Fuentes: Discovery Institute / Filosofía.mx / Gran Misterio / Los fallos de Darwin / Guarida del Satyro

La teoría de la evolución nos quiere hacer creer que ha encontrado la respuesta al enigma sobre el origen de las especies. Según Darwin si un toro no es bueno para competir contra un tigre, con el paso de largos periodos de tiempo podrían aparecer nuevas características en el toro que le permitirían superar al tigre.

Para que el toro pueda tener nuevas características deberían producirse mutaciones a nivel genético. Aunque nunca se ha probado que alguna mutación le dé características positivas y beneficiosas al individuo que las posee. Todas las mutaciones naturales conocidas producen una serie de deficiencias y enfermedades.

Las únicas mutaciones que han tenido algún tipo de éxito han sido las introducidas por el propio hombre, ya sea en vegetales resistentes a las plagas o en animales con características añadidas que benefician más al ser humano que al propio animal. Y esto solo puede ser llamado creación humana, más no evolución natural.

Según la teoría de Darwin el ser humano habría evolucionado desde minerales agrupados al azar, por medio de sucesivas y prolongadas mutaciones, hasta el hombre que conocemos hoy. Por lo tanto, si los seres vivos evolucionaron desde formas primitivas hasta formas más avanzadas, debieron existir también seres intermedios.

El registro fósil muestra que la mayoría de animales aparecieron completamente formados todos al mismo tiempo durante la Explosión Cámbrica. Darwin sabía que esto objetaba su teoría, pero esperaba encontrar nuevos fósiles que demuestren la hipotética existencia de seres intermedios.

Lamentablemente, para Darwin, hasta hoy no se ha encontrado nada. Y ¿qué son entonces todos esos hombres primitivos de los que hemos oído hablar desde la escuela? Pues no son más que fraudes. Y existen porque al no poderse encontrar verdaderos restos tuvieron que crearse algunos falsos con el fin de dar credibilidad a la teoría.

El Homo Heidelbergensis hallado en Alemania resultó ser el maxilar de un hombre normal. Louis Leakey admitió antes de morir que el Zinjanthropus que él mismo encontró en África en 1959 había sido un fraude.

El hombre de Piltdown descubierto en Inglaterra, en 1912, fue catalogado por toda la comunidad científica como el famoso eslabón perdido. En 1953 John Winer y Samuel Oakley examinaron los restos y demostraron que la mandíbula pertenecía a un orangután y el cráneo era de un hombre moderno.

En 1920 fueron encontrados cerca de Pekín cráneos de monos junto a restos de fuego. Se dedujo erróneamente que el fuego había sido encendido por monos inteligentes. En realidad pudieron haber sido los restos de una fogata que cualquier chino encendió para comer monos bien cocidos.

El hombre mono de Java fue un descubrimiento realizado por el evolucionista Eugene Dubois en 1891. Los restos hallados estaban formados por un cráneo de mono, tres dientes molares y el fragmento de un fémur completamente humano. Años después el propio autor del hallazgo confirmó el fraude.

Posteriormente, la arqueología sufrió un gran revuelo ya que se hallaron nuevos restos de otro hombre mono en Java. Pronto se pudo comprobar la mentira ya que tan sólo se trataba de la rótula de un elefante.

Del Hombre de Nebraska solamente se halló un diente. Pero los evolucionistas inventaron un registro absurdo basado en una interpretación no científica y le dieron una antigüedad de un millón de años. Resulta que el diente era de una especie de cerdo que no hace mucho quedó extinta.

El Ramapithecus era un tipo común de orangután. Los restos del Homo Habilis pertenecen a monos. El hombre de Cromagnon es exactamente igual al hombre moderno. El Australopithecus mundialmente conocido como “Lucy” era un simple chimpancé pigmeo.

El Homo Erectus convivía con el ser humano normal y se ha demostrado que era igual que el Homo Sapiens actual. El hombre de Neardenthal, caracterizado por la curvatura de su espalda, era en realidad un anciano que padecía artritis. Hoy en día el Neanderthal es clasificado como Homo Sapiens moderno.

El Archaeoraptor, presentado como eslabón perdido entre las aves y los dinosaurios en 1999, resulto ser armado con distintas piezas fósiles. El Archaeopteryx que también suele ser presentado como eslabón perdido entre aves y dinosaurios fue en realidad un ave común del tamaño de una gallina, con dientes como otras aves extintas.

A fines del siglo XX se intentó demostrar que todos los seres humanos descendemos de negros africanos. Pero no existen registros arqueológicos que muestren un desarrollo continuo que se inicie en África y concluya con civilizaciones más complejas. Tampoco se ha podido trazar un origen común para los diferentes lenguajes humanos.

Otros ejemplos de fraudes evolucionistas los encontramos a diario en los libros de texto con los que se imparte enseñanza en las escuelas. Y que por ser la principal fuente de conocimiento que poseen las personas a lo largo de toda su vida, deberían ser por el contrario los textos más estrictos y coherentes con la verdad.

