Fuente: Historia NR / Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea / La Revolución Naturalista

Durante una exposición en Múnich, por intervención de los nacionalsocialistas, fue retirada de la sala una imagen verdaderamente vergonzosa de Cristo Crucificado. Sin embargo unos años antes, en el verano de 1930, en plena democracia, fue escarnecido el cristianismo y la Iglesia Católica de la forma más aberrante y escandalosa en una “Exposición de librepensadores internacionales” sin que se produjese ninguna queja por parte del Partido del Centro que se suponía católico. Muchos años más tarde, en 1967, restituida la “libertad” en Alemania, en otra exposición, se presentó una serie de caricaturas obscenas, y en una de ellas se mostraba a Cristo crucificado guiñando el ojo a una monja que correspondía mostrándole el pecho desnudo.

Tanto en 1930 como en 1967, nadie protestó, puesto que sólo el Partido Nacionalsocialista podría haberlo hecho; para los demás partidos burlarse de lo que sea, incluso de Cristo, constituye una muestra de libertad. Para el nacionalsocialismo los cuadros blasfemos significaban un insulto para todos los que desde hace cientos de años habían muerto en defensa de los ideales de la Cristiandad.

Ya en el primer año de gobierno nacionalsocialista se logró lo que gobiernos precedentes no habían conseguido, firmar un Concordato con la Iglesia Católica. Esta circunstancia echaba por los suelos las teorías democráticas de una supuesta enemistad entre ambos organismos. Entre los diversos apartados del Concordato se hallaba la reglamentación del impuesto de culto y su cobro y las distintas protecciones a la Iglesia y a sus ministros. En el texto puede leerse que en virtud de las normas del Concordato el hábito religioso era protegido por una disposición civil del mismo modo que lo estaban los uniformes oficiales, el estado sufragaba además los gastos de las facultades de teología existentes en las universidades alemanas que eran ocho, aparte de otros seis centros de menores dimensiones.

La posición del Partido Nacionalsocialista frente a la Iglesia.

Hitler era católico. No se trata ya de una herencia paterna que debe mantenerse, pues si bien fue católico por nacimiento, defendió y de forma bastante clara, su condición de tal, pese a que ello pudiera mermarle la adhesión de los sectores protestantes. El libro Mi Lucha contiene puntos fundamentales en el tema que nos ocupa: “Un caudillo político no debe mezclarse en las cuestiones religiosas de su pueblo, pues si así procediera no sería ya un político sino un reformador, suponiendo que tuviera las condiciones de tal”. Otro asunto que aborda Hitler en Mi Lucha, relacionado con las cuestiones religiosas es el de la intromisión de la religión en la política y viceversa. Hitler opinaba en contra de dicha intromisión. Hasta aquí, un resumen de lo contenido en Mi Lucha. Pero para demostrar que su posición fue imperturbable a lo largo de los años y que no varió con el paso del tiempo, ya fuera en la lucha por el poder o una vez alcanzado éste, ofrecemos algunos fragmentos de sus discursos.

El 12 de abril de 1922, al principio de su carrera política, aun antes de escribir Mi Lucha dijo en un discurso: “Mi sentimiento cristiano me señala a mi Señor y Salvador como luchador. Me señala al hombre que, en otro tiempo, solo, rodeado únicamente de unos pocos seguidores, reconoció a estos judíos y llamó a la lucha contra ellos y que, verdadero Dios, no fue el más grande entre los mártires, ¡sino el más grande entre los luchadores! Con amor ilimitado, como cristiano y como hombre, leo el lugar que nos relata cómo el Señor acabó por arremangarse y por tomar el látigo, para arrojar del templo a los usureros, ¡engendro de víboras! Reconozco su lucha gigantesca por este mundo contra el espíritu judío, después de dos mil años, con la más profunda emoción y con tanta mayor fuerza por el hecho de que fue crucificado por ello (profunda agitación en la sala). Como cristiano no tengo el deber de dejarme desollar, sino que tengo el deber de ser un luchador por la verdad y el derecho”.

El 1 de febrero de 1933, es decir, el día siguiente a su nombramiento como Canciller afirmaba: “Quiera Dios conceder su gracia a nuestra obra, orientar rectamente nuestra voluntad, bendecir nuestras intenciones y colmarnos con la confianza de nuestro pueblo”.

