Fuente: Metapedia

Los Protocolos de los Sabios de Sión es un controvertido documento que pone en evidencia el plan de dominación mundial por parte de los judíos. Publicado por primera vez en su forma actual en 1905, el texto es la transcripción de las actas de unas reuniones en las que estos “sabios” judíos detallan sus planes para conseguir dicho dominio mundial. Estos “sabios” estarían en control de la masonería y de los movimientos comunistas, y los habrían utilizado para poner en práctica sus planes. Los Protocolos de los Sabios de Sión han sido traducidos a diversos idiomas y a lo largo de los años se han realizado gran cantidad de ediciones físicas y digitales de los mismos. Sin embargo, si deseamos comprender el verdadero espíritu de este texto debemos entender que el primer y principal antecedente de los Protocolos es el libro sagrado de los judíos: el Talmud. Es ahí donde se encuentra la raíz de la ideología de supremacía étnica judaica y el origen de su pensamiento de dominio imperialista y explotador. También es interesante notar el mismo espíritu perverso de los Protocolos en el tradicional y cotidiano pensamiento judío con respecto a los gentiles (no-judíos).

Prueba de ello es una carta transcrita por Julián de Medrano en su libro, publicado en 1583, sobre “diversas cosas sutilísimas y curiosas muy convenientes para damas y caballeros en toda conversación virtuosa y honesta” titulado “La Silva Curiosa”. En dicho texto se puede leer lo siguiente: “A lo que decís que el Rey de España os hace volver Cristianos, que lo hagáis pues no podéis hacer otro. A lo que decís que os mandan quitar vuestras haciendas, haced vuestros hijos mercaderes, para que poco a poco les quiten las suyas. A lo que decís que os quitan las vidas, haced vuestros hijos médicos y boticarios, para que les quiten las suyas. A lo que decís que os destruyen vuestras Sinagogas, haced vuestros hijos clérigos y teólogos, para que les destruyan sus templos. Y a lo que decís que os hacen otras vejaciones, procurad que vuestros hijos sean abogados, procuradores, notarios y consejeros, y que siempre entiendan de negocios de Repúblicas, para que sujetándolos ganéis tierra y os podáis vengar de ellos. Y no salgáis de esta orden que os damos porque por experiencia veréis que de abatidos vendréis a ser tenidos en algo. Yusuf, Príncipe de los Judíos de Constantinopla”.

La similitud de este texto antiguo con el tono que encontraremos luego en los Protocolos es evidente. Pero como era de esperarse, los judíos niegan que Yusuf haya escrito dicha carta, alegando sin pruebas que fue una falsificación realizada hacia 1550 por el Arzobispo de Toledo Juan Martínez Silíceo. En realidad el Arzobispo primado de Toledo recopiló gran cantidad de documentos, y no sólo esta carta, para demostrar con pruebas irrefutables que los judíos conversos, quienes mantenían en secreto sus cultos hebraicos, participaron en gran número de rituales sangrientos, revueltas y matanzas llevados por el odio y la envidia contra la Iglesia de Cristo. Dichas pruebas venían a respaldar la difusión de los “Estatutos de Limpieza de Sangre” que sugerían realizar un completo estudio genealógico para cualquiera que fuese a acceder a un alto cargo demostrando que no descendía de judíos, gitanos o musulmanes. En su momento las pruebas aportadas por el Arzobispo Juan Martínez Silíceo jamás fueron cuestionadas, esto a pesar del temor inicial de las autoridades a enfrentarse a los poderosos judíos que para entonces ya ocupaban altos cargos y concentraban en sus manos grandes cantidades de dinero producto de negocios turbios como el contrabando, la prostitución y el tráfico de esclavos secuestrados entre los heridos de los campos de batalla.

Sobre el verdadero origen de los Protocolos se sabe muy poco, pero se llegó a conocer que en 1773 el judío Mayer Amschel Rothschild se reunió clandestinamente en la Judenstrasse, en Frankfurt, con doce socios capitalistas judíos, adinerados e influyentes, para estudiar un proyecto que controlaría toda la fortuna mundial. Estos socios capitalistas habrían afirmado que era necesario que el Banco de Inglaterra (fundado por el clan judío Rotschild en 1694) debía ejercer un control absoluto, a fin de que ellos, los viejos “sabios” de Sión, pudiesen controlar la fortuna mundial. Se supone que dejaron constancia por escrito de ciertas líneas generales de este proyecto. De acuerdo a los autores Dorsey y William Guy Carr, como declaran en su libro “Pawns in the Game”, ese plan iba a ser posteriormente conocido bajo el nombre de los Protocolos de los Sabios de Sión. El origen de los Protocolos se remonta de hecho al “espíritu” judío de siglos pasados, aunque al ser puntualizados por Rothschild habrían adquirido su significado moderno.

