La masonería se presenta como una sociedad de amigos que se reúnen con cierta frecuencia para hablar de diversos temas manteniendo siempre el respeto por la opinión del otro. Supuestamente nadie puede imponer su punto de vista, pero se muestran siempre intolerantes con quien afirme la validez de los valores tradicionales. Practican también un conjunto de rituales para probar la fidelidad de los miembros.

La masonería fue creada por el pueblo hebraico como un intento organizado para luchar contra la cultura europea. Los valores tradicionales de la raza blanca, basados en los más profundos anhelos del alma que se eleva por encima de lo puramente material, han sido siempre un obstáculo para el utilitarismo judío que busca ante todo la satisfacción desordenada de sus apetitos.

La táctica de la masonería, así como de toda moderna organización de origen judaico destinada a la destrucción de la raza blanca, es difundir un pensamiento débil en el que todas las opiniones tienen el mismo valor sin importar si son verdaderas o falsas, productivas o improductivas, dignas o denigrantes. Esta forma de pensamiento se vuelve a ver en los postulados del comunismo formulado por el judío Karl Marx así como en las doctrinas promovidas por la Escuela de Frankfurt, creada y dirigida por judíos, que estuvo tras la revolución cultural del “sexo, drogas y rocanrol” a mediados del siglo XX.

Existen hipótesis tan inverosímiles, absurdas y ridículas sobre la masonería como que fue creada por Adán, iniciado en la Orden del Paraíso Terrenal por Dios mismo. Otros afirman que el primer masón fue Zoroastro, fundador del mazdeísmo (religión de los persas); o Confucio, fundador de la religión china. También hay quien menciona al filósofo y matemático griego Pitágoras como creador de las logias masónicas.

Incluso alguien llegó a sostener que la masonería se practicaba en otros sistemas planetarios antes de la formación de la tierra. Y no faltó quien dijera que Jesucristo se inició en una logia de Tebas en Egipto, presentó su programa masónico en el sermón de la montaña, y ejerció la maestría de la Logia Esenia de la cual San Pedro fue el primer vigilante (especie de secretario) y San Pablo el elocuente orador.

Pero la historia más difundida afirma que los francmasones modernos son herederos de los antiguos constructores de catedrales, aunque dicha hipótesis es también completamente falsa. Los arquitectos y albañiles medievales formaron, al igual que otros grupos laborales, lo que hoy llamaríamos sindicatos de trabajadores con el único fin de exigir a sus empleadores las condiciones necesarias para su labor (como pagos justos, comida o alojamiento si fuese necesario). Nada de secreto había en sus reuniones y no existían severos castigos, ni juramentos de honor, ni extraños rituales entre ellos.

Para comprender como surgió la masonería debemos comprender el contexto. Durante los siglos XVI y XVII el renacimiento artístico de Europa da paso a un renacimiento filosófico y científico. En 1517 Lutero reta a la iglesia de Roma y hacia mediados del siglo XVI el oportunista Juan Calvino, de origen judío pero haciéndose pasar por cristiano, se sube al tren del protestantismo para satisfacer sus ambiciones políticas y personales. El calvinismo fue creado para crear divisiones y rencores dentro del cristianismo y así socavar los valores del pueblo europeo.

Juan Calvino muere en 1564, pero sus herederos ideológicos y seguidores políticos continúan el trabajo inconcluso. Luego de provocar caos, revueltas e innecesarias divisiones para debilitar a las naciones europeas, el siguiente paso era controlar el poder. En Inglaterra Oliver Cromwell, seguidor del calvinismo, es colocado en el parlamento en 1628 por la cripto-judía familia Montagu. Cromwell se convierte entonces en defensor de la libertad de culto para los calvinistas. Y luego de luchar contra el rey, y asesinarlo en enero de 1649, se hace con el control del país y permite el ingreso indiscriminado de judíos a las islas británicas.

Es evidente que la libertad de culto religioso no era más que una excusa hipócrita de Cromwell para que sus patrocinadores judíos dominen Inglaterra. Y son precisamente esos mismos judíos quienes, entre 1710 y 1720, con una Ingalterra sumisa a sus intereses, dan forma a la primera logia conocida como la Gran Logia de Londres y Westminster, atrayendo a gente de la nobleza para manipularla de acuerdo a sus fines de enriquecimiento y poder personal.

La cábala hebrea, que en principio solo era una mala copia de la alquimia europea mezclada con supersticiones importadas desde Egipto y Babilonia, sirvió de base para los rituales, grados y simbología masónica. Por otro lado, la idea de crear una agrupación de tintes esotéricos provino de un libro escrito en 1710 por Samuel Richter en Alemania y pomposamente titulado “La Verdadera y Completa Preparación de la Piedra Filosofal, de la Hermandad de la Orden de la Rosa Cruz de Oro” donde se detallaba las reglas que regían una hipotética comunidad secreta basada en los “Manifiestos Rosacruces” publicados de manera anónima entre 1614 y 1616 y similares en contenido a muchos otros textos sobre alquimia de aquella época.

