Fuente: Cardenal José María Caro Rodríguez, El misterio de la masonería (1924) / Achibald Maule Ramsay, The nameless war (1952) / Shlomo Sand, The Invention of the Jewish People (2009) / Harun Yahya, El Enga–ño Del Evolucionismo (2001) / El antigermanismo de Nietzsche / El plagiario judío Albert Einstein / The Beast As Saint: The Truth About Martin Luther King Jr. / Wikipedia (Voltaire) / Wikipedia (Poppaea Sabina)

Resulta curioso, por decir lo menos, que a partir de la derrota de Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial, el mundo se judaizó, se hizo cada vez más kosher. Y nuestra cultura occidental se transformó en un medio ambiente más adecuado para que el judío pueda habitarlo. Nuestros antiguos valores forjados en la vieja Europa durante miles de años fueron descartados para favorecer el estilo de vida parasitario del judío. En fin, a partir de una sana sociedad basada en el honor, la belleza, el amor y la dignidad, se creó el caldo de cultivo para que el virus de la delincuencia, la estafa, el chantaje, la vulgaridad y el vicio se transformen en los pilares de la sociedad moderna.

Durante la época de Jesucristo el judaísmo como lo conocemos hoy no existía, lo que si existían eran distintos grupos que interpretaban las enseñanzas de Moisés y sus demás profetas cada cual a su modo y como mejor le haya convenido. Se sabe que en Galilea, de donde provenían Jesús y todos sus discípulos, excepto Judas Iscariote, el idioma hablado no era hebreo sino arameo y griego, y su religión, si bien se basaba en parte en la ley mosaica, y aceptaba como válidas algunas de las profecías, no llegaba a ser tan dogmática ni estricta como la de sus vecinos del sur, es decir los israelitas. Incluso se hallaban separados geográficamente por el pueblo de Samaria, más apegado a sus propios cultos e influenciados por romanos y egipcios que por el hebraísmo de origen asirio y babilonio.

Fue después de la muerte de Cristo que el judaísmo de nuestros días comenzó a tomar forma. Entre toda la mezcolanza de credos que decían basar sus doctrinas en las palabras de su venerado Moises, sobresalía un grupo por su crueldad y falta de escrúpulos al momento de tergiversar todo lo sano que pudiese tener una religión, para adecuarlo a su propio beneficio. Ese grupo comenzó a tomar poder con la llegada del Imperio Romano a Jerusalén, se hacían llamar “fariseos” y se presentaban a sí mismos como los más celosos guardianes de todos los preceptos de la ley de Dios.

En realidad los fariseos fueron un grupo mafioso que, gracias a su ventajosa situación sobre los israelitas que los seguían, comenzó a aprovechar la obediencia de sus fieles para obtener ventajas materiales. Exigían tributos en alimentos y monedas, no permitían el ingreso al templo de ofrendas que no fuesen consagradas por ellos mismos, y esa consagración o purificación tenía su propio costo adicional. Se aprovechaban de adultos, ancianos e incluso niños que debían servir a sus autoridades religiosas cuando a sus líderes les pareciera “justo”. Y lo que más aborrecían era que alguien amenace su poder. Razón por la cual apresaron a Jesús, quien denunciaba constantemente sus abusos, y presionaron a las autoridades romanas, amenazando con generar una revuelta de consecuencias trágicas, para que el Mesías fuese crucificado.

Se podría decir que estas son simples exageraciones, pero fueron los mismos fariseos quienes plasmaron toda su doctrina de avaricia y corrupción en el libro llamado Talmud. Este texto, que para ellos es aun más sagrado que la propia enseñanza de Moisés y los profetas, está plagado de citas que promueven la pedofilia, el incesto, el divorcio y el aborto. Los hijos no son importantes y no merecen el más mínimo respeto, a menos que sean vistos como futuros servidores incondicionales de sus rabinos. Además, según el Talmud, todo judío se halla obligado a realizar sus actividades siempre con objetos consagrados por el sanedrín (consejo de rabinos), esto dado el beneficio económico que ello aportaba a los miembros de dicho consejo.

Resulta evidente que estas “normas” de carácter enfermizo y amoral fueron creadas por mentes degeneradas interesadas solo en su propio placer material, ya que de espiritual no tienen nada. Lo triste de esta situación es que los susodichos “fariseos” arrastraron consigo a todo un pueblo de seguidores que hasta nuestros días siguen llevando el yugo de sus perversas doctrinas a sus espaldas. El odio que estos fariseos profesaban a los extranjeros fue increíble, se negaban a considerarlos humanos, decían que el no-judío era tan solo un animal al servicio del judío y que por mandato de Dios solo los judíos poseían un alma, los demás eran peor que bestias.

