Fuente: Área Identitaria / Una breve historia / El baúl de Josete / Escalofrio.com

Quizá porque se trataba de un buque que transportaba refugiados alemanes en plena Segunda Guerra Mundial, o quizá porque fue hundido por torpedos lanzados desde un submarino soviético cuando no representaba ninguna amenaza, el hundimiento del Wilhelm Gustloff es una de las catástrofe navales menos conocidas. Lo cierto es que los perdedores nunca escriben la historia. Y es quizá por ello que la mayor tragedia de la navegación ha pasado desapercibida para casi todo el mundo.

Con la llegada del Ejército Rojo al territorio alemán de Prusia Oriental, a finales de la Segunda Guerra Mundial, se produjo una oleada de refugiados alemanes hacia occidente. El motivo no era otro que escapar de las tropas soviéticas, ya que era bien sabido el trato que la población alemana podía recibir de estas. Ante el temor de sufrir las represalias más de un millón de refugiados se dirigieron a Danzig y otros puertos en el Báltico con la esperanza de ser evacuados hacia Alemania.

Durante la gélida noche del 30 de enero de 1945 más de 60.000 refugiados alemanes se apretujaban en el muelle del puerto báltico de Gotenhafen. En medio de una selva de empujones, golpes y gritos, y luchando contra el pavor y el frío, aquella gente, en su mayoría mujeres y niños, se afanaba desesperadamente por subir al trasatlántico Wilhelm Gustloff, a bordo del cual podrían llegar a Dinamarca.

Se hizo a la mar en marzo de 1938. Su nombre conmemoraba a un dirigente alemán del partido Nacionalsocialista asesinado por un estudiante judío en 1936. En un principio estuvo destinado a ser un crucero que llevaría de vacaciones a los obreros alemanes como parte del programa ideado por la organización Nacionalsocialista “Kraft durch Freude” (Fuerza por la Alegría) cuya función era ofrecer alternativas de ocio asequibles como conciertos, excursiones y viajes en crucero.

El Wilhelm Gustloff se hizo célebre por haber rescatado en 1938 a los náufragos de un mercante británico en medio de un temporal. Durante la Segunda Guerra mundial fue utilizado como buque-hospital hasta 1940, para pasar luego a ser buque-escuela dedicado al adiestramiento de cadetes para los submarinos. Era por aquel entonces, con más de 200 metros de longitud y 25.000 toneladas, el buque de pasajeros más grande del mundo.

El trasatlántico zarpó lleno hasta los topes, con 8.000 personas a bordo según documentos oficiales, aunque algunas informaciones hablan de más de 10.000 pasajeros. El número exacto real se desconoce dado lo desesperado de la situación. Sin buques de guerra para escoltarlo y con sólo 12 lanchas salvavidas, navegaba lentamente por el Báltico, por lo que se convirtió en un blanco fácil para los submarinos rusos.

La tragedia se desató, pocos minutos después de las 11 de la noche, cuando el barco fue impactado por un torpedo lanzado por el submarino soviético S-13 que en esos momentos vigilaba las aguas del mar Báltico. Otros dos torpedos precipitaron aún más la tragedia. El Wilhelm Gustloff volcó y 2.000 refugiados de la cubierta de paseo más baja se ahogaron de inmediato. Una hora más tarde el trasatlántico se hundía en las heladas aguas del Báltico.

En aquél momento la temperatura del agua rondaba los dos grados centígrados y la temperatura exterior era de menos 18 bajo cero. Los buques de guerra alemanes rescataron casi un millar de supervivientes, algunos de los cuales morirían de frío poco después. En total perecieron más de 9.000 personas, una cantidad cinco veces mayor al número de facllecidos en el hundimiento del Titanic. Antes del fin de la guerra, acontecido cuatro meses después, los submarinos soviéticos hundieron 23 buques más.

Al mando del submarino S-13, que atacó el barco alemán lleno de civiles, estuvo Alexander Marinesko, un tipo de carácter difícil y costumbres viciosas, alcohólico y mujeriego. En la noche de año nuevo de 1944 Marinesko cerró el año con un gran desliz que le costaría la expulsión del Partido Comunista y la inspiración necesaria para hundir el crucero alemán en busca de ser nuevamente aceptado.

Cuando la celebración de año nuevo acabó, Alexander Marinesko no regresó al barco y se quedó celebrando en la taberna de una finlandesa a la que tenía decidido seducir. Desapareció durante tres días en periodo de servicio activo y eso era algo que el alto mando no podía tolerar en quien tenía en sus manos el poder de un submarino, lo que le valió la expulsión del Partido Comunista.

Se le abrió un proceso en que se le declaró desertor pero en medio del proceso Marinesko reapareció y pidió clemencia alegando que había tenido una aventura amorosa. El alto mando le anuló la acusación y en lugar de suspenderlo se limitó a darle una amonestación (ya que de haberlo sancionado el poderoso S-13 se habría quedado inactivo) y se le envío a cazar barcos alemanes en Prusia Oriental.

A Marinesko no le fue tan bien cuando regresó a su patria. Acabada la guerra se le negó toda condecoración porque se consideró que tenía un perfil inadecuado para ser nombrado “héroe” ya que era conflictivo, indisciplinado y alcohólico. Consecuentemente en septiembre de 1945 se le quitó la comandancia del S-13, se lo rebajó a un rango inferior al de capitán y se le dieron tareas nada gloriosas, alejadas del mar y los combates.

En Noviembre de 1945 lo expulsaron de la marina y en 1949, tras encontrar bienes indebidamente adquiridos en su apartamento, lo sentenciaron a dos años en el campo de concentración de Kolyma. Los años siguientes se terminó de arruinar económicamente y en 1963 murió en Stalingrado a causa de una úlcera. Sólo después de muerto, bajo el gobierno de Gorbachov, se le haría una estatua y se le otorgaría, en 1990, el título y la medalla de Héroe de la Unión Soviética.

El hundimiento del Wilhelm Gustloff, razón principal de su condecoración póstuma, ha pasado a la historia como un “crimen de guerra” por el asesinato de civiles y militares heridos. Hoy en día el Gustloff reposa, en tres secciones, a 90 metros de profundidad. En 2004 se organizó una expedición para filmar sus restos.

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