Fuente: Monografias.com (primera parte) / Monografias.com (segunda parte) / Mundanesca / Tradition in Action / Historia NR

Actualmente el honor está considerado como un derecho, como si todos los seres humanos, sin importar sus actos, fuesen realmente honorables. Sin embargo el diccionario de la Real Academia Española define el honor como “la buena reputación y buena opinión y fama adquirida por la virtud y el mérito”. Muchos autores de diferentes épocas han definido la honra. Tácito decía que en un espíritu corrompido no cabe honor. Publio Siro expresaba que el que ha perdido el honor ya no puede perder más.

En la Edad Media el concepto del honor se ponía a prueba diariamente. El espíritu caballeresco medieval expresaba fidelidad al deber y a la honra. Por doquier y en todos los niveles de la sociedad se hablaba de salvar la honra. Entre otras muchas órdenes, la institución de la caballería estaba formada por nobles caballeros, hombres buenos y vecinos honrados que mantenían a su cargo caballo y armadura para acudir en socorro del concejo o del rey y exterminar a los grupos de ladrones y forajidos que asaltaban en los caminos y tenían atemorizada a la población.

Los caballeros debían ser reconocidos por sus actos de heroísmo, eran honrados por reyes, príncipes y barones como merecida recompensa por sus buenos actos. Las gestas heroicas realizadas por los caballeros eran ofrecidas a Dios porque sin él no hubiesen podido logarlo, eso sin olvidar ser siempre humildes, los caballeros no podían jactarse de los propios logros, debían dejar que eso lo hagan los demás.

El caballero tenía la labor de dar ejemplo ante la sociedad de la época. Otra de sus labores principales era cumplir y defender la fe católica por encima de todo. Los motivaba pues el servir a Dios, al Rey, a la iglesia y al pueblo.

Dado que el honor es el continuo sacrificio de los bajos instintos humanos ante los más altos sentimientos, solo la Cristiandad podría hacerlo un hábito personal, una forma de ser. Solo una sociedad fiel al Cristianismo podría imponerlo como idea general. La insistencia en la edad media de predicar sobre el honor y mostrar sus aspectos tanto sublimes como prácticos, en venerarlo y admirarlo y en sacrificar todo por él, hizo del honor un nuevo instinto.

Dicho instinto elevó al pequeño y lo hizo grande, y del grande hizo un héroe. La fidelidad medieval era la fidelidad transformada en diario y natural heroísmo. Era una fidelidad dócil al más difícil compromiso. Era una fidelidad al juramento enfrentándolo todo, incluso lo más abyecto y despreciable que pudiese sucederle a un hombre atado a su deber.

Una etapa de mayor significado en esa vía la representa la creación de la Schutzstaffel (SS) en la Alemania Nacional Socialista. Sus miembros mantenían indivisible la fusión de los conceptos de honor y fidelidad. Sobre el puñal de servicio de las SS se hallaba grabado el lema: “Mi honor se llama fidelidad”. A sus miembros se les inculcaba que en este mundo se podrían perdonar muchas cosas pero jamás la deslealtad, pues la lealtad emana del corazón.

La inteligencia puede incurrir en errores que pueden ser nocivos pero no incorregibles. El corazón, en cambio, latirá siempre con el mismo pulso. Lealtad significó para el SS la lealtad al Führer, a la sangre, al pueblo y a la familia, al camarada y a las leyes inmutables de la moral, la decencia y la caballerosidad.

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