Hoy en día, con el creciente flujo inmigratorio desde países subdesarrollados hacia Europa, podemos escuchar con frecuencia que todos los países bancos deben pagar por los largos siglos de colonialismo que impusieron sobre otros continentes y esta culpa deberá acompañarlos por toda la eternidad.

Pero, actualmente hay más amerindios, chinos e hindúes en el mundo que al momento de ser colonizados. Los negros americanos viven mucho mejor que sus congéneres africanos liberados del yugo colonial. Si en Norteamérica hay escaso número de indígenas, es porque fueron diezmados por enfermedades contagiosas mucho antes de que ningún europeo camine siquiera por sus tierras.

La gente de raza blanca, guste o no, se ha desarrollado de manera asombrosa desde su aparición sobre este planeta. Griegos y romanos fueron genios en ciencias, arte y filosofía. La edad media, de la cual sabemos poco por todo lo que fue ocultado por masones y judíos a partir del siglo XVII, no fue la oscura etapa que nos han querido mostrar. Además el desarrollo técnico y científico de los últimos siglos es incuestionable.

Entonces, decir que los europeos, hombres y mujeres de raza blanca no aportaron nada a otras civilizaciones durante la época colonial es mentir y punto. La idea imperante durante las colonias no era una idea de odio o discriminación sino de compasión y amor a las demás razas. En la época colonial se pensaba, erradamente, que era deber del hombre blanco civilizar a todos los salvajes del mundo.

La caritativa concepción que los colonizadores europeos tenían de las demás razas ha probado ser errada, pero al menos no se les puede acusar de actuar con maldad. Durante el siglo XIX e inicios del XX muchos pensadores que vivían en países que alguna vez fueron colonias europeas comenzaron a considerar la negativa influencia de las razas autóctonas en el desarrollo de sus pueblos.

Notaron que durante el dominio colonial europeo, cuando los blancos gobernaban, las sociedades prosperaron debido al orden y disciplina propios de la raza blanca, en tanto que los indígenas al adquirir su independencia retornaron a sus costumbres desordenadas y barbáricas. Esto motivó la creación de nuevas políticas que promovían la inmigración europea.

Algunos líderes que no estaban siendo manipulados por los intereses universalistas comenzaron a otorgar beneficios para los europeos que decidiesen vivir y tener hijos principalmente en tierras sudamericanas. Alemanes, españoles, italianos, franceses e ingleses fueron los que atendieron el llamado, aunque lamentablemente estas políticas inmigratorias duraron poco y fueron abolidas, por lo que no tuvieron el efecto esperado.

Esa inmigración, producida durante la colonia o durante aquellos periodos postcoloniales donde fue promovida, fue siempre positiva y aportó un gran desarrollo a los pueblos que la recibieron. Ahora comparemos la migración que salió de Europa con la actual inmigración hacia Europa. El caos, la suciedad, la delincuencia y lo que estos inmigrantes aportan es todo lo contrario a lo que hicieron los blancos.

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