Sin ninguna duda, la parte de nuestra concepción del mundo que ha sido más fuertemente distorsionada y desfigurada por escritores no nacionalsocialistas ha sido nuestra actitud y creencias sobre el tema fundamental de la Raza. Si estos escritores son motivados por hostilidad o ignorancia, parece tener poca importancia. El resultado final es siempre el mismo: la teoría racial nacio­nalsocialista es descrita como científicamente errónea y moral­mente reprensible.

El tema de la moralidad es, por supuesto, estrictamente subjetivo. Opinamos que proteger el bienestar y progreso de los intereses de la raza aria es moralmente valioso, y de hecho es un im­perativo moral. Los antiracistas no. Si desear la preservación de nuestro pueblo y asegurar su desarrollo es diabólico a los ojos de nuestros oponentes, nada podemos hacer o decir para persuadir­les de lo contrario. En todo caso nos son racialmente extraños o, si no, se trata de arios renegados, desenraizados, que han abando­nado a su propio pueblo.

Pero el contenido de las bases científicas de la teoría racial nacionalsocialista es algo más. La ciencia, a diferencia de la mora­lidad, depende de condiciones objetivas y, en consecuencia, es aquí donde podemos probar la absoluta exactitud de nuestra visión del mundo.

Una Diferencia Fundamental

El nacionalsocialismo es fundamental y radicalmente diferente de las ideologías dominantes en el Viejo Orden, pues está basado en las leyes de la Naturaleza, o sea, en hechos y realidades, y no simplemente en una idea abstracta. Sin excepción, las ideologías del Sistema giran alrededor de la noción peculiar de “igual­dad humana”:

– Judeocristianismo, basado en la idea de la igualdad espiritual.
– Democracia, basada en la idea de la igualdad política.
– Marxismo, basado en la idea de la igualdad económica.
– Mundialismo, inevitable producto de los anteriores y basado en la idea de igualdad racial.

Todas estas doctrinas son falsas porque están basadas en el falso concepto de igualdad. La doctrina de la igualdad humana, en todas sus formas, es meramente una idea que el hombre inventó, una idea divorciada de la realidad. En el mundo real, en el mundo natural, no hay igualdad. LA IGUALDAD ES UNA IDEA, PERO LA DESIGUALDAD ES UN HECHO.

Reconociendo esto y poniéndolo como base de una sociedad fundada en la naturaleza, el nacionalsocialismo reposa sobre los más sólidos cimientos, mientras que aquellas ideologías (como las que hemos mencionado arriba) que encarnan ideas falsas, torpes ilusiones, cuentos de hadas y supersticiones, están constituidas sobre endebles bases intelectuales.

La norma más simple de las leyes de la naturaleza que nosotros, como nacionalsocialistas, hemos decidido defender -y que el Viejo Orden ha determinado rechazar- es la de la Raza.

La Realidad de la Raza

El hecho de la Raza es tan directamente visible que es absolutamente increíble que muchas personas inteligentes y observadoras rechacen su importancia. Las diferencias raciales se manifiestan en cada faceta de la existencia humana. Además de los más obvios ejemplos de diferencias de la apariencia física entre las distintas razas humanas podemos añadir sus diferentes valores espirituales, sus diferentes psicologías, sus diferentes sentidos de la estética, sus diferentes susceptibilidades a ciertas enfermedades y su diferente configuración muscular y estructura orgánica.

No debe sorprender que estas amplias y múltiples diferencias se reflejan en la manera en que las diferentes razas realizan su mi­sión: en su habilidad para crear y mantener una civilización (o no estar preparada para hacerlo); en sus resultados en los tests de in­teligencia estandardizados; en el modo en que se expresan culturalmente; en su facilidad para los deportes. Uno se pregunta exac­tamente que evidencia más habría que dar para convencer a los igualitarios de la realidad de la Raza. Negar las profundas y biológi­camente enraizadas diferencias entre razas requiere algo más que las contorsiones intelectuales judeo-marxistas, supone negar la realidad misma.

De acuerdo con esto recalcaremos que el nacionalsocialismo rechaza completa y absolutamente todas las teorías raciales no científicas (como en parte las propuestas por Julius EVOLA) en las que el concepto de Raza es divorciado de la biología, o sea, que el concepto orgánico de Raza basado en el reconocimiento de que el Hombre es una parte del mundo natural es reemplazada por un artificial racialismo que existe sólo como una abstracción del cerebro.

