Fuente: Metapedia (Ilya Ehrenburg) / Schullerpedia / Wikipedia (Lev Kópelev)

Es sabido que los judíos en general son propensos a padecer enfermedades mentales, prueba viviente de ello fue el propagandista judío Ilya Grigoryevich Ehrenburg. Fue redactor de noticias, libros y panfletos durante la Segunda Guerra Mundial, para el régimen de Stalin, aunque es poco conocido en Europa Occidental. Nació en Kiev, actual Ucrania, en 1891. Murió en Moscú 1967 de un cáncer de próstata. Ehrenburg suele ser presentado por la prensa judía como un “virtuoso” escritor defensor de la paz y el orden social.

En realidad Ehrenburg padeció durante toda su vida los traumas de haber sido afectado por la psicopatía. Desde temprana edad fue un chico desequilibrado de carácter rebelde y “revolucionario”, ya entonces había sido arrestado por la policía rusa que lo mantuvo preso durante cinco meses. Además, mientras estudiaba en Moscú, fue expulsado del centro de educación secundaria a donde asistía.

Participó activamente en el movimiento estudiantil durante la revolución de 1905 más por amor a derramar sangre que por alguna ideología en particular. En 1908 emigra a Francia donde entra en contacto con artistas bohemios y alcohólicos de Montparnasse, en París. Empieza pues a escribir poesía influenciado por el ambiente libertino, vulgar y delictivo que le ofrecía la vida con otros poetas contemporáneos.

Se hace reportero durante la Primera Guerra Mundial para ganar algo de dinero haciendo valer su origen judío con sus hermanos “raciales” tan bien enquistados en la prensa internacional. Finalizada la guerra vuelve a Rusia donde trabaja como profesor durante el régimen de Lenin. Al igual que muchos judíos también practica el incesto y en 1919 se casa con su prima Liubova Kozintseva, con quien tiene una hija.

Sus tendencias eran tan fuertemente violentas que se sentía insatisfecho con la política seguida tras la revolución bolchevique por considerarla muy blanda. Defraudado por la ausencia de mayor cantidad de sangre y violencia en la Rusia de Lenin, vuelve a emigrar a Europa occidental, viaja por Berlín y Bruselas, y a partir de 1925 reside de nuevo en Paris.

Ilusionado tras la proclamación de la Segunda República Española en 1931 viaja a España y trabaja como corresponsal de noticias. Luego, durante la guerra civil española, trabaja para la revista Izvestia, periódico oficial del gobierno soviético, haciendo además propaganda comunista y escribiendo libros a favor de los judeo-bolcheviques, lo que lo convierte en uno de los personajes más apreciados por el dictador de la Unión Soviética, Iósif Stalin.

Es por ello que en 1941 vuelve a la URSS y empieza a trabajar en el periódico “Estrella Roja” de Moscú. También comienza a distribuir montones de panfletos a las tropas que luchaban en la Guerra Mundial. Ehrenburg combinaba discursos de odio con una poesía mediocre y populista, lo que evidentemente complacía a Stalin, con cuyo beneplácito fundó, junto a otros hebreos, el “Comité Judío Antifascista” en 1942. Dicho comité estuvo dedicado a promover el odio contra los alemanes en todo el mundo con la gastada excusa del victimismo judaico.

En 1942, momento en que los alemanes habían avanzado hasta el corazón de Rusia, Ehrenburg escribe un incendiario artículo titulado “mata”, al que le seguirán muchos más panfletos con el mismo tono agresivo y desequilibrado. Los artículos mantenían siempre una constante arenga a la violencia y al odio hacia todo lo alemán. Promovía la germanofobia y la deshumanización del “invasor alemán” para poder “matarle mejor” así como alentaba a matar alemanes de forma sanguinaria y genocida mediante una prosa reiterativa y cansina.