Y en el primer discurso de Hitler en el Reichstag, el 21 de marzo de 1933, en la iglesia de la guarnición de Potsdam, terminó el Führer diciendo: “Quiera también la Providencia concedernos el valor y la constancia que en este recinto sagrado para todo alemán sentimos en torno nuestro, hombres que luchamos por la libertad y la grandeza de nuestro pueblo, reunidos al pie de la tumba del más grande de sus reyes”. El 1 de mayo de 1933, ante dos millones de obreros alemanes, dijo: “El pueblo alemán no es ya el pueblo sin honra, de la desvergüenza, de la anarquía, de la pusilanimidad y de la incredulidad. No, Señor, el pueblo alemán es ya otra vez fuerte en su voluntad, fuerte en su perseverancia, fuerte para sobrellevar todo sacrificio. ¡Señor, no nos apartamos de Ti! Bendice nuestra lucha por nuestra libertad y con ello por nuestro pueblo y nuestra Patria”.

En el Congreso de Nüremberg de 1935 decía: “Nuestras catedrales son los eternos testimonios de nuestra pasada grandeza”. Y ya en la guerra, el 6 de octubre de 1939: “Como Führer del pueblo alemán y Canciller del Reich únicamente puedo en estos instantes dar gracias a Dios por haberme dado su milagrosa bendición en nuestra primera y dura lucha por nuestros derechos y rogarle que nos ayude a encontrar el camino verdadero, así como el de todos los demás, a fin de que no sólo el pueblo alemán, sino toda Europa, gocen de una felicidad en la paz”. El 30 de enero de 1942, eran sus palabras finales: “Y vos, Señor, dadnos fuerza para defender la libertad de nuestro pueblo, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Y no solo a nuestro pueblo alemán, sino también a toda Europa”.

El 30 de enero de 1944, decía: “Por eso, cuanto mayores sean hoy las preocupaciones, tanto más alto apreciará, juzgará y recompensará el Todopoderoso a los que frente a un mundo de enemigos han enarbolado en sus leales manos la bandera y han avanzado resueltamente con ella”. También el último discurso de Hitler está lleno de referencias al Todopoderoso y así, el 24 de febrero de 1945, decía: “Frente al aniquilamiento judeo-bolchevique y frente a sus asesinos de América y Occidente de Europa, no hay más que un imperativo: poner en acción, con fanatismo extremo y enconada entereza, hasta las últimas fuerzas que un Dios bondadoso permite que el hombre encuentre en épocas graves para la defensa de su vida”.

El partido y sus organizaciones

Lejos de ser ningún farol del ateísmo, la ideología nacionalsocialista tuvo desde el principio un carácter marcadamente contrario al materialismo ateo, ligado al marxismo y al judaísmo. La opinión del partido queda reflejada en el punto 24 de su programa donde dice: “Exigimos la libertad para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado mientras no representen un peligro para éste y no militen contra los sentimientos morales de la raza alemana”. Este párrafo se refiere a organizaciones del tipo Testigos de Jehová y especialmente a la religión judía.

Además, también en el punto 24 del programa del Partido Nacionalsocialista, se pedía respeto “para todas las confesiones religiosas” al tiempo que se declaraba la guerra al materialismo: “El partido defiende, en su carácter de tal, la idea del cristianismo positivo pero no se compromete, en materia de credo, con ninguna confesión en particular. Combate el materialismo judío infiltrado entre nosotros y está convencido de que la recuperación duradera de nuestro pueblo sólo puede producirse desde dentro”. Los nacionalsocialistas siempre entendieron que sus ideas suponían una “liberación del materialismo” y en especial del “espíritu judío”.

Respecto a las más conocidas organizaciones del Partido, la SA y la SS podemos decir que los estandartes de las SA eran bendecidos por los obispos y además uno de los puntos de dicha organización rezaba: “Nuestro movimiento está decidido a proteger las dos confesiones: católica y protestante”. En cuanto a las “terribles” SS, debe darse a conocer el texto segundo de los juramentos que debían hacerse para ser miembro de ellas, este decía: “¿Crees en Dios?” y debía responderse: “Sí, creo en un Dios Todopoderoso”.

Se ha dicho que los niños de las Juventudes Hitlerianas eran enseñados con canciones ateas. Ahora bien, hemos localizado un centenar de canciones, antiguas y modernas (algunas compuestas por el propio Baldur von Schirach, jefe de las mismas) en las cuales la religiosidad es evidente y la palabra Dios se repite con frecuencia: “Creemos en Europa, creemos en el nuevo orden, creemos en la juventud, creemos en el triunfo de lo bueno, porque creemos en Dios” (Baldur von Schirach).

