Fuente: Metapedia (Apartheid) / Metapedia (Tiroteo de Sharpeville) / Wikipedia (Legislación del apartheid) / Wikipedia (Sudáfrica) / Breitbart

Hacia 1994 uno de los temas más comentados en la prensa mundial era el fin del apartheid en Sudáfrica. Se hablaba del fin del racismo y la discriminación en el país africano, y por todos lados se hacía presente la figura del negro xhosa Nelson Rolihlahla Mandela. En 2013, con la muerte de Mandela, el tema de la lucha contra los hombres blancos en Sudáfrica volvió a ser portada de noticiarios y páginas de internet.

El término apartheid, que significa “separación” en lengua afrikáans (derivada del holandés), jamás fue utilizado por el gobierno sudafricano. La palabra apareció por primera vez en el diario sudafricano Die Burger en 1943 para describir el programa político de Desarrollo Separado propuesto por el Nasionale Party (Partido Nacional Sudafricano). La política de Desarrollo Separado fue implementada tras las elecciones de 1948 cuando el Nasionale Party llega al poder.

La historia del hombre blanco en Sudáfrica es complicada. El primer europeo en llegar fue el marinero portugués Bartolomé Díaz en 1487. Pero es recién en abril de 1652 cuando el holandés Jan van Riebeeck establece un lugar permanente de suministro para los barcos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Poco a poco desde entonces el sur de África comienza a poblarse con inmigrantes holandeses dedicados en su mayoría a la agricultura y la ganadería.

Desde un inicio los holandeses se vieron envueltos en las guerras entre tribus africanas aun a pesar de haber conquistado un territorio desocupado, por el que no debieron estar involucrados en dichos conflictos. En 1797 Gran Bretaña inició la invasión del área habitada por los holandeses y no fue hasta 1961, en que se crea la República de Sudáfrica, cuando Sudáfrica se separa definitivamente de la Comunidad Británica de Naciones.

Uno de los episodios más trágicos en la historia sudafricana es la Guerra de los Bóeres que se libró entre 1899 y 1902. Con el fin de cortar el abastecimiento de víveres y así detener la insurrección de los Bóeres, granjeros descendientes de los primeros holandeses, las fuerzas británicas quemaron sus pueblos y haciendas, destruyeron los caminos y encerraron a sus habitantes en campos de concentración. Muchas mujeres y niños murieron por las deplorables condiciones higiénicas y alimentarias de esos recintos.

La paz regresó a Sudáfrica luego de la Guerra de los Bóeres. Y en 1961 Sudáfrica decide separarse definitivamente de la Mancomunidad Británica de Naciones, por elecciones libres, para convertirse en república independiente. La iniciativa para definir en un referéndum el estado legal de Sudáfrica frente a la Corona Británica vino del abogado y psicólogo sudafricano Hendrik Frensch Verwoerd, quien desde agosto de 1958 asumió el cargo como Primer Ministro de Sudáfrica y líder del Partido Nacional.

Verwoerd también promovió el Desarrollo Separado para las distintas etnias del país sudafricano. Creó diez territorios llamados Bantustanes destinados a los negros y un área aparte para la gente de raza blanca. Por medio de legislaciones graduales logró que cada grupo tuviese sus propios dirigentes, sus propias escuelas, sus propias universidades, y sus respectivos sistemas de salud y seguridad social. Bajo el dominio inglés los negros no podían votar, con la creación de los Bantustanes ellos mismos debían elegir a sus autoridades.

El desarrollo social y económico, promovido por Hendrik Verwoerd y continuado por sus sucesores, atrajo africanos del continente entero que ingresaban ilegalmente a través de Namibia y Mozambique. El hospital de Johannesburgo, el más grande de Sudáfrica, atendía solo a negros. Maestros blancos dieron educación a niños negros en su propio idioma, teniendo que trasladarse a remotas áreas donde la violencia y la inseguridad eran inminentes. Y todo financiado con los impuestos de la gente blanca. Sólo en la zona destinada a los blancos los negros debían usar instalaciones separadas.

El Partido Nacional fortaleció la economía con un régimen de producción autosuficiente en el que las riquezas se quedaban en Sudáfrica en vez de fluir hacia las arcas de la banca judía internacional. Los principales perjudicados fueron las compañías comerciales De Beers y la Anglo American Corporation, controladas por el judío Harry Frederick Oppenheimer, agente de los Rothschild en Sudáfrica y heredero del proyecto económico del Imperio Británico.

El judeo-bolchevismo, envalentonado por sus triunfos en Rusia, ya había fundado en la década de 1920 el Partido Comunista Sudafricano y su contraparte pro-negra, el Congreso Nacional Africano. Sin embargo no fue hasta marzo de 1960 cuando el judío Joe Slovo del Partido Comunista Sudafricano, y el negro Nelson Mandela del Congreso Nacional Africano, dan inicio a las actividades del grupo terrorista Umkhonto we Sizwe con el fin de detener las políticas económicas contrarias a Oppenheimer y los Rothschild bajo la excusa de luchar contra la discriminación.

En marzo de 1960 un grupo de negros convocados por el Congreso Nacional Africano se reunieron frente a la estación de policía del poblado de Sharpeville para protestar contra el llamado “apartheid”. La protesta se tornó violenta alrededor del mediodía, cuando los manifestantes comenzaron disparar al aire. Dos meses antes nueve agentes de policía habían sido asesinados en circunstancias similares en el suburbio de Cato Manor. La policía intentó dispersar a los manifestantes con gases lacrimógenos, pero la turba seguía disparando y arrojando piedras.

