Fuente: Metapedia

En el corazón de toda mitología se habla de las razas actuales, e incluso de las razas a lo largo de la historia conocida, como profundamente degradadas. Los rasgos nobles que históricamente han aparecido en raros casos individuales serían vestigios de una antigua raza conocida como la raza Aria. Esta raza, cuya nobleza la lleva a romper con el mundo material en el que ha surgido, existiría con el único objetivo de ayudar a otros a trascender la creación.

Debido a sus prolíficas costumbres reproductivas las demás razas absorbieron a la población Aria, la cual dejó de existir como raza. La genética Aria, degradada pero aun discernible, continuó por algún tiempo en las clases dominantes de las dinastías históricas. Algunos rastros también pudieron haber subsistido en comunidades rurales aisladas y en las órdenes religiosas de la antigüedad que surgieron como alternativa a un entorno degenerado.

La raza Aria debió poseer una gran belleza física, la cual reflejaba su noble carácter. Sus atributos físicos, inadecuados a estilos de vida más primitivos, pudieron incluir un mayor ángulo facial, cráneos alargados (dolicocefalia), cuerpo agraciado y esbelto (ectomorfo) y una lenta maduración sexual. Estas características han sido asociadas por los antiguos historiadores a un buen temperamento.

Otras culturas practicaron su religión como un método supersticioso de pedirle favores materiales a sus dioses tribales. Podemos ver este tipo de religiosidad en los cultos africanos, asiáticos y precolombinos. Solo con la llegada del pensamiento Ario la religión comenzó a enfocarse en ideales espirituales. En lugar de enterrar a sus muertos e intentar preservar sus tumbas los Arios quemaban los cadáveres y esparcían las cenizas, en lugar de la ubicua diosa de la fertilidad los Arios honraban a la diosa virgen.

Es notable como la cultura Aria has sido malinterpretada por otras razas. Los judíos, por ejemplo, consideran la cremación como una profanación de sus muertos ya que esperan la resurrección de la carne. En tanto que los cultos asiáticos observan la castidad y la ausencia del deseo sexual como una perversión. Para el Ario el alma trasciende al corruptible cuerpo material, y el sexo no es visto como fuente de satisfacción y desfogue sino como un proceso sagrado y especial.

A lo largo de la historia han existido individuos sobresalientes que despreciaron la inmoralidad de las sociedades en las que fueron criados. Frecuentemente han mirado románticamente hacia el pasado esperando retornar a un camino más noble. Estos individuos podrán diferir en lenguaje, religión o nacionalidad, pero están enlazados por una memoria colectiva. Nosotros, como sus herederos, tenemos la oportunidad única de volver a unirnos y hacer realidad su legado.

Anuncios