Hemos llegado al punto en que se presenta a los más degenerados, enfermos y pervertidos como “victimas” de una sociedad que no los comprende. La homosexualidad, el aborto, la drogadicción y hasta la delincuencia son glorificadas. Basta ver cualquier video musical de moda donde algún negro aparece en la pantalla haciendo alarde de actitudes delincuenciales y rodeado de lesbianas que se besuquean entre ellas. Pero, ¿por qué tanta degeneración y tantas aberraciones se han transformado en algo normal a inicios del siglo XXI?. Simples prostitutas que antes eran la escoria de la sociedad hoy son llamadas “actrices” pornográficas y se han vuelto estrellas de fama mundial, graban discos, aparecen en el cine y en la televisión, e incluso se postulan a altos cargos políticos, y peor aún, sirven de modelo a miles de jovencitas estupidizadas que quieren seguir sus pasos.

Solo una persona sin dignidad aceptaría como algo “normal” el ser violada y vilipendiada de la manera más aberrante con el único objetivo de obtener algo de fama y unos cuantos millones de billetes que, al igual que el sexo, solo le darán una satisfacción material momentánea. Pero este fenómeno se enmarca dentro del concepto más amplio de “nuevos héroes” que aparecen de manera casi omnipresente en los telediarios y en internet. Videos de lo más estúpidos son subidos sin la más mínima consciencia a la red para demostrar que un imbécil es capaz de empapar sus ojos con alcohol, otro puede envolver su cuerpo entero con cinta adhesiva, y un tercero intenta saltar en patines desde algún alto edificio… y se rompe los huesos. Mientras hay otros que se perforan y mutilan la cara y el cuerpo de manera aberrante y se tatúan hasta el último pedazo de piel. Todo por obtener el aplauso efímero de una fama temporal que es glorificada en esta sociedad que idolatra lo vacio y lo intrascendente.

La palabra “Ario” significa literalmente: noble. De allí que el anhelo de sostener y preservar la propia dignidad sea algo innato en la raza blanca. Todo hombre y mujer de raza Aria nace con el anhelo de ser honorable, pero en épocas pasadas este anhelo podía ser satisfecho practicando actos heroicos, caritativos y nobles a lo largo de toda la vida. Durante milenios el concepto de dignidad fue muy bien resguardado y respetado por las culturas occidentales. Hoy en día ya nadie anhela el honor ni la gloria porque equívocamente se supone que todos nacemos iguales, con los mismos derechos y la misma dignidad. Ahora solo interesa el bienestar materialista. Vemos como la mayor cantidad de trastornos de salud mental, provocados por esta ausencia de verdadero sentido existencial, son cada vez más marcados entre los pueblos de población tradicionalmente caucásica.

Conociendo los bajos instintos que depredan la mente de mestizos, negros y asiáticos, resulta casi inevitable que por simple envidia anhelen la destrucción del hombre blanco. Los negros, por su innata impulsividad, quedan de hecho descartados como verdaderos adversarios ya que nunca podrán hacer nada contra el hombre blanco por si solos. Un negro más dedicado a lo físico se siente a gusto con el placer corporal que le brinda una sociedad que se ha africanizado, es decir, que se ha hecho más primitiva. Un oriental, por su parte, dentro de sus divagaciones totalmente carentes de empatía, es incapaz de ponerse en lugar de los demás y defenderá por ello conceptos llenos de contradicciones producto de sus devaneos mentales, favoreciendo a veces el egoísmo y el materialismo porque cree que es necesario “vivir bien” y otras veces hablando en proverbios llenos de ambigüedades sobre la idea de un Dios difuso e “infinito” del que casi no se puede hablar porque lo abarca todo y está en todas partes… y por lo tanto no es nada.

