Fuentes: Comité Provida / Forum Libertas / Catholic.net

Mucha gente piensa que el matrimonio y en general las relaciones homosexuales no los afectan. Llevados por la propaganda masiva en los medios de comunicación destinada a hacernos ver la homosexualidad como algo cotidiano y normal, muchos terminan preguntándose: “¿Por qué debe preocuparme la vida de los homosexuales?, ¿cómo pueden ellos afectarme a mí o a mi familia?”.

Con ese tipo de razonamiento a los homosexuales tampoco debería importarles nuestra forma de vida ni nuestras ideas, pero al parecer su principal objetivo es ser “acepados” por todos nosotros. Cabe preguntarse cual es la verdadera razón de su lucha por la “igualdad” ante la ley y la sociedad.

Habría que considerar, por ejemplo, cómo la seguridad social “igualitaria” cuesta a los contribuyentes cientos de millones al año, ya que los homosexuales son más propensos a sufrir diversos tipos de enfermedades propias a su condición. Aquí se presenta un problema real de justicia distributiva.

Con los datos médicos y estadísticos que hoy conocemos es irresponsable decir que la actividad homosexual no daña a la sociedad ni a los individuos. El estilo de vida homosexual no es una forma como cualquier otra de vivir, y el estado debería tener en cuenta los costes sociales de fomentarlo.

Los epidemiólogos afirman que 50% de los hombres que tienen relaciones homosexuales también serán portadores del VIH que provoca el SIDA. 30% de todos los homosexuales varones de veinte años serán portadores o habrán muerto de SIDA para cuando tengan 30 años.

La incidencia del SIDA entre los homosexuales varones de 20 a 30 años es unas 430 veces mayor que entre el conjunto de la población heterosexual. Incluso antes de la epidemia del SIDA, un estudio con hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres encontró que el 63% había contraído una enfermedad de transmisión sexual a través de su actividad homosexual.

La lista de enfermedades encontradas con extraordinaria frecuencia entre varones que practican la homosexualidad, como resultado de las relaciones anales, es alarmante: cáncer anal, chlamydya trachomatis, cryptosporidium, giardia lamblia, herpes simples, VIH, virus del papiloma humano, isospora belli, microsporidia, gonorrea, hepatitis viral tipo B y C, sífilis.

Dentro del plano psicológico y conductual se debe decir que la media de parejas sexuales en la vida es de 50 en homosexuales comparado con 4 en heterosexuales. Menos de 2% de homosexuales son monógamos, en tanto que el 83% de heterosexuales tienden a estar con una sola pareja a la vez.

En los archivos de la revista General Psychiatry se puede leer que “la gente homosexual esta en un riesgo sustancialmente mayor ante algunas formas de problemas emocionales, incluyendo suicidios, depresión grave, desorden de ansiedad, desorden de conducta y dependencia de la nicotina”.

Según las estadísticas del FBI son comunes los incidentes de agresiones entre homosexuales, desde asaltos hasta injurias graves, generalmente producidas en sus propias discotecas, bares y ghettos. También son mayores los incidentes de violencia doméstica registrados entre homosexuales.

En un estudio sólo de parejas lesbianas se registraron maltratos psicológicos en alrededor de 73% de ellas. Más del 30% de lesbianas habían estado en una relación donde había sucedido alguna agresión física. El 39,2% de las lesbianas declaró haber sido agredida físicamente, acosada o violada por su pareja

David Finkelhor, experto en abuso sexual infantil, dice que “los chicos que fueron sexualmente molestados por hombres mayores tuvieron, al crecer, cuatro veces más posibilidades de implicarse en actividad homosexual que los que no fueron víctimas. Más aún, los adolescentes a menudo relacionaban su homosexualidad con sus experiencias de abuso sexual”.

Aceptar la adopción en matrimonios del mismo sexo es negarle derechos fundamentales al niño como son disfrutar de una adecuada salud mental y física. Es, además, afirmar la falacia de que los hijos no necesitan de igual manera al padre y a la madre. El matrimonio homosexual es sobre todo un arreglo en beneficio exclusivo de los adultos.

Cuando se aprueba la unión homosexual como política de estado las enseñanzas impartidas en las escuelas también cambian. Palabras como marido y mujer son sustituidas por “pareja” y a los niños se les enseña lo “normal” y “natural” que es el sexo por puro placer individual.

Los padres que se quejan son tachados de homófobos y se les obliga a aceptar las políticas educativas promovidas por los defensores del homosexualismo. De esta manera es mellada la autoridad de los padres sobre sus propios hijos destruyendo asi la unidad familiar. El maltrato y el abandono sí son delitos, pero decidir la mejor educación para nuestros hijos no es un crimen.

Del mismo modo la libertad religiosa también está en juego. Todos lo fieles de cualquier religión que no están de acuerdo con el homosexualismo son llamados “facistas” y se les insulta abiertamente. Instituciones católicas ya se han visto golpeadas por procesos judiciales al no querer comprometer sus principios.

Los proponentes del matrimonio homosexual usan el lenguaje de la apertura, tolerancia y diversidad, pero un efecto previsible de su éxito será el instaurar una era de intolerancia y discriminación tal como raramente se ha visto antes.

La homosexualidad es una enfermedad de origen psicológico que se gesta durante la adolescencia y puede o no responder a una predisposición genética. Se caracteriza por la atracción sexual erótica constante en el tiempo hacia personas del mismo sexo.

Recién fue retirada de los manuales de psiquiatría a partir de la década de 1970 debido a la presión ejercida por grupos a favor de los “derechos” homosexuales, quienes no dudaron en usar la fuerza y las amenazas para convencer a psicólogos y psiquiatras de hablar a su favor.

Pocos conocen que el homosexualismo constituye una enfermedad que impide, a quienes la padecen, alcanzar una vida personal y social plena y satisfactoria. En ese sentido la ciencia y la religión coinciden en la necesidad de dar ayuda a toda persona que la sufre.

El homosexualismo también es perjudicial para la sociedad que lo avala. No se trata de ser comprensivos o tolerantes, se trata de ser objetivos y justos y de mantener y cuidar el bienestar común. Por caridad y amor al prójimo no podemos quedarnos callados al respecto.

Una sociedad sin familias bien constituidas tiende a crear individuos con carencias psicológicas y afectivas. En su lugar los individuos tienden a depositar toda su confianza en ídolos y líderes colocados expresamente por quienes desean gobernar y manipular a las masas.

Anuncios