Fuente: Gnostic Liberation Front / Wikipedia (Leo Frank) / Wikipedia (B’nai B’rith) / The Website of Carlos Whitlock Porter / The 1913 Leo Frank Case and Trial Research Library / Songfacts

El viernes 13 de octubre de 1843 se reúnen 12 judíos de origen alemán en la ciudad de Nueva York. Fundan entonces una fraternidad, basada en la estructura y funcionamiento de las organizaciones masónicas, destinada a promover el estudio del esoterismo judaico de la cábala, y con la finalidad de crear lazos entre los practicantes de la religión hebrea en la zona oriental de los Estados Unidos de Norteamérica.

Se llamaron a sí mismos los “Hijos de la Alianza” (B’nai B’rith en hebreo) y por más de medio siglo no pasaron de ser un grupo aislado que de modo solitario ejercía presión a favor de los intereses del “pueblo” de Israel. Sin embargo esto cambió a partir de 1913, cuando el pedófilo judío Leo Max Frank violó, torturó y asesinó a la pequeña Mary Phagan de tan solo 13 años.

Tras la brutal muerte de la niña todas las evidencias indicaron como culpable a Leo Frank, quien por entonces y hasta su muerte (incluido el tiempo que pasó en prisión), se desempeñó como presidente de la B’nai B’rith para el estado de Georgia. La mafia judía se organizó para defender sus intereses, pero a pesar de las presiones el culpable fue sentenciado a pagar con su vida el terrible mal que había provocado.

Sin embargo, repentinamente fue cambiada su pena por una más benévola. La gente del pueblo, indignada y horrorizada por el inexplicable giro en el caso de Mary Phagan, decidió aplicar la justicia con sus propias manos, siendo así que el 17 de agosto de 1915, en grupos bien organizados, los autodenominados “Caballeros de Mary Phagan” ingresan al local donde estaba detenido el judío, lo secuestran y posteriormente lo linchan en público, colgando luego su cuerpo de las ramas de un árbol para que sea visto por la multitud.

La B’nai B’rith fundó la “Liga Antidifamación” (ADL en inglés) en octubre de 1913 para defender a los judíos como respuesta a supuestos ataques contra su tribu en Norteamérica. Y como ellos mismo lo afirman, estuvieron motivados de forma particular por el explícito objetivo de defender al criminal Leo Frank. El objetivo era presentarlo como víctima de una imaginaria persecución contra los israelitas apoyándose en su condición de judío. Las implicancias de este caso se pueden sentir hasta nuestros días.

La Liga Antidifamación, ADL, es una institución que abiertamente promueve y apoya los intereses del estado sionista de Israel en los Estados Unidos. Con un simple vistazo a las noticias se puede notar cómo es que la ADL sigue ganando influencia e incluso es seleccionada por muchos departamentos de policía para entrenar y adoctrinar a sus miembros sobre temas de “anti-semitismo” y “crímenes de odio”. Es por ello que resulta de vital importancia proyectar un poco de luz sobre los oscuros orígenes de esa institución. La liga Antidifamación se halla oficialmente dedicada a la memoria del vicioso y sanguinario violador, asesino, y pedófilo judío llamado Leo Frank.

La lamentable pérdida de Mary Phagan también reavivó el interés del pueblo norteamericano por defender sus tradiciones y su cultura frente a la silenciosa invasión que sufrían por parte de grupos foráneos de negros, judíos y asiáticos que solo aportaban caos, delincuencia, suciedad y una serie de hábitos y rituales propios a sus etnias primitivas. Es por ello que en noviembre de 1915 William Joseph Simmons re-funda el entonces extinto Ku Klux Klan, en defensa de los altos valores morales y sociales de la raza blanca, inspirado en gran parte por la reacción de la gente frente a la amenaza sionista simbolizada por Leo Max Frank.

Muchos han sido los intentos de la comunidad judía para justificar, encubrir y blanquear el nombre del asesino de la pequeña Mary Phagan, así que vayamos por partes y analicemos como es que realmente sucedieron los hechos. Leo Max Frank nació en Cuero, Texas, el 17 de abril de 1884. Desde muy niño vivió en la ciudad de Nueva York rodeado por la comunidad judía. Estudió en la escuela pública y luego en la universidad, donde se graduó como ingeniero. En octubre de 1907 es invitado a dirigir una fábrica de lápices en Atlanta donde su tío era uno de los principales accionistas.

