Pocas veces la humanidad ha recibido un legado cultural que ha merecido tan encontradas interpretaciones como la obra de Nietzsche. Se lo ha considerado el más coherente de los racionalistas, pero también el primer filósofo existencial, o el primero que logró salir de la historia de la metafísica. Se ha visto en su anticristianismo una expresión de religiosidad, algunos comunistas lo ubican como el pensador del irracionalismo romántico burgués mientras otros lo consideran heredero de Heráclito y su cambio constante.

Sin embargo, el texto de Nietzsche sólo suena bien a oídos sanos si se lo malinterpreta, esto es, en contra del sentido que le da Nietzsche. Si Nietzsche quiere que su texto diga algo ilógico y malvado, hacerlo bueno y coherente es deformarlo. Las sentencias de Nietzsche se toman como dogmas filosóficos, siendo que hay suficiente filosofía sana en la historia como para reconocer un grave trastorno mental en los escritos de Nietzsche. El muro Nietzsche aún no ha sido derribado y sirve de parapeto a propuestas devastadoras de la persona y de la sociedad. Hoy disponemos de los escritos originales de Nietzsche, que permiten comprender, a quien se lo proponga, su propósito bestializante y deshumanizador.

Las incoherencias y disparates del autor alemán impiden un análisis serio de su obra, es fácil tomar un texto cualquiera para demostrar algo y pocas líneas después encontrar el argumento contrario defendido con igual pasión. Y es que Nietzsche ataca a todos, lo que hace pensar más en resentimiento que en una visión realista. Es evidente que escribe con odio y no con razonamientos claros, aunque sus admiradores lo justifican diciendo que es mas poeta que filósofo, y él mismo alude en su defensa al decir que la contradicción es una virtud y que la filosofía racional es un error.

Sus propuestas no tienen fundamento real o histórico y solo se basan en el rechazo a la moral y a la virtud, lo que lo inspira a crear un “superhombre” que hace lo que le viene en gana sin importar si con sus actos edifica o destruye. Afirma Nietzsche que todo es válido si satisface el deseo, al que eufemísticamente llama “voluntad”, y propone destruir aquello que la reprima (como la moral, la tradición, la religión, e incluso Dios mismo).

Su planteamiento amoral y anticristiano fue copiado primero por el judío Freud, y luego por los creadores, judíos también, del pensamiento crítico en la escuela de Frankfurt. En los “Protocolos de los sabios de Sion” se puede leer que “los triunfos de Darwin, Marx y Nietzsche fueron preparados por nosotros con su efecto desmoralizador”. De allí que vicios como la degeneración sexual, el egoísmo o el materialismo, basados todos en el “haz lo quieras y crea tus propios valores” de Nietzsche, sean repetidos por organizaciones como la Thelema, creada por el masón filosemita Aleister Crowley, la Wicca, parodia del paganismo creada por el masón y desnudista Gerald Gardner, o la Iglesia de Satán creada por el judío Anton Zsandor LaVey.

De las numerosas incongruencias escritas por Nietzsche se podría deducir que algunas veces era prosemita y otras tantas antisemita. Sin embargo, su rechazo a los judíos se limitaba exclusivamente a una única razón. Consideraba que los israelitas eran los precursores de los cristianos, y eso los convertía en creadores de lo que él más odiaba. El autor germano admiraba la sagacidad y la astucia con la que los judíos buscan y obtienen el poder. Elogiaba la malicia, la hipocresía y falta de escrúpulos del pueblo hebreo, pero no les perdonaba haber sido la cuna de la moral y la piedad cristiana. Es decir que rechazaba el judaísmo solo por ser el origen del cristianismo, y por nada más.

El amor de Nietzsche por el judaísmo y su rechazo al cristianismo es evidente, como ejemplo tenemos estas frases de “El Anticristo” donde dice que: “Originariamente, sobre todo en la época de los reyes, también Israel mantuvo con todas las cosas la relación correcta. (…) Su Yahvé era expresión de la conciencia de poder, de la alegría de sí, de la esperanza en sí. (…) La rebelión de la que Jesús ha sido entendido o malentendido como iniciador (…) fue la rebelión contra la Iglesia judía. (…) Fue una rebelión contra los buenos y justos, contra los santos de Israel”.

