Fuente: Rtve.es / Wikipedia

Mi nombre es Harvey Milk (2008) es una película presentada como la biografía cinematográfica y verdadera “basada en hechos reales” del concejal Harvey Milk, el primer “gay” no metido en un armario que fue elegido concejal de una ciudad de California. Resulta curioso que el marica más amado de Hollywood sea también judío.

Harvey Bernard Milk fue un activista homosexual, hijo menor de William y Minerva Karns Milk, judíos de Europa Oriental, y nieto de Morris Milk, un vendedor lituano, propietario de almacenes y que ayudó a organizar la primera sinagoga en el área. Milk se ha convertido icono y mártir de los sodomitas. Ya en 2002 se le consideró el funcionario abiertamente “gay” más famoso e influyente en los Estados Unidos.

La vida de Milk termino a manos del concejal opositor Dan White, quien luego de luchar contra la normalización del homosexualismo, renunció a su cargo debido a “la corrupción en la política de la ciudad”, Dan White, al verse apremiado económicamente, solicitó ser aceptado de nuevo como concejal, pero Milk y el alcalde George Moscone se opusieron, por lo que White en un arrebato de locura les disparó a ambos, Todo esto añade a la figura de Harvey Milk un matiz de santidad que impide ejercer la crítica so pena de ser considerado un agitador o un apóstol de la incorrección.

Sin embargo, en el libro Season of the Witch, escrito por el periodista David Talbot (progresista y nada sospechoso de odios derivados de las opciones sexuales), se revela la amistad y complicidad política del adorado Milk, que en San Francisco tiene categoría de intocable, con el perverso Jim Jones, fundador de la secta cristiano-comunista Templo del Pueblo. Jones obligó a sus seguidores a cometer un suicidio colectivo ritual con él en noviembre de 1978, pereciendo en total 913 individuos, incluyendo unos 270 niños, de los cuales la mayoría eran negros.

Hablar de la parte oscura de Milk no es delito en San Francisco, pero sí un pecado muy grave en una ciudad donde el “lobby gay” tiene un gran poder político y económico desde finales de los años setenta. Casi todos los detalles inadecuados de la vida del adorado concejal Harvey Milk, donde destacan la demagogia, la violencia, el clientelismo, y la invención de una falsa historia infantil de maltratos, han sido borrados de las historias oficiales y sólo pueden ser contrastados si se ahonda con intensidad.

En Season of the Witch Talbot revela cómo Jones y sus acólitos (más de 8.000) cometieron un fraude electoral en las elecciones locales de 1975, recorriendo los colegios electorales de los barrios más deprimidos de la ciudad, donde los censos tenían fallos y la fiscalización era nula, votando repetidas veces, gracias a lo cual Moscone fue elegido alcalde por un margen de solamente 400 votos. También añade que el “pastor” Jones, del que se sospechaban muchas maldades , tenía a Moscone atado de pies y manos porque le conseguía los servicios sexuales de muchachas negras menores de edad, la gran debilidad del alcalde.

Unos meses antes de morir, Milk escribió una carta al entonces presidente de los EE UU, Jimmy Carter. Le pedía que intercediera para que Jones, ya por entonces establecido con parte de sus fieles en Jonestown, en Guyana, siguiera cobrando las subvenciones que la Seguridad Social se negaba a transferirle al extranjero por los niños que adoptaba en masa con la única intención de rentabilizarlos. Ya por entonces, y desde los últimos tiempos de Jones en San Francisco, familiares de personas secuestradas por el Templo del Pueblo tramitaban demandas judiciales contra el pastor por maniobras económicas ilegales con el dinero de sus súbditos.

“El Reverendo Jones”, dice Milk en la carta al presidente, “es sobradamente conocido entre las minorías de aquí y de todas partes como un hombre del más elevado carácter que ha organizado soluciones constructivas que han sido de sorprendente eficacia para los problemas sociales”. El 18 de noviembre de 1978, Jones dió de beber o inyectó mosto mezclado con cianuro a todos los fieles de su “proyecto agrícola comunista”. Al menos a 70 personas que se negaron las mataron a tiros sus guardias pretorianos. Nueve días más tarde, un concejal que se sentía agraviado por Milk y Moscone los asesinó con cuatro y cinco balas de punta hueca.

La figura de Milk, al que pretendieron honrar rebautizando con su nombre el aeropuerto de San Francisco (felizmente la moción no fue aceptada por el ayuntamiento), es celosamente custodiada. Existen calles y plazas con su nombre. E incluso el presidente Barack Obama le concedió póstumamente, en 2009, la Medalla Presidencial de la Libertad, la más alta distinción civil de los EEUU. El mandatario dijo en el acto que Milk había sido un “agente del cambio”. Toda la documentación oficial sobre el Templo del Pueblo permanece clasificada bajo secreto pese a que ha sido solicitada oficialmente al Gobierno de los EE UU por investigadores, periodistas e historiadores.

Anuncios