Fuente: Real jew news / Rense

El asesinato del General George Patton el 21 de diciembre de 1945 es uno de los secretos mejor encubiertos de la historia militar.

A pesar de que el archivo militar de Patton en los Archivos Nacionales de St. Louis tiene casi 1300 paginas, muy pocas de ellas están dedicadas a su accidente automovilístico. Extrañamente los cinco reportes militares redactados en el lugar de los hechos desaparecieron poco después de ser archivados.

El fin de Patton comenzó el 9 de diciembre de 1945 cuando luego de salir a cazar faisanes cerca a Mannheim en Alemania, un camión de dos toneladas del ejercito norteamericano se estrelló contra su Cadillac.

Patton también sufrió lesiones en el cuello producto de una bala pero no llegó a comprometerlo seriamente. Su chofer, Horace Woodring, y su jefe de estado mayor, el General Hap Gay, salieron ilesos.

En su camino al hospital el vehículo que llevaba a Patton fue de nuevo golpeado por otro camión de dos toneladas de la armada. Esta vez sus lesiones fueron más graves, pero aún se aferraba a la vida.

Ninguno de los conductores de los camiones fue arrestado, tampoco se dieron a conocer sus nombres a pesar que el chofer de Patton afirmó que el primer camión los estuvo esperando a un lado de la carretera.

Mucho después se supo, por las declaraciones del ex-agente de inteligencia Ladislas Farago, que el conductor del primer camión, Robert L. Thompson, que fue enviado a Londres antes de que pudiera ser interrogado, no estaba autorizado a conducir ese vehículo y además llevaba consigo a dos misteriosos pasajeros, lo que era contrario a las reglas.

Ladislas también dijo que si bien el accidente tuvo lugar en una remota carretera un quieto domingo de descanso, una considerable cantidad de personal militar acudió muy rápidamente a la escena del accidente.

Ya en el hospital Patton pudo hablar con su esposa en Norteamérica y le pidió que lo sacase de allí porque como el mismo lo dijo: “Aquí me van a matar”. Y así lo hicieron.

El 21 de diciembre de 1945 Patton fue declarado muerto debido a una embolia, esto es una burbuja de sangre que es fatal cuando alcanza un órgano vital. Puede ser introducido en las venas con una jeringa de manera muy sencilla.

La armada norteamericana no realizó ninguna investigación sobre el “accidente” y tampoco hubo preguntas sobre la sospechosa embolia. Los restos de este héroe americano jamás fueron llevados a los Estados Unidos y nunca se ha realizado una autopsia.

Cuando Patton asumió el comando de la Alemania ocupada tras la Segunda Guerra Mundial, en octubre de 1945, llegó a tener una visión más completa de esta conflagración europea.

El héroe de guerra expresó su malestar con respecto al duro trato que recibían los alemanes por parte de los aliados, y deseaba fervientemente crear una Alemania fuerte para contrarrestar el avance de la Unión Soviética en Europa del este.

Mientras mas conocía Patton sobre los soviéticos, más profundas se hacían sus convicciones de que lo mejor era reprimir el comunismo mientras fuese posible.

Luego de una visita al Berlin destrozado le había escrito a su esposa el 21 de julio de 1945: “Berlin me dio mucha trsiteza. Habíamos destruido lo que pudo ser una buena raza, y estamos a punto de remplazarlos con salvajes mongoles. Toda Europa será comunista”.

Los textos en sus diarios y las cartas a su esposa contienen la misma conclusión. El 31 de agosto escribía: “En realidad, los alemanes son el único pueblo decente que queda en Europa. Es una elección entre ellos y los rusos. Yo prefiero a los alemanes”.

Pero lo anhelos de Patton se vieron frustrados por los consejeros judíos de Roosevelt, Henry Morgenthau y Bernard Baruch. Ellos deseaban mantener sus lazos con los judíos soviéticos y vengarse de los alemanes por haber desenmascarado los crímenes, estafas y manipulaciones de la judería.