Ernst Haeckel, ferviente darwinista, dibujó en 1892 una serie de embriones de distintas especies comparados en tres fases de su desarrollo. Durante la primera fase todos los embriones eran casi idénticos, y en la segunda y tercera etapa solo se notaban ligeras diferencias.

El objetivo de Haeckel era convencer a los críticos de la evolución. Si todos los seres vivos compartimos un origen común, entonces debemos tener rasgos similares. Si el hombre y el mono son hermanos, es porque ambos tenemos manos con pulgar oponible.

En realidad las similitudes en ciertos elementos no indican un ancestro común. Los genes responsables de características similares son completamente diferentes en las diferentes especies. Y esto porque, como lo demuestra el registro fósil, las especies permanecen estables desde que aparecen hasta su extinción.

Aun así Haeckel pensó que sería interesante aportar una nueva “prueba” falsificando sus dibujos. En 1997 el embriólogo Michael Richardson comparó las fotografías de embriones reales donde se puede notar que las diferencias son evidentes desde las más tempranas etapas.

En 1953 Stanley Miller y Harold Urey colocaron en una botella lo que creían que era el caldo primordial donde se originó la vida. Lo calentaron y le aplicaron una descarga eléctrica. Luego anunciaron al mundo entero que habían creado los componentes fundamentales de la vida. Pero no todo es lo que parece.

Su caldo primordial estaba compuesto adrede por hidrógeno, oxigeno, carbón y nitrógeno (en forma de agua, metano, amoniaco e hidrógeno puro). Es decir que colocaron todos los elementos para obtener lo que querían. El problema es que estos no eran los componentes químicos de la atmósfera original de la tierra.

Excavaciones profundas muestran siempre que en los estratos más antiguos lo que abunda son gases volcánicos, que de haber sido colocados en el matraz no habrían producido nada. Lo que obligaría a pensar en una muy gran casualidad para que por algún motivo de suerte estos elementos se hayan juntado para crear vida.

Pero este no es el único abuso del azar. Los evolucionistas suelen hablar de miles de millones de años para que sucedan sus pequeños saltos. Calculando matemáticamente la cantidad de años necesarios para llegar “por casualidad” a la vida que hoy conocemos ¡La tierra debería ser más vieja que el universo!

En 1950 Bernard Kettlewell colocó polillas blancas y negras en iguales cantidades en dos bosques distintos. Dejó a unas en los troncos ennegrecidos del bosque de Birmingham, cerca a una zona industrial. El otro grupo lo ubicó en el bosque de Dorset que se halla en una zona campestre.

Como era de esperarse, los pájaros se comieron a las polillas blancas en el bosque contaminado por la polución, ya que eran más visibles. Y se alimentaron de las polillas negras en el bosque rural. Lo gracioso de este experimento es que fue diseñado exclusivamente para convencer y sin ningún rigor científico. Pura propaganda.

Las polillas fueron soltadas de día, y todos sabemos que solo salen de noche. Esta particular especie de polilla usada en el “experimento” no se posa en los troncos de los árboles. Y para la foto tuvieron que pegarlas con goma. Kettlewell había creado una situación que sería imposible en la naturaleza.

La excusa fue que debían mentir porque la intención era que el público, y en particular los niños que aprenden sobre evolución y selección natural, puedan entender rápidamente.

En realidad la selección natural NO demuestra la evolución. Cuando una especie se reproduce más o puede sobrevivir mejor que otra nada ha cambiado y no existe ninguna mutación. Ambas especies en competencia siguen siendo iguales.

Pero ¿a quién le conviene que la teoría darwinista sea aceptada dogmáticamente? La respuesta es evidente. El darwinismo ha sido usado por grupos de poder para promover la idea de que cualquier comportamiento, bueno o malo, es válido y aceptable si sirve para obtener un beneficio.

Eliminar la moral de las sociedades permite que los inmorales que están en el poder justifiquen sus inmoralidades. Según el evolucionismo el fin justifica los medios. No importa si es necesario matar, robar, mentir o exterminar pueblos enteros por puro egoísmo.

El razonamiento evolucionista afirma que en la naturaleza los animales se preocupan sólo por su propio bienestar. Los gatos torturan al ratón y a veces ni se lo comen. Los lobos atacan en grupo a individuos solitarios. La serpiente se esconde para inocular su veneno. Y el hombre es sólo un animal más.

No se menciona que también existe altruismo entre los animales. Los búfalos de agua no huyen cuando el más viejo y débil de la mandada es atacado sino que regresan a salvarlo. Y el líder de una jauría de lobos, que es siempre el más fuerte y hábil, es capaz de dar la vida para permitir que los suyos escapen. ¿De qué le sirve esto a la evolución?

Es evidente que el mejor adaptado para sobrevivir es el que mejor sobrevivirá. Aun así, el ser humano no solo desea sobrevivir. También posee inquietudes trascendentes, deseos inmateriales y anhelos espirituales.

Nosotros somos seres humanos. Creadores de arte y ciencia. Muy por encima de otros seres vivos. Que podemos diferenciar el bien del mal desde que nacemos. Y no estamos para imitar los malos ejemplos de otras especies inferiores sino para elevar nuestro propio ser mediante la bondad y el sacrificio.

Anuncios