Fuente: Web Islam

Con el ataque contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York y contra el Pentágono, Ariel Sharon creyó que, culpando a los árabes musulmanes, la opinión pública internacional y la actitud de los gobiernos occidentales podrían volverse a favor de Israel. ¿Fueron estos hechos sólo una feliz coincidencia para Israel? Los líderes israelíes han lanzado en el pasado ataques terroristas contra objetivos norteamericanos camuflándolos como “ataques árabes”.

Ejemplo de ello fue el incidente Lavon que tuvo lugar en 1954, por el que varias instalaciones británicas fueron destruidas en Egipto con el fin de culpar a los Hermanos Musulmanes y debilitar la confianza occidental en el régimen del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, contrario a Israel. Otro ejemplo es el ataque contra el buque de guerra norteamericano USS Liberty en 1967 perpetrado por Israel pero utilizando aviones de combate sin marcar, el objetivo era culpar a sus enemigos pero sus planes fueron tempranamente descubiertos, en el atentado fallecieron varias decenas de marinos estadounidenses.

Los israelíes han escogido también otro método que resulta más fácil y seguro para Israel. Consiste en cometer atrocidades contra la población árabe, como la ocurrida en Sabra y Chatila en 1982 para alentar acciones de represalia de los árabes. Las represalias se dieron en Beirut en 1983, cuando un contingente norteamericano y otro francés fueron atacados por comandos libaneses, sufriendo cientos de bajas. En aquel momento, en el que las tropas israelíes se habían apoderado de buena parte del Líbano, la presencia de estos contingentes era percibida como un apoyo directo a la invasión israelí.

Así también Israel mantiene en constante asedio a la población palestina impidiéndole la salida por aire, mar o tierra, bloqueando los suministros de agua, realizando detenciones arbitrarias de sus ciudadanos, y torturando y asesinado injustificadamente no solo a insurgentes o sospechosos sino también a niños, mujeres y ancianos. Todo con el fin de despertar la ira de sus enemigos y así inducirlos a defenderse de algún modo. Defensa que luego es presentada como un ataque contra el pueblo de Israel y contra los judíos de todo el mundo.

Al parecer los servicios de inteligencia israelí también conocían con anterioridad cómo se producirían los atentados del 11 de septiembre. La Shabak (servicio de seguridad israelí) impidió al primer ministro Ariel Sharon viajar a Nueva York y en particular a la costa este del país. Por otro lado, se supo que solo un judío murió como consecuencia de la catástrofe. De acuerdo a testimonios de parientes y amigos que contactaron con el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, alrededor de 4.000 israelíes que trabajaban en el World Trade Center o tenían negocios en este lugar debieron haber estado en el área al momento del ataque.

Dos de las empresas más ricas de Nueva York, Goldman-Sachs y Solomon Brothers, son propiedad de judíos y tenían su sede en el los edificios siniestrados. Es sabido que Nueva York es el centro del poder financiero judío internacional y la Torres Gemelas eran el epicentro de la economía de la ciudad, así que parecía muy previsible que el número de víctimas israelíes fuera muy elevado.

Cuando el entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, pronunció su discurso ante el congreso el 20 de septiembre afirmó que además de varios miles de norteamericanos, 130 israelíes habrían fallecido. Pero la sorpresa llegó con un artículo del New York Times publicado el 22 de septiembre. El artículo decía que: “el presidente Bush en su alocución al país el pasado jueves por la noche dijo que 130 israelíes habían muerto en los ataques. Sin embargo, el viernes (21 de septiembre) el cónsul general israelí, Alon Pinkas, dijo que había, de hecho, sólo tres israelíes cuya muerte hubiera sido confirmada: dos en los aviones y otro que estaba visitando el World Trade Center por motivo de negocios y que fue identificado y enterrado”.

Muchos analistas sugieren que la baja tasa de mortandad indicada por Bush indicaba que los israelíes que trabajaban en el World Trade Center habían sido advertidos antes del ataque. Cuando la tasa de muertos se redujo a un sólo israelí, esta hipótesis se convirtió en una certeza absoluta. Un solo muerto entre 4.000 es una imposibilidad estadística. Aun si sólo unos pocos centenares de israelíes hubieran estado trabajando en el lugar en el momento del ataque, el hecho de que se produjera un solo fallecimiento sería algo estadísticamente absurdo.

Las únicas posibilidades lógicas son que en el 11 de septiembre tuviera lugar una gran fiesta judía (cosa que no ocurrió) o que muchos israelíes recibieran una advertencia previa de que se iban a producir los atentados. Newsbytes, un servicio de noticias del diario Washington Post publicó un reportaje, confirmado también por el periódico israelí Haaretz, afirmando que la empresa israelí Odigo, especializada en el envío de mensajes instantáneos, con oficinas en las Torres Gemelas de Nueva York y en Israel, recibió una serie de advertencias dos horas antes de los atentados.

¿Quién habría podido advertir a los israelíes de los atentados que iban a tener lugar sino el Mossad israelí? El hecho de que el gobierno de Israel haya tenido un conocimiento previo de los atentados y haya advertido a las potenciales víctimas israelíes, pero haya dejado morir a miles de norteamericanos y personas de otras nacionalidades lo convierte en un sujeto tan responsable de los atentados del 11 de septiembre como los propios terroristas que cometieron tal atrocidad. Poco después del atentado el FBI arrestó a cinco israelíes que estaban filmando los sucesos de las Torres Gemelas desde un tejado cercano y riéndose a carcajadas ante la dantesca visión. Probablemente creían que el rechazo del mundo contra las atrocidades israelíes en Palestina colapsaría del mismo modo que lo hacían las torres en ese momento.