La envidia atizaba su odio hacia las demás naciones cuando veían que eran los romanos y no ellos los que dominaban el mundo en aquella época. Lamentablemente los romanos, envueltos en sus propios problemas y totalmente desatentos a las conspiraciones, dejaron que el judaísmo, junto a otros cientos de cultos, proliferase sin mayor problema en su imperio. Los romanos eran hombres de acción y solo estaban listos para reprimir una revuelta violenta de carácter militar, jamás se dieron el tiempo necesario para indagar sobre los entretelones de las intrigas, conjuras y maquinaciones que se daban dentro de sus propios palacios. Muchas persecuciones contra los cristianos durante el imperio romano fueron incitadas por fariseos (conocidos por los romanos bajo el nombre genérico de “judíos”) infiltrados en las cortes.

El historiador judío Joseph ben Matityahu, más conocido como Flavio Josefo, afirma sin ninguna vergüenza que Popea Sabina, la mujer y amante de Nerón, fue una fanática judía y devota practicante del culto hebreo. Según Josefo, Popea defendió y abogó siempre por los intereses de los israelitas ante el líder romano. Es sabido que fue Popea quien incitó a Nerón hasta convertirlo en un implacable perseguidor de los cristianos. Se ha llegado a especular que, a mediados del año 64 después de Cristo, el emperador provocó intencionalmente un dantesco incendio que destruyó gran parte de la ciudad de Roma con el explícito fin de culpar de la catástrofe a los seguidores de Jesús, para así facilitar su persecución, tortura y asesinato; todo bajo la influencia de la que ya entonces era su esposa, la judía Popea Sabina, con quien se había casado dos años antes.

Los fariseos lograron también eliminar la competencia dentro de su propia tierra, y aplicando estrategias de persecución, asesinato y extorción se transformaron en la única religión judía vigente. Sin embargo, el judaísmo sufrió un declive luego de la caída del Imperio Romano de Occidente, sus adeptos no fueron ya tan poderosos pero siguieron deambulando por Europa con cierto temor. Si bien habían logrado infiltrarse dentro del naciente cristianismo (influyendo para que la nueva fe acepte los escritos judaicos de la biblia) el sentimiento general y muy acertado entre los europeos era que fueron esos mismos judíos los que mataron a Cristo, por lo que se les consideraba deicidas o asesinos de Dios. Otro factor del declive del judaísmo en la Edad Media fue la conversión de miles de antiguos judíos al Islam, en especial en la región que vio nacer estos cultos, es decir en oriente medio y en particular en Jerusalén.

Muchos judíos, sin embargo, llegaron a España junto a las hordas musulmanas, también infiltradas por conspiradores hebreos que fungían con frecuencia de banqueros y asesores de los invasores islamistas. Se hicieron llamar sefardíes (ya que Sefarad significa España en su idioma). Otro dato importante es que el reino de los Jázaros, formado a partir del siglo VI después de Cristo, adoptó el judaísmo como propio y lo declaró religión oficial de su imperio a modo de consolidar en una sola fe a las distintas etnias, cada una con sus propios cultos, que formaban esta gran nación. Esto como respuesta al creciente auge del islam y su expansionismo religioso de trasfondo belicoso. Los Jázaros se asentaron en lo que hoy es la República de Kazajistán, y su población hasta hoy es una mezcla racial entre árabes, europeos y asiáticos orientales. Lamentablemente la elección sobre la nueva religión oficial no fue la más sabia y pronto la naturaleza perversa del judaísmo destruyo al reino Jázaro desde su interior.

Al desaparecer el imperio de los Jázaros, los nuevos judíos, que aun creían en las barbaridades que profesaba el Talmud, decidieron emigrar hacia tierras más prosperas, y vieron que podrían aprovecharse mejor de los amables cristianos europeos antes que de los duros musulmanes (las tierras de budistas, hinduistas o africanos se hallaban muy lejos o eran poco prósperas). Es así que tanto desde España en occidente, como desde Kazajistán en el oriente, los judíos ingresan lentamente en Europa llevando consigo la doctrina de odio que crearon los fariseos cuyo objetivo era, y sigue siendo, sojuzgar a hombres y mujeres en todo el mundo.