El conflicto entre Patton y los judíos creció cuando el general se rehusó a retirar civiles alemanes de sus hogares para colocar a los mal llamados “desplazados”, que no eran mas que judíos que nunca habían sido desplazados por nadie sino que llegaban a Alemania por voluntad propia y sin ningún tipo de presión desde Polonia y Rusia.

Al respecto Pattón dijo: “Evidentemente el virus de una venganza semita iniciado por Morgenthau y Baruch contra todos los alemanes sigue funcionando. (…) Harrison y los de su calaña creen que los desplazados son seres humanos, y no lo son, esto se aplica en especial a los judíos que son peores que animales”.

Sobre estos mismos judíos que llegaban desde el este Patton dijo: “Esta gente no entiende los baños y se rehúsan a usarlos a menos que sea como depósito de latas, basura, y se rehúsan… rechazan, como sea posible, usarlos como letrinas, prefieren hacer sus desechos en el piso”.

Pero fue cuando Patton entendió el lazo entre comunistas y judíos que su destino quedó sellado. La prensa americana, dominada por judíos, comenzó una campaña de descrédito contra Patton calificándolo como permisivo y demasiado blando con los “nazis”.

El General Patton siempre cargaba consigo un cuaderno de notas que desapareció de su bolsillo a su llegada al hospital luego de las colisiones.

“Tengo un pequeño libro en mi bolsillo” dijo alguna vez Patton, “y cuando regrese a casa voy a armar un infierno con todo esto”. Pero la judería no lo permitió y se aseguró de que Patton nunca regrese a casa.

En su libro “Target Patton” el autor Robert Wilcox describe sus entrevistas con Douglas Bazata, francotirador de la Segunda Guerra Mundial, un judío libanés que murió en 1999.

Bazata, con la salud bastante menguada y victima de constantes remordimientos de conciencia cuenta cómo se representó el accidente de tránsito llevando un camión de tropas para estrellarlo contra el Cadillac de Patton.

Luego dispuso que el Generla Patton recibiese un tiro de baja velocidad el cual ingresó en el cuello de Patton mientras los demás pasajeros escapaban sin un rasguño. La teoría de que el daño en el cuello se produjo por el impacto de los vehículos es improbable ya que los automóviles solo llegaron hasta los 30 kilómetros por hora y no sufrieron mayores daños.

Bazata dijo que la orden para “silenciar” a Patton fue dada por la cabeza de la OSS (predecesora de la CIA), el General William Donovan, que intentaba estrechar lazos con los oficiales de inteligencia del régimen comunista.

Donovan le dijo a Bazata: “Tenemos una terrible situación con este gran patriota, está fuera de control y debemos salvarlo de si mismo y de arruinar todo lo que los aliados han hecho”.

El francotirador Bazata había dado un testimonio similar el 25 de septiembre de 1979 a 450 ex-miembros de la OSS en el Hotel Hilton de Washington.

Bazata dijo que: “Muchos altos rangos militares odiaban a Patton. Yo se quien lo mató porque el General Donovan me contrató por $10.000 para escenificar el accidente. Pero como Patton no murió en el accidente, se le mantuvo aislado en el hospital donde fue asesinado con una inyección”.

Se sabe que el General Donovan era un judío encubierto y que su madre, Anna Letitia Donovan era judía. Su nombre es típicamente judío y poco común entre los irlandeses.

El surgimiento de Donovan como abogado en Wall Street, su intimidad con el circulo interno de judíos que rodeaban a Roosevelt y su rol como juez adjunto del juez judío Samuel Rosenman en los ajusticiamientos de Nuremberg refuerza la premisa sobre la identidad judía de Donovan, o al menos sobre sus simpatías.

Y fueron esas simpatías las que truncaron la vida de un gran héroe mediante intrigas de la judería internacional hoy omnipresente en todo el mundo.

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