Fuente: Rafapal / Revisionist History / Libros de Odio

Los “eruditos” judíos sólo dedican un tercio de su tiempo al estudio de la Torah (el Antiguo Testamento de los cristianos) mientras que los otros dos tercios se lo dedican al estudio de las interpretaciones que de la Biblia hacen los propios rabinos en el llamado Talmud babilónico, colocándolo por encima de la palabra de Dios expresada en la Biblia. El Talmud es una recopilación de textos escritos en diversas épocas que recogen la tradición de la escuela rabínica judía.

El Talmud refleja de forma clara y sin dudas una idea: el Goim, es decir el no judío, y en concreto el ario y el cristiano, es un ser merecedor de todo el odio y desprecio posible, pero sobre todo, es un objeto asimilable a un animal. El Goim es comparado con los bueyes y demás animales de ganado. Además, dentro de la tradición religiosa judía el animal es un objeto sin valor. Los “gentiles” e “idolatras” que no practican el judaísmo son parte de estos objetos a su servicio, son pues animales de ganado criados para servicio del “hombre”, o sea del “pueblo elegido”.

Tenemos ya un primer antecedente moral en el rito judío llamado “kósher” efectuando en los mataderos por rabinos o matarifes rabínicos, que consiste en matar a los animales del ganado mediante un ritual repulsivo y sangriento que ya de por sí demuestra una falta de sentimientos y una brutalidad interior indecente. El mero hecho de hacer intervenir ritos religiosos de forma premeditada en las brutalidades que se cometen con el ganado, desangrándolo, evitando que se permita adormecerlo, y eliminando los pocos adelantos que se podrían introducir en los mataderos, demuestra un fondo cruel y sádico.

Y es esta la misma base teológica rabínica que se refleja en el Talmud y que durante siglos de enseñanza cerrada y claustrofóbica ha calado en el espíritu colectivo del judaísmo. Es por ello que el judaísmo, enfocado al dominio del mundo, trabaja en la degradación colectiva y sistemática de las formas de vida Goim.

Sin duda, la mayor muestra del permanente odio y menosprecio del Talmud hacia la comunidad aria es la popularización de hábitos degenerados y vicios como la pornografía, la prostitución, la drogadicción, el homosexualismo, y las diversas corrientes “juveniles” que exaltan los aspectos más perversos de la naturaleza humana como la delincuencia, la sexopatía, el ocultismo, entre otros, y que son presentados por la judería como expresiones de “libertad” e “individualidad” para la comunidad Goim.

La pederastia, por ejemplo, está consentida por la secta judía hasta los 9 años ya que no se considera que hasta esa edad el niño o la niña tenga conciencia. El movimiento gay, el feminismo, el abortismo, el comunismo, el capitalismo, el iluminismo, la revolución francesa y la gran mayoría de guerras que se suceden en el mundo, como lo fueron la primera y segunda guerras mundiales, han sido creaciones claramente judías gestadas con el objetivo de hacer cumplir las leyes talmúdicas de dominio sobre los gentiles.

El Talmud es además profundamente anticristiano y está repleto de insultos contra la virgen María y contra Cristo, a quien, en el mejor de los casos, consideran como un falso profeta aquejado por problemas mentales. Los rabinos judíos se ríen incluso de sus propios profetas y llegan a decir que Adán fornicó con todos los animales del Edén, que Eva mantuvo relaciones sexuales con la serpiente o que Caín y Abel se pelearon por ver quién copulaba con su madre, Eva. Las “enseñanzas” de este libro reinterpretan las palabras de la propia biblia judía con el único fin de darles carta blanca a sus autores para satisfacer sus más bajos instintos.

Pero a pesar de las contundentes pruebas que los condenan, la respuesta de los rabinos ante la documentación relativa al racismo y el odio en sus textos sagrados es simplemente mentir descaradamente. Ya que, este tipo de mentira también se halla estipulada en el Talmud, donde se establece que los judíos pueden usar mentiras (“subterfugios”) para eludir a un gentil. La mentira se considera “perdonable” mientras que todo examen de los libros sagrados judíos es considerado un “procedimiento tiránico” producto de “mentiras antisemitas”.

Con el fin de aplicar estos “subterfugios”, además de repetir falazmente que los textos que los delatan son citados “fuera de contexto”, los rabinos judíos emitieron también dos grupos de textos, los auténticos textos talmúdicos con los que preparan a su propia juventud y la versión “censurada y modificada” que se difunde a los crédulos no judíos para el consumo público.

En la versión modificada son a veces censurados pasajes completos, aunque a menudo solo son palabras las que se omiten, y en algunos casos se utiliza la sustitución en lugar de la simple omisión. Por ejemplo, los traductores de la edición Soncino del Talmud en Inglés hacen que la palabra hebrea Goim sea remplazada por un sinnúmero de palabras disfraz como paganos, samaritanos, egipcios, idólatras, entre otras, cuando en realidad son referencias a los gentiles (todos los no judíos).

En resumen, lo que se demuestra a la luz del Talmud es que la palabra de los rabinos está por encima de la palabra de Dios. “Dios conversa con los rabinos y pierde la discusión” o “Dios aprende de los rabinos” son frases que se pueden leer en el Talmud. Los rabinos fariseos se burlaron de todas las normas morales indicadas por sus profetas, y sus herederos ideológicos, los actuales judíos, siguen haciéndolo. Un judío puede asesinar, extorsionar, robar o cobrar impuestos a un no judío con el total beneplácito de su “religión” y esa es la explicación de lo que ocurre hoy en el planeta tierra. Existe una ley para los gentiles y otra ley para los judíos.

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