¿Existe un nivel moral distinto para seres distintos? ¿Es relativo todo comportamiento ético? ¿Conocer la verdad y apreciar la belleza nos conduce a todos a la felicidad? Las respuestas a estas preguntas no son tan difíciles como parecen.

Nadie puede pedirle a la serpiente que sea un poco más honorable y deje de atacar a sus presas por la espalda. Tampoco podemos esperar que un negro deje de ser violento y bullicioso o que un chino comience a ser solidario.

No todos los seres del universo alcanzan la felicidad del mismo modo. No todas las razas buscan lo mismo. La historia nos demuestra que el hombre blanco encuentra la felicidad en la verdad y la belleza.

La ciencia occidental no solo busca resolver problemas prácticos sino que intenta desentrañar los misterios de la creación. El arte tradicional de origen europeo no solo busca el placer sensorial sino que pretende elevar el espíritu.

Cualquier comportamiento que contradice los valores morales de la raza blanca es perjudicial para nosotros como individuos, pero es aun peor porque nos destruye como pueblo ya que nos impide vivir en plenitud.

Los valores que dictan nuestro comportamiento son intransferibles. No podemos esperar que un negro, un asiático o un mestizo los entiendan. Del mismo modo que ellos tampoco pueden imponernos sus estilos de vida.

¡Amar a los tuyos significa defenderlos! No queremos dominar a nadie, no queremos invadir a nadie, no queremos atacar a nadie. Pero tampoco queremos ser dominados, invadidos, ni atacados.

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