El judío es caracterizado por sus habilidades comerciales, dicen que es un buen vendedor, y que puede sacar dinero hasta de las piedras. Y es cierto que casi todos los pueblos no europeos, debido tal vez a sus intereses más carnales que morales, tienden a ser exitosos comerciantes. Los judíos han desarrollado a lo largo de cientos de años una gran habilidad para utilizar el lenguaje de manera convincente. Pueden ofrecer productos completamente inútiles y hacerlos ver como si fueran sumamente importantes, milagrosos o trascendentes, cuando en realidad no venden nada más que simple chatarra. Son excelentes charlatanes y para persuadir a sus inocentes víctimas son capaces de tergiversar la sana lógica hasta niveles insospechados. Ejemplo máximo de sus nefastas habilidades es el mencionado libro del Talmud, donde justifican las más terribles aberraciones con un lenguaje lleno de sofismas y falacias que resultan imperceptibles al ojo poco entrenado.

Gracias a sus diabólicas habilidades los judíos lograron embaucar a campesinos, reyes, guerreros y cortesanos a lo largo y ancho de todo el contiene europeo. Se hicieron con ingentes fortunas e incluso tomaron el control de grandes reinos al infiltrarse en las casa reales, contrayendo nupcias con los miembros de la nobleza, haciéndose pasar por cristianos mientras se mantenían fieles a sus rabinos, e instalando, poco a poco, a los suyos en el lugar de los antiguos soberanos de sangre puramente europea. Les tomó siglos lograrlo. Y no estuvieron libres de disputas internas. Aun hoy en día se notan sus desacuerdos en muchos puntos. Pero lo que los ha mantenido cohesionados es la creencia común entre ellos de que son el “pueblo elegido” y como tal deben hacerse con el control total de todo.

La mayor parte del “pueblo” judío es solo carne de cañón para los que lograron ser más astutos entre ellos y ganar mayor poder que sus “hermanos”. Los judíos de bajo rango son tontos útiles que suelen ser enviados ante sus enemigos para ser sacrificados, y los pobres judíos de la masa están tan bien adoctrinados que gustosos luchan llenos de odio contra todo lo que no sea judío. Uno de los preceptos del Talmud obliga al judío a presentarse como víctima, a quejarse de todo lo que le pasa, a buscar cualquier excusa para generar lástima y evitar ser juzgado imparcialmente. Intentan por ello hacerse pasar como mártires atormentados y perseguidos por todos. Pero los europeos no fueron tontos y con frecuencia rechazaron las malas mañas judías cuando eran descubiertas.

Confiados por naturaleza, de alma pura y sana, los europeos llegaban a hastiarse, cada vez con mayor frecuencia, de las inmundicias morales de los judíos, razón por la cual fueron expulsados miles de veces de toda Europa a lo largo de la historia. Pero las argucias hebreas transformaron estas justas purgas en una buena excusa para presentarse ante todos como pobres seres discriminados y siempre rechazados supuestamente “sin ningún motivo”. Esto les confiere, según ellos, un aire de pureza y santidad frente al mundo entero que los odia “por nada”. Pero lo que es peor, crea continuamente nuevas generaciones de psicópatas hebraicos que al creerse perseguidos y odiados, solo son capaces de responder odiando, persiguiendo y asesinando a quienes consideran sus enemigos.

En el siglo XVII los judíos realizan un primer intento a gran escala para tomar el control de un país entero. Dan así los pasos definitivos para generar el caos en la Inglaterra monárquica de Carlos I. Se comienza por amotinar a ciertos grupos religiosos, principalmente puritanos calvinistas, para que luchen contra el catolicismo del rey. Estos grupos reclamaban entre otros temas la institución del sábado como día sagrado, esto en clara referencia al Sabbat, que es día sagrado y de descanso para los judíos. Se ha llegado a decir que el propio John Calvin, fundador del calvinismo, era de origen judío, y que su verdadero apellido era Cohen.

Tras todo el desorden que generó el asesinato del Rey Carlos I de Inglaterra, los judíos lograron hacerse con los cargos más prominentes en el gobierno, muchas veces, sino casi siempre, disfrazando su origen israelita con el cambio de sus nombres y apellidos por otros más europeos, práctica muy común entre ellos. Así como aparentando ser cristianos cuando en secreto (y a veces no tan secretamente) preservan rituales como la circuncisión o el Sabbat. Y lo que es peor, mantienen vigentes sus perversas ideologías supremacistas, sometiendo y manipulando desde entonces al trabajador pueblo inglés. Haciéndolo participar en guerras y campañas fratricidas contra otros pueblos de raza blanca para único beneficio de sus intereses sectarios.

