Fuente: Que nos ocultan

Bajo la apariencia de “combatir el terrorismo” y en defensa de “su derecho a existir” el estado judío ha cometido consistentemente horrendos actos de terrorismo y asesinato en masa contra palestinos, libaneses, egipcios, sirios y otros pueblos árabes de la región desde su fundación en 1948. Un hecho poco conocido es que el estado de Israel se formó a través del terrorismo y la limpieza étnica inmediatamente acabada la Segunda Guerra Mundial.

Cuando los judíos de Europa llegaron en masa a Palestina movilizaron rápidamente tres organizaciones terroristas: el Irgun, Stern Gang (también conocida como “Lehi”) y la Haganáh. Entraron en las aldeas palestinas en una cruzada de destrucción. Los habitantes de estos pueblos fueron masacrados por manadas de grupos terroristas judíos. Los supervivientes se vieron obligados a huir de sus hogares y se convirtieron en refugiados oprimidos, viviendo en campamentos miserables en las afueras de su propio país.

Una particularmente espantosa masacre tuvo lugar en la aldea palestina de Deir Yassin, donde cientos de árabes, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, fueron sacados de sus casas y asesinados por los terroristas judíos de la Irgun. Posteriormente sus cadáveres fueron mutilados y arrojados en el centro de la ciudad con el fin de asustar a los demás palestinos para que huyesen de sus hogares y así los Judíos puedan tomarlos.

La banda Stern también ataco a diplomáticos occidentales que participaban en la mediación de la situación creada por la llegada masiva de inmigrantes judíos a Palestina. Asesinaron a Lord Moyne, ministro británico residente en Oriente Medio, y al diplomático sueco Folk Bernadotte.

Entre 1947 y 1949 estas inhumanas bandas terroristas judías arrasaron más de 400 aldeas palestinas, sustituyéndolas por asentamientos judíos. 750.000 palestinos árabes indígenas fueron expulsados de sus hogares y aldeas durante este tiempo en lo que se ha denominado la Nakba (“día de la catástrofe”). Esta barbárica expedición sionista de limpieza étnica continúa hasta el día de hoy. Los grupos terroristas judíos pasaron a formar el gobierno de Israel y las fuerzas armadas; el Irgún se convirtió en el partido Likud, la Haganá se convirtió en el núcleo de las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF).

Los medios de comunicación y el cine, controlados ambos por los judíos, nos han estado alimentando con una dieta constante de propaganda anti-árabe desde hace décadas. Representan a los musulmanes como terroristas sanguinarios empeñados en destruir la civilización occidental. Pero los ataques terroristas más devastadores de los siglos XX y XXI han sido cometidos casi unánimemente por judíos, no por musulmanes.

La mayoría de la gente no sabe sobre esto ni cree que sea cierto ya que los judíos controlan los medios de comunicación y por lo tanto retratan a los musulmanes en la mente de las masas como terroristas. Además cuando los judíos comenten un acto terrorista lo hacen disfrazados como árabes.

Los judíos son, sin duda, los maestros de las “falsas banderas”. El lema del órgano de inteligencia israelí, el Mossad, es: “A través del engaño harás la guerra”. Ese lema describe no solo el modus operandi de la organización más cruel y temida de asesinos y espías del mundo; lo que realmente describe es el modo de vida del pueblo judío en su conjunto. Israel es conocido por ignorar el derecho internacional para cumplir su misión.

En 1946, los agentes terroristas judíos de la Irgun se disfrazaron como árabes y bombardearon el Hotel King David, que era el cuartel general de los militares británicos y de los comandos de administración en el momento. 91 personas murieron, entre ellas 28 funcionarios británicos. Izahk Sadoc, un judío que participó en el atentado, mostró al equipo de cámara de la BBC como llevó la bomba al hotel escondida en una caja de leche. Sonriendo tímidamente confiesa que: “no estaba vestido como un civil o como un militar, yo estaba vestido como un árabe”.

En 1954 un grupo de judíos de Egipto, reclutados por la inteligencia israelí, disfrazados como musulmanes, bombardearon instalaciones estadounidenses y británicas en Egipto en un ataque de falsa bandera. El objetivo era culpar a los islamistas musulmanes y así tener una excusa para mantener el apoyo de las tropas inglesas y americanas a favor de los judíos en medio oriente.

El complot fue interrumpido por la policía egipcia y la operación quedo expuesta a los ojos del mundo. Israel negó inmediatamente la culpabilidad y afirmó que las acusaciones formaban parte de una “teoría conspirativa” inventada por egipcios antisemitas. Los israelíes al final tuvieron que admitir la responsabilidad por los atentados de falsa bandera, para su vergüenza eterna. El incidente fue denominado el “Asunto Lavon”.

