En 1970 la Asociación Psiquiátrica Norteamericana decidió realizar su convención anual en la ciudad californiana de San Francisco. Dicha ciudad se había convertido en un hervidero de homosexuales debido a la afluencia de hippies y drogadictos en esta zona de los Estados Unidos.

Las conferencias sobre homosexualismo, celebradas como parte de la convención de psiquiatras, desde su inicio fueron blanco de constantes interrupciones. Gran cantidad de homosexuales se habían infiltrado entre el público y mediante gritos y arengas impidieron el desarrollo normal de las exposiciones.

La gran mayoría de especialistas rechazó la actitud irrespetuosa de los activistas homosexuales. Pero el médico Kent Robinson se entrevistó con sus líderes y junto a ellos decidió amenazar a los organizadores de la convención. Robinson pidió la participación oficial de los gays a cambio de cesar con las interrupciones.

Al año siguiente, en 1971, cuando los homosexuales tomaron el micrófono, lo primero que hicieron fue amenazar con destruir todo el material de la convención si no se retiraba hasta la más mínima mención al homosexualismo como enfermedad. Luego procedieron a realizar un panel donde se hizo una apología a la homosexualidad.

En la convención anual de 1972 se hizo obligatoria la presencia de ponencias presentadas por homosexuales que poco o nada sabían de psiquiatría. Al tiempo que se les impedía participar a quienes defendían la postura de la homosexualidad como enfermedad mental que puede ser curada.

Para el año 1973 el ya mencionado Kent Robinson, junto al lobby gay, y apoyado por Judd Marmor que deseaba ser elegido presidente de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana, presentaron un documento para que el homosexualismo fuese eliminado de la lista de enfermedades mentales reconocidas por la institución.

La propuesta fue sometida a voto en medio de amenazas, presiones y actos de violencia, todo acompañado de una intensa campaña de propaganda en los medios de comunicación a favor del lobby gay. Aun así la propuesta fue aceptada con solo el 58% de los votos. Nunca se dio un debate científico al respecto.

Luego de los desagradables sucesos acontecidos durante estas convenciones se pretendió justificar la eliminación del homosexualismo como enfermedad. Comenzó a surgir una corriente que afirmaba que, si la preferencia homosexual es algo con lo que se nace, entonces ya no puede ser catalogada como enfermedad.

Esta absoluta falacia se desmorona al ver como otras enfermedades psiquiátricas son hereditarias e innatas, y no por ello deben dejar de ser tratadas. Esta plenamente probado que el alcoholismo tiene causas genéticas, no se elige ser alcohólico, pero no por eso el alcohólico es una persona sana.

Los homosexuales son personas enfermas que se dañan a si mismas y hacen daño a los demás. Cambian de pareja con una frecuencia alarmante y por eso mismo están más expuestos a contraer enfermedades de transmisión sexual. Además esta comprobado que el estilo de de vida homosexual no les permite vivir, en promedio, más de 40 años.

A pesar de las presiones y la propaganda que presentan al homosexualismo como algo normal. A pesar de los programas televisivos, las películas y toda la maquinaria de los medios de comunicación masiva. A pesar de todo, muchos hombres y mujeres homosexuales buscan ayuda de especialistas para superar su enfermedad.

Esto ha dado lugar a que se desarrollen tratamientos para curar la homosexualidad. Dichos tratamientos han demostrado ser científicamente validos, y aunque los métodos puedan variar levemente de un especialista a otro, todos concuerdan en los elementos que definen las causas, consecuencias y solución del homosexualismo.

Todo ser humano, desde que nace, necesita ser aceptado por quienes lo rodean. Esta aceptación proviene primero de la familia y luego de los amigos y conocidos. Durante la infancia el homosexual no se siente apreciado por sus compañeros, y al buscar apoyo en el hogar tampoco lo encuentra.

Las niñas poco agraciadas así como los varones poco atléticos suelen ser rechazados por otros niños de su misma edad. Y el consuelo que se debería encontrar en casa ya no es tan fácil de encontrar debido al creciente número de familias disfuncionales producto principalmente de la epidemia de divorcios que afecta la vida moderna.

El niño o niña que no es aceptado por sus compañeros comienza deseando ser como los demás, pero al no poder lograrlo termina idealizando al otro. La niña empieza a sentir atracción por otras niñas a las que considera más bellas y femeninas, en tanto que el niño empieza a gustar de ver los dinámicos cuerpos y actitudes de otros varones.

Aun así estas experiencias no determinan de forma definitiva el surgimiento del homosexualismo. El elemento culminante que generalmente da paso al homosexualismo es el narcisismo. Es decir que los homosexuales se ven a si mismos como personas superiores que no son comprendidas por los demás.

La búsqueda de aceptación por parte de personas del mismo sexo lleva al homosexual a cambiar de pareja con mucha frecuencia. La insatisfacción se hace cada vez más fuerte debido a las constantes decepciones, ya que el homosexual busca ser reconocido por otro homosexual que tiene también sus mismas carencias.

La solución real al problema del homosexualismo pasa primero por reconocer que se tiene un problema. El enfermo debe hurgar en sus recuerdos y analizar sinceramente cómo y cuándo comenzó a sentirse rechazado. Debe entonces perdonar a quienes lo rechazaron y superar sus sentimientos narcisistas con la debida humildad.

Es evidente que al principio no será algo fácil, pero la constancia y una sincera voluntad de cambio por parte del enfermo es lo que permite que el método funcione. A pesar de ser ocultados por la gran prensa, existen gran cantidad de estudios científicos que comprueban la eficacia de este sistema.

Llegamos aquí a la conclusión de que la homosexualidad es una enfermedad y tiene cura. Y no como quieren hacernos creer los grupos de poder que han manipulado y utilizado a los homosexuales para conseguir una sociedad viciosa, débil y enferma, que no lucha contra sus opresores.

Fuentes: La FM / ACAP / conoZe / Istmo

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