Raza Blanca Misiones Argentina

Ocurre como en todas las sociedades blancas de América, los hombres y mujeres de origen europeo llegaron y se asentaron en las regiones en que era posible la agricultura. La genética europea pronto se tradujo en arduo trabajo, en progreso social, orden, moralidad, educación, y limpieza. Las sociedades blancas crecieron, progresaron. Se construyeron iglesias, escuelas, caminos, fábricas, hasta las zonas geográficas más inhóspitas comenzaron a crecer social y económicamente. La semilla europea germinaba vigorosa.

Pero no ocurría así de modo uniforme en todas las zonas del país, en países limítrofes y regiones cercanas crecían las sociedades mestizas. Una vez que el progreso blanco está floreciendo, llegan los mestizos amerindios provenientes todos de zonas en que no han sabido lograr progreso económico, moral, justicia, ni orden social, adecuados al estilo blanco europeo.

Son aceptados, al principio a regañadientes, pero al fin aceptados. Los mestizos realizan los trabajos más pesados, cumplen órdenes. Conviven así sin mayores obstáculos con los blancos. El paso del tiempo y la cercanía física paulatinamente rompen las resistencias y al fin se logra cierta estabilidad de convivencia, tensa, con desagrado, pero la comunicación es posible. El hombre blanco no cae en cuenta de la realidad, está dormido.

El mestizo madura sexualmente antes: en la escuela los chicos rubios pierden la puja en la búsqueda de novias. Cuando el niño rubio logra completo desarrollo sexual (ocurre esto siempre más allá de los veinte años) ya los mestizos tienen hijos concebidos a los catorce y quince y ganan a las chicas rubias… se las reparten como botín. El inmaduro niño blanco es incapaz de competir. El blanco pierde en tasa de natalidad y su reproducción cae.

El mestizo se casa oficialmente con las hijas del hombre blanco; los padres se resisten pero nada más pueden hacer. El mestizo y el blanco son familia. Y el hombre blanco cae en la trampa, en su propia trampa. Nacen los nietos mestizos del hombre blanco. Los sobrinos mestizos, los vecinos mestizos. El mestizo posee, salvo el amarronamiento de su piel, muchas de las características de sus padres blancos, se mimetizan. El hombre blanco los concibe iguales a sí mismos.

A esta altura, muchos blancos defienden el mestizaje con fuerza y violencia, con nietos mestizos, con hijos mestizos, la subjetividad y la confusión todo lo contagian. Y el hombre blanco abre las puertas de sus escuelas a los mestizos, y sus empresas caen en manos de yernos mestizos, o sobrinos, o hijos mestizos. El mestizo adquiere igualdad de valor social. Posee voz y voto.

La seguridad, la justicia, el orden blanco se resquebrajan. Los niños blancos son superados en número y su vigor mental y físico debe ser equiparado al del mestizo. Se llama a esto “justicia”. La sociedad se desmorona. El blanco es minoría. Al fin a viva voz se predica el mestizaje y cualquier protección de la raza blanca es tomada como amenaza.

Vista esta circunstancia, algunos blancos despiertan. ¡El mestizaje está acabando con nuestra raza!, gritan. Pero sus gritos son ahogados por la indiferencia, o incluso la violencia, no del mestizo, si no de otros blancos que ya son incapaces de toda objetividad. Es el fin.

El hombre blanco debe sacar a sus hijos de las escuelas que fundaron sus abuelos, los mestizos los golpean, acosan a sus hijas. El orden blanco ha caído en el olvido. Cunden los robos, las drogas, la inmoralidad. En las calles los adolescentes rubios son insultados, “gringo de mierda” les dicen. No hay defensa para ellos. La moral, la justicia, la educación, ya no son blancas. No hay estamento donde reclamar, donde llevar adelante efectiva denuncia. El hombre blanco se va del pueblo, ya no hay lugar para él.

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