Fuente: El mundo del mañana

Cuando el activista homosexual Michael Bronski escribió estos escabrosos planteamientos en la revista Homosexual Community News de Boston en febrero de 1987 los describió como “una fantasía cruel, una erupción de ira interna”. Sus seguidores restaron importancia a las palabras como una simple “sátira”. Él dijo: “Toda iglesia que nos condene será cerrada… Vamos a sodomizar a sus hijos… Vamos a seducirlos en sus escuelas, en sus dormitorios, en sus gimnasios, en sus vestuarios, en sus canchas deportivas, en sus seminarios, en sus grupos juveniles.”

Cualquier otro movimiento que hiciera planteamientos tan estrafalarios quedaría aislado, o incluso sería declarado fuera de le ley. Sin embargo, los astutos dirigentes de los movimientos homosexuales han tenido un éxito sin igual en el empeño de imponer su estilo de vida, lograr su aceptación y conseguir apoyo para sus metas, a la vez que atacan la estructura básica de la vida de una sociedad: la familia, los hijos, la vida doméstica normal y todo lo que ello implica. Los activistas homosexuales han alcanzado un poder sin precedentes sobre los medios masivos de comunicación. Ahora están logrando cada vez más fuerza por medio de los tribunales, las escuelas y las universidades.

Los propagandistas del homosexualismo tratan de evadir o distorsionar el tema, pero todo investigador sincero reconocerá que un varón homosexual tiene en promedio unas 50 parejas a lo largo de la vida. Esto es por lo menos 12 veces más que el promedio para varones heterosexuales. Los múltiples encuentros sexuales de los homosexuales, que a menudo se producen con hombres que casi no conocen, generan el contagio de enfermedades a una tasa muy superior a la que se ve entre heterosexuales.

El Dr. Jeffrey Satinover, judío-americano, en su libro titulado “Homosexualismo y las políticas de la verdad” afirma: “Los varones homosexuales son desproporcionadamente vulnerables a toda una serie de infecciones graves y a veces fatales causadas por la entrada de heces en el torrente sanguíneo. Entre estas se incluyen la hepatitis B y la combinación de trastornos, por demás rara, como shigelosis e infección por giardia lamblia, que algunos han llamado el “síndrome del intestino gay”. En un artículo importante lo resume así: “Dado su mayor número de parejas sexuales y prácticas sexuales como anilingus y coito anal, los hombres homosexuales tienen un riesgo particularmente alto de adquirir hepatitis B, giardiasis, amebiasis, shigelosis, campilobacteriosis e infecciones ano-rectales con neisseria gonorrhoeae, chlamydia trachomatis, treponema pallidum, virus de herpes simple y virus de papiloma humano”.

Satinover, un médico y psicoanalista muy respetado, demuestra inobjetablemente que la actividad homosexual lleva a toda una serie de enfermedades graves y otros problemas físicos y reduce notoriamente la esperanza de vida. Los amigos y parientes de los homosexuales manifiestan amor, y no odio, cuando les ayudan a entender el daño irreparable que les causa su estilo de vida pervertido y ayudan a que lo dejen atrás.

Seamos sinceros. ¿Cuál sería el resultado si todos practicaran el estilo de vida homosexual? ¿Qué tipo de vida llevarían los hombres y mujeres del mundo? La mujer fue creada específicamente para el hombre, para ayudarlo y confortarlo, para ser su amante, su compañera y la madre de sus hijos. La mayoría de las religiones y todas las sociedades decentes así lo han reconocido desde hace miles de años. Esta ha sido la base de nuestra vida en familia y el fundamento de los extraordinarios logros de la humanidad.

Pero llegaron los activistas homosexuales empeñados en crear una sociedad tan desordenada en sus fundamentos que en ella, de convertirse en la norma, millones de seres morirían de SIDA y otras enfermedades afines. Los niños, si los hubiere, no tendrían un hogar ni una vida de familia normales. Claro está que si una sociedad acogiera en realidad todo el estilo de vida homosexual, su población quedaría diezmada y los sobrevivientes se enfermarían y morirían. Pronto, otra nación más joven conquistaría a la nación moribunda poniendo fin así a su miseria auto-infligida. Hemos visto tal patrón en el desmoronamiento de sociedades como Grecia y Roma.

Las verdaderas pretensiones de los activistas homosexuales llevarían a un reordenamiento total de la sociedad. Acabarían por destruir todo vestigio del verdadero cristianismo. Los pervertidos sexuales que encabezan el movimiento tienen pretensiones mucho más amplias de lo que piensa la mayoría. Sin embargo los medios masivos de comunicación, los políticos y los educadores les siguen la corriente.

Quizá la suposición más nociva acerca del homosexualismo es el alud incesante de propaganda emitida por los activistas en el sentido de que “nacieron así”. Que “no pueden evitarlo”. Que “no pueden cambiar”; ni siquiera con ayuda profesional, con terapia, ni con una conversión cristiana auténtica. ¿Pero qué dicen los hechos?

El Dr. Francis S. Collins, uno de los más destacados científicos del mundo y que trabaja a la vanguardia en el ámbito del ADN, llegó a la conclusión de que “hay un componente ineludible de heredabilidad en muchas características humanas. Pera virtualmente ninguna de ellas acerca la herencia a ser predictiva”. El Dr. Collins estaría de acuerdo en que el entorno puede influir en la expresión genética y que la libre voluntad determina la respuesta a las predisposiciones que puedan estar presentes.