Joseph Goebbels, hijo de padres católicos, recibió una educación de tal carácter religioso. Ya en su juventud obtuvo una especie de beca de una organización católica llamada “Alberto Magno” y llegado al poder mantuvo siempre una actitud moderada. El Dr. Goebbels es autor de numerosas obras y es de la titulada “El comunismo sin máscara” de la que extraemos lo siguiente: “El bolcheviquismo niega la religión por principio, fundamentalmente y de antemano, y no ve en ella más que opio para el pueblo. El Nacionalsocialismo, por el contrario, con su tolerancia respecto a las confesiones, propugna un idealismo creyente y trascendental”.

En su obra: “El bolchevismo en la teoría y en la práctica”, hablando sobre los sucesos ocurridos en España, escribe: “Es difícil formarse idea exacta de los detalles espantosos que llegan hasta nosotros relativos a ejecuciones de sacerdotes y atentados vergonzosos contra religiosos por parte de anarquistas y comunistas. Este es el verdadero aspecto del ateísmo bolchevique, que todavía se atreve, en algunos países, a colaborar con las Iglesias. Pero los cadáveres de las religiosas sacadas de sus ataúdes constituyen un exponente de lo que es capaz el bolchevismo”. Al contrario de lo que ocurría en todo el mundo, Goebbels, en esta obra -leída en el Congreso de Nüremberg de 1936- denuncia el horrendo crimen.

El día 19 de abril de 1945, diez días antes de morir y cuando los rusos se hallaban ya a las puertas de Berlín, decía Goebbels: “Debemos dar una y otra vez gracias a Dios de que en tan terribles tiempos nos haya concedido a un verdadero Führer”. Y el 3 de diciembre de 1928 había escrito: “El movimiento Nacionalsocialista se funda en un cristianismo positivo sin atarse a una determinada confesión. En él tiene su puesto tanto el protestante como el católico y el cristiano-alemán”.

Rudolf Hess, el prisionero de la paz, no era -al igual que otros dirigentes nacionalsocialistas- partidario de una determinada religión. Pero ello no era obstáculo para tener un verdadero conocimiento de la existencia de Dios y de su bondad infinita y, cómo no, de su justicia divina. Precisamente a este respecto es conveniente recordar sus últimas palabras en el juicio de Nüremberg, donde declaró: “Soy feliz de saber que he cumplido con mi deber frente a mi pueblo… mi deber como alemán, como nacionalsocialista y fiel colaborador del Führer. No me arrepiento de nada. Si me hallara al principio volvería a actuar como lo he hecho. Siento la mayor indiferencia por las decisiones de los hombres, algún día compareceré ante Dios para rendirle cuentas y sé que Él me declarará inocente”.

Heinrich Himmler era sobrino del famoso padre Himmler, jesuita, hijo del director de la Escuela Católica de Munich y hermano de un monje benedictino que vivía en el monasterio de Maria Laach. En sus discursos mencionaba frecuentemente a Dios. En su discurso del 19 de octubre de 1944 decía: “Nuestro Señor ha creado los pueblos, que no son invención de la voluntad humana. En un devenir creador de milenios, nació, según sus altos designios, el pueblo alemán, con sus ricos dones, su bella patria y sus difíciles condiciones de vida. Sin limitaciones nos doblegamos ante la Ley Eterna y con ella ante la Patria”.

Wilhelm Frick, ministro de las leyes raciales, era también un creyente. Llegó incluso a redactar oraciones. Una de ellas decía: “Señor, líbranos de la mentira y de la traición. Yo se que la falta de Dios y la falta de Patria aniquilan a nuestro Pueblo”.

Hermann Goering, ministro del aire, héroe de la Primera Guerra Mundial, dijo en Viena el 26 de marzo de 1938: “Se afirma: ahora es exterminada la religión, ahora es eliminada la fe. Pues entonces que se me enseñe la iglesia que, como ha ocurrido en España, haya sido destruida o incendiada. Que se me muestre a los sacerdotes que hayan sido torturados o desollados. Que se me enseñe una iglesia que haya sido cerrada y en la cual los fieles no pueden rezar. Que se me muestre a un sacerdote al que se le haya impedido dedicarse a sus funciones sacerdotales o que haya sido arrastrado por las calles después de haber sido decapitado, como hicieron los comunistas en España. Si fue detenido un sacerdote, esto no ocurrió por dedicarse a sus misiones sacerdotales, sino porque se hizo demasiado mundano. Sólo queremos que se efectúe una clara separación. La Iglesia tiene sus funciones determinadas, muy importantes y muy necesarias y el Estado y el Movimiento tienen otras misiones igualmente importantes y decisivas. Si hubiésemos sido antirreligiosos o anticreyentes, ¿habría estado con nuestro movimiento la bendición del Todopoderoso? Hemos empleado toda la fuerza de nuestro sentimiento religioso para poder mantenernos firmes en la terrible lucha. ¿Creen que esto habría sido posible sin nuestra más profunda fe en Dios, en el Todopoderoso?”