El segundo intento megalómano de los judíos por dominar el mundo fue realizado en Francia y terminó con la tortura y el asesinato a sangre fría de la familia real. Hacia fines del siglo XVIII generan una serie de rumores, promueven la visión generalizada entre la gente común de que la monarquía es corrupta y solo le interesa servirse del pueblo. Forman grupos terroristas armados, distribuyen textos subversivos. Inventan una y mil excusas para culpar a la monarquía francesa de la mala situación económica de su patria, cuando en realidad las causas de esta mala situación eran de diversa índole. Lo que se deseaba era convencer a la gente común para que se levante en armas contra sus legítimos gobernantes para usurpar el poder y dárselo a los ideólogos de la revolución, los cuales no eran más que títeres del judaísmo internacional.

Este mismo escenario se repite en la revolución rusa de inicios del siglo XX, que culminó igualmente con el sanguinario asesinato de la familia real de los Romanov. Los máximos dirigentes bolcheviques de la revolución comunista en Rusia eran de raigambre judía. Además, la Primera Guerra Mundial fue gestada casi simultáneamente para dar cabida al dominio judío-bolchevique sobre toda Europa. Lamentablemente para los judíos el pueblo europeo prefirió luchar por su tierra, por sus costumbres y por su patria, antes que por las abstractas ideas que el comunismo les quería vender.

Surgieron así grupos nacionalistas en diversas partes del viejo continente, siendo el más destacado y coherente el Nacionalsocialismo del líder Adolf Hitler en Alemania. Hitler llego al poder y, conociendo las malas artes de los judíos, comenzó a limitar sus amplias libertades y los colocó en la mira. Al confirmar que en realidad, y debido a lo enfermizo y anormal de sus doctrinas, eran un segmento sumamente peligroso para la población, decidió expulsarlos de Alemania, como ya se había hecho antes a lo largo de la historia en diversos países europeos.

Luego de la guerra los judíos inventaron el falaz cuento de un supuesto holocausto donde murieron seis millones de judíos solo por ser judíos. Nada más lejos de la realidad, no existe un solo documento, discurso o resto físico que compruebe estas acusaciones, solo testimonios de supuestos “sobrevivientes” que son justamente los que se benefician con la farsa. Pero el aparato propagandístico judío es poderoso y ha convencido a muchos, a fuerza de mentir y mentir constantemente. Hoy el gobierno alemán debe pagar cuantiosas reparaciones a millones de judíos por un hecho que jamás sucedió.

Así como existe una cultura cristiana, basada y moldeada en base a los valores morales y espirituales del cristianismo, donde se respeta la dignidad de la persona humana y se cree que la mentira, el engaño y la astucia son artes perversas que degradan al hombre. Al igual que existe toda una cultura creada alrededor del budismo y del hinduismo, donde el desapego impersonal, la falta de identificación con ideales superiores o inferiores, y el total rechazo a definir lo que es Dios son partes fundamentales de la vida en oriente. De igual manera el judaísmo conlleva una serie de preceptos que buscan que el judío sea reconocido por todos los pueblos como amo y señor de la creación, y es parte de sus dogmas hacer todo lo que se halle en sus manos para lograrlo, sin importar el daño que puedan provocar a los demás.

No es necesario profesar la fe católica para pertenecer y participar de la cultura cristiana, la absorbemos como esponjas desde que nacemos dentro de ella, nos rodea y nos instruye en la forma en que hemos de llevar nuestras vidas, incluso si nos hacemos llamar ateos. Lo mismo sucede con el islam o con cualquier otra religión que durante siglos haya transformado el modo de ser, de vivir y de pensar entre la gente que se halla cercana a sus doctrinas. Y de igual modo, aunque incluso con más fuerza, sucede dentro de las comunidades judías, por lo que su odio a todo lo que sea de origen europeo y occidental, su tendencia al victimismo, la inclinación hacia las supersticiones numerológicas y cabalísticas, el placer por provocar el sufrimiento ajeno y tantas otras aberraciones, son connaturales para quien se ha formado dentro de comunidades judías.

