El masón Charles Darwin hizo famosa la llamada “teoría de la evolución” con el fin de convencer a las masas que no era necesario creer en Dios para explicar la vida. El objetivo era ir contra el poder de la Iglesia.

La masonería es el brazo ideológico del judaísmo mundialista que pretende controlarnos a todos. La Iglesia, en la época de Darwin, era aun fuerte opositora al dominio que querían imponer los judíos mediante su poder económico.

El anhelo espiritual de los cristianos, basado en el espíritu europeo, se opone tajantemente a convertirnos en una manada de consumidores y trabajadores que solo satisfacen los intereses del poder financiero controlado por judíos.

En un principio la evolución pretendió explicar el origen de la vida, pero hoy en día, al ver la imposibilidad de demostrar sus postulados, algunos solo pretenden explicar el desarrollo y diversidad de las especies sobre la tierra.

Los evolucionistas dicen que para la ciencia la palabra “teoría” es “siempre” la respuesta más factible ante algún problema. Lo que no dicen es que ninguna teoría ha sido probada, incluso las teorías científicas son solo teorías.

Cuando una teoría científica es comprobada se convierte en ley. Lamentablemente aún no se ha hecho oficial esta supuesta distinción entre teoría científica y teoría mundana, que al parecer ha sido creada solo para confundir.

Otro término que los evolucionistas usan para justificar sus infundadas hipótesis es el de “selección natural”. Pero resulta que la selección natural ya era bastante conocida y fue difundida por Lamarck medio siglo antes de Darwin.

La selección natural no crea nada que no exista en los individuos, tan solo se limita a SELECCIONAR a los individuos más aptos para sobrevivir. Esto sucede por factores como el clima, la geografía o la disponibilidad de alimento.

La mutación es el principal elemento que haría posible la evolución. Pero aun no han sido observadas en la naturaleza mutaciones que sean beneficiosas para quienes las sufren. Es por ello que la evolución sigue siendo solo una teoría.

Para que una mutación sea provechosa debe ser necesariamente orquestada por un científico, dentro de un laboratorio y por métodos artificiales. Se ha verificado que las mutaciones naturales siempre generan perdida de información.

El proceso reproductivo celular es complicado, por lo que en algunos casos las cadenas moleculares de ADN se pierden o cambian de orden o lugar. Estas cadenas son las encargadas de desarrollar los tejidos y órganos vitales.

Por ejemplo, los virus que muestran resistencia a las vacunas, o las bacterias que ya no responden a los antibióticos, son en realidad individuos que por problemas al momento de reproducirse perdieron sensibilidad ante ciertos químicos.

Estos individuos enfermos pero resistentes terminan extinguiéndose por sí solos. Pero las industrias farmacéuticas, debido únicamente a sus intereses económicos, nos siguen vendiendo nuevas vacunas y medicamentos cada año.

Así como los virus o bacterias que son resistentes ante los medicamentos NO representan ningún tipo de evolución. Del mismo modo ninguna enfermedad genética es evolución, incluso si es heredada de padres a hijos.

Es evidente que para que casualmente suceda un cambio genético beneficioso en una cadena de ADN se requiere mucha suerte. Pero el azar no es un método muy confiable para el pensamiento estrictamente científico.

Si nos disponemos a explicar todo por causas azarosas entonces todo el concepto de ciencia se viene abajo. Si la casualidad es capaz de explicar algo tan complicado como la variedad de especies, entonces ¿por que preocuparse por otros fenómenos naturales?

Nos dicen que largos milenios de mutaciones dieron origen a todas las especies, las cuales provienen de una sola ameba unicelular. Que solo hace falta cambiar una molécula a la vez para que se produzca ese cambio gradual.

A una palabra se le pueden cambiar las letras hasta que sea otra totalmente diferente. Pero, dado que las mutaciones tienden a generar enfermedades y malformaciones, se requeriría muchísima suerte y miles de años para que una mutación sea beneficiosa.

Matemáticamente se puede calcular la cantidad de tiempo para que por casualidad se hayan producido cambios evolutivos, y el resultado es que se necesitan muchos más años que los transcurridos desde el origen del universo.

En todo caso, aunque la evolución hubiese sido real y con mucha suerte tomó menos tiempo del calculado, entonces por lo menos deberían existir evidencias de millones de especies intermedias cada una representando un pequeño cambio genético.

Estas especies intermedias no existen en el registro fósil, lo cual nos lleva a pensar que las especies intermedias deberían hallarse entre la gran variedad de seres aun vivos. Sin embargo aun no vemos seres mitad pez y mitad salamandra o reptiles con plumas.

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