La Posición de la Iglesia frente al partido

La prensa aliada vociferaba contra el Nacionalsocialismo por supuestas restricciones en Polonia. En una carta que no llegó a ser publicada en el diario “La Verdad” de Murcia, don José Antonio Vidal y Gadea, miembro de la División Azul y caballero de la Cruz de Hierro, confirmaba desde los territorios bajo jurisdicción del propio Rosemberg, autor de la obra crítica al cristianismo titulada “El mito del siglo XX” y entonces Ministro del Reich para los Territorios ocupados del Este: “Estuve durante el mandato alemán en primera línea y recorrí (no precisamente por deporte) diversos hospitales situados en ciudades alemanas, así como de naciones bálticas, y pude comprobar la celebración de Misas y Oficios en los templos cristianos. Un detalle interesante es que a bastante distancia de los templos se colocaban letreros advirtiendo su proximidad y ordenando silencio para no perturbar las prácticas religiosas… Las unidades alemanas contaban todas con capellanes de acuerdo con el credo religioso de sus componentes… En el equipo de los combatientes católicos se incluía un anillo con un decena para el rezo del Santo Rosario”. Debemos añadir que, como es sabido, todos los soldados llevaban en su cinturón la tradicional frase “Gott mit uns” que significa “Dios con nosotros”.

En el folleto titulado “¿Por qué el Eje ganará la guerra? Polémica y razón de la Europa cristiana” que venía a representar la forma de pensar de muchos sacerdotes, se decía que: “Si Hitler no hubiese forjado la actual Alemania, Europa se encontraría indefensa frente al comunismo y, como la subida al poder de Hitler no puede explicarse humanamente, debemos concluir que el Dios de las victorias coloca a Adolf Hitler en el poder para ser el salvador de la civilización y del Cristianismo”. En su obra “La plaga maldita del comunismo” el presbítero José Manuel Vega y Díaz, exclama: “¡Ojalá que los ejércitos del Eje y sus aliados venzan y hagan desaparecer esta plaga maldita que ha roído la existencia de la humanidad en sus mismas entrañas!”.

El reverendo M. Yate Allen, inglés, decía: “Es porque soy sacerdote y porque creo firmemente en la religión cristiana por lo que acojo con regocijo y doy gracias al Todopoderoso por lo que ha sido llevado a cabo por Mussolini y Hitler”. Y el reverendo Geoffrey Dymock, vicario de St Bede, Bristol, hablando sobre la Alemania de Hitler la califica como “una de las grandes razas de Europa que ha conseguido desembarazarse de las penas de una vil esclavitud de la finanza internacional”.

El Nuncio Pacelli -después papa Pio XII- dijo a Hitler, según el semanario “Der Ring”, con motivo de la felicitación de año nuevo: “Ud. excelencia, es el salvador del pueblo alemán enviado por Dios”. En 1942, con motivo de la guerra en Rusia, los obispos alemanes declararon: “Una victoria sobre el bolchevismo sería comparable al triunfo de la enseñanza de Jesús sobre los infieles”. El sacerdote de Breslau, Dr. Nieborowski escribió: “El triunfo de Hitler ha sido el triunfo del cristianismo amenazado de inminente peligro en Alemania y en Europa. La Iglesia Católica debe arrodillarse para dar gracias al Todopoderoso por esta salvación… A nuestros ojos y en sentido cristiano y católico, Hitler es un instrumento de la Providencia”.

Para terminar

La imagen de “nazis paganos y anticristianos” es, en buena medida, un motivo novelesco. Aunque existieron miembros del partido abiertamente paganistas y en parte anticristianos, los puntos de vista de Ludendorff (ocultista), Rosenberg (nietzscheano) o Bormann (cientificista) no llegaron a convencer al Führer ni a conquistar la oficialidad del régimen, y siempre fueron una minoría. Incluso aquellos que decidieron renunciar a su iglesia recibieron el nombre de “creyentes en Dios”, una categoría específicamente pensada para evitar las etiquetas peyorativas de “disidente” y sobre todo de “no creyente”.

El gobierno del Tercer Reich implementó un proyecto para la promoción de un cristianismo positivo exento y expurgado de influencias semíticas, contrapuesto al cristianismo negativo, es decir, el judeocristianismo de raíces filosemíticas. El “cristianismo positivo” del NSDAP perseguía la superación de las divisiones sectarias en el seno del cristianismo alemán con la vista puesta en alcanzar una Iglesia del Reich, pero también implicaba un rechazo explícito de la irreligiosidad.

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