Numerosos documentos clasificados, obtenidos por la cadena norteamericana Fox News, indican que con anterioridad a los ataques contra las Torres Gemelas 140 israelíes habían sido detenidos como consecuencia de sus actividades de espionaje. Según Fox News los investigadores han dirigido una parte importante de sus esfuerzos vigilando a varios israelíes que llegaron a EEUU como estudiantes de arte de la Universidad de Jerusalén y de la Academia Bezalel. Dichos “estudiantes” hicieron numerosos contactos con responsables del gobierno con la excusa de vender algunos de sus trabajos. Además, los israelíes lograron introducirse en bases militares, en la DEA (la agencia federal antidroga), el FBI, y en docenas de oficinas estatales. Incluso ingresaron a los hogares privados de oficiales de inteligencia.

La firma privada israelí de telecomunicaciones Amdocs tiene contratos con las 25 mayores compañías de teléfono de EEUU, algo que le da acceso a casi todos los teléfonos del país, incluyendo la posibilidad de escuchar y grabar las conversaciones en tiempo real. Amdocs ha sido investigada en numerosas ocasiones por el FBI y otras agencias de seguridad debido a las sospechas que existen de que la compañía podría tener vínculos con la mafia israelí, así como con los servicios israelíes de inteligencia. En 1999, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU difundió un informe secreto en el que advertía que todos los teléfonos de EEUU estaban cayendo bajo el control de gobiernos extranjeros, particularmente el israelí.

Otra compañía que habría logrado penetrar hasta el corazón mismo de la seguridad estadounidense es la Comverse Infosys, una empresa subsidaria de una firma israelí, que mantiene oficinas en todo el territorio de EEUU y que suministra equipos de escucha a algunas agencias de seguridad estadounidenses. Mediante un software las conversaciones telefónicas son grabadas en ordenadores y pasadas a los investigadores autorizados. La empresa Comverse maneja y controla los ordenadores y el software, lo cual le da un acceso potencial a todos los datos.

En Israel Comverse trabaja estrechamente con el gobierno, especialmente con el Ministerio de Industria y Comercio. Este ministerio paga el 50% de los costes de investigación y desarrollo de la compañía. Sin embargo, los investigadores de la DEA y el FBI han declarado a Fox News que, pese a ello, consideran que el investigar o incluso sugerir que existe un espionaje israelí a través de Comverse representaría “un suicidio para sus carreras”.

El 6 de mayo tres periódicos norteamericanos -The New York Times, The Washington Post y The New York Post- publicaron historias que negaban que el FBI hubiera hallado pruebas de espionaje israelí en EEUU. Sin embargo, una fuente anónima del gobierno dijo a la revista Insight que “éste es un asunto políticamente muy sensible. Cualquier cosa que implique a Israel en este tema supone cruzar el límite. Es un asunto que arde”.

Existe un largo historial de espionaje perpetrado por Israel en la moderna historia de EEUU. Pese a estos antecedentes el presidente Clinton nombró a un judío sionista, Samuel Berger, como presidente del Consejo de Seguridad Nacional, el cargo más importante en la Casa Blanca en lo que se refiere a inteligencia. El propio diario israelí Maariv describió en 1994 a Berger como “un ardiente judío”, queriendo decir que su lealtad estaba, ante todo, con Israel. Clinton nombró también para el cargo de secretario de Defensa a otro judío, William Cohen.

El hecho de que Israel haya cometido todos estos actos de espionaje contra EEUU sin sufrir ataques de los medios de comunicación o represalias de algún tipo por parte del gobierno norteamericano muestra el enorme poder que posee en ese país el lobby sionista, que controla incluso los más altos niveles de la Administración norteamericana.

No es pues de extrañar que Ariel Sharon (ex-primer ministro de Israel) diera una contundente respuesta a Shimon Peres (ex-presidente de Israel), cuando éste último le sugirió que Israel podría perder el apoyo estadounidense si no detenía las incursiones israelíes en los territorios ocupados. Sharon le respondió: “Cada vez que hacemos algo, me dices que América hará esto o lo otro. Quiero decirte algo muy claro: No te preocupes por la presión norteamericana sobre Israel. Nosotros, los judíos, controlamos América y los americanos lo saben”. Esta declaración fue difundida por la emisora Col Israel el 3 de octubre de 2001.

Ante la pregunta sobre lo que significó el ataque del 11 de septiembre para las relaciones de EEUU hacia Israel, esa misma noche Benjamin Netanyahu, entonces ex-primer ministro de Israel, respondió: “Es muy bueno”. Luego, corrigiéndose a sí mismo dijo: “Bien, no muy bueno, pero generará una inmediata simpatía”. A Israel, que posee un record de más de medio siglo de terrorismo, le resulta indiferente el horror que produce un atentado terrorista de estas características.

A pocas horas de ocurridos los atentados los medios oficiales y las autoridades culparon, sin mediar ningún tipo de investigación y de manera bastante apresurada, a la organización terrorista Al Qaeda y a su lider Osama Bin Laden. No mucho después se supo como la CIA creó a propósito a Al Qaeda a inicios de la década de 1980 y le dio 3 mil millones de dólares de financiamiento a Bin Laden. Desde entonces esta organización terrorista ha defendido los intereses de “los judíos que controlan América”. En este contexto se comprende que la lucha contra el terrorismo pretende en realidad desestabilizar el medio oriente y de ese modo favorecer los intereses expansionistas del estado genocida de Israel, permitiéndole atacar a los “perversos países árabes” que se oponen a sus intereses coloniales.

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