No hablamos de cuan mestizo sea un individuo particular, no podemos rastrear a todos nuestros ancestros. Hablamos de las diferencias físicas y mentales entre las razas. Es evidente que un chino no es igual a un senegalés o a un alemán.

No hablamos de superioridad o inferioridad racial, sino de diferencias. ¿Un perro es inferior a un caimán solo porque que el reptil es mas fuerte? ¿O el caimán es inferior al perro porque no es un animal de compañía? La respuesta es ¡No!

Y Tampoco hablamos de odio, porque nadie puede odiar al perro por ser perro o al caimán por ser caimán. Ni al negro por ser negro o al chino por ser chino. Ellos no decidieron ser como son y nadie es culpable de pertenecer a su raza.

Pero solo a un desquiciado se le ocurriría criar un caimán en un pequeño departamento de una metrópoli superpoblada, o dejar al perro en la laguna de los caimanes. Un perro solo vive y se desarrolla adecuadamente entre hombres o entre otros perros.

Y si dejas entrar al caimán a tu pequeño departamento, como ya ha sucedido con gente a la que le gustan las mascotas exóticas, puede que termines devorado, o en el mejor de los casos con un excesivo gasto en comida y sucesivas reparaciones de tu inmobiliario.

Cada especie esta diseñada para aprovechar al máximo las condiciones de su hábitat. El hombre no es diferente. Los negros se desarrollan muy bien en África, pero en una sociedad blanca su naturaleza los lleva a involucrarse en actos criminales.

Las mismas fuerzas que los impulsan a sobrevivir exitosamente en medio de la jungla, les impiden adaptarse plenamente al estilo de vida occidental. Es por eso que el vandalismo y la violencia surgen en ellos como consecuencia natural.

Lo mismo sucede si un blanco intenta convivir entre chinos. El hombre occidental se sentirá maltratado y pensará que los orientales son insípidos y muy poco amables. Pero el asiático es inexpresivo y calculador por naturaleza.

Cada individuo sobre la tierra pertenece a un grupo dentro del cual puede desarrollarse plenamente. Al nacer no seríamos capaces de sobrevivir si estuviésemos solos. Alguien debe enseñarnos a sobrevivir.

A pesar de la propaganda contra la familia, dentro de una sociedad normal y sana, la madre cuida a sus hijos. El padre cuida de la madre. Y los hermanos, tíos y abuelos se preocupan todos por el bienestar del clan.

La familia es lo más importante porque en ella recibimos el afecto y la seguridad que deseamos. Si somos criados por gente ajena a nuestra familia siempre nos faltará algo, porque algo importante se ha roto.

Los lazos afectivos que nos unen y el amor que nos entregan los nuestros son irremplazables. La madre ama al hijo por el único hecho de ser su hijo. Y el hijo es capaz de reconocer solo en ella ese amor incondicional.

Nuestra familia nos quiere porque somos iguales a ellos, y nosotros los queremos porque son como nosotros. Es por eso que los enemigos de nuestra cultura desean destruir nuestras familias con ideologías contrarias a ese amor.

La familia nuclear depende además de una familia más grande. La gente de un mismo pueblo se unirá a pesar de las diferencias si se ve amenazada. Y nuestra gran familia es nuestra raza, porque con ella compartimos rasgos comunes que otros no poseen.

La raza blanca es evidente en el tono de piel, pero también en el desarrollo mental y emocional. Estas características tienen una base genética sin la cual no podrían existir. Sin embargo este desarrollo no se puede dar sin las condiciones adecuadas.

Durante milenios los hombres y mujeres de raza blanca han luchado por conseguir esas condiciones adecuadas, para que las nuevas generaciones puedan desarrollarse plenamente. Es por eso que debemos respetar y preservar nuestra herencia.

Si se juntan dos mestizos con genes dormidos de la raza blanca es posible que por casualidad alguno de sus hijos se vea como blanco. Pero, aparte de ser una rarísima casualidad, el individuo resultante ya no tendría una cultura blanca.

Otro ejemplo es la gran cantidad de judíos que a simple vista, e incluso genéticamente, parecen blancos. En especial debido a matrimonios por conveniencia con europeos. Pero su cultura sigue siendo judía.

Lo más triste son los blancos que, siendo criados entre blancos, odian a su propia gente, se sienten culpables por abusos y opresiones que nunca cometieron, y todo debido a la propaganda anti-blanca que destilan nuestros enemigos.

No solo nos inculcan ideas que destruyen la familia, como el homosexualismo, el feminismo, el divorcio, o el aborto por conveniencia, también nos atacan directamente con mentiras contra nuestra raza.

Los grupos de poder que controlan los medios de comunicación, la política y las finanzas también nos quieren hacer creer que tenemos privilegios por ser blancos. Pero nada es más falso.

Los discriminados actualmente son los blancos, y nunca en la historia un grupo humano ha sido tan perjudicado. En los medios solo se menciona la raza del criminal si es blanco. Y se ocultan los constantes ataques de inmigrantes contra blancos.

Pero si algún blanco intenta defenderse de sus atacantes, entonces el blanco es demonizado. Además existen muchas medidas destinadas a dar beneficios especiales a otras razas en perjuicio de los blancos.

Los inmigrantes reciben primero la ayuda del gobierno en salud y educación, así como ventajas para pagar sus hipotecas o abrir negocios. Solo los países occidentales, dominados por sus enemigos, discriminan a su propia gente.

El objetivo es imponer el mestizaje y crear una maza uniforme sin herencia ni cultura, que solo se identifique con el dominador de turno. Para lograrlo nos hacen sentir culpables de supuestos crímenes contra otras razas.

Nos dicen que los blancos convertimos a los negros en atormentados esclavos llenos de sufrimiento. O que al colonizar otros continentes llevamos la más terrible miseria a esos paraísos de nobles salvajes.

No ahondaré en que fueron judíos y musulmanes los que traficaron con negros. Ni que las causas del colonialismo europeo son tan complejas que nadie sabe a ciencia cierta por qué se inició.

Lo que queda claro es que solo se culpa a la raza blanca. A pesar de que todos los pueblos del mundo, a lo largo de la historia, han intentado conquistar otras tierras y naciones, además todos también han tenido esclavos.

Los turcos y los mongoles secuestraban mujeres blancas para convertirlas en esclavas. Los incas en América sometieron por la fuerza a sus vecinos. Los judíos siguen asesinando palestinos hoy en día para crear su estado colonial en Israel.

Nunca se menciona la brutalidad de los chinos con sus enfermizas torturas. Ni que los negros en África siguen cazando a otros negros para venderlos como esclavos. Y no lo dicen porque solo la raza blanca debe ser culpada.

Y sin ningún motivo debemos ser señalados todos y cada uno de nosotros por ser blancos. Solo porque nuestra raza es la verdadera amenaza contra el poder que quiere dominar el mundo.

Nuestra raza, a pesar del lodo en el que nos han hundido, sigue respetando el honor, la dignidad y la verdad, porque así está inscrito en nuestros genes. Por eso seguiremos luchando contra su avaricia, sus trampas y su hipocresía.

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