Los indígenas americanos hoy tienen fama de pacifistas, ecologistas y sabios. Pero estos epítetos creados por el progresismo y su imaginaria igualdad no tienen bases históricas y contradicen todo lo que realmente conocemos sobre los amerindios.

Las culturas mas avanzadas de América, como la Inca o la Azteca, aun realizaban sacrificios humanos a sus sanguinarios dioses, mientras que los europeos ya debatían profundos temas filosóficos desde la antigua Grecia.

De norte a sur, desde las llanuras hasta la pampa y la jungla, cientos de pequeñas y no tan pequeñas etnias luchaban desenfrenadamente y de manera salvaje entre si con el único fin de imponerse sobre los demás.

Los antirracistas quieren invertir la realidad haciéndonos creer que los salvajes eran los blancos. Nos dicen constantemente que los europeos llegaron a mascarar indios para robarles y adueñarse de sus tierras.

Pero actualmente, en lo que fueron colonias de la corona española, la población indígena y mestiza es abrumadora. La mayor población blanca que vivió en la colonia llego solo al 20% excepto en zonas donde nunca hubo muchos nativos.

En realidad los colonizadores españoles, movidos por la religión, vinieron a evangelizar, para lo cual debieron primero enseñar a los indios a vivir civilizadamente. En las colonias de Norteamérica sucedió algo distinto.

Los inmigrantes protestantes no pensaban que los autóctonos fuesen seres humanos, por lo que no era su obligación trasmitirles la fe en Cristo. Además, los ingleses no enviaron ejércitos entrenados como si lo hicieron otros países.

La gran masa de colonizadores norteamericanos fueron simples pueblerinos que decidieron viajar cientos de kilómetros por mar con el fin de fundar sus propias comunidades lejos de la impositiva corona británica.

Los ingleses no eran guerreros y el supuesto exterminio de pieles rojas que nos muestra la propaganda políticamente correcta nunca existió. Cuando los europeos llegaron a Norteamérica hallaron una tierra devastada y diezmada.

Pocos años antes de la llegada del barco Mayflower, en 1620, una plaga de viruela mataba a casi veinte millones de nativos. La enfermedad había llegado con los europeos y se diseminó desde que Colón pisó América en 1492.

La gente del nuevo mundo, en especial los indios norteamericanos, no tenían la resistencia necesaria para sobrevivir a la viruela. Pero la difusión del virus no fue de ninguna manera intencional sino un caso fortuito.

También se supone que los indios vivían en perfecto balance con la madre tierra. Pero se ha descubierto que la mayoría vivían en tugurios hacinados, lejos de la naturaleza, aunque eran expertos depredadores de especies naturales.

Consideraban que los animales poseían poderes mágicos y los sacrificaban solo para quitárselos. Además, los nativos del norte eran tan buenos matando árboles que llegaron a provocar una pequeña era de hielo en Europa.

El auge colonizador del viejo continente se produjo debido al acelerado desarrollo que generó mejores condiciones de vida para todos. La gente de raza blanca comenzó a tener más hijos y a necesitar más tierras.

El hombre blanco atravesó el mundo entero llevando consigo esa misma civilización que lo hizo alcanzar los mayores logros en ciencia, salud, arte y filosofía. Y a pesar de tener que luchar contra los nativos, siempre lo hizo con honor.

Por el contrario, los indígenas rara vez respetaban sus tratos, nunca eran de fiar, y aplicaban tácticas de guerra innobles y traicioneras. Su principal estrategia era ingresar de noche sin ser vistos para robar y masacrar a sus adversarios.

Esta táctica fue aplicada por los amerindios en toda la extensión del nuevo mundo. Conocida en las llanuras de la Patagonia como malón cuando era aplicada por Mapuches, hasta las congeladas tierras esquimales.

La cobardía de los nativos los impulsaba a evitar la lucha frontal. La práctica de desollar el cuero cabelludo de hombres, mujeres y niños, era la forma que tenían para demostrar cuan sigilosos podían ser al encontrar dormido al enemigo.

Mucho antes de la llegada del hombre blanco los indios aplicaban estas tácticas deshonestas en sus guerras tribales. Cuando llegaron los europeos los vieron como un enemigo más al que podían engañar.

Algunos afirman que la práctica de cortar el cuero y los cabellos fue llevada desde Europa. Pero desde mucho antes los amerindios sostenían la primitiva creencia de que ese cuero era sagrado e incluso lo vestían como amuleto.

Las zonas fértiles y habitables eran motivo de disputa entre aborígenes y europeos, y esto provocó serios enfrentamientos. Los europeos comenzaron a reclamar las cabezas de sus enemigos, no sus cabelleras.

Solo cuando las distancias entre las batallas y los pueblos donde vivían las autoridades comenzaron a hacerse mucho mas largas, es que los colonizadores comenzaron a reclamar el cuero, ya que este no se descompone fácilmente.

Existe otro mito que a pesar de su evidente falsedad se ha propagado como cierto. Y es que nos mienten cuando nos dicen que los indígenas se volvieron alcohólicos porque los europeos introdujeron las bebidas en América.

Los aborígenes preparaban macerados de maíz con alto contenido de alcohol, y eran expertos en fermentar los jugos de diversos cactus para embriagarse. El único aporte de los europeos fueron los alcoholes destilados.

Las tribus solutrenses de la edad de piedra viajaron desde Europa por el congelado atlántico hace 15000 años. Los vikingos en el año 1000, comandados por Leif Ericsson, llegaron a Canadá. Y Colón realizó su épico viaje en 1492.

La intención de estos exploradores no era solo la noble idea de conseguir nuevas tierras donde su gente pueda vivir mejor. Otro factor importante fue siempre el espíritu explorador y la curiosidad propia de la raza blanca.

Defender a tu pueblo y a tu raza, y buscar lo mejor para los tuyos no es un pecado ni un delito, es la forma normal y sana que la naturaleza ha diseñado para la supervivencia y conservación de las especies que habitan la tierra.

Investigar y buscar respuestas es parte de nuestra forma de ser como hombres y mujeres de raza blanca. Las demás razas no poseen estas inquietudes, y es nuestro deber conservar y transmitir esta genética a las futuras generaciones.

Fuentes: Xavier Sierra / Today I Found Out / Jason Colavito / Guns Germs and Steel / Cracked

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