En 2005, el entonces presidente israelí Moshe Katsav (un violador convicto) llevó a cabo una ceremonia en honor a varios de los supervivientes terroristas judíos que participaron en el Asunto Lavon ¡con medallas de aprecio!

En 1967, Israel instigó una guerra con sus vecinos: Egipto, Siria, Irak y Jordania. En este furtivo ataque premeditado que duró seis días (conocido como la “Guerra de los Seis Días”) el ejército israelí (reforzado con armas americanas superiores) mataron a unos 20.000 egipcios, sirios, palestinos, jordanos y otros árabes, en un intento de conquistar más tierras árabes. El estado de Israel trató de colonizar Cisjordania, Gaza, el Sinaí y apoderarse de los Altos del Golán de los sirios.

En medio de la orgía de asesinatos, el ejército israelí retenía entre 400 a 1000 prisioneros de guerra egipcios y palestinos en cautiverio en el desierto del Sinaí. En lugar de respetar el derecho internacional que obliga que los prisioneros de guerra sean tratados con dignidad, los israelíes obligaron a los soldados egipcios capturados a cavar sus propias tumbas, y uno a uno, recibieron una bala israelí en la nuca, al mismo estilo de la NKVD judeo-bolvchevique.

Entonces, para ocultar este atroz crimen de guerra, así como su intención de apoderarse de los Altos del Golán, al día siguiente, Israel realizo otro atroz crimen de guerra. El 8 de junio de 1967, en un día claro y brillante, Israel lanzó un ataque despiadado contra una nave estadounidense en aguas internacionales, el buque USS Liberty. Usando aviones de combate sin marcar y torpederos, los israelíes atacaron al USS Liberty con fuego de ametralladora, napalm y torpedos durante más de dos horas.

Luego ametrallaron las balsas salvavidas de modo que nadie pudiera escapar con vida. Un heroico marinero estadounidense logro enviar una señal de socorro, nombrando a Israel como el agresor. Tras darse cuenta que su cubierta había sido volada los israelíes finalmente se retiraron.

Más de 34 marineros norteamericanos yacían muertos, otros 171 miembros de la tripulación resultaron heridos de gravedad en este mortal ataque terrorista por parte de Israel. Este crimen de guerra también fue encubierto por Israel y el gobierno norteamericano controlado por judíos, quienes hasta hoy absurdamente insisten en que sólo fue un accidente.

Desde entonces, Israel ha participado en una plétora de campañas de asesinato abierto contra los palestinos, y múltiples invasiones genocidas del Líbano en 1978, 1982 y 2006, matando a decenas de miles de civiles palestinos y libaneses. Durante la invasión israelí del Líbano en 1982, el entonces primer ministro de Israel (y ex comandante del Irgún) Menachem Begin, junto con su ministro de defensa Ariel Sharon, organizaron la masacre de varios miles de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila.

En occidente no se oye hablar del asesino de masas Baruch Goldstein, aclamado como héroe y “santo mártir” en Israel. En 1994, el día de la fiesta judía del Purim, Baruch Goldstein entró en una mezquita en Hebrón con un rifle de asalto automático, cerró la puerta detrás de él, y abrió fuego mientras los presentes estaban arrodillados en oración, disparándoles por la espalda con su rifle de asalto del ejército hasta que finalmente fue sometido y golpeado hasta la muerte. Goldstein asesinó a 29 musulmanes, hiriendo a otros 125.

El servicio secreto israelí (Shin Bet) obedientemente ayudó a su ataque terrorista. Soldados israelíes ya se habían reunido fuera de la mezquita de antemano y mataron a un número de palestinos que huían de las balas de Goldstein. Se produjeron disturbios poco después de la masacre, y otros 19 palestinos fueron asesinados por el ejército israelí en las siguientes 48 horas. Goldstein es aclamado como un héroe por muchos judíos en Israel.

En el cortejo fúnebre de Goldstein el rabino Dov Lior, jefe de la localidad ocupada de Kiryat Arba, declaró que: “Goldstein hizo lo que hizo en nombre de Dios, debe ser considerado como un hombre justo y un mártir de Dios”. El rabino Yisrael Ariel también elogió las acciones de Goldstein afirmando que el asesino “será nuestro defensor en los cielos”. Poco después de la masacre, miles de judíos construyeron una capilla al lado de la tumba de Goldstein y hoy es uno de los sitios más populares en Israel para los turistas judíos, sobre todo de los Estados Unidos.

El terrorismo de falsa bandera de Israel continúa y persiste en la actualidad. El órgano terrorista del estado de Israel, el Mossad, ha perpetrado decenas de ataques de falsa bandera, asesinatos y otros crímenes atroces. Los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 no fueron una excepción a la regla. El ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono no fueron más que otra operación de falsa bandera de Israel y su amplia red de agentes en América.

