Fuente: Libros de Odio / Der Stürmer / Wikipedia

Una expresión muy común en nuestra cultura es la de “chivo expiatorio”. Proviene de un ritual del antiguo pueblo de Israel para el cual eran elegidos dos chivos. Uno era sacrificado por el sacerdote durante el rito; el otro era cargado con todas las culpas del pueblo judío, y abandonado en mitad del desierto, acompañado de insultos y pedradas.

Pero los primeros judíos, al igual que otros pueblos primitivos, practicaban no solo el sacrificio animal, si no también el sacrificio humano. Ejemplo de ello es como Yahveh ordenó a Abraham el sacrificio de su hijo Isaac. Incluso la biblia judía habla sobre los desviados cultos en Jerusalén ante las imágenes de sus ídolos. Dice en Ezequiel, capítulo 16, versículos 20 y 21: “Además de esto, tomaste a tus hijos y a tus hijas que habías dado a luz para mí, y los sacrificaste a ellas para ser consumidos. ¿Te fueron poca cosa tus fornicaciones, que sacrificaste a mis hijos, y los diste a ellas para que los hiciesen pasar por el fuego?”.

Para el judaísmo los no-judios no son seres humanos. Según su religión los gentiles son animales con forma humana creados por su dios Yahveh para servirlos. La prohibición mosaica de no matar se aplica solo al prójimo (el judío). La sangre de un “idólatra” no-judío es pues ideal para estos sacrificios. Y mejor si es de un niño inocente, ya que al estar libre de pecados tiene mayor capacidad para cargar con las culpas que se le transfieren.

Sin embargo, cualquier víctima es propicia, como lo demuestran los ajusticiamientos tras los llamados “juicios” de Nuremberg. Las fotografías oficiales muestran a los ejecutados con cortes de oreja a oreja, pasando por debajo del cuello hasta la garganta, como el “tradicional” sacrificio de corderos y bovinos en manos judías. Esto a pesar de que se dice que sólo fueron ahorcados. Incluso, se sacrificó así al cadáver sin vida de Göering, quien se había suicidado en la cárcel al sospechar el destino que le esperaba. Inmediatamente después de tomadas estas morbosas fotografías, los cuerpos fueron cortados en pedazos y quemados, para completar el rito. Algo que es descrito abiertamente en todos los libros de historia.

Los ejemplos documentados de este tipo de crímenes son abultadísimos. Gran cantidad de sacrificios se llevaron a cabo en la Europa medieval y se siguen perpetrando en todo el mundo hasta nuestros días. Incluso algunas de sus víctimas como San Simón de Trento, San Guillermo de Norwich, Santo Dominguito de Val o el Santo Niño de La Guardia, fueron canonizados por la Iglesia Católica, aunque luego fueron retirados de los martirologios por la judaizada iglesia posterior al Concilio Vaticano II.

Ante la gran cantidad de casos es comprensible que se hayan conocido diferentes métodos de sacrificio. Uno bastante difundido sobre todo durante la Edad Media consistía en la crucifixión. Hoy es común la tortura con puñetazos, quemaduras y latigazos durante largas horas. Los pequeños judíos deben participar con un golpe simbólico. En casi todos los casos se desviste completamente a la víctima. Algunos les clavan agujas, espadas o alfileres, y finalmente se suele hacer una herida mortal en el cuello. Luego el cuerpo, sostenido por dos ayudantes, es colocado de cabeza para que se vierta la sangre en cuencos ceremoniales.

Es muy importante que la sangre sea recogida ya que para el culto hebreo, que no cree en el espíritu, la sangre es el vehículo material del alma. Las prácticas mágicas con sangre humana los provee, según algunos, de poderes que están más allá del conocimiento humano. Es probable que esto solo sea superstición, pero es una superstición en la que creen. Muchos rituales se realizan con la sangre; por ejemplo, la rocían seca sobre el pene de los bebes destinados a algún futuro importante al ser circuncidados, la vierten en una bebida junto a una gota de sangre del meñique izquierdo de un rabino para que la beban algunos jóvenes, o la mezclan al preparar panes ácimos.

La fiesta del Purim y la del Pésaj son temporadas “ideales” para la ejecución de estos crímenes. Ambas conmemoran la masacre en masa de no-judíos a manos de sus asesinos judíos, la primera en Persia, la segunda en Egipto. De hecho, todas las efemérides de este pueblo son celebraciones de asesinatos colectivos de “gentiles”, por lo que para los más religiosos cualquier momento es propicio para ofrecerle un regalo a Yahveh.

El hecho de que, hasta hace poco, los judíos hayan vivido en sociedades que no les eran totalmente sumisas y que incluso los reprimían y segregaban (debido principalmente a sus actividades secretas e ilegales como la prostitución, el tráfico de esclavos, la práctica de la usura, entre otros), generó en ellos un odio constante y furioso contra los “idolatras” y los llevo a buscar revanchas tanto reales como mágicas. La cábala y gran parte de la numerología son patrimonio original de los rabinos. Revueltas y sublevaciones para tomar el poder fueron su mejor opción cuando disponían de amplia libertad, pero el asesinato ritual, además de ser parte inseparable de su tradición sectaria, es también la metáfora de su venganza.

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