Los policías de la estación, casi todos jóvenes sin entrenamiento en control de disturbios, entraron en pánico y respondieron a los disparos. El tiroteo duró menos de un minuto. Murieron 69 personas negras, incluyendo 8 mujeres y 10 niños, y otras 180 resultaron heridas. El Teniente Coronel Pienaar, oficial al mando de los refuerzos de la policía en Sharpeville, negó haber ordenado abrir fuego y dijo en su declaración que: “La mentalidad nativa no les permite reunirse para una manifestación pacífica, para ellos reunirse significa violencia”.

El evento fue catalogado por los medios de comunicación internacional como una “masacre” premeditada y supuso el inicio de sanciones y boicots con la disculpa de combatir el racismo. La ONU emitió resoluciones de embargo económico y armamentista que prohibían comerciar con Sudáfrica. Distintas instituciones culturales, deportivas y académicas suspendieron todo tipo de tratos con el país de los Bóeres. Y la respuesta del Partido Comunista Sudafricano y del Congreso Nacional Africano fue la creación del grupo terrorista Umkhonto we Sizwe.

Los terroristas del Umkhonto we Sizwe comienzan entonces a agitar a la población negra sudafricana con el fin de derrocar al Partido Nacional. La población negra que se beneficiaba grandemente con el sistema de Desarrollo Separado se negó a apoyar a los marxistas Slovo y Mandela, quienes al verse rechazados iniciaron una oleada de masacres y matanzas a fin de amedrentar a la población. Siguiendo el esquema de toda revuelta comunista, castigaban con la muerte a todo aquel que no los apoyase.

En respaldo al grupo terrorista Umkhonto we Sizwe, fundado por Mandela, Sudáfrica se vio atacada desde 1966 por fuerzas comunistas internacionales lideradas militarmente por la Unión Soviética y Cuba y con bases en varios países vecinos comandados desde Angola. Incluso la ONU insto a las potencias extranjeras que no participaban en el conflicto a apoyar económicamente a los enemigos de Sudáfrica. Esta guerra a lo largo de tres décadas cobró la vida de miles de jóvenes que murieron defendiendo a su patria.

En 1963, Mandela fue hallado culpable de 156 actos de violencia pública que incluían oleadas de atentados con bomba, muchos de ellos en lugares públicos, como el atentado de la estación de ferrocarril de Johannesburgo. Por ello estuvo preso durante 27 años. Mientras tanto el judío Slovo se desentendió de Mandela y huyó hacia el Reino Unido. Winnie Mandela, esposa de Nelson Mandela, continuó con la barbarie del Umkhonto we Sizwe.

Winnie también amedrentaba y castigaba con la muerte a quien ella consideraba cómplice del apartheid. En 1989 fue condenada por el asesinato de un adolescente, pero solo pagó una multa gracias al apoyo que recibió de su esposo desde la cárcel. Winnie Madikizela-Mandela indicó en una entrevista concedida al dominical parisino Le Journal du Dimanche: “Si yo no hubiera luchado, Mandela no habría existido, el mundo entero lo habría olvidado”.

Tras su liberación, el 11 de febrero de 1990, Nelson Rolihlahla Mandela colaboró en conjunto con el entonces presidente Frederik Willem De Klerk para establecer una “democracia multirracial” en Sudáfrica, lo cual se consiguió en 1994. Tanto Nelson Mandela como De Klerk recibieron el Premio Nobel de la Paz de 1993. Posteriormente Mandela ganó las elecciones y fue presidente de Sudáfrica desde 1994 hasta 1999.

Mandela siempre fue pro-judío y estuvo a favor de la ocupación sionista de Palestina. Luego de una visita a Israel Mandela viajó a Gaza e hipócritamente abrazó al líder palestino Yasir Arafat, quien entonces luchaba contra Israel por la libertad de su pueblo, y dijo que: “Los líderes árabes deben hacer una declaración inequívoca y reconocer la existencia de Israel”. En su libro autobiográfico titulado Un Largo Camino Hacia La Libertad, publicado en 1995, Mandela revela su admiración por el genocida sionista Menachem Begin.

Durante la época del “apartheid”, y a pesar del bloqueo comercial impuesto por la comunidad internacional, Sudáfrica llevó al cabo el primer trasplante de corazón de la historia, desarrolló su propio programa nuclear, montó un potente complejo militar-industrial y sintetizó petróleo artificialmente. Tras la llegada al poder de Mandela y en los subsiguientes gobiernos negros las condiciones de vida en Sudáfrica han venido deteriorándose aceleradamente, lo cual demuestra nuevamente la poca capacidad de gestión de la raza negra.

La desigualdad social en Sudáfrica es producto de la política impuesta por el Banco Mundial y el FMI. Con la excusa de atraer más inversiones ahora se permite la explotación de los trabajadores, porque los empresarios prefieren obreros que no exijan mucho y que produzcan más. Y con la justificación de mejorar los servicios públicos, las instituciones encargadas de salud, seguridad y educación pasan a manos privadas que no buscan el bienestar de la población sino solo el lucro. Todo en beneficio de la oligarquía judía internacional que es dueña del dinero para dichas inversiones.

El crimen en Sudáfrica también ha aumentado considerablemente desde la eliminación del apartheid. Más de 3.000 agricultores blancos han sido asesinados desde 1994. Un granjero blanco es asesinado cada 36 horas. La gran mayoría de estos homicidios son realizados por razones raciales. Los negros no matan a los blancos para robarles sino por el odio que sienten hacia su vida y sus costumbres. Los asesinatos suelen ser sanguinarios y despiadados. Mientras tanto el actual gobierno “multicultural” de Sudáfrica no hace absolutamente nada.

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