Fuente: Trinity a Tierra / Wikipedia

Kurt Lewin, fue un judío-alemán que se convirtió en el director del Instituto Tavistock en 1932. Antes había trabajado junto a otros judíos en la formación de la Escuela de Frankfurt la cual se creó debido al fracaso marxista en la primera guerra mundial. El pueblo judío, al verse incapacitado para tomar el control directo de los demás países europeos, como lo hizo con el bolchevismo en Rusia, intentó desarrollar métodos psicológicos de control mental para manipular la voluntad de sus víctimas. Se instalaron en la ciudad alemana de Frankfurt, pero escaparon hacia otros países tras la llegada al poder de Adolf Hitler, quien reveló sus verdaderos planes.

El Instituto Tavistock fue en sus inicios una clínica destinada al tratamiento de soldados con traumas psiquiátricos generados por su participación en la guerra, sin embargo los miembros del Tavistock pronto se vieron influenciados por la propaganda judía que presentaba a la Escuela de Frankfurt como la más avanzada en estudios psicológicos. Los miembros de ambos centros entablaron relaciones de cooperación y amistad, motivo por el cual Kurt Lewin logra ejercer un fuerte control sobre las actividades del Tavistock. Debido al interés judío por derrocar a Hitler, Lewin llega en 1933 a los Estados Unidos como “refugiado” con el objetivo de montar la Clínica Psicológica de Harvard, creadora de las campañas de propaganda destinadas a cambiar la opinión pública Norteamericana contra Alemania para así involucrar en la Segunda Guerra Mundial, contra su voluntad, a los ciudadanos estadounidenses.

En 1938 Roosevelt ejecutó un acuerdo secreto con Churchill que en efecto cedía la soberanía de Estados Unidos a Inglaterra para aplicar a gran escala las políticas de control mental diseñadas por el Tavistock. Para poner en práctica este acuerdo Roosevelt envió al General Donovan a Londres para ser adoctrinado, siguiendo las directrices establecidas por el instituto, antes de montar en 1941 la Oficina de Servicios Estratégicos, la cual sería conocida a partir de 1947 como la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de Norteamérica o “CIA”.

El Instituto Tavistock originó las incursiones de bombardeos masivos a civiles, llevados a cabo por Roosevelt y Churchill en territorio Alemán, simplemente como experimento clínico de terror de masas, guardando los registros de los resultados a la par que observaban a los “conejillos de Indias” reaccionar bajo condiciones controladas. Acabada la Segunda Guerra Mundial, en 1946, la clínica Tavistock se transforma en el Instituto Tavistock de Relaciones Humanas gracias a un generoso aporte de la criptojudía Fundación Rockefeller. Desarrollan entonces técnicas específicas de lavado cerebral masivo para aplicarlas de forma experimental en los prisioneros de la Guerra de Corea.

El plan de adoctrinamiento social con el objetivo de lograr una sociedad sumisa fue ya abiertamente aplicado mediante la creación de la contracultura de los años cincuenta y sesenta. Los investigadores del Tavistock notaron que mediante el uso de la radio y la televisión se podría hacer llegar un flujo constante de propaganda que enalteciera la rebeldía como valor fundamental. La familia y el entorno racial y cultural han sido siempre la fuente de seguridad lógica, coherente y racional para todo individuo, ya que son nuestros seres más cercanos quienes nos cuidan desde la concepción, durante la infancia y hasta la más avanzada edad. Para romper estos lazos y depositar la confianza de la gente en “nuevos valores” se deben imponer modas, tendencias y líderes de masas que en realidad estén bajo el control de la mafia que desee gobernar.

Cualquier técnica es utilizada actualmente por los científicos del Tavistock como arma de control masivo siempre que ayude a romper la unidad familiar y los principios fundamentales relacionados a la raza, la religión, el honor, el patriotismo y el comportamiento sexual, transmitidos desde los inicios de la humanidad. Géneros musicales, equipos de fútbol o partidos políticos, todos con sus correspondientes vestimentas, emblemas y estilos de vida, son en realidad instrumentos para enajenar al ser humano y dejarlo completamente aislado, de modo tal que, al verse solo y en busca de seguridad, se vea obligado a colocar su fe y confianza en modelos creados a medida por quienes desean controlarlo.

Sus principales tácticas han sido siempre la promoción del feminismo, que crea una falsa lucha entre hombre y mujer y aleja a la mujer del hogar y del cuidado de sus hijos al obligarla a trabajar fuera de casa; el aborto, que destruye la vida no solo de un niño inocente sino de toda una futura familia que debería crearse a su alrededor, el divorcio que destruye a familias ya constituidas, y el homosexualismo que genera relaciones disfuncionales que perjudican a quienes las practican. Todo con el objetivo de descalificar a la familia en la mente de las personas para así poderla sustituir con diversos modelos de relación creados a medida de los manipuladores, de modo tal que la víctima establezca nuevos rituales de interacción personal.

Al día de hoy el Instituto Tavistock ha desarrollado tal poder en Estados Unidos, y en el mundo entero, que no existe sociedad que no haya sido avasallada por sus técnicas de distracción social. Actualmente es más importante defender gustos y tendencias supuestamente individuales y absurdamente superficiales, antes que luchar contra los plutócratas internacionales que nos obligan a trabajar por ellos para mantener sus ostentosos vicios. Nos han hecho olvidar por completo todo lo necesario para lograr nuestro desarrollo humano, personal y espiritual, manteniéndonos así en una constante insatisfacción que pretendemos paliar mediante la diversión, el consumo e incluso el abuso contra los demás y contra nosotros mismos, ya que las emociones fuertes, por más efímeras que sean, nos generan un fugaz sucedáneo de aquella felicidad que solo se puede encontrar dentro de una verdadera familia unida por profundos vínculos raciales y culturales.

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