Fuente: Nuestra Señora de las Rosas / Católicos Alerta

“¿Estos, Padre, están planeando una revolución?” Esas fueron las palabras del Cardenal Ottaviani durante el debate sobre la Constitución de la Liturgia durante el Segundo Concilio Vaticano. Una revolución fue planeada mucho antes que el II Vaticano, pero la revolución alcanzó una masa crítica y luego explotó por toda la Iglesia bajo la apariencia del Concilio.

El Obispo Rudolph Graber, en su libro Athanasius y la Iglesia de Nuestro Tiempo nos dice, citando al masón Yves Marsaudon, que: “Es de notar que alrededor del año 1908, se modifica la estrategia: ‘El objetivo ya no es la destrucción de la Iglesia, sino que se busca utilizarla, penetrando en ella’. Con Juan XXIII se cree haber empezado: ‘De todo corazón deseamos la feliz culminación de la Revolución de Juan XXIII”.

Los Católicos no sólo tienen que estar preocupados por los masones en su medio, sino también por los comunistas. En 1953, la Sra. Bella Dodd dio a conocer un gran testimonio sobre la infiltración comunista en la Iglesia y el Estado ante el Comité de Actividades No-Americanas de la Casa de Representantes, y también proveyó explicaciones detalladas de la subversión comunista en la Iglesia.

Hablando como una antigua funcionaria de alto rango del Partido Comunista Americano, la Sra. Dodd dijo: “En los años de 1930s nosotros colocamos a mil cien hombres dentro del sacerdocio para poder destruir la Iglesia desde adentro.” Nueve años antes del Vaticano II dijo: “Ahora mismo ellos están en los lugares más altos dentro de la Iglesia”. Predijo cambios en la Iglesia que serían tan drásticos que “ustedes no reconocerán la Iglesia Católica.”

La doctora Alice von Hildebrand recordó, durante una entrevista con la revista Latin Mass (Misa Latina), que “Bella Dodd le dijo a mi marido y a mí que cuando fue miembro activo de partido [Comunista] había tratado con no menos de cuatro cardenales dentro del Vaticano quienes estaban ‘trabajando para nosotros’.”

También sabemos de la infiltración comunista dentro de la Iglesia Católica por las memorias de un agente comunista quien se infiltró dentro de la Iglesia Católica en 1938, fue al seminario, se convirtió en sacerdote y ejercía enorme poder. Participó en el Vaticano II y logró fomentar la adopción de documentos ambiguos en el Concilio, los cuales trazaron la base para futuros experimentos por parte de prelados y sacerdotes ingenuos. Él declaró: “‘El Espíritu del Concilio para mí se ha convertido en un triunfo magistral.”

El agente infiltrado murió en un hospital después de un accidente automovilístico, y la enfermera que lo atendió, Marie Carre, providencialmente descubrió sus memorias personales en su maletín. Después de leerlas decidió publicarlas para que el mundo conociera el porqué la Iglesia Católica ha estado pasando por cambios destructivos muy a pesar de sus fieles.

Este agente comunista escribe: “Para debilitar aún más la noción de la ‘Verdadera Presencia’ de Cristo, todo recato tendrá que ser eliminado. Ya no más vestimentas bordadas costosas, no más música llamada sagrada, especialmente los cantos Gregorianos, sino una música al estilo jazz, no más persignarse, no más genuflexiones (…) es más, los fieles tendrán que quitarse la costumbre de arrodillarse, y esto será completamente prohibido cuando reciban la Comunión (…) la Hostia será colocada en la mano para borrar toda noción de que es Sagrada.”

No se conoce la identidad verdadera de este agente excepto por el número de código ES-1025 dado por la Policía Secreta Rusa, significando Anti-Apóstol número 1025. Hubo muchos agentes antes que él. Algunos han alcanzado el rango de Arzobispo y Cardenal, muchos pudieron ser jefes de la curia y dentro de congregaciones religiosas, llegando incluso al pontificado.

Anuncios