El Dr. Collins revisó en forma sucinta las investigaciones sobre homosexualismo y ofrece la siguiente conclusión: “Un aspecto de especial interés público es la base genética del homosexualismo. Los indicios surgidos de estudios en gemelos apoyan, de hecho, la conclusión de que hay factores hereditables que cumplen un papel en el homosexualismo en el varón. Sin embargo, la probabilidad de que el gemelo idéntico de un varón homosexual también lo sea es de aproximadamente el 20 por ciento (comparado con 2 a 4 por ciento de varones en la población general), y esto indica que la orientación sexual recibe alguna influencia genética pero que no está determinada por el ADN, y que los genes que cumplieron un papel representan predisposiciones pero no predeterminaciones”.

Pese a las presiones sociales por negar este hecho importante, un número significativo de científicos, médicos y otros expertos están dispuestos a reconocer libremente que nadie “nace” destinado a ser homosexual.

El Dr. Robert Spitzer, profesor de psiquiatría de la Universidad de Columbia quien, en 1973, contribuyó a eliminar el homosexualismo de la lista de trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana, escribió un estudio publicado en el número de octubre de 2003 de los “Archivos de comportamiento sexual”, donde argumentó que las personas pueden cambiar su “orientación sexual” de homosexual a heterosexual. Spitzer entrevistó a más de 200 personas, la mayoría de las cuales afirmaron que mediante terapia reparativa, su inclinación hacia personas del mismo género disminuyó significativamente o se convirtieron a una orientación heterosexual.

Aunque sigue abogando por el activismo homosexual, Spitzer ha sido blanco de ataques inmisericordes por parte de antiguos admiradores por contradecir la ideología que afirma que las personas “nacen homosexuales y no pueden cambiar”. La inmutabilidad es un concepto central en la exigencia para que la sociedad reconozca los “derechos” de los homosexuales y el “matrimonio gay”.

Como ningún estudio aislado se puede considerar definitivo, es preciso hacer más investigaciones con personas que han superado el homosexualismo. Pero se ha recopilado un extenso cuerpo de publicaciones anteriores sobre el cambio del homosexualismo al heterosexualismo, y el número de excepciones a la teoría de que los homosexuales “nacen así” debe ser una advertencia a los investigadores y a los medios de comunicación para que procedan con cautela antes de declarar que la ciencia ha “demostrado” que el homosexualismo es genético.

Muchos legos creen ahora que el homosexualismo es un componente de las personas desde el momento de la concepción. La teoría de “genético e incambiable” ha sido promovida activamente por militantes homosexuales y por los medios de comunicación populares. El homosexualismo no es una variante normal e inherente de la naturaleza humana. No hay evidencia de que el homosexualismo sea únicamente genético. Ninguna de las investigaciones asevera que así sea. Solamente la prensa y ciertos investigadores lo hacen, al hablar en lenguaje superficial dirigido al público.

Las declaraciones públicas de los investigadores a la prensa suelen ser espectaculares y generalizadas. Pero cuando responden ante la comunidad científica, hablan con mucha más cautela. Dean Hamer, investigador y activista del llamado “gen homosexual”, respondió así a la pregunta, planteada por la revista Scientific American, de si el homosexualismo tiene raíces exclusivamente biológicas: “Absolutamente no. Sabemos por estudios en gemelos que la mitad o más de la mitad de la variabilidad en cuanto a orientación sexual no es heredada. Nuestros estudios buscan señalar con precisión los factores genéticos, no negar los factores sicológicos”.

No hemos de odiar a los tristes seres confundidos sobre su propia identidad sexual. Al contrario, debemos orar por ellos y tratar de ayudarlos si están dispuestos. Pero no los estamos ayudando al aceptar la ideología falsa propagada por los activistas homosexuales, quienes movidos por su vergüenza y su deseo de lograr aceptación están emitiendo una avalancha continua de información errada para convencer el público de que son “iguales” a los demás y que el comportamiento homosexual es perfectamente aceptable.

Los activistas homosexuales y sus secuaces en los medios masivos de comunicación pretenden desesperadamente ocultar los horripilantes resultados del homosexualismo, como la transmisión de enfermedades que acortan y destruyen la vida, la profunda desesperación y el alto índice de suicidios entre la comunidad homosexual.

Si la humanidad “evolucionó” desde un origen como amorosas amebas en el lodo marino, sin la mano de Creador alguno, podríamos sentirnos “libres” para lanzarnos a la fornicación, el adulterio, el homosexualismo, “matrimonios” de grupo, bestialismo, abuso de niños, asesinato, tortura y cualquier otra cosa que se le ocurra a nuestra mente carnal. Claro está que tendríamos que tener en cuenta al SIDA y toda una serie de enfermedades y males y sus consecuencias; entre ellas una esperanza de vida muy reducida. Pero en la actual generación, donde solamente cuenta el ahora, y por tanto no quiere negarse ningún placer, que exige la satisfacción inmediata de todas sus concupiscencias y fantasías, ni siquiera esas graves consecuencias detendrían a los individuos que, sin pensar, buscarán su placer instantáneo.

Así como hay grupos de gente sincera que ayudan a los alcohólicos y a los drogadictos a superar sus problemas, también hay terapeutas y grupos de apoyo que se dedican a ayudar a los homosexuales a salir de aquella triste vida. Nosotros debemos animar a todo el que desee salir del homosexualismo. Sí hay una salida.

Anuncios