Ya en 1864 Maurice Joly (cuyo verdadero nombre era Moisés Joel) publicó un panfleto titulado “Diálogos en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, o la política de Maquiavelo en el siglo XIX” donde se pueden leer algunos fragmentos que hablan sobre los medios que podrían utilizarse para alcanzar el dominio mundial. Estos mismos pasajes estarían también presentes casi sin cambios en el texto de los Protocolos. Joly nació en 1831 y desde muy joven se hizo funcionario del Estado en Francia. Fue amigo personal e íntimo del judío Adolphe Israel Crémieux (fundador de la Alianza Israelita Universal). En 1878 Maurice Joly se suicidó, y en su funeral el judío y masón Léon Gambetta, quien llegó a ser primer ministro de Francia, pronunció un discurso post mortem extremadamente laudatorio. Conviene recordar que Gambetta jugó un destacado papel durante la “Commune de Paris”, el fugaz régimen comunista de terror institucionalizado que reinó en Francia entre marzo y mayo de 1871, durante el cual París fue saqueado y destruido. No obstante y por una notable “coincidencia” durante “La Commune” ni una sola de las 145 residencias pertenecientes al Barón Alphonse de Rothschild sufrió el menor daño.

Poco antes, en 1850 el judío Jacob Venedey publicó una novela llamada más escuetamente “Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu” la cual fue predecesora de la obra de Joly. Venedey fue expulsado de Alemania en 1835 y se estableció en París. Perseguido por sus actividades subversivas, también fue protegido y defendido por Crémieux (al igual que Joly). Venedey era amigo íntimo de Karl Marx, con cuya asistencia organizó la “Liga Comunista de Trabajadores”. El programa de “La Liga” fue desarrollado por el mismo Adolphe Israel Crémieux. Es notable el parentesco entre los objetivos de dicha liga, los Protocolos y una carta escrita por Karl Marx a su rabino Baruch Levy, en la que cuenta cómo: “Los judíos en conjunto serán su propio Mesías. Su reino sobre el Universo se obtendrá por la unificación de las razas humanas y a través de la eliminación de las fronteras. Una república universal surgirá, en la cual los Hijos de Israel se convertirán en el elemento rector. Sabemos cómo dominar a las masas. Los gobiernos de todas las naciones caerán gradualmente, a través de la victoria del proletariado, en las manos de Judá. Toda propiedad privada será posesión de los príncipes de Israel, ellos poseerán la riqueza de todas las tierras. Así se realizará la promesa del Talmud la cual dice que cuando el tiempo del Mesías se acerque, los judíos mantendrán bajo sus llaves la propiedad de toda la gente del mundo”.

Está comprobado que Maurice Joly plagió gran parte de sus “Diálogos” de la novela “Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu” de Jacob Venedey. También se sabe que copió alrededor de siete páginas de su panfleto de la obra “Les Mysteres de Paris” publicada en 1843 por Eugène Sue, donde se relata una conspiración perpetrada por jesuitas en lugar de judíos, pero que es también muy similar a la relatada en los Protocolos. Otro texto que tiene ciertas similitudes con los Protocolos es la novela “Biarritz” de Hermann Goedesche, escrita en 1868 bajo el seudónimo de Sir John Retcliffe. En el capítulo “El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel” Goedsche relata una reunión nocturna entre los miembros de una misteriosa sociedad rabínica. Cuenta cómo el Diablo se aparece ante ellos, reunidos en nombre de las Doce Tribus de Israel, para planificar una conspiración judía. La novela “Biarritz” apareció cuatro años después del “Diálogo en los infiernos” por lo que es muy posible que Goedsche se inspirara en el panfleto de Joly. Ya que Goedesche era aficionado a la literatura española también es probable que haya leído “La Isla de los Monopantos” escrita en 1650 por Francisco de Quevedo, donde narra la reunión de un grupo de judíos que discuten sobre sus medios corruptos para obtener poder.

Los judíos han argumentado con histérica vehemencia que los Protocolos no son más que un plagio del libro escrito por Joly. Y es evidente que, aunque los pasajes “copiados” son pocos, no cabe duda que son muy similares (casi idénticos) en ambos escritos. Lo que frecuentemente se oculta son las conexiones directas entre Joly y el judío Adolphe Israel Crémieux, quien además de ser un revolucionario comunista era también un connotado líder masón del “Rito Escocés y del Gran oriente de la Francmasonería” así como fundador de la ya mencionada “Alianza Israelita Universal” dedicada a “ayudar” (es decir encubrir y proteger) a los judíos franceses “perseguidos” por la ley. Crémieux practicaba el rito masónico esotérico denominado Rito Mizraím. Resulta más que sorprendente que algunos autores sostengan que los Protocolos fueron robados de los archivos de la logia del Rito Mizraím en París. Muy probablemente el judío Adolphe Israel Crémieux poseía alguna copia de los originales protocolos plasmados por el judío Mayer Amschel Rothschild en 1773.

