Con frecuencia los judíos modernos afirman hipócritamente que también Jesús fue judío. Lo hacen para inspirar compasión en los cristianos, de tal modo que pase desapercibido su verdadero objetivo el cual es destruir la cultura europea.

Según el capítulo 23 del evangelio de Mateo, Jesucristo condena por su hipocresía únicamente a los judíos fariseos, es por eso que los llama “raza de víboras”. Mateo deja claro que Jesús no se refiere a toda la comunidad judía.

En el capitulo 8 del evangelio de Juan, que ha sido tachado de antisemita, Jesucristo habla con el pueblo judío, allí les dice de manera genérica que quienes no creen en él son “hijos del Diablo” por su incapacidad para entender.

Los actuales judíos son los herederos religiosos y culturales de los fariseos, y por lo mismo no creen en el mensaje de Cristo sino que lo desprecian. Entonces los judíos modernos sí serían para Jesucristo “raza de víboras” e “hijos del diablo”.

Desde la aparición del cristianismo y con mayor fuerza desde la creación del Islam, millones de judíos se convirtieron a estas religiones. Los que se mantuvieron fieles a las supersticiones hebreas fueron los más fanáticos e intolerantes.

Fueron los fariseos los que más odiaron a Jesucristo, ya que el Mesías los acusaba de hipócritas que buscaban su propio bienestar a costa de los demás, incluso de sus fieles. Lamentablemente todos los judíos en la actualidad practican el culto fariseo.

El judaísmo actual se basa en el Talmud, un libro que vendría a ser la transcripción de sus enseñanzas y tradiciones orales. En él, entre otras muchas aberraciones, destaca el desprecio visceral de los fariseos hacia Cristo y el cristianismo.

La Biblia, plagada de metáforas pedagógicas, no narra la historia real de Jesucristo, pero es el texto que mejor explica sus andanzas. Además, gracias a diversas investigaciones arqueológicas e históricas podemos conocer la época en que vivó Cristo.

Debemos tener en cuenta que solo un siglo antes de Jesús los judíos Macabeos conquistaron Galilea, que hasta entonces había sido tierra pagana. Los reyes Macabeos impusieron la religión judía de forma brutal y sangrienta.

No más de cuatro generaciones previas a Jesucristo practicaron un judaísmo que además era diferente del judaísmo fariseo que conocemos hoy. Aunque sus rituales y creencias eran dictados por los sumos sacerdotes que dejaron los Macabeos.

El Mesías galileo pensó que las enseñanzas judías previas a él eran incompletas. Por lo que predicó el amor y la caridad hacia todos por igual, incluso hacia los pecadores por quienes sentía lástima (y no odio) ya que ellos no podían amar.

Su prédica de amor se asemeja más al budismo y su monoteísmo es similar al zoroastrismo, y contrasta con el politeísmo judío que, aceptando la existencia de varios dioses, cree que el suyo es mejor que los dioses de otros pueblos.

Jesús nació y vivió entre judíos, por lo que sus prédicas iban dirigidas con preferencia al pueblo judío. Sin embargo Jesús pensaba que todos los hombres y mujeres del mundo entero deberían convertirse en seguidores suyos.

Según la Biblia, y seguramente debido a su educación dentro del judaísmo de Galilea, Cristo demuestra cierto aprecio por los profetas hebreos. En el capítulo 17 de Mateo, por ejemplo, aparece hablando con los “fantasmas” de Moisés y Elías.

Sin embargo resulta cuestionable dicho evento sobrenatural, ya que allí Jesús parece obviar que fue Moisés quien perpetró una serie de sanguinarias matanzas contra civiles egipcios, en su mayoría mujeres y niños, durante su escape hacia Israel.

Las contradicciones e incoherencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento en la Biblia cristiana son evidentes. La predica de amor de Jesús es opuesta al tribalismo cruel y vengativo característico del judaísmo desde sus inicios.

En el Antiguo Testamento, que fue escrito por los judíos para glorificarse a si mismos, se relatan las aventuras hebreas como si hubiesen sido comandadas por un dios primitivo que ordenaba torturar, masacrar y exterminar poblaciones enteras.

Para el judaísmo del Antiguo Testamento los hijos heredan las culpas de los padres, razón por la cual los descendientes de Adán y Eva ya no pueden ingresar al paraíso. Cristo afirma por el contrario que todos nacemos iguales ante Dios.

Vemos pues que Jesús practicó un judaísmo diferente al que conocemos hoy, además rechazó dicha fe y creo la suya con doctrinas propias. Sin embargo pretendía que los judíos fueran los primeros en creer en él.

Por eso el nazareno se presentaba como el líder prometido por los antiguos libros judíos, pero para el pueblo de Moisés dicho líder, muy de acuerdo con su espíritu materialista, debería ser un jefe militar dispuesto a exterminarnos a todos.

El fracaso de Jesucristo con el pueblo judío lo llevó a la muerte, por lo que sus seguidores decidieron huir de Asia y probar suerte en tierras europeas, a donde llegaron llevando consigo sus cuentos orientales de camellos y desiertos.

Tras la muerte de Jesús el judío Pablo de Tarso se convirtió al cristianismo con el único fin de aprovecharse de los fieles de esta nueva secta, tal y como ya lo hacían los sacerdotes en Israel que practicaban el farisaísmo.

No sabemos que hubiese pensado Jesucristo del cristianismo moderno derivado de la enseñanza de Pablo, lo que si sabemos es que durante su vida aparentemente mostró un profundo rechazo hacia las doctrinas judias.

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