Al verse derrotada la judería luego de la Primera Guerra Mundial, planearon inmediatamente la explosión de un conflicto aun mayor que se hizo palpable en la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra y Rusia, dominadas por judíos, se lanzaron contra el hombre que había expuesto las falaces artimañas del judaísmo. Lucharon a muerte contra el líder Adolf Hitler y lograron derrotarlo. Desde entonces la sociedad occidental ha visto de manera acelerada su propio declive. La mejor arma de los judíos antes de cada revolución fue siempre la propaganda falaz y tendenciosa. Luego de la segunda gran guerra perfeccionaron sus herramientas. La estrategia era sencilla: corromper a la sociedad desde dentro, destruir lo bueno, lo bello y lo sano. Es decir eliminar todo aquello que nos haga sentir rechazo por la maldad, la perversión, la insana competencia y la lacerante frivolidad que ellos tanto idolatran.

El objetivo principal de sus ataques fue primero (y sigue siendo) la religión cristiana, que desde la frontal acusación de Cristo contra los fariseos, fue siempre la piedra en el zapato para la judería de todos los tiempos. Se atacó entonces todo lo que el cristianismo representaba, se descalificó a la familia y se promovió la rebeldía y el rechazo a los padres como “símbolo de libertad”.

Durante milenios se ha sabido que los padres son, por ley natural de amor a la propia sangre, los primeros en entregarles a sus hijos las armas necesarias para que ellos, por propia voluntad y en pleno ejercicio de su libre albedrío, puedan defenderse contra todo tipo de maldad que los amenace a largo de sus vidas, y en especial para que durante su temprana juventud disciernan con justicia y rechacen todo tipo de esclavitud generada por vicios, desenfrenos, libertinajes y corrupciones que solo enriquecen a los que trafican con ellas, al tiempo que degradan y esclavizan a quien las consume.

El judío, promoviendo y aprovechando las debiliades que genera en sus oponentes, siempre obtiene beneficios del alcohol, las drogas, la pornografía, la prostitución y tantas otras depravaciones. Nuevamente vemos al judío embaucando al comprador para venderle basura y recibir dinero por nada, satisfaciendo de paso esa repugnante obsesión que tiene con el sexo y con todo vicio en general, como la tienen también los negros, los amarillos y casi todos los pueblos mestizos.

Se dedicaron pues los talmudistas a vaciar de contenido las festividades cristianas más representativas y, por ejemplo, muchos judíos compusieron nuevos villancicos incoherentes mientras su maquinaria propagandística grabó y distribuyó gran cantidad de películas en donde solo se hablaba de renos, campanas y nieve, y donde se idolatraba a un personaje regordete llamado “Santa Claus” que promueve el consumo enfermizo al incitar a niños y adultos a comprar y exigir regalos en estas fechas.

La judería ha ido eliminando así, intencionalmente, toda mención a Jesucristo en navidad, a pesar de que la navidad es en sí misma, y lo ha sido siempre, la remembranza histórica del nacimiento del Mesías. También se puede notar cómo han querido tergiversar el significado de la pascua cristiana, en la que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Cristo; remplazando el profundo sentido trascendental de este aleccionador drama por sandeces como el conejo “de pascua” y sus huevos.

Con todo esto se pretende la introducción del secularismo en la vida diaria de los hombres y mujeres blancos de todo el mundo. Es decir que se intenta eliminar toda mención a la religión dentro del estado y por lo tanto se busca también que desde los gobiernos se deje de apoyar a cualquier iglesia en particular. Pero lo curioso es que estas medidas solo se aplican contra la religión cristiana. En toda Europa se promueve la construcción de mezquitas para los inmigrantes musulmanes. Y en los Estados Unidos de Norteamérica donde está prohibido colocar crucifijos en las aulas escolares, se recomienda sin embargo realizar prácticas de yoga hinduista en todos los estamentos gubernamentales, incluidos colegios y hospitales.

Se intenta prohibir también que durante la navidad se pueda armar en lugares públicos las clásicas representaciones del nacimiento de Jesús, acto que rememora la paz entre los hombres y expresa sinceros deseos de buena voluntad hacia la humanidad. Aun así, durante las festividades judías, que solo recuerdan genocidios masivos, batallas cruentas y sanguinarias venganzas, la Menorah o candelabro judío es encendido asiduamente en la misma puerta de la Casa Blanca en Norteamérica y en las fachadas de tantos otros palacios gubernamentales alrededor del mundo.