Peor aún son los mestizos porque tendrán siempre una marcada influencia hacia el negro o hacia el amarillo, jamás hacia el hombre blanco, porque al cruzarse las razas siempre se nivelan hacia abajo. Las características más elevadas de la raza blanca suelen desparecer con el mestizaje, o quedan como caracteres recesivos, latentes en espera de un nuevo cruzamiento que mejore la raza. Solo el hombre blanco ha sido capaz de demostrar ese anhelo de trascendencia plasmado tanto en su arte y en su literatura como en sus concepciones religiosas y filosóficas. Solo el hombre blanco busca más allá de lo cotidiano y del hedonismo físico del africano, solo el hombre blanco intenta sobrepasar la visión puramente tecnológica y esquemática de la mente lógica e intelectual del oriental. Es obvio que todo hombre blanco que observe la majestad, belleza y encumbrada creatividad de la raza Aria sentirá orgullo de pertenecer a tan heroica familia. Pero si su linaje étnico es otro, solo sentirá envidia.

Ejemplo paradigmático de mestizo es el judío, que como otros grupos y etnias mixtas manifiestan las tendencias menos sanas de sus razas progenitoras. Sus propias normas lo demuestran. En el talmud judío se aprueban la pedofilia, el incesto y la esclavitud sexual. Pero su mayor pecado fue corromper las sociedades caucásicas occidentales con sus propias enfermedades, la cuales fueron mellando el alma del pueblo ario. La estupidez y la estulticia del degenerado “arte” judío se propagaron gracias a los periódicos y la prensa. Se adueñaron también de los teatros que antes representaban obras de Goethe y Shakespeare y los transformaron en difusores de pervertidas historias donde destacaba la homosexualidad, el libertinaje, el alcoholismo y la degradación moral y espiritual (no solo de sus “héroes” ficticios sino también de sus muy reales autores hebraicos). Estos mismos teatros se convirtieron luego en salas de cine y poco después los dueños de estas mismas salas producían y proyectaban ya sus propias películas cargadas del mismo mensaje enfermizo.

Sería iluso decir que todo este contagio y propagación de actitudes e ideologías innobles, aberrantes y enfermizas, fue producto de la casualidad, cuando la misma biblia judía, la Torah, promueve el odio y la venganza contra quienes no pertenecen al pueblo “elegido” de Israel si no lo aceptan como intermediario exclusivo y “dueño” absoluto de Dios (como si alguien pudiese ser dueño de Dios). Además, el Talmud, que aparentemente explica y reinterpreta el viejo testamento de la Biblia, resulta más explicito aun al momento de entender cuál es el objetivo de la religión hebrea, y en general de toda la cultura judía. El mensaje que exuda el Talmud en todos sus versos es la implacable lucha del pueblo judío por la dominación de las demás naciones y la destrucción total del cristianismo y de la raza blanca. El método es sencillo: la astucia, el engaño, la estafa y el chantaje.

Y por si no fuera suficiente, para respaldar la idea de una conspiración judía contra occidente tenemos los famosos “Protocolos de los Sabios de Sión” los cuales, por más intentos que se hayan hecho para descalificarlos, continúan siendo la mayor fuente de datos sobre los manejos sucios de los judíos para cumplir con su plan de dominación mundial y el exterminio moral y físico de su mayor antagonista: el hombre blanco. En los “Protocolos” se relata con lujo de detalles los planes perversos de la judería internacional. Por medio de sus tentáculos en la prensa periodística y del entretenimiento, y con la masonería y el comunismo infiltrados en las esferas políticas, planearon introducir el ateísmo y el anticristianismo con el fin de derribar los valores tradiciones europeos. De este modo logran manipular a sus víctimas que están más preocupadas en satisfacerse onanísticamente antes que en defender la forma de vida del hombre Ario.

La suerte favoreció la perfidia de los judíos que ni bien llegados al viejo continente comenzaron a estafar, chantajear y robar a diestra y siniestra sin la menor contemplación. Esto los llevó a obtener el siniestro poder que ostentan hoy como dueños de la banca y los medios de comunicación. Porque arteros y engañosos han sido siempre todos los asiáticos, pertenezcan acaso a la sub-raza de los semitas (árabes y judíos) o sean estos amarillos orientales. Pero los judíos ganaron terreno ya que los árabes, a pesar de sus insidias, prefirieron el más bien noble camino de la lucha en el campo de batalla y al final fueron repelidos por los aguerridos europeos, aunque hoy en día intentan nuevos métodos combinando el terrorismo y la inmigración masiva. Por su parte los chinos se hallan muy lejos y separados de Europa por extensos territorios, por lo que poco interés les ha despertado el continente europeo a lo largo de los siglos y hoy se enfocan más en emigrar hacia Rusia y Norteamérica.

