¿Quién o qué es Dios? ¿Es Dios lo más grande que existe? ¿Es Dios porque es inmutable? ¿Es necesario que Dios sea bueno? Tradicionalmente se asume que Dios es el creador no-creado de todo lo que existe. Dios es perfecto, omnipotente, bueno y eterno. Y dentro de la religión cristiana se entiende como un ser personal que interviene en nuestras vidas y responde a nuestras plegarias.

El ateismo, que niega la existencia de Dios, es una postura filosófica válida en tanto se restrinja al nivel puramente especulativo donde puede ser defendido o criticado mediante postulados lógicos. Pero incentivar el ateismo a gran escala, tratando de llegar al público mediante argumentos emocionales, poco tiene que ver con la ciencia o la filosofía.

Los más populares promotores del ateismo responden en realidad a una agenda destinada a eliminar la conducta moral sana y decente. Para ellos todo comportamiento es relativo y debe ser juzgado únicamente en relación a las circunstancias en las que se produce. Entonces cualquier conducta, incluso la más aberrante, es aceptable si puede ser justificada con una buena excusa.

Basta con analizar los argumentos de los promotores del ateismo para entender sus verdaderos motivos. Primero se justifican afirmando que la religión influye negativamente en la educación, la política y la cultura de los pueblos. Luego muestran cómo las personas religiosas predican el amor, la caridad y el altruismo pero no lo practican. Incluso la iglesia y sus sacerdotes se aprovechan de sus fieles.

Deducen que las personas religiosas son mentirosas e hipócritas, y que toda religión es perjudicial para la sociedad. Y para darle tintes filosóficos a sus reclamos afirman que si Dios permite tantos abusos, guerras, hambrunas y catástrofes en la tierra, es porque Dios es malo o imperfecto, y como Dios no puede ser malo ni imperfecto, entonces Dios no existe.

Ante el dilema sobre la existencia del mal un místico diría que todo mal es relativo ya que responde a un bien mayor y absoluto. Otro problema del ateismo es la existencia de ciertas leyes que son, al igual que Dios, eternas e inmutables. ¿Cual es el origen de las leyes de la física, las matemáticas y la lógica? ¿Son acaso estas mismas leyes la manifestación visible de algo superior?

Pero más allá de las falacias el mayor problema del moderno proselitismo contra Dios se da cuando los ateos más famosos promueven la inmoralidad. Disimuladamente comienzan a decir que no existe nada estable ni trascendente. Que las normas éticas que rigen el comportamiento de los hombres siempre cambian porque nada tiene un fundamento objetivo.

Los ateos por lo general se comportan como cualquier ser humano y no son especialmente buenos ni malos. Pero también piensan que todo es bueno o malo dependiendo del contexto. ¿Por qué preocuparse entonces por el daño que provocan las religiones? ¿Acaso no es mejor pertenecer a un pueblo religioso que convive pacíficamente respetando las buenas costumbres?

Un ateo coherente puede opinar que la mejor forma de convivir es sin religiones. Y puede afirmar que buscar el bien y actuar moralmente producen una satisfacción personal, sin necesidad de satisfacer a ningún Dios. Incluso puede citar estudios, si es que existen, donde se demuestre cómo los pacíficos países comunistas, que fueron también completamente ateos, lograron hacerle un bien a la humanidad.

Pero los ateos comunes NO son coherentes y NO suelen ahondar en detalles filosóficos. Lo que los impulsa a promover el ateismo es el deseo de aumentar su ego y alabar su vanidad. La mayoría de ateos solo desean llamar la atención. Claro que de paso le hacen un gran favor a los poderosos de turno, a esos que controlan los bancos, los medios y los estados.

Miles de aguzados pervertidos piensan que, como ya no existe ni Dios ni pecados, entonces pueden comportarse como mejor les plazca. Muchos ateos son homosexuales que buscan el placer anal, o abortistas que desean tener sexo sin consecuencias. El ateismo mediático es una forma más de convencer a la gente común para que se interese sólo por satisfacer sus vicios.

Las víctimas de sus propios vicios no luchan ni protestan contra los que se aprovechan de ellos. Al final el vicioso sólo se preocupa por hacer cualquier cosa con tal de conseguir el dinero para pagarle al rufián que le entregará la droga, el alcohol, la pornografía, o lo que sea que lo envicie más. Mientras tanto las manos tras el poder se regocijan…

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