El odio talmúdico hacia quien no es judío refleja la envidia que el judaísmo siente hacia los demás desde sus más remotos inicios. El judío considera implícitamente que los otros son superiores, y por lo mismo pretende destruirlos. El complejo de inferioridad connatural al judaísmo lo hace sumamente peligroso para la raza blanca. El principal objetivo del judaísmo es eliminar a todos los que considera mejores para así colocar a los suyos en la cima.

Ni siquiera es necesario que un judío lea el Talmud para sentirse odiado. Basta con que desde niño escuche las conversaciones de sus padres y maestros para que anide en su corazón el rencor y la ira contra el mundo. Pero hoy en día los jóvenes y niños blancos europeos aprenden sobre supuestos sabios, escritores, políticos y artistas judíos a los que admiran e imitan porque la prensa y propaganda judía habla de ellos constantemente.

Muchas dudas surgen cuando se habla del judaísmo y su influencia en la cultura europea de los últimos dos mil años. ¿Podemos decir acaso que fue debido al cristianismo que los judíos pudieron ingresar y vivir como parásitos en Europa?

El cristianismo ingresó a Europa porque se paganizó. Fechas como la navidad o el día de todos los santos fueron tomadas de fiestas como el solsticio de invierno o el fin del verano. Y se presentó a Cristo como un héroe guerrero. El cristianismo se hizo popular porque los europeos aceptaron el nuevo culto como una evolución de sus creencias.

Pero el europeo pagano admiraba el honor y el heroísmo, además de colocar a su pueblo y su gente por sobre si mismo. El cristiano por el contrario, al igual que el hindú o el budista, ayuda al otro por interés, para salvarse solo. Desde los héroes griegos hasta los dioses nórdicos, la entereza y la caballerosidad forman parte del ideal europeo. Estas cualidades contrastan con los relatos de la Biblia que nos muestran la vileza ruin del pueblo de Israel y su dios tribal que avala la traición y el embuste y además exige el exterminio de indefensos niños, ancianos y mujeres como paliativo a su inagotable sed de sangre.

La mentalidad del cristianismo no llegó aislada a Europa sino que vino con una carga fuertemente judaizante. Los judíos solo aprovecharon la familiaridad que el europeo tenia con sus cuentos orientales para infiltrar su veneno. El cristianismo puede obviar o incluso rechazar a los judíos, pero sus relatos son judíos, sus profetas son judíos, e incluso los discípulos de Jesús y Jesús mismo nacieron judíos. Y ese es el problema central. La sobreabundancia de judaísmo en la religión cristiana ha sido la puerta por la que ha entrado la peste. Los europeos aceptaron a los judíos en sus pueblos y ciudades porque pensaban que los invasores eran un pueblo elegido por dios.

Es cierto que no hay que olvidar el aporte cristiano al arte y la filosofía del viejo continente. Grandes científicos fueron también devotos cristianos. Pero es indudable que el mismo cristianismo no ha provocado igual desarrollo en otras partes del mundo. Latinoamérica es sumamente cristiana y aun así se mantiene en constante atraso respecto a los niveles de vida de los países europeos. El desarrollo se debe pues a la genética de la raza blanca y no a la religión.

Los judíos odian a todos, incluso a si mismos porque se sienten inferiores, y odian a los cristianos tanto como odiaron a los antiguos paganos. Es tiempo de notarlo y actuar. Rechacemos el imaginario judeocristiano.

Fuentes: Qbitacora / Que No Te La Cuenten

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