La gente de raza Aria busca de manera innata y casi arquetípica deshacerse de las ataduras del egoísmo hedonista, y esto los convierte en un poderoso enemigo de quienes quieren inundarlo con vulgaridades ordinarias y pedestres. La degenerada y materialista sociedad moderna le genera severos y profundos traumas y conflictos espirituales y psicológicos al hombre blanco, por lo que constantemente intenta librarse de la dictadura enferma del materialismo y el progresismo. De allí que los enemigos del hombre blanco hayan ideado diversas formas de someterlo para verlo humillado y rendido y así evitar que se subleve. Uno de sus primeros métodos fue usurpar el poder blanco mediante la violencia, recordemos la insurrección de los llamados “macabeos” del 167 antes de Cristo contra Dinastía Seléucida, de corte greco-helenístico, o la revuelta judía contra Roma perpetrada en el año 66 después de Cristo y que concluyó con la destrucción del templo de Jerusalén. Lamentablemente para los hebreos su inferioridad numérica siempre les resultó desventajosa, por lo que idearon otros métodos basados en la hipocresía y el engaño para logar sus objetivos.

La idea de hacer pelear a unos contra otros es connatural a la mente de cualquier manipulador. Mientras los demás se encuentran enfrascados en absurdas contiendas provocadas por la malicia, los chismes y la calumnia, el provocador observa plácidamente cómo su enemigo dividido internamente se enfrenta a sí mismo en medio de un diabólico afán suicida. Divide et impera (divide y vencerás) reza el antiguo refrán, y nada es más preciso para indicar la táctica judía de dominación. Con el comunismo del XIX, ya esbozado en la revolución inglesa del siglo XVII y la francesa del siglo XVIII, el judío hizo pelear al pueblo contra los nobles y a los obreros contra sus empleadores. Con el feminismo del siglo XX el judío hizo pelear al hombre contra la mujer, enfrento también al los padres con sus hijos e inculcó el odio de las nuevas generaciones hacia sus “anticuados” ancestros y sus tradiciones. Todo gracias a su perniciosa lengua viperina cuyas perversas insinuaciones fueron y siguen siendo amplificadas por la maquinaria mediática de prensa, televisión, radio y cine que hasta hoy mantienen en su poder.

Toda esta degeneración es muy sencilla de explicar. Los niños imitan todo lo que ven, si se retiran los modelos saludables y solo se deja como ejemplo lo degenerado, el resultado serán miles de degenerados bien programados para defender su degeneración. Los judíos son muy astutos pero eso no los hace más inteligentes, son ociosos y siempre buscan el método más fácil. Intentan destruir la unidad familiar, por ejemplo, promoviedo la idea de que ambos padres deben trabajar fuera de casa con la excusa de llevar mayores ingresos al hogar, los niños se quedan entonces al cuidado de terceros, viendo televisión todo el día y ensimismados en videojuegos idiotizantes. En los colegios y universidades entrenan mecánicamente a los futuros obreros mientras fomentan la idea de que todos “somos iguales” y por lo tanto debemos “respetar” a todos y todos nos deben respetar “como somos” sin importar si nuestros actos son buenos o malos para nosotros mismos y para la sociedad. Los mismos ideales son promovidos en la masiva industria de la música, el cine y toda la industria del entretenimiento. Y por último la información y las noticias están también manipuladas del mismo modo.

El hombre blanco siempre ha deseado lo mejor para los suyos y es por ello que jamás se ha contentado con una vida mediocre, lo que a su vez lo ha llevado a una constante búsqueda de bienestar tanto material como espiritual, manteniendo ese constante pero delicado equilibrio entre uno y otro aspecto de nuestra realidad. El bienestar generado en las sociedades blancas para los propios blancos ha provocado la aparición de un fenómeno aberrante que es también hábilmente manipulado por la política judaica. El fenómeno de la inmigración diariamente desplaza a millones de extranjeros que invaden los países blancos y destruyen su cultura. Esta silenciosa invasión no solo genera choques culturales donde los nuevos colonos de razas y costumbres diferentes ni siquiera intentan adaptarse al nuevo medio que intentan habitar, sino que debido a sus promiscuas costumbres reproductivas generan un incremento de su propia raza o de razas mestizas y por lo tanto la inexorable disminución de la raza blanca original (nótese la tasa de natalidad de negros y chinos). A esto solo se le puede llamar GENOCIDIO y es parte del plan judío para exterminar a la raza blanca.

