No hablaré sobre los refugiados de las guerras (generadas casi todas para imponer intereses judíos) a pesar que tampoco estoy de acuerdo con que se inunden única y exclusivamente países de mayoría blanca. Existen muchos otros países con costumbres mucho más similares a las suyas donde esos refugiados podrían ir.

Ahora hablaré contra los inmigrantes. Porque ellos dicen salir de sus países subdesarrollados, llenos de gente de su misma raza y con su misma cultura, porque anhelan un futuro mejor para ellos, sus familiares y descendientes. Y los progres los avalan diciendo que en su patria no tienen los medios necesarios para lograrlo.

Pero la realidad es diferente. Porque antes de pensar en salir de su patria deberían pensar en hacer algo por ella, así de sencillo. Si donde viven no hay electricidad y la gente no sabe leer, entonces deberían realizar todos los sacrificios necesarios para solidariamente obtener lo que necesitan. Así lo hicieron los blancos.

El hombre blanco logro convertir el agreste terreno europeo en la maravilla de avances tecnológicos y sociales que logramos hasta antes de la llegada masiva de extranjeros. Solo cuando la gente comenzó a tener más hijos, gracias al optimismo del progreso, es que los blancos decidieron conquistar otras tierras.

Y es que los colonizadores tampoco llegaron a una tierra con avances mejores o similares a los europeos. Tuvieron que empezar desde cero, conquistando tierras agrestes y enfrentando tribus de primitivos salvajes. Los invasores de Europa y de todos los países blancos obtienen beneficios sociales y culturales sin hacer nada.

Los inmigrantes son el mejor ejemplo del egoísmo connatural a las razas mestizas e inferiores. No piensan en el bienestar de sus prójimos, genéticamente similares a ellos, no buscan mejorar las condiciones de vida de sus tierras, solo buscan aprovecharse de lo que otros ya hicieron. Su único riesgo es viajar en condiciones infrahumanas similares a las que ya tenían cuando vivían en sus lugares de origen.

Pero lo peor de todo no es que vengan y se instalen aquí, principalmente de manera ilegal. Lo peor es que no están dispuestos a compartir las costumbres del grupo humano que los acoge. Prefieren mantener las tradiciones de sus pueblos primitivos y rechazan de manera visceral la forma de vida del hombre blanco.

Ellos odian al blanco porque lo ven superior y lo envidian. Quieren aprovechar nuestras modernas infraestructuras, estudiar en nuestras escuelas, y vivir en áreas limpias y ordenadas. Pero ellos solo ensucian y desordenan todo donde pisan. Tampoco respetan nuestra moral, basada en el honor y la lealtad, pero nos obligan aceptar religiones misóginas como el Islam y comportamientos pervertidos como el de los negros.

Y estos inmigrantes van llegando poco a poco a puestos de poder en nuestros gobiernos. Pero no nos dejemos engañar. El primer grupo ajeno al espíritu ario que logró infiltrarse en las esferas de poder fue el judío. Y aprovechando la natural bondad de nuestra raza blanca ha logrado promover este inmigracionismo nocivo y descarado.

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