Pero ¿cómo se hicieron públicos estos secretos protocolos? Existe el testimonio del ruso Philip Stepanov, quien afirma que recibió los documentos del Mayor Alexey Nikolayevitch Sukhotin en 1895. Stepanov contó cómo el Mayor Sukhotin recibió el texto de una mujer que vivía en París y que logró copiarlos y traducirlos de los originales que encontró en casa de un amigo suyo (probablemente judío). Stepanov también afirma haber publicado los textos en una edición muy limitada con ayuda de Arcady Ippolitovitch Kelepkovsky, consejero privado del Duque Sergio Aleksándrovich Románov, en la “Imprenta de Prensa Provincial” en 1897. Estas declaraciones las realizó Philip Stepanov ante el Príncipe Vladimir Galitzin, líder de los refugiados rusos en Inglaterra. Posteriormente estudiosos e investigadores añadieron nombres y apellidos a la mujer que copió los documentos en París, dijeron que se llamaba Justine Glinka. Se supone que la mencionada dama habría obtenido acceso a los famosos manuscritos secretos alrededor de 1884. Luego de realizar las correspondientes traducciones las habría entregado a Sukhotin quien a su vez se las habría dado primero a Stepanov y luego al místico ruso Sergei Nilus.

Del texto publicado por Stepanov en 1987 no se ha conservado ninguna copia, pero se sabe que en 1903 el periódico Znamya publicó una versión previa de los Protocolos que fue editada por el erudito Sergei Alexándrovich Nilus. Esta primera edición parece ser la versión resumida de la obra final. Contiene menos extractos copiados del panfleto de Maurice Joly, no hace mención a la masonería, e incluye citas del Antiguo Testamento que luego fueron omitidas. La obra final, como la conocemos hoy, fue publicada en 1905 como anexo en la tercera edición del libro “Lo grande en lo pequeño: La venida del anticristo y el dominio de Satanás en la Tierra” de Sergei Nilus. La primera edición de este libro aun sin el anexo correspondiente a “Los Secretos de los Ancianos de Sión” fue publicada en 1901 o 1902. El propio Nilus afirma que las mismas actas por él publicadas fueron leídas y analizadas en el Primer Congreso Sionista celebrado en Basilea, Suiza, del 29 al 31 de agosto de 1897.

El 16, 17 y 18 de agosto de 1921, el Times de Londres publicó una serie de artículos en donde se afirmaba que los Protocolos son “sólo un torpe fraude producido por un plagiario sin consciencia que parafraseó un libro publicado en Bruselas en 1865”. El Times publicó varios pasajes de los “Diálogos” de Joly junto a “Los Protocolos” de Nilus, en columnas paralelas para así probar más allá de cualquier duda el parentesco entre ellos. La versión sobre la falsificación de los Protocolos parecía estar bien establecida. El Times enfatizó cuidadosamente su posición “absolutamente neutral” ante un reclamo de la prensa judía y pretendió exponer esta “notable falsificación” sólo por el bien de la verdad, ya que era muy importante que esta “leyenda” desapareciera lo más pronto posible y para siempre. El último de estos artículos terminó con las siguientes palabras: “El hecho que sólo estamos ante un plagio, ha sido definitivamente establecido. Dejemos que la leyenda se vuelva un tema del pasado”. Pero éste deseo piadoso falló en materializarse. Existen muchas circunstancias que hacen imposible aceptar las aseveraciones del Times como un veredicto definitivo. Se sabe que el “National Tidscrif” de Oslo, Noruega, en su ejemplar de julio de 1922, reporta que un cierto banquero judío llamado Hammsworth adquirió el control del Times al momento en que ésta serie de artículos aparecieron, es decir, a principios de agosto de 1921. Esta declaración nunca ha sido refutada.

El comentario más frecuente dice que los Protocolos fueron elaborados por los servicios secretos del Zar para perseguir a los judíos revolucionarios, lo que es falso ya que no existe ningún caso de detención o ejecución ordenada a causa del documento. De hecho Nilus, hasta su muerte en 1929, quedó sumamente frustrado al ver que las autoridades no les dieron a los Protocolos la importancia que él y gran parte de la sociedad rusa querían que se le diera. Además, el texto de “Los Protocolos de los Sabios de Sión” está dividido en 24 extensas actas (más de 100 páginas en su edición original). Si el zar hubiese querido confeccionar un texto antisemita, para infundir miedo a las masas apenas alfabetizadas, le hubiera bastado con escribir tan sólo 5 o 10 páginas. Es obvio también que la mayoría de los protocolos contienen notorios y complejos conceptos políticos, económicos y sociales que ninguna persona de pobre formación cultural entendería.

