1943, e introducido de manera limitada en Estados Unidos y Europa a partir de 1945 por Milton Reynolds. Pero es recién en diciembre de 1950 que la Société Bic saca a la venta el primer bolígrafo con significativo éxito comercial bajo el nombre de “Bic Cristal”. Es por ello que la BKA llegó a la conclusión de que todas las clases de papel y de TINTA utilizadas se habrían fabricado antes de 1950 y de que, por lo tanto, podían haberse utilizado durante la guerra. Cabe destacar que, se supone, Ana murió de tifus en marzo de 1945 aunque dejó de escribir en el diario en agosto de 1944.

El hecho de que se encontró tinta de bolígrafo está bien documentado, incluso el New York Post publicó la noticia haciendo referencia al estudio del BKA. Lo que dice la Casa Ana Frank es que se trató de unas notas que se traspapelaron y por tanto, según ellos, no pertenecían al diario. El diario está compuesto no solo de hojas encuadernadas sino cantidad de material suelto. Por eso se analizó todo lo que los Frank entregaron cuando se les pidió el diario para analizarlo.

Sin embargo, el BKA habla de porciones “significativas” del diario escritas con bolígrafo, “sobre todo en el volúmen 4”. O sea, no solo unas notas, sino parte de la historia escrita con bolígrafo con la letra que se atribuye a Ana Frank y con la que está hecho todo el diario. Además, ya veinte años antes, en 1960, la perito calígrafa Minna Becker había dictaminado judicialmente que todos los textos manuscritos del diario provenían de una sola caligrafía. Por lo tanto, quien hizo el manuscrito puso los agregados con bolígrafo.

Pero si miramos las cartas de Ana a sus amigas, en poder del instituto Simon Wiesenthal, estas no tienen nada que ver con la letra del diario, si no que se parecen, más bien, a las cartas publicadas en el libro “Spur eines Kindes”, de Ernst Schnabel. O sea que las únicas “cartas” que coinciden con la grafía del diario son las proporcionadas por los presuntos falsificadores, incluidas en el mismo diario. Para verificar la autenticidad del diario le pidieron a los posibles falsificadores que presenten “cartas auténticas” y las compararon con el diario, entonces quedó “demostrado” que era genuino.

Conclusión

Finalmente, queda en evidencia el objetivo de este diario, su germanofobia manifiesta: “Serán permitidas todas las lenguas civilizadas, excepto el alemán” (17/11/42). “Los alemanes son las bestias más crueles que han pisado la faz de la tierra” (19/11/42). Esto no ha impedido que las autoridades “alemanas” de posguerra hayan introducido el diario como libro de lectura obligatoria en las escuelas, para auto-denigración de las nuevas generaciones.

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