Benjamin Netanyahu celebró el 9/11 con sus congéneres en Israel y llamó a los ataques como “muy buenos”. Su amigo Ariel Sharon dijo que los ataques fueron un “milagro de Hannukah” para Israel. Tras el 9/11 los medios de comunicación estadounidenses, controlados por judíos, se embarcaron en una campaña de propaganda estereotipada, que hemos visto una y otra vez, para demonizar a los adversarios de Israel. En una premeditada incitación los medios de comunicación en Estados Unidos emitieron y re-emitieron un dudoso clip donde supuestamente unos palestinos estaban celebrando los ataques en Cisjordania. Al final resultó ser una cinta tomada en otro momento.

Pero efectivamente un grupo de personas celebraban los ataques de ese día, no eran palestinos, eran israelíes. El 9 de septiembre cinco israelíes fueron vistos bailando de alegría, más tarde se descubrió que eran agentes del Mossad. Los testigos llamaron a la policía después de observar a los israelíes filmar el ataque al WTC para posteriormente celebrar riendo, chocando las manos y gritando con “alegría y burlas” desde una azotea en Nueva Jersey.

Estaban celebrando poco después del impacto del primer avión, cuando la mayoría de la gente estaba todavía bajo la impresión de que se trataba simplemente de un terrible accidente. Los testigos dijeron a los investigadores que los jubilosos israelíes estaban tomando fotos de si mismos con las torres en llamas como fondo. Más tarde, Netanyahu dijo a una audiencia en una universidad israelí: “Nos estamos beneficiando de una cosa, y eso es el ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono, y la lucha de Estados Unidos en Irak”.

A la luz de esta retórica alegre de líderes israelíes, hay amplios hechos para acusar a Israel de haber llevado a cabo el 9/11 como un ataque de falsa bandera. La artificiosa “guerra contra el terrorismo” de los neoconservadores es un esfuerzo judío con el fin de aprovechar el poder de las fuerzas militares de Estados Unidos y aplastar a todos los enemigos islámicos de Israel en el Medio Oriente. Ari Shavit, escritor israelí para el periódico Ha’aretz, declaró: “La guerra en Irak fue concebida por 25 neoconservadores, la mayoría de ellos son judíos, que están presionando al presidente Bush”.

Estos agentes de propaganda judía de Israel, que se hacen llamar “neoconservadores”, aliados con el Mossad, cocinaron toda la fraudulenta propaganda emitida en los medios de comunicación para crear histeria sobre Irak, de quien decían que tenía en su posesión “armas de destrucción masiva” que eran una amenaza inminente para la seguridad de los Estados Unidos.

Esta propaganda judía llevó a la desastrosa invasión estadounidense de Irak en 2003, iniciando la “guerra contra el terrorismo” y dejando a más de un millón de iraquíes muertos, cientos de miles heridos, grandes cantidades de desplazados sin hogar, y decenas de miles de soldados estadounidenses muertos y heridos.

Los judíos celebran durante la repulsiva fiesta judía del Purim un suceso que ocurrió hace más de 2500 años. La muerte de Amán, antiguo líder del Reino Persa, el asesinato de sus diez hijos, y la posterior masacre de más de 75.000 persas. Uno de los extraños rituales realizado por los judíos durante esta celebración anual de odio y genocidio es el simulacro de canibalismo. Comen pasteles con la forma de las “orejas de Amán” y carne picada que simboliza la “carne de Amán”. También crean efigies de Amán y sus diez hijos para golpearlos con palos en un alarde de antipatía rencorosa hacia los persas.

Hoy el reino Persa se ha convertido en Irán. Y para avivar el milenario odio los judíos están utilizando las mismas mentiras que se conjuraron de la nada sobre Iraq. Los irrisorios cargos de poseer o buscar obtener “armas de destrucción masiva”. Las marionetas sionistas han estado gritando histéricamente acerca de los “peligros” del programa nuclear de Irán y afirman que aquel pais tiene la intención de construir armas nucleares para usarlas en contra del aparentemente “indefenso” pueblo de Israel.

Las afirmaciones judías sobre Irán y su deseo de fabricar bombas nucleares son propaganda completamente sin fundamento. La realidad obvia es que es Israel quien posee cientos de armas de destrucción masiva. Israel tiene un arsenal de muerte de más de 500 bombas nucleares ilegales y ojivas termonucleares. Israel se niega a permitir que organismos internacionales como la OIEA inspeccionen las instalaciones donde crean sus ilegales armas nucleares en el desierto de Negev.