Otras de las argumentaciones que han intentado invalidar el texto de los Protocolos es que posee un carácter auto-inculpatorio. Llama la atención cómo el narrador, un supuesto anciano judío, se echa la culpa de los males del mundo. Pero no se tiene en cuenta que el discurso está dirigido específica y únicamente a otros judíos. Es claro que ningún delincuente daría a conocer sus intenciones criminales a todo el mundo, sino solamente a sus cómplices. También se suele afirmar que carece totalmente de raíces lingüísticas y culturales judías, es decir que no parece haber sido escrito por un judío. Y, aunque es evidente el uso de algunos vocablos y conceptos puramente judíos (nótese el uso constante de la palabra “goim” para referirse a los no-judíos), debe también destacarse que desde que los lineamientos generales del plan judío de dominación mundial fueron redactados por Mayer Amschel Rothschild en 1773, el texto debió haber sufrido numerosas traducciones y embellecimientos literarios (Sue, Venedey, Joly, Goedsche, etc.) antes de ser nuevamente editado y luego publicado por Nilus en 1905.

Los alegatos de que agentes de la Policía Secreta Rusa, la Okhrana, habrían viajado a París alrededor del 1900 para fraguar los Protocolos no soporta el menor análisis. Dichas afirmaciones se basan en las declaraciones de la Princesa Catherine Radziwill, quien junto a su amigo, un tal Señor Hurlbut, dijeron que Pyotr Rachkovsky, jefe de la rama extranjera de la Okhrana desde 1884 hasta 1902, estuvo a cargo de la supuesta “falsificación” asistido por Manassiewitch Manouioff y Mathieu Golovinsky. La Princesa Catherine Radziwill fue enfática al afirmar que Golovinsky le mostró los manuscritos de un trabajo aun inconcluso alrededor de 1904. Luego se comprobó que la princesa mentía ya que Pyotr Rachkovsky, citado jefe de toda esta falsificación, se hallaba a cargo de operaciones referentes a la guerra Ruso-Japonesa entre 1904 y 1905. Es más, Rachkovsky había sido retirado de Francia ya en 1900.

Pero aun sin tener en cuenta las incongruencias de Catherine Radziwill, el marco temporal detallado en los mismos Protocolos nos demuestra que fueron escritos mucho antes. No solo existe el testimonio de Philip Stepanov quien habría publicado el mismo texto en 1897. Sino que la evidencia dentro de los Protocolos apunta a que fueron escritos antes de 1892. En el texto se hace una breve referencia al Escándalo de Panamá (1892), pero no se habla para nada del Caso Dreyfus, que estalló en 1894 y se convirtió en la comidilla de pro-judíos y anti-judíos en Francia hasta los primeros años del siglo XX. Tampoco se hace referencia al Primer Congreso Sionista realizado en 1897. Además, de haber sido escrito por agentes de la Okhrana, es decir por rusos practicantes de la religión Cristiana Ortodoxa, se habría hecho referencia al culto oriental y no a la Iglesia Católica Romana de occidente. Sin embargo solo se menciona dentro de los Protocolos, como enemigos del judaísmo, al Zar Ruso y al Papa Romano.

Muchos afirman que aunque los “Protocolos de los Sabios de Sión” sean falsos, lo importante es que delatan un plan que ha venido cumpliéndose al pie de la letra durante el siglo XX y con particular crudeza luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo este cumplimiento sería en sí mismo la comprobación irrefutable de la veracidad de dicho documento. Es realmente improbable que Maurice Joly, Venedey o Nilus hayan sido capaces de vaticinar la Revolución Rusa de 1917 o las dos Guerras Mundiales, o la tendencia actual hacia la globalización, entre otros acontecimientos de los que habla el texto. Nos vemos pues obligados a aceptar que el autor de estos famosos documentos o bien fue informado por alguien sobre los planes futuros para el mundo, o bien era un profeta mucho más preciso que el célebre Nostradamus.

Por lo expuesto se podría concluir diciendo que, al parecer “Los Protocolos de los Sabios de Sion” fueron gestados en 1773 en una reunión secreta de corte masónico e Illuminati (ya que contienen bastantes similitudes con el programa de los Iluminados de Baviera fundados por Adam Weishaupt en 1776). De allí provienen las similitudes con los textos de Joly y de Venedey, ambos amigos del judío-masón Adolphe Israel Crémieux, quien fácilmente pudo tener en su poder alguna de las versiones previas a los Protocolos. Al parecer estos apuntes fueron pasando de mano en mano a lo largo de los años, de donde adquirieron diversas licencias literarias que a pesar de todo no modificaron el fondo del mensaje, hasta que en 1905 fueron publicados en su forma definitiva por Sergei Alexándrovich Nilus.

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