Fuente: Rafapal / Oraciones y Plegarias / Tradición Digital / Akal

En el documental “Defamation”, del judío Yoav Shamir, se puede ver cómo a los jóvenes estudiantes israelíes les muestran vídeos sobre “el holocausto” antes de ir a Auschwitz. Muchos de ellos, al llegar al campo de concentración polaco y ver las muestras montadas con el explícito objetivo de causar lastima, terminan saliendo con la idea de vengar a su pueblo, asesinar alemanes y odiar a todo aquel que no comparta su cultura. Y así el rencor ha sido implantado en sus mentes.

El recuerdo de un supuesto holocausto es la base del pueblo judío, por eso los adoctrinan con él desde que nacen. El holocausto es el nuevo mito que mantiene unidos a los judíos y por eso se inventó. Así lo demuestra el profesor israelí Shlomo Sand en su libro “La invención del pueblo judío”, donde aclara que el origen étnico de los judíos no hunde sus orígenes en los tiempos bíblicos, sino, mayoritariamente entre otros, en el pueblo mestizo de los Jázaros quienes se convirtieron al judaísmo en el siglo VII. Afirmando que es recién en el siglo XIX cuando algunos pensadores reconstruyen un pueblo imaginado con la única finalidad política de modelar una futura nación que pueda evadir las leyes nacionales de los demás pueblos.

Los judíos son desconfiados porque desde pequeños les cuentan que el resto de la humanidad los odia, que trataron de exterminarlos durante la Segunda Guerra Mundial y que han sido expulsados de otros países porque no respetan su diferencia y les tienen envidia. Ese es el programa fundamental que tiene en la cabeza aquel que se llama a sí mismo judío. Para que cada judío conserve “sus privilegios” tiene que mantener una pureza en la sangre (matrimonios restringidos), en sus relaciones (con quién se juntan) y en sus costumbres. En otras palabras, tienen que conservar su singularidad.

Pero la actual cultura judía del odio es una “bola de nieve” que ha ido creciendo a lo largo de siglos, y que deriva directamente de su propia tradición religiosa. Ya en la época de Cristo el judaísmo oficial era una versión tergiversada de las enseñanzas de Moisés. Habían caído sus líderes en la corrupción y solo deseaban obtener mayor poder material. Con la llegada de Jesús de Nazaret se vieron acusados y desenmascarados, por lo que persiguieron y asesinaron al Mesías. Ese odio se extendió a los posteriores cristianos, y principalmente a los europeos que adoptaron la fe de aquel que los señalaba como pecadores.

Tertuliano, que a tantas ideas certeras supo dar una formulación sugerente, dice: “En cuanto la Verdad entró en el mundo, con su sola presencia levantó el odio y la hostilidad”. No es cierto que al principio los romanos creyeron que los cristianos eran una secta judía, sino que acudieron a los judíos en busca de informaciones, y éstas difícilmente podían dejar de ser hostiles. Los judíos se transformaron en hostigadores del odio hacia los cristianos, como en la persecución desencadenada en Esmirna en el año 156. Seguramente Tertuliano tiene en la mente sucesos muy concretos, cuando dice que las sinagogas son semilleros de persecuciones.

Luego de saber lo que piensan de Cristo los judíos y el desprecio que sienten por él podemos entender porque no ahorran ninguna abominación en sus escritos y discursos para describir a los seguidores del Hijo de Dios. Un resumen de sus abundantes sentencias podría ser el siguiente. Dicen que somos idólatras, la peor clase de gente, criminales, fornicadores, animales impuros, mugrientos indignos de llamarnos hombres, bestias con forma humana, dignos del nombre de bestias, vacas, asnos, cerdos, perros, peor que los perros, de origen diabólico, con almas que provienen del demonio y que vuelven al infierno después de la muerte y que aún el cuerpo de un cristiano muerto en nada se diferencia de un animal.

Puesto que para los judíos los cristianos son idólatras, todos sus ritos y cultos también lo son. En el Talmud los sacerdotes católicos son denominados sacerdotes de Baal y adivinos; a las iglesias cristianas las llaman casas de vanidad, aunque habría que traducirlo mejor como burdeles o prostíbulos. Los libros cristianos son descritos como libros de perdición. Las oraciones cristianas se nombran como “necedad”. A la festividad cristiana del Domingo la llaman día de destrucción, infortunio y calamidad.

De lo visto hasta ahora se desprende que, de acuerdo a sus enseñanzas, todo judío que se precie debe cumplir con los preceptos que le fueron dados por sus rabinos respecto a los idólatras, es decir, con respecto a nosotros los no-judíos. El Talmud les exige evitar a los seguidores de Cristo y hacer todo lo que puedan para exterminarlos. De ahí que el supuesto holocausto sea un aliciente más para atizar su odio contra occidente con la única finalidad de preservar una cultura que fue creada por psicópatas, y cuyos esfuerzos no pararán hasta que sientan que son los dueños del mundo y nos puedan ver a los demás como sus esclavos.

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