Está históricamente comprobado que los líderes del tráfico de esclavos negros entre los siglos XVII y XIX fueron los judíos. Fueron ellos los mayores responsables de trasladar millones de negros desde África hasta América. Y fueron judíos o esbirros de los judíos quienes se beneficiaron con el tráfico de esclavos en las plantaciones.

A pesar de que fueron judíos los responsables del esclavismo, en los modernos libros de historia, en las películas y en los documentales televisivos, se señala siempre a los ingleses, franceses, españoles o portugueses. El objetivo es generar culpa en los blancos y así fomentar el mestizaje y la convivencia entre razas diferentes.

Tras la segunda guerra mundial, utilizando los medios judíos de comunicación masiva, se comenzó a promover la utópica pero falsa idea de que grupos humanos con razas y culturas diferentes podrían convivir pacíficamente. Se dijo entonces que negros, asiáticos, mestizos y nativos americanos enriquecerían la cultura occidental.

Los ingleses comenzaron a recibir inmigrantes de sus antiguas colonias, los alemanes fueron invadidos por musulmanes y Francia fue inundada por subsaharianos. En los Estados Unidos comenzó el movimiento por la igualdad de los negros. Y a fines del siglo XX casi todos los países blancos sufrieron el mismo destino multicultural.

Y el experimento fracasó, los negros que por generaciones vivieron junto a los blancos en Norteamérica seguían comportándose de manera violenta y primitiva como siempre lo habían hecho en sus nativas tierras. Musulmanes e híbridos latinoamericanos optaron por mantener sus costumbres y se negaron a aceptar los valores europeos.

Mientras tanto las calles se fueron llenando de basura, el desorden en el que están acostumbrados a vivir produjo el inevitable aumento de la delincuencia, prostitución, drogadicción y demás vicios. Y lo que antes fueron prósperos pueblos blancos, se transformaron en los hediondos guetos repletos de gente huraña que vemos hoy.

El único aporte de estos grupos humanos diversos y multiculturales ha sido el descenso en la calidad de vida del hombre occidental. Mujeres violadas, ancianos asaltados y asesinados. Ya nadie se siente seguro en su patria, y ni siquiera hallamos sosiego en nuestra propia casa. ¿Acaso es eso lo que deseamos para nuestros hijos?

Es por eso que debemos vivir separados. Debemos expulsar de los países blancos a todos los que no sean blancos, y debemos dejarlos vivir en algún otro rincón del planeta… mientras no nos pongan en riesgo ni a nosotros ni la tierra donde vivimos. Porque ellos no quieren integrarse, y nosotros no queremos que se integren.

Si pueden subsistir por si solos que lo hagan. El hombre blanco no le debe nada a otras razas, nosotros no los esclavizamos ni los tratamos injustamente, y no debemos compartir con ellos nuestros logros científicos ni nuestros beneficios sociales. Y si en el pasado lo hicimos pensando que era lo correcto, es momento de corregirlo.

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