Si tienes un invitado en tu casa lo tratarás bien, mantendrás una agradable conversación con él y luego lo acompañarás hasta la puerta para que regrese a su casa. Pero si dicho invitado se niega a irse, entonces tendrás que expulsarlo a la fuerza. Peor aún es cuando el usurpador se auto-invita a si mismo ingresando subrepticiamente a tu casa con la intención de quedarse a vivir en ella. Aquí no hay una lucha digna, no existe ningún tipo de enfrentamiento honorable, como si existió durante la colonización europea de diversas partes del mundo. Ningún inmigrante piensa hoy en organizar desde su país de origen un ejército destinado a colonizar nuestras tierras. Aquí solo existe la estrategia de la serpiente que se escabulle a escondidas para atacarte mientras duermes. Cientos de inmigrantes llegan con su “sana” diversidad y terminan ensuciándolo todo, dejando basura por donde pasan, incrementando brutalmente el índice de robos, prostitución y delincuencia, haciendo del tránsito urbano un peligroso caos, donde lo importante es ganar una hipotética carrera de autos, porque incluso cuando caminan por la calle solo empujan y atropellan como si estuviesen andando por los pasillos de algún mercadillo árabe. En fin, lo que provoca la inmigración es la destrucción de nuestras bien organizadas sociedades.

Y luego los judíos de turno, a quienes les conviene la destrucción de nuestra raza, inventan excusas para justificar la susodicha inmigración. Nos dicen que los extranjeros ayudan en nuestra economía, pero la realidad es que casi todos estos extranjeros tienen la malsana costumbre de trabajar en la informalidad, sin pagar impuestos, evitando así todo tipo de contrato legalmente establecido que les pueda provocar la “pérdida” de sus ingresos. No se reconocen como parte de la nación anfitriona, y por lo tanto sienten que nada le deben. A pesar de ello gozan de ciudades más limpias, de mejores servicios de salud y de infinidad de beneficios que jamás podrían obtener en sus respectivas patrias. Dicen que vienen a realizar labores que los europeos no están dispuestos a hacer, pero nosotros, como raza, hemos vivido durante milenios sin ellos y hemos construido las más hermosas catedrales, los acueductos mejor elaborados, hemos logrado sembrar los cultivos más productivos, y además, siendo más prosaicos, nuestras madres y abuelas mantuvieron bastante limpia la casa sin la ayuda de inmigrantes.

Si tan buenos son los inmigrantes que vienen a “ayudarnos” en los trabajos que supuestamente “no deseamos hacer” ¿por qué mejor no se quedan en sus respectivos países ayudando a su propia gente? Es que no vienen a ayudar a nadie, solo vienen a aprovechar el estado de bienestar que por propia ineptitud no pueden lograr en su patria natal. La mayoría de inmigrantes no tienen mayor formación y se dedican a labores más bien simples. Sin embargo, muchos nativos de raza blanca también necesitamos esos puestos de trabajo, no todos pueden ni deben andar metidos en laboratorios u oficinas. Pero el empleador, imbuido del espíritu judío que da mayor importancia al beneficio económico y NO a la unidad racial o nacional, le dará el trabajo al extranjero que fácilmente aceptará un salario más bajo. El inmigrante, acostumbrado en su país natal a sobrevivir en peores condiciones, está totalmente dispuesto ganar menos con tal de seguir disfrutando de calles limpias, baja delincuencia, y en general de toda la seguridad y salubridad que le brinda una sociedad más desarrollada. Lamentablemente son los mismos inmigrantes los que con sus retrogradas costumbres y su masivo índice reproductivo pronto terminarán por destruir, como un cáncer, cualquier atisbo de prosperidad que haya sido lograda por los países blancos que los hospedan.

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