Mary Phagan nació el 1 de junio de 1899 en Alabama, su padre murió cuando ella era aun muy pequeña, por lo que su familia se mudó al estado de Georgia para conseguir mejores oportunidades de trabajo. Mary Phagan abandonó la escuela a la edad de 10 años para comenzar a trabajar como obrera en distintas fábricas de la zona. En la primavera de 1912 consigue un empleo en la fábrica de lápices de Leo Frank, colocando borradores de goma. El 21 de abril de 1913 Mary es despedida porque la fábrica sufría una escases en sus insumos.

El 26 de abril Mary Phagan regresa a la fábrica para solicitar el dinero que se le debía. Aquel día se celebraba la memoria de los caídos por los Estados Confederados, Mary sabía que la fábrica podría estar cerrada, pero necesitaba el dinero. Al llegar la oficina de Leo Frank se hallaba abierta, allí la recibió y le entregó su paga. Luego la llevo al sótano donde la golpeo, la violó, la estranguló y la apuñaló. Incluso se ha llegado a especular sobre un posible asesinato ritual, muy común entre los cabalistas judíos.

Su cuerpo fue luego arrastrado por el suelo del sótano y resultó prácticamente irreconocible cuando fue encontrado. Toda la prensa nacional informó sobre el tema y se convirtió en la principal historia de los periódicos en aquellos días.

Al principìo Frank no fue acusado directamente debido a su prominente posición social, aunque la gente de la localidad supo inmediatamente y sin lugar a dudas que el judío fue el único culpable del crimen. Todos conocían sobre la actitud de Leo Frank con las muchachas que trabajaban en su fábrica, era bastante evidente, debido a los diferentes testimonios de la época, que el asesino judío acosaba a sus empleadas hasta el punto de hacerles la vida insufrible, e incluso se llegó a especular sobre su gusto no solo por mujeres sino por jóvenes varones a los que también perturbaba con sus insinuaciones.

Se sabe que recién llegado a Georgia se casó con una rica pero poco agraciada judía de la zona llamada Lucille Selig. Su relación matrimonial, arreglada por conveniencia, nunca fue agradable, y sus constantes discusiones y peleas eran por todos conocidas. La esposa de Leo Frank no lo visitó en la prisión sino hasta pasadas dos semanas luego de ser arrestado.

Lucille Selig expresamente pidió que tras su muerte su cadáver fuese quemado y que de ningún modo sea sepultado al lado del que fuera su esposo. Lucille falleció en 1957 y sus cenizas fueron depositadas junto a las tumbas de sus padres, en el cementerio de Oakland, en tanto que los restos de Leo Frank yacen muy lejos de allí, en el Mount Carmel Cemetery de Nueva York.

Desde un principio se pretendió desviar la atención de los medios y de la población hacia la posible culpabilidad de otros personajes cercanos también a Mary Phagan. Se nombró primero a un muchacho que aparentemente estaba intentando cortejar a la joven, y se le acuso de invitarla a tomar alcohol. También fue arrestado un negro que laboraba como vigilante nocturno en la fábrica de lápices. Ambos hombres demostraron su inocencia sin problemas. Se buscaron entonces más sospechosos, la mayoría de ellos negros, para así contrarrestar la animadversión que la gente sentía hacia Leo Frank.

Al parecer los abogados judíos pensaban que podrían explotar la imagen delincuencial de los afro-descendientes a favor de su defendido. Los negros eran vistos por todos como más propensos a la criminalidad, pero en este caso particular los antecedentes del director de la fábrica eran demasiado evidentes.

Resulta intrigante, por decir lo menos, como es que Leo Frank se involucró a sí mismo en la investigación, contratando detectives privados que supuestamente ayudarían a la policía. En realidad estos agentes comenzaron a plantar evidencias falsas en la escena del crimen, siendo las más conocidas un par de notas que supuestamente fueron escritas por Mary Phagan luego del ataque, poco antes de su deceso, en las que acusaba a un “negro alto” y exculpaba a “otro negro” de haberla agredido y ultrajado.

Sin embargo las notas no mostraban ningún tipo de mancha propia a un ataque tan sanguinario, la letra no era similar a la de Mary y el texto narrado no coincidía con la realidad y era completamente incoherente, entre otros muchos disparates se hablaba sobre un “negro que me empujo por aquel agujero”, pero ni en el sótano ni en ninguna otra parte del edificio había un agujero por donde empujar a la niña.

El juicio fue llevado con suma rigurosidad con el fin de evitar conflictos con la poderosa comunidad judía, por lo que incluso se cambió al jurado para que se incluyera a cuatro judíos de Atlanta, todo con el fin de eliminar cualquier tipo de prejuicio basado en las cargas étnicas y religiosas del acusado. La evidencia resultó abrumadora, Frank fue condenado y sentenciado a muerte.