En lo personal tuvo una intensa relación con gran cantidad de judíos, y en concreto quedó marcado por una judía a la que deseaba. Esa relación, dicho sea de paso, no tuvo nada de sobrehumana, pues en Nietzsche su vida nunca anduvo a la par de su pensamiento. Nietzsche conoció a la judía rusa Lou Andreas-Salomé en un viaje que hizo por Roma en 1882 junto a su mejor amigo, el también judío Paul Rée, a quien conoció en la universidad de Basilea 9 años atrás. Pronto se entabló un intenso amorío entre Nietzsche y Andreas-Salomé, el cual duraría tan solo un año ya que ella prefirió quedarse con Rée, quien también la cortejaba. Tras su rompimiento en 1883 el autor se vuelve más antisemita en sus escritos, aunque sigue siendo antialemán como antes. Para la madre del escritor Andreas-Salomé sería la judía rusa, con artes de vampiro, “cuyo talento principal es exprimir para sí la inteligencia ajena y utilizarla después como moneda propia”.

Se sabe que su hermana Elisabeth, luego del suicidio de su esposo, y tras la muerte de su madre, regresó a Europa para cuidar de un Nietzsche enfermo y presa de la demencia. También es conocido todo lo que hizo para procurarle trascendencia aún después de su muerte. A pesar de ello Nietzsche escribió ya en 1883: “No me gusta mi madre, y cada vez que oigo la voz de mi hermana me chirrían los oídos; siempre que he estado con ellas he caído enfermo”. El matrimonio de Elisabeth con Bernhard Förster, racista y antisemita berlinés, creador de la colonia alemana de “Nueva Germania” en Paraguay, fue censurado por Nietzsche al punto que escribe a su profesor Jacob Burckhardt: “Todos los antisemitas deberían ser suprimidos”.

Wagner era germanófilo, antisemita y cristiano. Aun así conoció y se hizo amigo de Nietzsche en 1868, aunque poco duró el mutuo aprecio. Wagner comprobó el riesgo que para él suponía la enfermedad mental de Nietzsche ya en 1873. Pero fue Nietzsche quien rompería definitivamente con Wagner mientras el músico daba forma al clásico “Parsifal”, donde el héroe ya no es un antiguo pagano, como en sus anteriores obras, si no un caballero cristiano que defiende valores como la bondad, la justicia, la responsabilidad, el respeto y la honestidad. La composición de “Parsifal”, que Wagner concebiría más como un drama litúrgico para el Viernes Santo que como una ópera, ofendió profundamente la sensibilidad de Nietzsche, quien al enterarse del contenido cristiano de la obra sufrió un ataque de histeria. Aunque el gigantesco trabajo del músico sería estrenado recién 1882, ya en 1878 la brecha entre los dos era ineludible y definitiva.

En su “Ensayo de autocrítica” escrito en 1886 como prólogo a la reedición de “El nacimiento de la tragedia” afirma Nietzsche: “He aprendido a pensar sin esperanza ni indulgencia alguna acerca de ese ‘ser alemán’, y asimismo acerca de la música alemana de ahora, la cual es romanticismo de los pies a la cabeza y la menos griega de todas las formas de arte, además, una destrozadora de nervios de primer rango, doblemente peligrosa en un pueblo que ama la bebida y honra la oscuridad como una virtud”.

En sus escritos el “filósofo” es tajante en cuestionar el ser alemán. Para él el pueblo alemán es un pueblo medio en todos los sentidos. El alemán sintetiza el encuentro de lo más noble con lo más vulgar, digiere mal sus acontecimientos, ama la comodidad intelectual, es complaciente, y presenta tan solo una apariencia de profundidad y arrojo. Inclusive en su afán antigermano Nietzsche arremete contra Beethoven a favor de Mozart, quien era austriaco. Opina que leer libros en alemán es una tortura y que, para quien dispone de un tercer oído, los músicos alemanes ignoran la armonía y escriben mal. En el inicio de su crisis, al límite de su lucidez, a fines de 1888, en una carta al teólogo Franz Overbeck, declara su deseo de crear una liga europea antialemana.

Fuentes: Alonsofia / A Parte Rei / Clásicas y Modernas / Wikipedia / Web Archive / Nuevo Orden

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