Es así que siguiendo los preceptos del Talmud los judíos han logrado promover el homosexualismo, el aborto, la pedofilia, y la deslegitimación de la familia y del cristianismo, para favorecer tendencias orientalistas como la nueva era y el misticismo generado por drogas que alteran la consciencia. Lograron además promover la inmigración masiva de hindúes, chinos y musulmanes hacia los países blancos propugnando la idea de que culturas evidentemente inferiores como la africana o la indoamericana eran tan “dignas, puras y santas” que debían servir como modelo para los “malvados” europeos.

Se propaló la idea judía de que el hombre blanco es un ser despiadado, asesino, racista y supremacista, cuando en realidad los únicos que creen ser superiores al resto del mundo, sin serlo, son los pérfidos judíos. Y la noción que tiene el hombre blanco sobre su propio lugar en la naturaleza como agente civilizador y creador de arte, belleza, ciencia y cultura, se basa en la simple observación imparcial y objetiva de los hechos a lo largo de la historia de la humanidad. Aun así esta verdad es constantemente negada por la judería.

Su principal arma de propaganda serán sus pensadores marionetas, muchos de ellos aparentemente críticos del judaísmo, pero casualmente solo de alguna mínima parte del judaísmo, más no en su demencial totalidad como la verdadera cultura de odio que realmente es. Aparece así Nietzsche para ensalzar al rebelde que no respeta las normas morales y que “crea sus propios valores”, cuando en realidad lo que hace es aceptar la carnalidad, la perversión, el libertinaje y la inmoralidad de los judíos. Vemos también a Voltaire como defensor de lo políticamente correcto, donde se debe aceptar cualquier barbaridad, mentira o falacia que se diga, solo porque “todos deben ser respetados”. El igualitarismo se convierte entonces en una buena excusa para que cualquier imbécil pretenda ser respetado y admirado por sus imbecilidades.

Entre los verdaderos propagandistas judíos de pura cepa tenemos al pervertido mental llamado Sigmund Freud, que tomo todo lo dicho por Nietzsche, lo junto al sexualismo obsesivo del pueblo judío, y dio forma al nefasto psicoanálisis que en resumen solo dice que cada ser humano sobre este planeta debe hacer con sus órganos sexuales lo que le venga en gana sino sufrirá de una terrible represión que lo convertiría en una persona frustrada, histérica o depresiva. En verdad lo que Freud hace es evitar que la persona se dedique a algo diferente al sexo, convirtiéndolo así en un ente inútil para la sociedad.

Otro judío de sinagoga y adepto a sus rabinos fue Karl Marx, creador del comunismo y crítico de la religión por considerar que las ideas morales reprimen al proletario y le impiden exterminar a los ricos, a quienes envidia y considera sus opresores y enemigos, lo curioso es que solo habla de la religión cristiana, aunque a veces, para no ser tan evidente, critica también a los anónimos oligarcas judíos a los que jamás señala con nombre y apellido. Su meta fue incitar a los obreros para que sirviesen como ejercito de zombis contra los gobernantes no-judíos, convirtiéndolos así en el puño visible tras el que se esconden los judíos que pretenden apropiarse desde la sombra de todos los gobiernos en Europa.

Añadiendo más leña al fuego tenemos a Darwin, masón, hijo de masones y amigo de masones, quien propuso que el hombre es un mono degenerado, al que en algún momento no especificado de la historia se le cayeron los pelos. Los masones fueron creados por la judería a inicios del siglo XVIII como parte de un conjunto de organizaciones que a lo largo de Europa se dedicaría a gestar y distribuir las ideas que se creían necesarias para soliviantar a las masas, confundir a la gente, y generar situaciones de conflicto que permitieran a sus amos judíos tomar el control de sectores importantes de la sociedad.

Los masones lograron llegar a los cargos más importantes de las academias científicas y sus juramentos de lealtad y fraternidad para con sus logias los hacía aceptar e incluso promover cualquier “novedad” que sea propuesta por alguno de sus amigos miembros de la masonería. Es por eso que Darwin recibió tanto apoyo por parte de la comunidad científica, aun cuando hasta hoy no hay pruebas que avalen sus teorías evolucionistas. Todo con el objetivo de desacreditar la idea de Dios como creador y en particular para deteriorar la imagen del Dios cristiano.

Otro caso emblemático es el del judío Albert Einstein, quien plagió su teoría de la relatividad de anteriores autores que nunca fueron debidamente reconocidos. Es sabido que ya desde sus épocas de estudios universitarios copiaba los trabajos de la que entonces era su pareja para poder aprobar sus cursos. La misión del judaísmo aquí no era promover la ciencia, sino el erróneo concepto de que todo es relativo, dando cabida a las más descabelladas teorías como si estuviesen al mismo nivel que propuestas más sanas y coherentes.