Los investigadores privados pagados por la comunidad judía de Atlanta presentaron a otro sospechoso, otra vez un negro, pero no se pudo demostrar nada nuevo. Es así que, debidamente condenado, Frank es recluido en espera de su ejecución. Los esfuerzos de la comunidad judía continuaron con apelaciones que llegaron incluso a la Corte Suprema de los Estados Unidos, pero nada se logró y el destino del asesino parecía estar sellado.

Contra todo pronóstico, en agosto de 1915 el caso dio un desagradable giro. El saliente gobernador de Georgia, John Slaton, quien al mismo tiempo era también miembro del grupo de abogados que defendían a Frank, asombró a todos al conmutar la pena de muerte por la de cadena perpetua. La gente vio esto como una maniobra del judío para ganar tiempo, sabían que si no era ejecutado como estaba previsto, era más que evidente que podría terminar siendo liberado y sin pagar por su horrendo crimen.

La multitud se encolerizó y tomó las calles. Los Caballeros de Mary Phagan, liderados por los ciudadanos más respetados de la zona, marcharon ordenadamente hacia la prisión, y con la ayuda de los guardias tomaron a Leo Frank, lo llevaron a un lugar determinado con antelación y lo colgaron de un árbol. Un grupo separado se ubicó ante la mansión del gobernador Slaton para protestar por su inexplicable decisión y luego se dispersó.

Asi concluyeron los terribles sucesos que rodearon la muerte de Mary, pero en 1985 se reavivó le debate. Alonzo Mann, quien fuese un joven secretario de la factoría en la época en que se produjo el crimen contra Mary Phagan, apareció en los medios afirmando que logró ver a Jim Conley, el conserje del edificio, moviendo el cuerpo de la infortunada víctima. Sin embargo, sobre Jim Conley ya se había hablado bastante tras la muerte de la pequeña empleada.

El compositor y violinista de música popular Fiddlin’ John Carson ya había escrito en 1915 la “Balada de Mary Phagan”, donde relata los sucesos acecidos en la fábrica de lápices el 26 de abril de 1913, e incluso menciona con nombre y apellido al conserje Jim Conley como el hombre que ayudó a Leo Frank a mover el cuerpo ya sin vida de la joven asesinada. El mismo Fiddlin’ John Carson compuso luego un tema en el que acusaba al gobernador John Slaton de haber recibido dinero judío para condonar la pena del criminal Leo Frank, quien llegó a confesar su culpabilidad hasta en por lo menos cuatro ocasiones.

En 1986, y bajo fuertes presiones, el estado de Georgia concede el perdón a Leo Frank. Destaca sin embargo que no se acepta su inocencia como razón para dicha indulgencia. Sino que el estado de Georgia solo se limita a reconocer su responsabilidad por no haber garantizado la adecuada protección del acusado. El mentado perdón de 1986 fue coronado por una seguidilla de miniseries, películas, documentales e incluso un musical de Broadway, donde se retrata al infame y mentalmente enfermo asesino de la pequeña Mary Phagan como mártir del antisemitismo contra el prejuicio y la discriminación.

Pero si Frank era inocente. ¿Por qué el verdadero asesino nunca fue encontrado? ¿Por qué ni la policía ni los abogados lograron acusar o detener a nadie más, con pruebas suficientes? Más aún, ni la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, fundada y dirigida por masones, que defendió a Leo Frank, ni los detectives privados contratados por la comunidad judía de Atlanta, lograron encontrar algún otro sospechoso, y esto a pesar de que debieron estar muy bien motivados por la buena cantidad de dinero que ingresó a sus bolsillos.

En 1987, con motivo del vergonzoso perdón otorgado por Georgia al delincuente semita, una descendiente de los familiares de Mary Phagan, llamada también Mary Phagan, publica el libro titulado “El Asesinato de la Pequeña Mary Phagan”. Tras una exhaustiva investigación la autora del libro, quien comienza sus indagaciones sobre el linchamiento de Leo Frank sin conceptos preconcebidos, tras una ardua búsqueda de datos, documentos e informes relativos a este caso, termina llegando a una terrible conclusión. Lo dice claramente: “Pienso que no se ha dicho la verdad sobre Leo Frank. Él no es un mártir, es un asesino”.

Jamás se pudo poner en duda la culpabilidad de Frank en este horrendo y despreciable crimen perpetrado contra una bella e inocente niña cristiana de raza blanca. Pero cuando la corrección política es más importante que el sentido común, la verdad es la primera en sucumbir. Si estos son los valores que defienden los judíos, no tenemos más solución que luchar contra ellos y contra sus farisaicas falsedades e hipocresías, por el honor y por la dignidad de nuestra gente.

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