Conquistar el mundo fue el sueño de Alejandro Magno, no lo motivó la necesidad de su pueblo sino el deseo de poder. Se dice que Napoleón también anhelaba el control mundial, aunque al parecer solo intentaba restaurar el orden en Europa.

La religión Católica, movida por su deseo de llevar la buena nueva de Cristo, invitó a la conversión de toda la humanidad. El Islam tomó el concepto y lo transformó en una guerra santa donde la conquista territorial iba de la mano con la espiritual.

El Judaísmo es anterior al concepto Cristiano de proselitismo religioso, por lo que transformar las almas de los hombres no es su objetivo. Sin embargo, la conquista y el dominio de otros pueblos, al igual que en el Islam, forma parte de sus dogmas.

El pueblo judío, al igual que muchos pueblos primitivos, se considera a si mismo como el “elegido” por su dios tribal. Dicho dios les ha servido para justificar el control sobre los demás hombres, a quienes consideran inferiores.

El Talmud, libro sagrado de los judíos, ordena a sus seguidores apoderarse de todas las riquezas del mundo y controlar a todos sus habitantes. Para lograrlo deben practicar la astucia y el engaño como lo hizo la serpiente en el paraíso.

Las doctrinas del Talmud fueron tomando forma poco antes de la llegada Jesús, quien ya desde entonces las denunció. El texto se plasmó en el Cáucaso (entre Turquía y el Imperio Jázaro) durante el primer milenio después de Cristo.

Tras la invasión de la región del Caúcaso, por parte de las hordas mongolas de Genghis Khan, los judíos talmúdicos huyeron dispersándose por Europa oriental y central. También llegaron a España junto a los invasores musulmanes.

Los judíos de España tomaron el nombre de sefardíes y los judíos de Europa oriental se hicieron llamar asquenazíes. Ambos grupos se mantuvieron en contacto, compartiendo recetas y sugerencias para dominar a los no-judíos.

Durante siglos los comerciantes judíos engañaron y embaucaron a los europeos, en particular a nobles, reyes y príncipes. Con el dinero y el poder adquirido comenzaron a explotar al pueblo dejándole poco o nada para vivir.

Este sistema de abuso, donde unos pocos hebreos acumulaban todo el dinero en sus bancos, mientras la gran mayoría vivía en pobreza, fue llamado “capitalismo burgués”. Sin embargo esta sencilla estrategia no fue fácil de sostener.

El pueblo buscó sublevarse contra los opresores judaicos y sus marionetas. El astuto judío canalizó el descontento apropiándose de estas ideologías revolucionarias, culpando a la iglesia, a la monarquía y a los empresarios.

Los banqueros no eran nunca mencionados por los ideólogos y agitadores del judaísmo. Se gestó así la revolución inglesa, la revolución francesa y el comunismo marxista. Muchos les sirvieron ciegamente pensando que luchaban por su propia libertad.

Los judíos promueven la democracia, defienden la monarquía o instauran dictaduras siempre y cuando el gobierno de turno les obedezca y les sirva. Y ya en el poder utilizan todos lo medios a su disposición para manipular al pueblo.

Se adueñan de los medios de comunicación y entretenimiento con el objetivo de distraernos y mantenernos ocupados con cualquier cosa que desvíe nuestra atención. No quieren ser vistos, desean pasar desapercibidos para no ser señalados.

Ocultan sus crímenes, estafas, sobornos y chantajes con los que ganan el apoyo de jueces y políticos mientras nos muestran películas, programas televisivos, noticias y libros donde hipócritamente se presentan como justos y virtuosos.

Debido a la visión materialista del mundo que posee el judaísmo, su control sobre los medios ha degenerado en la difusión masiva de una mentalidad enfermiza, egoísta y llena de odio que promueve el vicio, las drogas y la promiscuidad.

Los pueblos no-arios poseen una extraña obsesión con el sexo. El judío no es la excepción. Para ellos la felicidad es sinónimo de liberación sexual. De allí que promuevan el uso de anticonceptivos, el homosexualismo, la pornografía o el divorcio.

Tras la Segunda Guerra Mundial la judería comenzó a fomentar de forma sistemática todo tipo de vicios y libertinajes en sus medios masivos de comunicación y entretenimiento. Buscaban crear una sociedad idiotizada incapaz de protestar.

Todo acto de desacato al dominio judío fue en un principio silenciado por la fuerza. Ejemplo de ello fueron los países comunistas, controlados todos ellos por judíos encubiertos o no. Pero el pueblo ario seguía sublevándose.

La raza blanca siempre se ha opuesto con mayor resistencia al dominio judío. Al negro solo le interesa divertirse, el amarillo es apático y sumiso. El judío sabe que para poder gobernar sin ser perturbado debe eliminar al hombre blanco.

Para bajar el índice de natalidad de la raza blanca el judío recurre al feminismo. Según esta absurda ideología la mujer debe ser igual al hombre. La lucha por el voto femenino fue su primer engaño. Antes el voto era familiar y no solo del hombre.

La vanidad de la mujer feminista le obliga a ser reconocida fuera de su hogar. Debe dejar solos a los hijos, y si es posible debe evitar tenerlos. Los hijos son un estorbo y un impedimento. Y si por excesivo libertinaje resulta embarazada, debe abortar.

Pero el peor flagelo impuesto por la judería es la inmigración y el mestizaje. La cultura occidental es destruida mientras los genes blancos que tanto preocupan al judío se disuelven en engendros interraciales sumisos, necios y sin identidad.

El niño mestizo no heredará lo mejor de sus progenitores sino lo peor. Los rasgos físicos e intelectuales de belleza e inteligencia que podrían aportarle sus ancestros se ven menguados por la fealdad y la estulticia del otro lado.

Por último, la máxima y final demostración del poder judío es hacer la guerra. Pero el judío no asiste a la guerra como otros pueblos, no lucha en el campo de batalla enfrentando cara a cara al enemigo. El judío ataca siempre al indefenso.

Si los judíos pretenden conquistar otro pueblo intentan primero infiltrarse entre los poderosos y corromper a sus autoridades. Luego utilizan a los habitantes de los pueblos conquistados para luchar sus guerras.

El judío no es capaz de mostrar sus verdaderas intenciones, siempre utiliza el engaño. Suele crear falsas amenazas en los países que desea conquistar y luego se presenta como salvador, imponiéndose de forma violenta.

Si el pueblo hebreo alguna vez luchó por su propia cuenta lo hizo cuando aun no poseía el control oculto sobre los líderes de otras naciones. Con la creación del estado colonial de Israel solo han manifestado su cobardía al matar.

Al igual que muchos pueblos primitivos, los judíos realizan sacrificios rituales donde el derramamiento de sangre es fundamental. Hoy perpetran estos crímenes camuflados como acciones bélicas atacando siempre a mujeres y niños.

En la edad media sacrificaban niños cristianos en altares. Ahora lanzan bombas atómicas sobre Japón y misiles sobre Palestina. Pretenden infundir terror para ser respetados al tiempo que rinden honor a su sanguinario dios Jehová.

El que no pueda ver estas verdades es porque esta ciego, y si lo puede ver y no le importa el futuro de sus hijos y de la humanidad, es porque es un cobarde. Pero el mundo esta despertando y el mal no prevalecerá.

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