Fuente: Pagina 12 / Enigmatika

Las referencias a Goebbels apuntan siempre hacia una frasecita con múltiples variantes. La más vulgarizada tendría la forma de una consigna que se le atribuye: “Mientan, mientan, que algo queda”. Pero la expresión “Calumniad, calumniad, que algo quedará” circulaba todavía en los años 50, atribuida alternativamente a Voltaire y a Beaumarchais. El imperativo verbal no era interpretado entonces como un dictamen, sino como la cristalización de una sabiduría refranera. Sin embargo ambas atribuciones son apócrifas.

Los primeros rastros de la frasecita remontan de hecho al Siglo I d.C. En el capítulo 4º del libro I de sus Obras Morales, Plutarco presenta en estos términos a Medion de Larisa, un ambiguo personaje que cinco siglos antes había sido consejero de Alejandro Magno: “Ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz”. Ya en aquel entonces, la consigna de mentir aparecía como cita de un discurso ajeno, considerado repudiable.

La frase sigue rodando oscuramente a través de los siglos, hasta reaparecer pulida, en el Siglo XVII, como un “conocido proverbio”. Así lo atestigua, Roger Bacon en su obra latina De la dignidad y el desarrollo de la ciencia. Hablando de la ‘jactancia’, dice que se le puede aplicar “lo que se suele decir” de la calumnia: “como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda”. Un siglo más tarde, Rousseau pone en boca de un “famoso delator” la consigna siguiente: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aún después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz”. Finalmente, en el Siglo XIX, Casimir Delavigne, en Les enfants d’Édouard, reformula como una simple constatación la frase que había atravesado toda nuestra era: “Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla”.

Queda claro que Goebbels no fue el inventor de la frase. Aun asi el Dr. Goebbels ha sido exitosamente presentado como un maestro de la mentira, la manipulación y la propaganda, en su peor acepción. Esta imagen, está particularmente bien inoculada en los países occidentales y, desde mi punto de vista, es también una falsedad propagandística. Contrariamente al torrente de propaganda surgido desde el final de la contienda a través de todos los medios, el Dr.Goebbels fue un exitoso publicista, propagandista y orador y no precisamente porque fuese un maestro de la mentira, sino exactamente por todo lo contrario. Afinó mucho en la precisión de la información y la verdad.

Creo importante para saber de quién hablamos, citar que en Nuremberg en Septiembre de 1934, el Dr. Goebbels dijo: “La propaganda puede ser en pro o en contra. En ningún caso debe ser negativa. La única cosa importante es si sus palabras son verdad y una genuina expresión de los valores del pueblo. La buena propaganda no necesita mentir, de hecho no debe mentir. No tiene razón para temer la verdad. Es un error creer que la gente no aceptará la verdad. Pueden. Es sólo una cuestión de presentar la verdad a la gente de una forma que sean capaces de entender. Una propaganda que miente prueba que la sustenta una mala causa. No puede tener éxito a largo plazo”. También en un artículo escrito en 1941, el Dr. Goebbels cita ejemplos de la mentirosa propaganda británica durante la guerra, y acusa a los propagandistas ingleses de haber adoptado la técnica de la “Gran Mentira”, que Hitler había condenado en su libro “Mein Kampf”. El Dr. Goebbels escribió “Los ingleses siguen el principio de que cuando uno miente, debe ser a lo grande, y mantenerse en la mentira. Ellos mantienen sus mentiras, incluso corriendo el riesgo de parecer ridículos”.

Fue un momento histórico en el que el Dr. Goebbels forzó asuntos, a través de los medios masivos del momento, sobre la unidad europea, el destino de Europa y el objetivo de construir una próspera y pacífica comunidad de naciones. También dio instrucciones precisas a los medios de cómo tratar a otros grupos étnicos y países con tacto y respeto, teniendo en cuenta su soberanía y su carácter nacional. Esto puede parecer increíble tan acostumbrados como estamos al torrente de propaganda en sentido contrario que vemos cada día en los medios.

Además de su trabajo al frente del ministerio, el Dr. Goebbels incremento sus responsabilidades a medida que la guerra avanzaba, teniendo una gran responsabilidad en el mantenimiento para que la maquinaria social e industrial continuasen en funcionamiento. Por ello, en verano de 1944 fue nombrado por Hitler “Plenipotenciario del Reich para la Movilización de la Guerra Total”. El Dr. Goebbels, junto al Ministro de Armamentos Albert Speer, dirigió los recursos humanos y materiales para la máxima producción de guerra, al mismo tiempo que mantenía el suministro eléctrico, agua, transporte, teléfono, comida y carburantes, escuelas, emisoras de radio y periódicos. Es decir, la base social de funcionamiento de un país. Se puede decir que este esfuerzo para el mantenimiento social y el incremento de la producción militar, a pesar de los bombardeos aliados día y noche, son un hito sin igual en la historia.

En su libro “Readings in Propaganda and Persuasion” el francés Jacques Ellul comenta: “Permanece el problema de la reputación del Dr. Goebbels. Se le dio el título de “Gran Mentiroso” (sobre todo por la propaganda Americo-Británica) y nunca paró de luchar con su propaganda y ser lo más preciso posible. Prefería ser cínico y brutal que ser cazado en una mentira. Solía decir ‘Cualquiera debe saber cuál es la situación’. Siempre fue el primero en anunciar sucesos desastrosos o situaciones difíciles sin ocultar nada. El resultado fue una creencia generalizada de que los comunicados alemanes no sólo eran más concisos, claros y menos desordenados, sino que más creíbles que los comunicados aliados”. Y continúa: “Esto es tan verdad, que poner el mote de “Gran Mentiroso” al Dr. Goebbels debe ser considerado como un éxito de la propaganda”.

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