Para encubrir sus orígenes judíos los masones han inventado una serie de mitos, pero también han falsificado y malinterpretado documentos históricos. Por ejemplo los denominados antiguos cargos o antiguos deberes, presentados como textos masónicos, son reglamentos gremiales de albañiles medievales o renacentistas que nada tienen que ver con los masones modernos.

Recién en 1717 es publicada la autobiografía en forma de diarios de un no muy conocido astrólogo y anticuario inglés llamado Elias Ashmole, donde casualmente menciona que en 1646 fue hecho masón para luego no hablar más del tema. La primera logia históricamente visible, la Gran Logia de Londres y Westminster, fue fundada alrededor de 1717, por lo que la alusión a viejas logias en los diarios de Ashmole, divulgados ese mismo año, parece haber sido un buen golpe inicial de propaganda para presentar a la masonería en sociedad.

Los masones suelen decir que la Logia de Kilwinning en Escocia ya existía en el siglo XII, pero solo se sabe de ella a partir de 1736 cuando se crea la Gran Logia de Escocia y no existen registros anteriores. Otra logia que dice ser la más antigua es la también escocesa Logia de Edimburgo, que guarda las copias de sus actas desde 1599. El problema es que esas antiguas actas recién se hicieron publicas luego de que David Murray Lyon, miembro de la citada logia, hablara sobre ellas en su libro “Historia de la Logia de Edimburgo” de 1873, lo cual resulta, por lo menos, sospechoso.

La primera referencia histórica real a la masonería, de la cual si se tienen claros y visibles registros, incluidas copias de la primera edición publicada, son las llamadas “Constituciones de Anderson” escritas por James Anderson en 1723 para la Gran Logia de Londres y Westminster. James Anderson era un pastor calvinista especializado en el estudio del Talmud. Cabe mencionar que según la tradición judía el Talmud solo puede ser estudiado por los propios judíos y su lectura no está permitida para los demás. Además ya sabemos que el mismo Calvino, creador del calvinismo, era de origen judío.

Anderson prevé que todo masón deberá dar preferencia siempre a otro masón en detrimento de los demás. Un medico masón deberá atender primero a sus compañeros sectarios aunque otro paciente necesite ser tratado con mayor urgencia. Del mismo modo, un juez que es también masón esta obligado por la logia a favorecer a los miembros de la misma. Y el masón que se niegue a actuar de acuerdo a estos códigos no solo será expulsado del grupo, sino que se hará todo lo posible por arruinarle la vida a él y a su descendencia. Sin lugar a dudas todas estas normas resultan muy similares al típico comportamiento tribal de los judíos y no tienen nada que ver con lo esperado de una sociedad filantrópica ni filosófica.

El rabino Isaac Wise expresaba en 1855 que “la masonería es una institución judía cuya historia, grados, cargos, señales y explicaciones son de carácter judío desde el principio hasta el fin”. Los devaneos del rabino Jacob Judah Leon (1603-1675) sobre unos nuevos diseños para el Templo de Salomón también merecieron gran atención por parte de la primera orden francmasónica londinense en 1717. Es conocida hasta nuestros días la extraña obsesión de los masones por la supuesta arquitectura del templo israelita, la cual es utilizada como modelo para la construcción de sus antros de reunión así como utilizan tergiversadas historias hebreas sobre dicho tabernáculo para sus rituales de adhesión.

Los judíos consideran que la masonería es una vía para acceder a los grupos de poder. Generan contactos por medio de reuniones periódicas y falsamente promueven la pertenencia a sus logias como indispensable requisito social entre las clases altas. Así adquieren poder e influencia en distintos gobiernos y medios de comunicación y pueden manipular a otros miembros de la orden con la excusa de una hipotética lealtad hacia la orden.

La masonería es un invento judío moderno cuyo propósito es difundir la idea de “libertad, igualdad y fraternidad” por encima de las diferencias étnicas, religiosas o filosóficas. Su objetivo no es que se acepten todas las ideologías al mismo tiempo, ya que es imposible conciliar visiones opuestas del mundo; su objetivo es DEBILILTAR toda forma sólida de pensar hasta convertirla en una simple opción personal egoísta que no se preocupa por el bienestar del entorno familiar, comunitario o nacional.

Fuentes: Falling Masonry / Anajnu / Antologia Esotérica / Internet Archive

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