Si todo es relativo se puede entonces decir por ejemplo que, si bien el canibalismo es una práctica rechazada por nuestra cultura occidental, en África existen tribus que comen carne humana de modo natural y por lo tanto conceptos morales como este pueden ser cuestionados. El homosexual dirá que el gusto sexual es relativo. Y el asesino serial dirá luego que los beneficios de matar o no matar a sus vecinos son relativos, a él le gusta y le produce un bienestar mental inigualable, y por lo tanto se debe respetar su opción. Nadie se pone a pensar que las consecuencias de dicha relatividad son la destrucción total de los fundamentos de una sociedad como la nuestra, que ha llegado a un alto grado de sana convivencia y salubridad tanto mental como física, que resulta muy superior si es comparada, sin ideologías de por medio, con los logros sociales de otras comunidades.

Con el dinero y el poder que habían acumulado, los judíos compraron, poco a poco, todos los medios de comunicación masiva. Los periódicos, el cine, la radio y la televisión se transformaron en eficaces sistemas para difundir su inmoral propaganda hebraica. Todos los “nuevos” contenidos anticristianos del judaísmo fueron armados y moldeados meticulosamente por sus obreros y fieles esclavos conocidos por todos como periodistas.

El hebraísmo talmúdico se vio así en la posibilidad de seguir engañando al público en general, creando fetiches culturales, sociales, musicales y “artísticos” que servirían de modelos a ser seguidos por millones de personas embaucadas por estos personajes “famosos”, los cuales en realidad no son capaces de pensar por sí mismos. Estos nuevos ídolos suelen ser escogidos entre personas débiles y viciosas, sin honor ni lealtad, que por simples lujos terrenales son capaces de engañar a todos y seguir al pie de la letra el guión que les han entregado sus amos judíos.

Frecuentemente vemos a estrellas del cine, la música y la televisión hablando en contra de la religión, de la familia y de las tradiciones, como si su actitud fuese la máxima expresión de algún tipo de rebeldía absurda. En realidad su actitud resulta totalmente contraria a toda verdadera rebeldía y libertad ya que ellos solo promueven lo que les ha sido inculcado por el judaísmo, el cual, guiado por sus propios motivos, pretende destruir los valores tradicionales de la civilización occidental. Estos fantoches mediáticos solo hablan de lo que deben hablar y solo dicen lo que les dicen que digan, porque para eso les pagan.

Dentro de la política se crearon también ídolos de paja con vistas a implantar el multiculturalismo y el mestizaje, generando por lo tanto la destrucción del sano modo de vida del hombre occidental que se vio trastocado al aceptar culturas más agresivas, violentas, mafiosas y delincuenciales como las africanas o asiáticas. Pudimos ver a mediados del siglo XX como Martin Luther King, personaje nefasto, mujeriego, abusador y alcohólico, controlado totalmente por judíos comunistas, trajo el caos y la delincuencia a los hogares norteamericanos.

Es obvio que, debido al quimérico pero falaz igualitarismo, la tendencia de la raza negra hacia la delincuencia no fue tomada en cuenta cuando se “igualaron” sus derechos con los de los blancos. Lo peor es que, gracias al inmenso poder económico, político y mediático, que han obtenido los “hijos de Israel” en la segunda mitad del siglo XX, la historia se ha vuelto a repetir pero de manera aun más trágica y sangrienta en Sudáfrica, teniendo esta vez como títere adorado al negro comunista y judeófilo de Nelson Mandela.

La ficción también jugó un rol importante en el adoctrinamiento y amaestramiento del pueblo blanco a partir del siglo XX. El multimillonario negocio del cine en los Estados Unidos de Norteamérica es controlado casi por completo por judíos, y es una arrasadora arma de propaganda para promover ideas como el igualitarismo, el homosexualismo, el divorcio, la mezcla racial y tantas otras aberraciones. Ya sean comedias que ridiculizan al hombre blanco, o superproducciones como Harry Potter que promueven la “igualdad de todos” y la mezcla de las razas, la verdad es que la maquinaria judía del cine se ha transformado en la más nefasta de las armas propagandísticas judías de todos los tiempos.

