En los Estados Unidos de Norteamérica existe un fuerte sentimiento que impulsa a diversos grupos racistas a prepararse para una inminente guerra racial. Desde inicios de la década de 1980 fueron los propios supremacistas blancos quienes intentaron iniciar el conflicto atentando contra el orden judío multirracial.

El 22 de septiembre de 1983 Robert Jay Mathews funda en su casa de Metaline Falls, en el estado de Washington, el grupo que sería conocido como “La Orden” (nombre que le fue colocado por la prensa), aunque se llamaron a si mismos la “Brüder Schweigen”. Se trataba de una organización subversiva y separatista blanca.

El principal objetivo de la Brüder Schweigen era derrocar al gobierno de los Estados Unidos y formar una nación independiente solo para gente de raza blanca, al noroeste del Océano Pacífico. Mathews fue asesinado el 8 de diciembre de 1984 por agentes del FBI luego de ser sitiado en una pequeña cabaña en Whidbey Island.

Pocos años antes, hacia 1978, el líder racista blanco William Luther Pierce (bajo el seudónimo de Andrew Macdonald) publicaba “Los diarios de Turner”, una novela que cuenta la historia del grupo subversivo y supremacista blanco conocido como “La Orden” que logra derrocar al gobierno norteamericano.

Simultáneamente existen skinheads que, atraídos por la estética violenta, merodean por las calles de sus ciudades intentando golpear y asustar a inmigrantes, homosexuales, rojos y anarquistas con la excusa de ahuyentar a estas lacras de la sociedad. Lamentablemente las lacras continúan en aumento.

El terrorismo, entendido como amedrentar al enemigo, como método de lucha para la raza blanca ha demostrado ser inadecuado (por más liberador que resulte para los impulsos de muchos). Ni los judíos, ni los demás invasores inmigrantes, ni los negros, ni los anormales homosexuales, putas y demás parecen asustarse mucho.

Primero debemos convencer al hombre blanco con la verdad y mostrar los datos que demuestran que el judío manipula y que el inmigrante delinque. Además, si deseamos preservar nuestra raza debemos buscar la unidad y desterrar los antagonismos. La cooperación es psicológicamente más saludable que la competencia.

Claro que todos los grupos raciales y culturales en algún momento deberán comportarse de modo violento para defender sus intereses. Cuando el enemigo no quiere dialogar sino imponerse, entonces el pacifismo no funciona. La violencia es parte de la naturaleza y no debe ser negada ni ocultada.

Sin embargo toda madre desea que sus hijos vivan en una sociedad pacífica donde puedan desarrollar todo su potencial. Nosotros somos los hijos de esas madres así como ellas lo fueron de las suyas. Pero si hasta ahora no hemos logrado retornar a esa sociedad idílica para el hombre blanco, entonces debemos luchar.

Nuestra lucha no debe ser desorganizada ni caótica, no puede cada uno ir peleando por su lado contra la escoria del mundo. El primer paso debe ser llegar al sano y cotidiano hombre blanco, cuya mente ha sido lavada por el multiculturalismo genocida, para que respete, admire y defienda su herencia blanca.

Solo se puede lograr el éxito (especialmente en una revolución armada) si existe una conciencia colectiva y un pensamiento común, es decir, un ideal que nos una a todos. Si lo que deseamos es preservar la pureza y la cultura de nuestra raza debemos llegar primero a las mentes y corazones de los nuestros.

Luego, cuando ya la ideología racialista e identitaria esté bien arraigada en la mente de nuestros hermanos raciales, solo entonces podremos lograr una unidad espiritual que nos lleve a alcanzar el principal objetivo que nos hemos trazado. Que la raza blanca pueda continuar aportando su valioso legado a la humanidad.

Fuentes: Metapedia / Renegade Tribune.

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