El 19 de marzo de 1911 la organización internacional socialista, que pretendía reunir a todos los países del mundo bajo un único gobierno comunista, celebró por primera vez el día internacional de la mujer trabajadora.

En los Estados Unidos las comunistas Corinne Brown y Gertrude Breslau-Hunt luchaban ya por los derechos de las trabajadoras femeninas en las fábricas textiles desde inicios del siglo XX.

Clara Zetkin, esposa de un judío comunista, fue la primera secretaria internacional de la mujer comunista. Se hizo conocida por demandar el voto femenino junto a la comunista judía Rosa Luxemburg.

El propio líder comunista de la Unión Soviética, Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, estuvo casado con la feminista Nadezhda Krupskaya, y al mismo tiempo fue amante de la feminista francesa Inessa Armand.

El voto femenino, el divorcio y el aborto fueron legalizados por primera vez en la Unión Soviética debido a los esfuerzos de la lideresa comunista Aleksandra Kolontái, quien abogaba por un feminismo radical.

El comunismo es la fuerza detrás del feminismo, que compara a la mujer con grupos como los homosexuales, los inmigrantes, los negros o los judíos. Donde todos ellos supuestamente son víctimas oprimidas y discriminadas por el malvado hombre blanco.

El comunismo se basa en la confrontación e incentiva la venganza de los que considera perdedores históricos. Por eso presenta a la mujer como opuesta al hombre e intenta generar enemistad y discordia entre ambos sexos.

El feminismo presenta al hombre como un primate agresivo e insensible, por lo que el matrimonio significa la esclavitud de la mujer. Además el trabajo fuera de casa es su mayor aspiración y tener hijos es una carga que se debe evitar.

La única consecuencia natural de estas ideologías es la destrucción de la familia, y por lo tanto la aparición de nuevas generaciones con severas carencias afectivas, emocionales y psicológicas.

El feminismo desprecia las capacidades puramente femeninas y quiere que las mujeres se comporten como hombres. El rol de la madre en la crianza de los hijos es fundamental y no puede ser sustituido por nadie.

La natural inclinación de la mujer por las relaciones humanas la hace muy superior al hombre al momento de sostener un hogar y forjar los valores morales y espirituales de las nuevas generaciones.

Es evidente la predilección de la mujer por trabajos donde hay mayor diálogo y contacto personal como psicóloga o maestra, en tanto que los hombres eligen trabajos donde se puedan manipular y modificar elementos inertes.

En el mejor de los casos el feminismo genera un caos al sacar a la madre de su hogar, donde debería educar a sus hijos, y la lleva a trabajar ayudando a otros que a su vez debieron ser bien educados por su propia familia.

En el peor de los casos la mujer que trabaja rutinariamente en cualquier labor mecánica, donde no puede relacionarse afectivamente, termina siendo afectada por una constante insatisfacción que le genera frustración y angustia.

El sueldo de la mujer se gasta en niñeras y guarderías para cuidar a los más pequeños mientras la madre está fuera de casa, en pasajes del servicio público o en comprar otro auto para que la mujer pueda ir a trabajar, en comer fuera de casa, etc.

El empleo femenino fuera del hogar aumenta también la oferta de trabajadores en el mercado laboral, haciendo que tanto hombres como mujeres ganen menos y trabajen en condiciones cercanas a la esclavitud debido a la competencia.

Además, la madre divorciada, que no abortó, y se halla todo el día fuera de casa trabajando, no tiene tiempo para educar a sus propios hijos. Los niños son entonces abandonados en centros educativos donde serán adoctrinados por terceros.

A corto plazo esto significa la formación de técnicos hábiles para trabajar sin cuestionar. Esclavos a los que solo les interesa comer y dormir, sin darle importancia a valores más elevados como la justicia, la libertad o el propio honor.

A largo plazo, sin nuevos matrimonios, con el divorcio de los ya existentes, sin nuevos hijos y con el aborto de los ya engendrados, el feminismo significa la extinción de la especie humana. Pero ¿a quién le conviene todo esto?

Vemos que quienes promueven el feminismo son los comunistas, pero los que se benefician a corto plazo son los capitalistas que explotan a la madres trabajadoras y luego también a sus bien adoctrinados hijos e hijas.

Sabemos que el comunismo y el capitalismo son dos caras de la misma moneda, los magnates judíos financiaron el comunismo como un medio para controlar a las masas de trabajadores insatisfechos.

El feminismo apadrinado por el comunismo también esta plagado de mujeres judías. Pero es conocido el profundo machismo de la secta judaica. Entonces el feminismo habría sido diseñado para controlar a la mujer blanca que no es judía.

Visto así, no solo existe el beneficio económico que obtienen los judíos con el feminismo, sino que tras estas doctrinas subyace la envidia, el rencor y el odio que sienten los judíos contra la raza blanca.

En última instancia el feminismo ha sido creado por los judíos para destruir la raza blanca, a la cual consideran su mayor enemigo precisamente por enarbolar los valores que solo una madre blanca puede inculcar.

La mujer blanca que ama a su raza se halla en la obligación de rechazar el feminismo, fundar su propio hogar con celo y sacrificio, y así entregarle el mayor regalo a la humanidad: ¡la preservación de nuestra raza creadora!

Fuentes: Women’s Frontier / QBitacora / Nacionalismo Católico / 10 Argumentos / Wikipedia

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