Fuente: Fundacion Contra el Terrorismo / El Veraz

Ernesto Guevara de la Serna fue un sociópata argentino nacido en Rosario, fue más conocido como el “Che” o “el Chancho”, que en el argot latinoamericano significa cerdo, mote que le impusieron sus jóvenes amigos por su poca afición a la higiene personal. Proveniente de una familia pudiente de la clase media alta, comenzó estudios de medicina, pero nunca los concluyo por dedicarse según el “a correr mundo”.

En Perú conoce a la trotskista Hilda Gadea, mujer poco agraciada y mucho mayor que él, quien lo inicia en esa variante radical de la doctrina marxista y con quien procrea una hija. De Gadea luego diría: “Me declaró su amor en forma epistolar y en forma práctica. Yo estaba con bastante asma, si no tal vez la hubiese cogido… lástima que sea tan fea”.

Su afán aventurero lo lleva a Guatemala, donde se identifica con el gobierno pro-marxista de Jacobo Árbenz, de donde sale huyendo luego de la caída de este, producto de una rebelion nacionalista encabezada por el coronel Carlos Castillo Armas.

Llega asilado a México, donde se une al grupo terrorista “Movimiento 26 de Julio” liderado por Fidel Castro, con el que comienza a entrenar para un desembarco en Cuba. Su introvertida personalidad y sus prejuicios racistas contra los indios y negros no son bien mirados por los futuros expedicionarios, en su inmensa mayoría cubanos idealistas que soñaban con derrocar la dictadura impuesta por Fulgencio Batista.

El 2 de diciembre de 1956 el grupo expedicionario desembarca en la playa Las Coloradas, al sur de la provincia de Oriente, cerca de los enclaves montañosos de la Sierra Maestra. El desembarco fue todo un desastre, pero Castro y un pequeño grupo logran sobrevivir e internarse en los montes de espesa vegetación, donde más tarde se reagrupan.

Ya en la Sierra Maestra, el Che comienza a destacarse por su total sumisión a Fidel Castro y por sufrir constantes ataques de asma. Por su proximidad a Castro es ascendido a comandante, antes que otros rebeldes con más meritos. Constante intrigante en contra de revolucionarios de claras y definidas tendencias democráticas, Guevara se va ganando poco a poco la total confianza de Castro, quien más tarde lo utilizaría para sus solapados planes hegemónicos.

Meses más tarde, Castro designa a Guevara y Camilo Cienfuegos, para comandar la invasión hacia las provincias occidentales. Luego de librar pequeñas escaramuzas, Guevara negocia su paso por la provincia de Camagüey con jefes militares corruptos, entregándoles a estos fuertes sumas de dinero en efectivo.

Al triunfo de la Revolución, Guevara es designado para dirigir la Comisión Depuradora de La Cabaña, organismo encargado de juzgar a los responsables del régimen anterior. Destaca por su sangre fría e inmensa crueldad contra los políticos, policías y soldados del régimen vencido. Asesina personalmente, en su oficina, al teniente Castaño, Jefe del BRAC (Buro Represivo de Actividades Comunistas). La misma cruel actitud más tarde la emplearía contra sus antiguos compañeros de lucha, quienes no se someterían al giro comunista del proceso revolucionario. Sus cientos de atrocidades en aquella etapa están más que documentadas.

El hoy profesor en Puerto Rico, José Vilasuso, relata que en ese tiempo “era un abogado de origen humilde, recién graduado” que se integró a dicha comisión. Vilasuso afirma que una idea central resumía el pensamiento del Che: “No demoren los casos, noto mucha lentitud en los procesos, tenemos demasiados juicios pendientes”. Su mandato se cumplió, durante los meses de enero a julio de 1959 se fusiló de lunes a viernes, el promedio osciló entre uno y siete cada noche. En toda Cuba, el proceso costó unas 4.000 vidas. Sólo en La Cabaña, bajo la supervisión directa del Che, se aplicó la pena capital a no menos de 350 seres humanos.

Según datos de la época, el Che había mandando a romper el grueso muro de la oficina de La Cabaña, para así poder mirar desde su oficina los fusilamientos. Cuentan que invito a un escritor comunista rumano, al entrar a la oficina le dijo: “Te mostrare algo…”, en ese momento explotaban la cabeza de un hombre frente al pelotón de fusilamiento. El escritor rumano no podía creer lo que veían sus ojos, miró al Che y lo vio orgulloso, con su tabaco de lado y sonriendo. De regreso a su país, según cuentan, el escritor rumano deserto en una escala técnica en Austria

Posteriormente, y en pago a sus servicios criminales, Castro lo designa, nada menos como presidente del Banco Nacional de Cuba, donde irrespetuosamente firmaba con su vulgar seudónimo. Pocos años después, fue trasladado para dirigir, el Ministerio de Industrias.

Años más tarde, cumpliendo órdenes de Castro en su afán expansionista, trata de apuntalar un régimen de tendencia comunista en el Congo, pero malogrado su intento y a punto de caer prisionero, logra escapar y regresa derrotado a Cuba, donde es recibido de manera clandestina y con suma frialdad por parte del gobierno comunista debido a su fracaso en tierras africanas.

Para salvar el mito de “el guerrillero heroico”, la dictadura castrista lo pone al frente de una nueva campaña expansionista, pero esta vez en tierras latinoamericanas. Se monta un entramado publicitario al mejor estilo hollywoodense, con “carta de despedida” y todo, y lo envían al frente de un grupo de “problemáticos” oficiales castristas, a su postrera campaña en Bolivia.

En aquel país todo le fue mal desde el principio, los comunistas bolivianos le dieron la espalda, sus tácticas guerrilleras fueron un total desastre, sus antiguos métodos de sobornar militares no le funcionaron, el campesinado lo ignoró, Castro lo abandonó, Regis Debray lo delató y ya sin logística, con su grupo diezmado, cae herido gritando acobardado ¡no me maten, no me maten, soy el Che Guevara y valgo más vivo que muerto!

Finalmente, hecho prisionero fue trasladado a La Higuera, donde se le trató con respeto en todo momento, en claro contraste con su conducta en Cuba, donde antes de asesinar fríamente a sus adversarios los vejaba e insultaba. Horas más tarde el alto mando boliviano decidía sumariamente ejecutarle. Dicen que cuando el mayor de la CIA, Félix Rodríguez, le comunicó a Guevara la decisión gubernamental de aplicarle la pena capital, éste se puso pálido y vomitó. Minutos más tarde, entró el sargento Terán y se oyeron varias descargas. El que a hierro mató a hierro moría. Fue un 9 de Octubre de 1967, en que el mundo comenzó a respirar mucho mejor.

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