Cuando un hijo ve a su padre triunfar, instintivamente se siente orgulloso de sus logros, si lo ve fracasar se sentirá avergonzado. El orgullo de lo que es tuyo es un comportamiento natural y sano, y no tiene nada de malo.

Pero hoy los enemigos de la raza blanca nos quieren hacer creer que no debemos sentirnos orgullosos de nuestros padres, ni de los padres de nuestros padres, ni de aquella cultura que le dio forma a sus logros y a los nuestros.

Somos el producto de cientos de generaciones que lucharon y sufrieron, y que vencieron la adversidad para que podamos estar aquí. Y debemos estar agradecidos ¿Por qué no podemos sentirnos orgullosos de ellos?

Nos dicen constantemente que no podemos estar orgullosos de nuestra raza porque no la elegimos, nos dicen que el color de la piel es el simple producto del azar, que pudimos haber nacido negros, chinos o mestizos.

Nos quieren hacer creer que solo podemos sentir satisfacción por nuestros logros personales. Pero no podríamos haber logrado nada si no fuera por el entorno en el que fuimos criados y gracias a las disposiciones genéticas que hemos heredado.

La cultura que le dio forma a nuestros logros fue creada por personas con la misma herencia genética que nosotros. Porque la raza no es solo es el color de la piel, sino que involucra también comportamientos y formas de ser y pensar.

Técnicamente el orgullo es el sentimiento de satisfacción por lo que se tiene sin importar cómo fue obtenido. El padre siente orgullo por su hijo ya que él lo ha criado, pero el hijo también debe estar orgulloso de su padre porque es gracias a él que puede ser quien es.

Sin orgullo las personas aceptan cualquier injuria y dejan de defenderse porque no sienten que haya nada que defender. Con las razas y los pueblos pasa exactamente lo mismo. Sin orgullo las naciones agonizan y mueren.

La raza blanca ha sido sistemáticamente educada en la culpa. Se ha tergiversado la historia para hacernos creer que somos la especie más vil sobre la tierra. Se nos ha dicho que somos intolerantes, abusivos y prejuiciosos.

Sin embargo la raza blanca es la más noble y digna de todas. Y ese es también nuestro talón de Aquiles. Si no fuéramos tolerantes no sería solo y únicamente en occidente donde pueden convivir con nosotros desde negros, judíos y homosexuales hasta ateos, musulmanes y feministas.

Las falsas leyendas sobre esclavitud y abusos en las tierras colonizadas por europeos son solo propaganda de mal gusto. El hombre blanco llegó a los confines de la tierra en su afán por conocer y comprender el mundo.

Donde sea que la civilización blanca ha puesto el pie, los niveles de vida se han elevado considerablemente. Obviamente no somos perfectos, pero es evidente que las demás culturas dejadas a su suerte no han llegado muy lejos.

En el África los negros viven hasta el día de hoy en plena edad de piedra. Los blancos llegaron para civilizar a estas tribus de salvajes. Fueron judíos y árabes los que encerraron y vendieron a miles de negros en América.

Las culturas indígenas del nuevo mundo lograron cierto avance en cuanto a astronomía y arquitectura. Aunque ellos mismos cuentan cómo fueron antiguos hombres de barba y cabellos claros los que les enseñaron esas artes.

Los europeos hallaron indios en taparrabos luchando brutalmente entre si, que no conocían la rueda ni la espada. Solo las naciones blancas triunfaron en América, los países dominados por negros y mestizos fracasan constantemente.

Los hindúes se bañan en excremento y lo consideran iluminación espiritual, los chinos se explotan entre ellos como animales, los japoneses no entienden la elevada moral europea y se limitan a imitarnos de manera superficial y grotesca.

Otras razas podrán tener alguna gran cultura donde la ostentación de lujosos palacios e imperios represivos les hagan sentirse orgullosos. Pero los europeos tenemos infinidad de ejemplos que superan con creces sus logros tanto física como espiritualmente.

Aún así el hombre blanco solo puede sentir vergüenza de ser blanco, ya que si por algún mínimo motivo decimos que nos sentimos orgullosos de nuestra herencia y de nuestros ancestros, inmediatamente somos tachados de fanáticos racistas que odian a quienes son diferentes.

Cuando otros grupos étnicos manifiestan amor por su sangre y por su pueblo se dice que lo hacen porque sienten un sano orgullo racial. Nadie les dice que no pueden sentir orgullo de algo que no escogieron tener.

Cuando los homosexuales salen a la calles a demostrar su orgullo anal mediante marchas vulgares y poco edificantes. Nadie los trata de intolerantes, a pesar de que abiertamente expresan su odio contra todo hombre y mujer normal.

Sentirte orgulloso de tu raza no significa odiar a nadie. Pero parece que esto solo lo entiende la gente de raza blanca. Mestizos indoamericanos, negros, chinos, judíos o árabes siempre entonan consignas contra la raza blanca.

Esto demuestra el perverso plan tras el discurso que nos prohíbe mostrar nuestro orgullo por pertenecer a la raza más creativa y sabia sobre la tierra. Los enemigos de la raza blanca quieren vernos morir. ¡No lo vamos a permitir!

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