Fuente: Daily Stormer

Los racistas sí existen, lo se porque soy uno de ellos. Creo que la población no-blanca es genéticamente inferior. Abogo abiertamente por retirar a los no-blancos de las sociedades blancas. Y me desagrada profundamente la idea de una pareja interracial.

El problema aquí es que mis puntos de vista nada tienen que ver con lo que se muestra en los medios de comunicación. Personalmente no tengo el menor deseo de ver a los negros fracasar. Y encontraría sumamente favorable que los mestizos se comporten de manera adecuada si piensan vivir en una sociedad blanca.

No deseo matar judíos y en realidad siento compasión por ellos cuando me doy cuenta que son incapaces de integrarse a la sociedad blanca. No siento alegría cuando un musulmán es asesinado por otro musulmán porque me doy cuenta que es un ser humano con madre, mujer e hijos que ha perdido la vida sin razón ni sentido.

La vida de los asiáticos es bastante mala sin mi ayuda. ¿Qué propósito tendría hacerla aun peor? Y aun así los medios acusan a cualquier persona de raza blanca, sin lazos con organizaciones o ideologías racistas, de querer impedir el éxito de otros grupos étnicos, de herir sus sentimientos, y de querer exterminarlos sin ningún motivo.

Nos dicen que si no fuera por el racismo las demás razas estarían al mismo nivel que la raza blanca. Pero si continuamente la gente de otras razas solo logra sobrevivir como parásito de la raza blanca, o en el mejor de los casos imitando grotescamente lo que pueden de nuestra cultura. Alguna razón genética debe haber.

¿Somos tan tontos como para creer que toda persona de raza blanca trata siempre de hundir a los no-blancos solo porque los blancos somos intrínsicamente malvados? Yo soy un racista radical pero jamás intentaría herir a nadie ni emocional ni físicamente. Solo deseo lo mejor a los no-blancos, pero me rehúso a aceptar la responsabilidad por sus fracasos y no quiero que mi propia gente fracase también solo por satisfacer a quienes se sienten ofendidos por nuestros logros.

Estamos viviendo en una realidad de pesadilla, donde las normas las dicta lo políticamente correcto, y la verdad es cualquier cosa que ensalce la inmoralidad, el deshonor y el placer puramente material siempre y cuando no afecte la frágil susceptibilidad de grupos raciales o culturales supuestamente discriminados.

Este grado inconcebible de ridiculez no puede sostenerse indefinidamente. Se aproxima un rompimiento. Cada vez más gente conoce la verdad. Y la verdad no hará libres.

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