El Hombre es Parte de la Naturaleza

El hombre pertenece al mundo biológico animal. No está separado ni es distinto de éste. Cuando hablamos de “humani­dad”, el mundo científico se refiere a las ESPECIES de primates conocidos como HOMO SAPIENS. Cuando comúnmente habla­mos, en terminología científica, de SUB ESPECIES. Cuando habla­mos de perros o gatos, de caballos o de vacas, nadie niega tampo­co las fundamentales diferencias entre subespecies de la misma especie. ¿Discutiría alguien que entre el Cocker Spaniel y el Pastor Alemán existen no sólo apariencias diferentes, sino también diferentes temperamentos y capacidades? ¿Discutiría alguien las diferencias entre el caballo de pura sangre y el pony de Shetland, o entre un siamés de concurso y un gato callejero? Ciertamente no. Y toda­vía esta observación, tan sensata y de sentido común, del orden natural no es admitida en ninguna parte cuando se discute el tema de la Raza.

En lugar de eso, la cuestión es deformada con absurdas ideas que pretenden oponer la influencia del ambiente a la de la herencia, ¡como si ambas fuesen mutuamente excluyentes!

La impresión que uno tiene es que los creyentes en la igual­dad humana piensan que el Hombre NO es parte del mundo natu­ral, y que las leyes científicas de la Naturaleza simplemente no se le aplican. ¿Qué leyes gobiernan su existencia entonces? Sólo las leyes que el Hombre ha establecido para él mismo: Mar­xismo, Cristianismo, Democracia y demás?

Como corolario necesario de este modo de pensar malintencio­nado y estúpido, el Viejo Orden ha decretado que la ciencia ra­cial (etnología) no es un campo legítimo para la investigación científica. ¡Ay del raro etnólogo cuyo valor personal y honestidad intelectual le obliguen no sólo a explorar esta esfera prohibida del conocimiento, sino también le impulsen a desvelar sus descubrimientos al público! Encontrará un torrente de odio, insul­tos e incomprensión deliberada desatados contra él, no sólo desde el sionismo organizado y las innumerables sectas marxistas, sino también desde las columnas editoriales de los más prestigio­sos periódicos, desde los púlpitos de las más respetadas iglesias y -la más enérgica de todas- desde los más venerados salones de la academia. ¡Qué locura!

Nuestro Objetivo: Descubrir y Diseminar la Verdad

En la nueva sociedad que nuestro Movimiento forjará en las próximas décadas y centurias las consideraciones raciales serán de suprema importancia. En este aspecto nuestro deber hacia nuestro pueblo y nuestra Causa es evidente. Debemos promover la investigación y el análisis de los hechos de la Raza en orden a ensanchar nuestra comprensión de esta abandonada esfera de la ciencia natural. Debemos animar a otros fuera de nuestras filas a hacer lo mismo. Debemos educar a nuestros seguidores. Debemos aprender a aplicar la ciencia racial de modo que dé resultados satisfactorios a nuestro mismo Movimiento.

En definitiva, como en todos nuestros empeños, debemos esforzarnos por descubrir y difundir la verdad. No debemos retroceder ante lo que es verdadero pero incómodo, así como no debería­mos tolerar el ser seducidos por lo que es tentador pero falso. És­tas nada envidiables deficiencias las dejaremos para nuestros oponentes del Viejo Orden, que pretenden negar la realidad de la Raza y la validez de la ciencia racial.

El nacionalsocialismo es descrito como una idea basada en el odio a los no arios o en el deseo de matarlos (sin motivo de legítima defensa), explotarles o denegarles el derecho a la autodetermi­nación. A muchos de aquellos que se nos oponen, ésta versión falsificada de nuestra visión del mundo les ha sido impuesta y pueden ser exculpados de mala fe. El puro odio racial o cualquier otro no ha sido nunca para los arios una emoción constructiva. Es absolutamente inexcusable, sin embargo, para los escritores no nacionalsocialistas que continúan describiendo el nacionalsocialismo como una doctrina de odio racial, genocidio, y más después de haberles explicado claramente su verdadera naturaleza.

Fuentes: Vanguardia Nacional

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