Irán, por su parte, permite la inspección de sus instalaciones nucleares, y sostiene que sus fines son la producción de energía de manera pacífica. Aún así, Irán está en todo su derecho de producir armas nucleares como elemento de disuasión contra la agresión israelí. Además Israel, Estados Unidos, Rusia, China, Pakistán, India, Francia, y otros países están autorizados a poseer esas armas, ¿por que no Irán?. Pero la patética y desesperada propaganda judía afirma que Irán, un país que NO posee ninguna bomba nuclear y que NO ha invadido a nadie en cientos de años, es una amenaza inminente para occidente.

El estado criminal es Israel, que no sólo cuenta con cientos de bombas nucleares no declaradas, que no están sujetas a inspecciones, sino que también ha usado proyectiles de fósforo blanco, un arma química ilegal, para asesinar a más de 1.400 civiles palestinos en Gaza durante la masacre perpetrada por el ejército israelí a finales de 2008 y principios de 2009.

La única nación en el Oriente Medio con la que Estados Unidos debería estar justificadamente en guerra es con Israel. Pero, a pesar de recibir de Estados Unidos más de $150 millones de dólares en ayuda extranjera y apoyo militar desde 1950, la traición de Israel en contra de los Estados Unidos no tiene límites. El número total de espías judíos condenados o expulsados de los Estados Unidos de América es superior al número de espías convictos de todos los otros grupos étnicos combinados.

Los agentes israelíes espían rutinariamente a los Estados Unidos y venden secretos militares estadounidenses a países hostiles. El ex oficial naval judío-americano Jonathan Pollard es responsable del mayor robo de documentos secretos estadounidenses en la historia. El judío Pollard robo más de 800.000 páginas de información, incluyendo las técnicas para descifrar códigos de los Estados Unidos y la información sobre los agentes de Estados Unidos en el Medio Oriente, y se los entregó a Israel, información que luego se vendió a la China comunista y a la Unión Soviética.

Influyentes neoconservadores judíos, muchos de los cuales mantienen altas posiciones en el gobierno de los EE.UU., como, Richard Perle, Douglas Feith, Paul Wolfowitz y Stephen Bryen, fueron capturados pasando documentos clasificados a Israel. Sin embargo, ninguno de ellos fue alguna vez castigado por su traición, lo que ilustra el poder monolítico de Israel y sus grupos de presión sionistas en los EE.UU.

También es conocido el caso de Keith Weissman y Steven Rosen, dos espías judíos y ex empleados del AIPAC, un organismo “sin fines de lucro” que vela por los intereses de Israel ejerciendo presión entre los políticos norteamericanos. Se les acusó en 2003 de filtrar información clasificada a terceros sobre asuntos de defensa relativos a Irak. El caso fue cerrado en 2009 sin sentencia condenatoria.

En 2001, justo antes del 9/11, más de 140 israelíes que se hacían pasar por estudiantes de arte fueron detenidos por el FBI después de una investigación de la DEA que determinó que estaban comprometidos en una “operación de recolección de inteligencia organizada” y estaban espiando instalaciones del gobierno y oficinas de EE.UU.

En 1993 la Liga Anti-Difamación, organismo dedicado a defender a los judíos acusados de crímenes en los Estados Unidos y que a falta de mejores argumentos suele tildar a todos sus enemigos de “antisemitas”, fue capturada operando una masiva operación de espionaje contra los críticos de Israel, la policía de San Francisco, asociaciones que defienden a las minorías étnicas no judías y diversos sindicatos. Los datos recogidos eran enviados a Israel. La presión de las organizaciones judías obligó a la ciudad a abandonar el caso criminal, pero la ADL tuvo que resolver una demanda civil entregando una suma no revelada de dinero en efectivo.

No nos olvidemos de Julius y Ethel Rosenberg, la pareja de judíos que fueron acusados de traición y ejecutados por dar los secretos de la bomba atómica de Estados Unidos a la Unión Soviética. Por otra parte, casi toda la letanía de espías comunistas de la URSS antes y durante la Guerra Fría eran judíos, incluyendo a Morton Sobel, Klaus Fuchs, Theodore Hall, Harry Oro, William Pearl, Judith Coplin, Gerhart Eisler, Phillip Jaffe, Andrew Roth, Mark Gayn, entre muchos otros.

La lista de crímenes y traición de los judíos es abrumadora y sin fin. Sin embargo, la mayoría de la gente es completamente ignorante de ello. Esto debido a su dependencia de los medios de “información” y “entretenimiento” de propiedad judía. Los judíos han logrado emerger como “víctimas” mientras quienes les hicieron frente en el pasado y se les oponen hoy son demonizados, vilipendiados y ridiculizados con una malicia envidiosa.

Solo podremos revertir esta situación si nos levantamos y tomamos de nuevo nuestros medios, nuestros gobiernos y nuestras instituciones de las garras del judaísmo internacional.

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