En algunas de sus citas más nefastas se puede leer que: “No es suficiente con enviar a los alemanes al oeste de vuelta. Los alemanes deben ser cazados hasta la tumba”, o arengas a los soldados soviéticos para que: “¡Maten valientes hombres del Ejército Rojo, maten! No hay nada de lo que el alemán no sea culpable. El Camarada Stalin nos ordeno que sacrifiquemos al animal rabioso. Rompan con la fuerza el orgullo racial de las mujeres alemanas. Tómenlas como su trofeo de guerra por derecho. Maten, valientes hombres del Ejército Rojo, maten”.

Mientras el Ejército Rojo presionaba hacia Alemania a finales de 1944, Ehrenburg no solo continuó su incendiaria trayectoria en la línea que llevaba, sino que instigó a los soldados rusos a violar a todas las alemanas que encontrasen, aun cuando quedaban escasos días para el final de la guerra. Sus arengas fueron escuchadas y puestas en práctica por los soldados de Stalin y sus atrocidades dieron lugar al genocidio de millones de alemanes.

Oficiales soviéticos como Lev Kópelev, quien durante la entrada del Ejército Rojo en Alemania, en enero de 1945, fue testigo de numerosos actos brutales contra la población civil en Prusia Oriental, denunciaron la incitación al terrorismo hecha por Ehrenburg, pero fueron inmediatamente acusados de “compasión ante el enemigo” y silenciados. En un artículo en Pravda, el diario del partido comunista ruso, Georgi Aleksándrov también critica, aunque tibiamente, la actitud fanática de Ehrenburg calificándola de exagerada.

Críticas como esta se multiplicaron después de la guerra, en la segunda mitad de los años 40. Ehrenburg se excusó diciendo que “siempre había querido decir justicia, no venganza”, alegando como supuesta prueba una muy breve frase en uno de sus tantos artículos incendiarios, escrito en mayo 1942, en el que simplonamente decía que los alemanes que se rindieran “vivirían”.

Entre 1944 y 1946 Ilya Ehrenburg y otro reportero soviético de origen judío, Vasily Grossman, escriben para el “Comité Judío Antifascista” el llamado “Libro Negro”, que pretendía ser una especie de documental sobre el presunto asesinato sistemático de judíos durante el régimen Nacionalsocialista, incluyendo testimonios de aparentes “sobrevivientes” de los campos de concentración.

Para plasmar este libro Ehrenburg recibió el incondicional apoyo de miembros de la resistencia judía y de la comunidad judía norteamericana. Pero la administración soviética no vio el libro con muy buenos ojos por lo absurdo y exagerado de las mentiras que contenía. Incluso hoy el “Libro Negro” es tachado como “obra de ficción” por lo impreciso y poco neutral de sus declaraciones, y por eso resulta de escaso valor documental.

Las críticas contra el enfermizo y sanguinario odio de Ehrenburg fueron silenciadas y, gracias al favoritismo de Stalin, se convirtió desde 1950 hasta su muerte en una de las figuras soviéticas más visibles. Fue nombrado diputado del Soviet Supremo y mensajero respetado del Estado Soviético, sin ser nunca miembro del Partido Comunista.

Durante la llamada “Guerra Fria” Ehrenburg visitó distintos países extranjeros llevando a cabo misiones “culturales” a favor de los judíos, y en 1952 fue recompensado por sus “servicios” a la Unión Soviética con el premio Stalin. Escribió algunas novelas y memorias, y hasta su muerte defendió la figura de Stalin, su régimen y el estado comunista soviético.

El judío Ilya Grigoryevich Ehrenburg dejó además un testamento secreto en el que expresaba su deseo de que todos sus bienes y obras fueran trasladados a Israel 20 años después de su muerte. Ehrenburg fue aclamado por la prensa israelí como un “patriota judío” pese a que él siempre se hizo pasar como ciudadano soviético.

Ilya Ehrenburg jamás fue procesado, ni imputado, ni juzgado por ningún tipo de tribunal por su responsabilidad como incitador de la discriminación, el odio y la violencia contra civiles; ni por su papel como autor intelectual e instigador de los asesinatos y violaciones de millones de alemanes ocurridos durante el avance del Ejército Rojo entre 1944 y 1945.

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