Es evidente que las sociedades europeas tradicionales, y en general todas las sociedades blancas alrededor del mundo, se han transformado en bataholas degeneradas de depravación, libertinaje y profundo sufrimiento y decepción. Los suicidios son cada vez más numerosos, y los culpables están frente a nuestros ojos.

Los negros, mestizos, latinoamericanos y demás razas se quejan de todo y sin motivo, ellos dicen ser siempre las incuestionables víctimas del hombre blanco. Nosotros, los blancos, no somos como ellos, no exigimos nada, porque nosotros mismos sabemos luchar nuestras batallas, pero es tiempo de conocer al enemigo.

El judaísmo es la expresión supersticiosa de un clan tribal primitivo y podría ser clasificado junto a otras manifestaciones religiosas poco evolucionadas como las africanas o polinesias. El objetivo primordial de estos cultos es justificar sus intereses étnicos solicitando ayuda a entes superiores.

La Torah y el Talmud, los libros sagrados del judaísmo, son muestra de ello. En estos textos se resaltan ciertas actividades, ya sea al momento del baño, la comida, el comercio o el descanso, que observados cuidadosamente serán del agrado de seres superiores que a cambio prestaran apoyo al pueblo en sus conquistas.

Los actuales seguidores de esta secta arcaica, los llamados judíos, aun mantienen esas costumbres y creencias cuyo final objetivo es lograr el dominio de su pueblo por sobre las demás naciones (a las que consideran enemigas). Moralmente el judío representa lo opuesto al desarrollo filosófico de la sociedad blanca occidental.

El problema no es solo el sionismo, el problema es el judío en su totalidad. Puede que el judío haya perdido su religiosidad, puede que sea o no sionista, pero sea como sea, aun cree ser parte de un pueblo elegido (por si mismo) para dominar a las demás naciones. Y para lograr dicho dominio será capaz de cualquier cosa.

Para poder dominar a las demás naciones el judío deberá tener frente a si naciones dominables, repletas de gente sumisa y sin identidad, interesada solo en el placer y el vicio, y que olvide sus deberes, su honor, y la responsabilidad que tienen frente a sus ancestros, sus familias y su descendencia.

Para los judíos, débiles física y moralmente, la estrategia de dominio por la fuerza fracasó monumentalmente con los romanos. Recurrir a rituales sangrientos, envenenamientos, engaños, estafas y demás argucias tampoco fue del todo efectivo, ya que al final eran descubiertos y expulsados.

Con el tiempo los judíos notaron que mejor era camuflarse como ciudadanos del pueblo que deseaban parasitar, socavando así la moral y sanas costumbres de sus anfitriones. La idea era sencilla: arremeter contra todo lo que represente orden y solidez, presentándose luego ellos (bajo algún disfraz) como salvadores.

Durante la Revolución Francesa los masones e iluminados se presentaron como representantes de la justicia frente al supuestamente desalmado régimen monárquico. Los bolcheviques hicieron lo mismo contra el zar ruso y la familia real. Actualmente la guerra se trasladado al ámbito cultural y al interior del hogar.

El divorcio y el feminismo destruyen la relación de pareja suplantándola por una homosexualidad promovida desde las altas esferas del poder económico y mediático dominado por judíos. Además, niños y jóvenes son enfrentados a sus padres mediante modas recicladas que ensalzan la rebeldía y la desobediencia.

Pero esto no fue suficiente para destruir una sociedad homogénea y arraigada a sus valores como era Europa hasta hace poco. Es por eso que se comenzó a promover la multiculturalidad, el mestizaje, los matrimonios mixtos, y demás aberraciones que solo pretenden destruir la identidad de los pueblos.

En su afán por conquistar el mundo los judíos llegaron a Europa, se camuflaron, robaron, y con el dinero obtenido de sus crímenes dominaron la banca, la política y los medios de comunicación. Y desde esos cargos de poder pretenden manipularnos para renegar de todo lo que podría brindarnos verdadera seguridad.

Al no tener a qué aferrarse la gente solo busca calma y satisfacción en lo que le venden los hebreos. Es decir que el hombre común se hace esclavo del judío, trabaja para él, le compra todos sus productos, y vive por y para el judío. Y todo porque el mismo judío lo ha privado de cualquier otra opción más noble.

El mayor defecto del hombre blanco es su credulidad. El hombre blanco supone de antemano que no es saludable estar dudando de todos ya que piensa que como él todos tienden a ser honrados aunque de vez en cuando puedan mentir. Pero el enemigo al que nos enfrentamos, el judío, no piensa así. Es tiempo de hacerle frente.

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