Fuentes: Alerta Digital / Wotan mit uns / Wikipedia

La mejor forma de vencer es dividir al movimiento identitario blanco en facciones que peleen entre si acusándose unas a otras de no ser suficientemente Arias. Una de estas acusaciones apunta directamente hacia los españoles y se basa en el falso mito de que España es un crisol de razas con fuerte ascendencia árabe. Sin embargo estudios genéticos recientes han demostrado que actualmente sólo el 5% de españoles posee algo de sangre norteafricana.

Durante ocho siglos de inestable ocupación árabe distintas etnias musulmanas entraron y salieron de España sin llegar a asentarse definitivamente. Grupos beréberes, sirios, magrebíes, almorávides, almohades, benimerines, entre otros peleaban constantemente entre ellos por el territorio español. De todos estos grupos fueron los beréberes los que constituyeron la aplastante mayoría de musulmanes que ingresaron a la península.

Los beréberes son los descendientes de antiguas tribus germanas que se instalaron en el norte de África antes de la fundación de Roma. Durante los primeros siglos de la expansión islámica los beréberes fueron obligados a convertirse a la religión de Mahoma. Los beréberes eran blancos, y muchos de ellos conservan aun rasgos germanos característicos como el cabello rubio y los ojos claros.

Pero los europeos españoles, en su mayoría de origen celta, latino y visigodo NO practicaron el mestizaje con ninguno de los grupos musulmanes. Esta costumbre de no mezclarse con otros grupos raciales se mantuvo incluso durante la conquista de América. Las mujeres castellanas siempre fueron escasas en las colonias, pero el mestizaje de blancos con nativos recién se hizo popular a partir de siglo XVIII. La moda del mestizaje vino de la mano con la difusión de ideas masónicas como la igualdad entre las razas y la fraternidad entre los hombres.

El único mestizaje que se dio entre moros y cristianos fue por iniciativa de los propios moros, por lo que los hijos de dicho mestizaje fueron siempre musulmanes. Los varones árabes tomaron como botín de guerra a mujeres blancas a las que hicieron sus esclavas, teniendo hijos con ellas que fueron educados en la fe de Mahoma. Mestizos también fueron los hijos de algunos muladíes, es decir los hijos de hispanos obligados a convertirse al Islam y que vivían entre musulmanes. Al fin la sangre árabe desapareció de España tras la expulsión de los moriscos, incluidos los conversos al cristianismo, a inicios del siglo XVII.

También se habla mucho de Andalucía como bastión árabe en Europa, en particular por su arquitectura y por ciertos platos típicos. Pero la arquitectura andaluza es en realidad una mezcla de formas visigodas nativas y elementos hindúes importados por los árabes. Y es indudable que la infaltable presencia del cerdo en la cocina andaluza no es compatible con la idiosincrasia islámica. La actual Andalucía fue creada recién en el siglo XIX juntando distintos pueblos, muchos de los cuales jamás fueron dominados por árabes. El término “al-andaluz” fue utilizado de forma genérica en la edad media para referirse a cualquier territorio tomado por mahometanos.

La aritmética y el algebra, así como el resurgimiento de la filosofía aristotélica, no se debieron a los musulmanes sino al trabajo que realizaron los cristianos mozárabes. Fueron llamados mozárabes todos los cristianos que, preservando su religión y su cultura, debían rendir tributo a los invasores árabes. Los mozárabes conocían griego y latín, que eran lenguas litúrgicas, y gracias a ello pudieron transcribir y preservar diversos conocimientos en los monasterios.

El verdadero mestizaje se dio entre blancos durante los seis siglos en que estuvo España bajo el Imperio Romano, y luego en tres siglos de dominio visigodo. Si los españoles actuales tuviésemos ascendencia árabe ¿dónde quedaron las costumbres árabes, la lengua árabe o la religión musulmana? Nuestra religión es cristiana, nuestros apellidos son propios, nuestro idioma es derivado del latín, y nuestras costumbres y cultura son occidentales.

Cuatro siglos de colonia española en América y los indígenas terminaron practicando la religión católica, hablando español y con apellidos españoles. Y eso a pesar de que el número de españoles y sus descendientes llegó a ser como máximo 1/10 de la población total (10% blancos, 60% indios y 30% mestizos).

Hoy en día los moros vuelven a invadir Europa, porque el parásito siempre busca un huésped saludable, y es culpa del huésped no rechazarlo. Y no lo rechazamos porque nos dijeron que nuestros ancestros españoles fueron los culpables de la destrucción de las culturas nativas en América. Que nuestra religión católica estaba tan llena de odio que condenaba a la hoguera a musulmanes y judíos sólo por no seguir Cristo. Nos contaron cómo arrancamos a los pacíficos negros de sus tierras africanas, los separamos de sus familias y los vendimos como esclavos.

Pero nos mintieron, porque la conquista de América fue una valiente lucha contra primitivos imperios sanguinarios que no deseaban convivir en paz con nosotros que al inicio nos asentamos en áreas despobladas. Porque la Santa Inquisición tenía poder sólo sobre los cristianos y si a alguien se llevó a juicio fue por declararse cristiano mientras seguía practicando otros cultos. Porque fueron los mismos negros quienes luchaban entre ellos en el África para luego vender a los vencidos como esclavos a los traficantes árabes y judíos que los llevaron a América.

Y nos mintieron porque los enemigos de nuestra raza saben que el sentimiento de culpa entre los blancos incita al mestizaje como forma de reparación. Y saben también que el mestizaje es una de las mejores armas con las que cuentan para destruir nuestra cultura remplazando nuestras costumbres. Por eso nos quieren hacer creer que en España siempre hubo mestizaje entre blancos, moros y judíos, ya que así no tendríamos una raza a la cual amar y defender. Porque el mestizo no tiene identidad, no se siente a gusto ni con unos ni con otros, y hereda siempre la insensible inmoralidad del no-blanco.

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