El mundo de la música también se vio saturado por estas ideas judías, artistas como los Beatles y los Rolling Stones promovieron la cultura de la droga y el exceso, manipulados siempre por sus agentes judíos (o pagados por judíos). Crearon toda una corriente de aceptación del orientalismo y la nueva era que, en consonancia con la judería, propugna el relativismo moral y la negación del Dios personal del cristianismo. Pronto esto se transformó en corrientes enteras de “pensamiento” grupal, que remplazaban a la religión y a la familia con sus nuevos cultos a la inmundicia. Hippies, metaleros, punks, góticos, y demás subculturas similares son muestra palpable de dicha degeneración.

Caso particular es el de las historietas, nacidas en Europa en el siglo XIX como atractivo gráfico de los periódicos, y que se transforman a partir de los años treinta del siglo XX en excelentes difusoras de ideas contrarias a Hitler. Las primeras novelas gráficas, con secuencias e historias complejas, no trataban sobre contenidos políticos, y tampoco eran dominadas por judíos. El Zorro o Tarzán eran novelas cortas destinadas a un público juvenil, luego se transformaron en libros de historietas, pero al igual que Tintin que si comenzó siendo anticomunista, no pretendían sin embargo apoyar ninguna de las normas ideológicas impuestas por los judíos, e incluso se podría decir que algunas (no todas) eran pro-blancas.

Viendo la veta de oro que representaba el comic entre los jóvenes, la judería se dio por crear personajes dentro de este estilo, que al principio se presentaron como imparciales, como Superman, pero que fueron degenerando hasta volverse ídolos oscuros y conflictivos, como Batman, Spiderman, Spawn o Hellboy, a quienes hacer el bien les produce mucho dolor y sufrimiento. Hoy tenemos infinidad de “súper héroes” judíos, como los X-Men, que defienden la diversidad y el multiculturalismo ante todo.

El humor y los artistas cómicos también son usados con frecuencia por el aparato corruptor judío para transmitir sus nefastas ideas. Disfrazando sus insultos como “bromas” se suelen burlar los cómicos judíos de todo lo bueno que se ha logrado en la cultura occidental. Hoy para ellos obedecer a tus padres es ridículo, eres un tonto si crees en Jesucristo y reírte de la sacralidad religiosa cristiana es de lo más divertido. Estas fuera de lugar y mereces ser vilipendiado si respetas a los demás y no estas dispuesto a estafar, engañar ni timar a nadie. El judío considera la ternura, la caridad y la misericordia como algo deplorable. Y se siente obligado a ridiculizar con ironías hirientes a quienes se comportan de manera recta.

Además, hoy los judíos invaden internet con pornografía gratuita, y gastan miles de millones de dólares, y la característica palabrería de su estirpe, para convencer a mujeres muy jóvenes para que realicen los más execrables y denigrantes actos sexuales frente a totales desconocidos, con el solo propósito de complacer los designios de un macabro plan ideado por la judería para corromper la moral de la humanidad entera. Y la lista de sus aberraciones podría continuar, solo es cuestión de dar un vistazo a los nombres y apellidos, y en particular a la procedencia étnica de quienes se hallan detrás de la santificación del sexo, el rechazo a la moral cristiana, la introducción de dogmas relativistas, así como de las doctrinas feministas, comunistas y progresistas.

Llegado a este punto resulta evidente que cualquiera que se declare judío debe reconocer que su raigambre genética es la mezcla total del mestizaje de diversas naciones y razas con mayor influencia europea debido a su larga convivencia en nuestras tierras, de donde han succionado, como sanguijuelas, los mayores provechos para su casta. Pero ellos odian todo lo que sea occidental, y jamás se reconocerán a sí mismos como herederos y deudores, ni siquiera lejanos, de los europeos. Más bien dirán siempre que fueron ellos los que aportaron a la grandeza de este continente, y que sin ellos Europa seguiría en la barbarie. Así de desubicados andan los judíos.

Pero, tal vez lo más hiriente y que merece todo nuestro rechazo, es que el vicio, el odio, y la maldad se han transformado bajo los conceptos de la cultura judía en ideales dignos de ser seguidos y llevados a la práctica por todos. Y dado que para ellos la única forma de conseguir la satisfacción de sus inmoralidades y desenfrenos es la eliminación absoluta de la cultura cristiana europea, resulta evidente que lucharan hasta la muerte por dominarnos mientras utilizan en todo el mundo a sus inconscientes secuaces entre periodistas, pensadores, artistas, pandilleros y demás lacras, todos adoctrinados como marionetas, para defender a capa y espada las ideologías inculcadas en ellos por la propaganda del judaísmo internacional.

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